KM 18.215 Casablanca-Marrakech-Meorzuga-Sahara-Rabat

La llegada a Casablanca iba a hacer través de un avión a hélice de la Royal Air Morocco que mucha inspiración no nos dio, pero que después de algunas turbulencias y un señor que atendió su teléfono en pleno aterrizaje llegamos bien. Retiramos las valijas y nos fuimos afuera de la terminal a esperar que nos venga a buscar Lu y Aoyub. Luciana es una amiga de Uli de la infancia que después de vivir en varios países por su trabajo en Samsung y haber conocido a su marido haciendo un master por la empresa en Korea, decidieron casarse e irse a vivir a Casablanca ya que Aoyub es oriundo de ahí y consiguieron el traspaso de la compañía. Muy cálidamente nos dieron la bienvenida y retomamos la carretera para volver al centro de la ciudad, donde viven, ya que el aeropuerto queda en las afueras. De pasada nos empezaron a contar un poco como era la vida en aquella ciudad, sus particularidades, costumbres y tan gráfica, graciosa y espontáneamente forma de expresar la cultura marroquí por Lu. Hicimos la primera parada en el único hotel de altura que tiene la ciudad para ir a disfrutar de la vista 360° que tiene en el roof bar y tomarnos unas cervezas relajados. La primera particularidad y asombro sobre la cultura musulmana es que el alcohol está totalmente “prohibido” y solo se puede consumir en ciertos lugares turísticos a precios muy elevados. Entre cervezas, unas ricas aceitunas al oliva y la vista hacia La Mezquita posada sobre el atlántico nos quedamos un rato largo charlando y contando un poco la historia de vida de cada uno además de Uli y Lu recordar viejas anécdotas de la adolescencia. Luego fuimos a dar unas vueltas mientras nos iban mostrando los diferentes barrios, la elegante costa que recorre el oeste de la ciudad y la impactante Mezquita que se encuentra cerca del puerto elevándose por sobre todos los edificios como ícono absoluto de Casablanca. El recorrido terminó en la nueva estación de trenes ya que teníamos que sacar los tickets para el otro día bien a la mañana partir a Marrakech y empezar así el recorrido por todo Marruecos. Y para coronar la llegada y cumplir un poco con los rituales turísticos nos fuimos a comer a Rick´s Café, singular lugar de la película Casablanca. Fue interesante conocer la verdadera historia de ese lugar, ya que en realidad un inglesa hacía 15 años había viajado a aquella ciudad con el afán y sueño de ir a comer al mismísimo lugar donde se había filmado la película, pero desgraciadamente se llevó gran decepción al enterarse que en realidad todo había sido un set de filmación en USA y que no existía tal restaurant en Casablanca. Calculo que para cumplir con sus sueños y sanar esa herida que la había dejado aquella desilusión decidió recrear ese lugar y convertirlo realmente en un restaurante, el cual hoy es de los más famosos de la ciudad. Coincidimos en la noche en que la dueño estaba al frente del mostrador con una cara de tal orgullo que parecía que había abierto hacía semanas. Disfrutamos de una noche muy placentera, con exquisita comida, buen vino marroquí, música jazz de fondo, divertida charla y excelente compañía, Marruecos empezaba genial. Al departamento de Lu y Aoyub llegamos muertos y ni bien bajamos todas las valijas, preparamos el bolso que íbamos a llevar para ir a recorrer los próximos días y a dormir que se venían unos días agitados con mucho viaje. El tren partió cerca de las 9 am con dirección al sur para el próximo destino exótico de Marruecos…

Marrakech Sensorial

A unos 250 kilómetros de Casablanca y después de unas tres horas de tren disfrutando de la “primera clase”, llegamos a la nueva estación de trenes de Marrakech donde pude apreciar uno de los primeros contrastes que iba a vivir en aquella ciudad. Muy moderna y con una arquitectura de vanguardia la estación quedaba a unas 30 cuadras de la plaza Jamma El-Fna, plaza central y más famosa de la ciudad, de donde comienza la medina y la zona más típica para recorrer. Además nuestro hostel quedaba en medio de la medina por lo después de regatear con el primer taxista que se nos cruzó y terminar con un precio 50% menor del inicial nos dirigimos para allí. Apenas uno va atravesado la plaza para llegar a la medina (antigua ciudad amurallada donde solo hay callecitas y en la cual es casi en su totalidad un gran mercado) los sentidos se van desarrollando en velocidad como si se despertasen y potenciaran a raíz de todo lo que le sucede a uno alrededor. Recuerdo que la primera impresión que se me vino a la cabeza fue como la última vez que estuve en Delhi, India, donde sentí por primera vez esa sensación impresionante y shockeante frente a lo que para nosotros es desconocido e invasivo. No por eso te sentís con miedo, al contrario, yo siento siempre esa sensación de asombro frente a lo desconocido y como sapo de otro pozo tratar de ir encontrando tu lugar entre su cultura y costumbres. Ver la cara de Uli también mientras atravesábamos el mercado y los puestos en busca de nuestro hostel me hizo trasportarme a mí hace 4 años cuando viví aquella aventura por tierras indias donde el asombro se apodera de tu cara y los sentidos se ponen a flor de piel. Paseamos un rato por los pasadizos entre los mercados tratando de dilucidar el camino para el hostel que logramos encontrar después de unos minutos. Me sorprendió sobremanera lo lindo que era el hostel, mejor dicho hotel, que contaba con unos patios y fuentes al estilo árabe rodeados por las habitaciones muy prolijas y limpias y en el fondo del mismo una pileta con reposeras para el que quería matar el calor primaveral africano. Luego de hacer el check-in dejamos las valijas en la habitación y nos fuimos a recorrer la ciudad completa, dentro y fuera de la medina. Lo primero fue ir a caminar por todo el mercado, perdiéndonos entre todos los puestos e interactuando con la gente, lo que se convierte en una maestría presencial de negociación y comercio. La gente suele repetirte reiteradas veces lo que pretende venderte con gran esmero e intentando hacer todo lo posible para que los mires y caer como presa de su negocio. La clave es mantener la vista al frente e ir mirando de poco las cosas ya que si te ven posando los ojos sobre las mercancías tenes rápidamente compañía. Todo igual de manera muy amistosa fuimos develando las diferentes cosas que te podes encontrar entre los puestos desde marroquinería, telas, orfebrería, ropa marroquí, frutos secos, comida, suvenires, etc. Hay algo muy particular que me encanta ver de estas culturas, como vi en la India, y es que todos estos oficios se realizan puertas abiertas y prácticamente en la calle, dejándose ver como cada especialista en su materia trabaja con la materia prima logrando algo hermoso en su trabajo como resultado final para la venta (todo artesanal).

Cerca del mediodía fuimos a comer unos Kebabs y programar la excursión al desierto que teníamos que tomar al otro día y que todavía no habíamos reservado. Por la tarde empezamos el recorrido de monumentos que nos ofrecía la ciudad, comenzando por la Mezquita y Madraza Ben Youseff donde antiguamente estudiaban el Corán los chicos musulmanes, hoy convertida en museo. A la salida de la medina nos encontramos con la impactante Mezquita Kutubia, construida en el siglo XII, famosa por su minarete y hermosos jardines de rosales alrededor (punto más alto de la ciudad con 77 metros). A unas cuadras de ésta pasamos por el Palacio Real el cual no se puede visitar y está cubiertos por muros, pero luego de éste pudimos ir y ver otros dos palacios, Dar el Bacha y Badi. Varios de éstos estaban en reparación como parte de la entrada a la medina, dando cuenta lo que parecía que estaba pasando en casi todo Marruecos, una inversión y renovación de sus fachadas. El día venía agitado pero la felicidad de estar en ese lugar me empujaba a continuar explorándola y por absorber todo lo que más se pueda de ella. Para terminar la tarde nos fuimos unos 2 kilómetros del centro a conocer el Jardín Mjorelle, en el cual se encuentra la casa donde pasaba sus veranos Yves Saint Laurent y que luego de su muerte se transformó en un museo ofreciendo unas hermosas vistas de sus jardines coloridos y plantas silvestres en medio de Marrakech. Por la noche venía la otra cara interesante de la plaza Jamma El-Fna, ya que todos los comercios en el interior cerraban en su mayoría y por el contrario toda la plaza abierta se convertía en lo que está considerada como el patio de comidas a cielo abierto más grande del mundo. En qué consistía esto? Cadenas y cadenas de puestitos de comidas donde todo lo que se cocinaba y comía era in situ ofreciendo un espectáculo culinario sin precedente. Básicamente los puestos ofrecían lo mismo, pinchos de carne-pollo-verdura, exquisitas sopas especiadas marroquíes y los dos platos más típicos de la cocina de Marrakech, Tinja y Tagine. El primero consiste en una carne de cordero sabrosísima cocinada más de 6 horas en olla a presión dándole una textura a la carne a la hora de comer como si fuese manteca aromatizada con miles de especies (realmente riquísimo), y el segundo es como un guisado de carne o pollo (a elección del comensal) con unas verduras por encima que se presentan en unas vasijas de cerámica cónicas para que no pierdan el calor. Sin dudas el menú de esa noche iba a ser probar todos esos platos y para finalizar el menú unos carritos móviles por todo el mercado te iban ofreciendo más de 20 tipos diferentes de bombones y dulces autóctonos. Común denominador en todos la almendra, escogimos unos 8-10 para ir probando aunque mucho de ellos no estaban tan buenos, otros simplemente estaban deliciosos. Dicen que estómago lleno, corazón contento y así estábamos, por lo que nos fuimos a caminar y recorrer los demás recovecos que descubríamos de la plaza, atravesando los típicos shows bohemios a propina, los increíbles encantadores de serpientes y cobras que había por todo lados, puestos de venta de jugos de naranja-frutas secas y venta de sopa de caracol. Día genial y asombroso nos había brindado esta ciudad y por suerte pudimos visitar bastante, ya que al otro día nos íbamos a levantar temprano para arrancar otra experiencia sin igual en tierras africanas, la visita al Desierto Sahara.

El punto de reunión del grupo era nuevamente la plaza, donde se encontraban todas las combis que iban a llevar a los diferentes grupos a la excursión del desierto según lo que cada uno haya bookeado. De nuestro hostel, salimos con un solo acompañante, Bojan, un esloveno que estaba recorriendo Marruecos también y que se iba a sumar a la expedición. Ni bien llegamos a las combis, nos ubicaron en una donde minuto a minuto iba subiendo gente terminando con un numero de 12 integrantes los que iban a terminar siendo nuestra próxima “familia internacional” por dos días. La “familia” estaba compuesta por: Un esloveno, Un Belga, Una Española, Una China, Una Libanesa, Una Marroquí, Un Alemán, Un Ruso, Un Australiano, Un Suizo y claro Dos Argentos. El tour consistía básicamente en 3 días, dos noches, en las cuales la primera etapa era ir visitando diferentes pueblos y lugares en medio de la ruta hasta llegar a Dades Valley para dormir ahí en un hotel. Al otro día seguir recorriendo diferentes lugares autóctonos y viajar unos 400 kilómetros hasta Meorzuga, punto de partida para adentrarse al desierto de Sahara y pasar la noche. Por último teníamos que volver directamente a Marrakech nuevamente para tomar el tren y volver a Casablanca. Todo este periplo nos iba a llevar alrededor de 1.200 kilómetros y más de 30 horas en total de viaje por ruta.

El viaje comenzaba con las típicas charlas de introducción entre todos los habitantes de esta comunidad internacional donde vas descubriendo un poco la personalidad y vida de cada uno y así permitiéndonos todos tener más confianza con el otro. Falta mencionar al 13° integrante de esta comunidad que fue Mohamed (creo que el 50% de la población se llama Mohamed, en alusión a Mahoma su Mesías), nuestro chofer local, que nos iba a regalar innumerables chistes y alegría durante todos estos días de travesías. Cada parada que hacíamos durante el primer día era un paisaje asombroso tras otro, con unos primeros kilómetros recorridos a través de montañas que se iban deslizando sobre el camino como postales, dándonos unas panorámicas hermosas de los valles. Tuvimos la suerte que Sergio (El Belga pero vivía en España y hablaba español) y Andrea (El Suizo pero que vivía en la parte italiana de Suiza y hablaba italiano) eran fotógrafos profesionales ambos por los que además de nosotros poder apreciar y sacar las fotos más lindas de los paisajes, nos pudimos deleitar con sus obras maestras al capturar con tremendas cámaras esos regalos que la naturaleza le da a uno. Para el mediodía paramos en el pueblo Ouarzazate para hacer un tour por el interior de su medina, famosa por haberse filmado allí innumerables películas y series de Hollywood como Gladiador, Babel, Indiana Jones, Game of Thrones, etc. Un guía copado nos fue contando un poco la historia de ese pueblo y como vivía hoy en la actualidad las familias que aún quedaban habitando, para después dar paso a un tico almuerzo en un restaurante. Con la panza llena y kilómetros por andar no quedaba mucho por hacer más que disfrutar de los paisajes a través de la ventana, dormir siestas esporádicas y avocarse a la lectura y música rutera. Unas últimas paradas antes de llegar a destino por la tarde, paramos en un mirador enfrente de unas colinas con unas piedras que parecían arena mojada rojiza y que en su base aparecía un oasis de plantas y palmeras dando un contraste de lujo para sacar lindas fotos y simplemente sentarse enfrente a observar esa maravilla de lugar. Se acercaban siempre chiquitos de los pueblos para pedir algunas monedas o simplemente sonreírnos, unas facciones e impresiones que conmueven, con muchas necesidades y faltas en la vida pero difícilmente sin una sonrisa cuando le dabas algún caramelo, galletita o simplemente sonrisa a cambio. Llegamos al hotel cuando se asomaba la noche en el horizonte, haciendo escala en un parador que quedaba en medio del valle y el cual nos ofrecía como casi todo el recorrido hermosas vistas entre el río que lo cruzaba y sus laterales rojizos. La cena fue grupal donde nos dieron de comer una reconfortante sopa y Tangine como principal, acompañado siempre por el polentoso y rico pan de pita que era la frutilla del postre a la hora de barrer las salsas especiadas que quedaban en el fondo del plato cuando la comida ya había desaparecido. Charlas, anécdotas y chistes de por medio iban descontracturando el ambiente y el grupo haciendo la velada mucho más amena y dando espacios a cada uno para conocernos más. Cada historia de vida que se encuentra detrás de cada persona que uno conoce en el viaje es algo tan simple pero que a la vez me divierte e interesa tanto conocer, no sé el porqué, solo sé que me pasa. Luego de la sobremesa nos quedamos charlando un rato largo con Bojan, Tamara y Camelia (Libanesa y Marroquí que eran amigas), Uli y Andrea ya que por ahí íbamos a coincidir en otros destinos e iba a estar bueno seguir el rastro.

Al otro día nos levantamos muy temprano, cerca de las 7 am, desayunamos algo de paso y nos dirigimos a la combi para continuar con el recorrido y largo camino hasta Meorzuga. Esta etapa iba a llevar un poco más de horas en ruta y sin tantas paradas ya que el trayecto era más largo. La primer parada la hicimos a mitad de mañana en un pueblo, donde nos llevaron a conocer la vida cotidiana de las familias, como es que cultivan y cosechan sus vivieres, las cooperativas de mujeres que producen unos telares increíbles y la forma autosustentable que tienen como comunidad para llevar adelante día a día sus familias y necesidades, básicamente la de alimentación y subsistencia. Cuando uno se pone a pensar en esas cosas y se abstrae de lo uno vivió, le empezás a dar otras dimensiones e importancias a cosas tan chicas que uno puede siempre disfrutar y que para MUCHOS otros ni siquiera es algo accesible en su vida. Sentir que para mucha gente en la vida el esfuerzo de cada día es para poder comer y darle de comer a su familia ese mismo día y tratar de conseguir algún oficio o pequeña fuente de ingreso para el bienestar y subsistencia familiar. Nunca hay que dejar de agradecer y valorar las cosas que uno tiene, siempre trato de tenerlo claro, y en la medida de que cada uno pueda tratar de ayudar al prójimo más cercano que tenga para compartir y colaborar en lo que pueda. Luego de la visita por este pueblo nos fuimos a conocer un paisaje sin igual que se encontraba sobre un río en el medio de dos montañas también ofreciendo un risco y una caída que proporcionaba una vista impresionante. Terminado el recorrido nos fuimos a almorzar y continuar viaje para llegar sobre la tarde a destino. Las horas seguían pasando como el día anterior entre charlas e historias, bastante lectura del nuevo libro, algunos juegos de celular e intercambio cultural y futbolístico entre países. Cerca de las siete de la tarde llegamos a un hotel que quedaba sobre la base de la entrada del desierto, y en el cual dejamos todas las pertenencias que no íbamos a necesitar para esa noche ya que al otro día íbamos a volver ahí para desayunar y asearnos.

Sahara Estrellado

La gran aventura de entrarse en el desierto había llegado, luego de dejar las cosas nos pusimos todos nuestros respectivos y particulares turbantes que se usan para viajar en el desierto y resguardarse del sol y de la arena. Ya en este punto debo confesar que mi excitación estaba bastante elevada y solo con ver por delante de mis ojos el paisaje que comenzaba mi corazón empezó a latir más fuerte. El sector por donde entramos de llama Dunes D´Or o Dunas de Oro, ya que a simple vista se puede ver las dunas con ese color dorado al reflejo de un sol radiante. Nos presentaron a los compañeros que nos iban a llevar durante dos horas por este increíble lugar, los amigos dromedarios, en los que muy gustosamente nos subimos a sus lomos y arrancamos la travesía por dos horas hasta llegar a la base del campamente. El viaje lo viví como chico con chupetín en la mano, no paraba de asombrarme del paisaje que estaba viendo, las dunas perfectamente diseñadas como si fuesen por el hombre, con unas líneas perfectas y un color entre dorado y rojizo que daba un contraste sin igual para el ojo humano. Con cámara gopro en mano no paraba de retratar y filmar ese ambiente cálido, impoluto, deslumbrante en el que te hace sentir dentro de una película o un sueño. Los glúteos y las nalgas a lo largo de la travesía van adoleciéndose un poco debido a la incómoda montura de los amigos pero nada que sus simpáticas caras e increíble paisaje no pueda apaciguar. A una hora y media de travesía no pudo haber mejor momento al llegar a un médano alto, que frenar los dromedarios, darnos vuelta y disfrutar de uno de los mejores atardeceres que he visto en toda mi vida. El sol cayendo por detrás de las dunas, reflectando los rayos de luz por el cielo azul y rojizo y dando un espectáculo sin precedente para el ojo humano. El silencio y la inmensidad del lugar dan todo lo necesario para relajarse y simplemente disfrutar y AGRADECER de estar viviendo algo así. Un rato más de andanzas con los amigos y llegamos a la base del campamente que estaba sobre una gran duna de altura considerable, y en el cual se encontraban las diferentes tiendas para dormir, un “patio” común en el medio hecho por alfombras y mantas, y una tienda más grande donde íbamos a comer los dos grupos que habíamos viajado hasta allí. Acomodamos las cosas y nos sirvieron rápidamente otro rico Tangine, aunque un poco caluroso el tema, no me dio mucho hambre y salí rápidamente de nuevo para ir viendo cómo se iba posando la noche sobre el desierto. Descalzos y con una temperatura ideal, fuimos con varios del grupo a caminar por las dunas e ir tratando de apreciar la cantidad de estrellas y constelaciones que se iban presentando en el cielo. Una chica rumana del otro grupo que nos habíamos cruzado varias veces, llamada Mela, nos iba a regalar un espectáculo brillante sobre la noche del desierto, ya que como era bohemia y se dedicaba a las artes con fuego, había llevado unas cadenas con bochas que se prendían fuego, y al ritmo de los tambores de tres bereberes que entonaban ritmos autóctonos, Mela se mandó unas tres presentaciones de danzas con fuego y baile increíbles. Cerca de 25 éramos en total entre los dos grupos que nos quedamos disfrutando del baile y la música que sonaba sobre el cielo, en la cual luego de los shows, nos pusimos todos a cantar y bailar regalándonos una noche muy divertida y especial. De a poco, luego de unas horas, la gente se fue yendo a dormir a las tiendas y yo no podía parar de ir a caminar por las dunas por lo asombrado que estaba con todo lo que estaba pasando y por el espectáculo de la noche que estaba pasando. Me quedé unos buenos minutos sentado sobre una duna apreciando el cielo, el cual a pesar de estar totalmente despejado, se encontraba con una luna muy brillante la cual no dejaba ver tan claramente la cantidad inmensurable de estrellas que se puede apreciar. De repente apareció de la nada Andrea, el fotógrafo, que se había ido como 1 hora varias dunas adentro con su cámara y trípode a hacer unas fotos de la noche que simplemente jamás pensé que se podían sacar fotos así, todo el reflejo de las estrellas sobre las dunas iluminadas por la luna y el horizonte brillante, increíble. La parte más asombrosa iba a suceder en ese momento, ya que cuando volvimos a las tiendas ya para ir a dormir, vimos a un par de los chicos y chicas del grupo tirados sobre las mantas afuera y que mejor idea que cumplir el sueño mismo de dormir en medio del desierto bajo las estrellas (literalmente). Por lo que con manta en mano nos tiramos todos en el medio a dormir (lo que se podía) a cielo abierto, y la mejor parte de la noche fue desvelarme a las cuatro y media de la noche, cuando la luna ya había caído para el horizonte y ahí SI absolutamente todo el cielo quedó pintado con miles de estrellas, mejor imposible. No solo fue espectacular poder vivir algo así sino que también pude ver un par de estrellas fugaces y para colmo apreciar el amanecer despierto a la madrugada sobre terrible paisaje. Creo que el sentimiento que más me repercutió en la cabeza durante toda la noche fue sentirme un grano de arena literalmente en tal inmensidad y sentir lo diminuto que somos frente al mundo cuando a veces creemos que nos llevamos todo por delante. Un buen baño de naturaleza y experiencia me regaló la noche.

Alrededor de las seis de la mañana y con el sol asomándose a nuestras espaldas, abandonamos el campamento a lomo de dromedario, retornando así en unas dos horas de nuevo por las dunas hasta el hotel. Una vez llegados nos pudimos asear y desayunar mirando el amanecer que nos regalaba el día, mientras los recuerdos y sensaciones de la experiencia vivida se iban asentando. Pero todo lo que se disfruta también tiene su contrapartida y nos esperaba por delante unas doce horas de ruta en la combi con el cansancio de la travesía en las espaldas y el sueño pronto a aparecer. Tratamos de parar lo menos posible, un almuerzo de paso, paradas sanitarias obligadas y como es común en todo viaje rutero, las charlas, mini siestas incomodas, música y lectura. Volvíamos corriendo un gran riesgo ya que el último tren que salía de Marrakech a Casablanca partía a las 20-45 y Mohamed nos había dicho que llegábamos bien pero que íbamos a estar medio justo. Parece que el destino no quería darnos una vuelta tranquila y a medio camino una piedra estallo el parabrisas obligándonos a parar cerca de una hora en un pueblo, en busca de un lugar que nos reparara el mismo. Después de varios intentos no daban con el arreglo debido a que se astillaba más, por lo que con ingenia marroquí, le pusieron un film polarizado de ambos lados a la rotura y a continuar en ruta. Como por esas cosas que tienen que pasar, llegamos a la estación de tren a las 20.50 con el tren partiendo y la única opción viable si queríamos viajar ese día era tomar un micro que salía de otra estación y que duraba unas cuatro horas. No nos quedó otro remedio que comprar ese ticket, y después de un viaje agotador en micro (parece que se usa hacer paradas de más de media hora para que la gente vaya a comer y a los sanitarios) arribamos en Casablanca a las dos de la mañana. De ahí tomarnos un taxi sin que nos rompa la cabeza (lo pudimos negociar bien) y llegamos cerca de las tres de la mañana a la casa de Lu en la que solo basto con entrar para desmayarnos en la cama y dormir unas pocas horas.

Casablanca Mezquita

El viernes aprovechamos para dormir un poco y descansar para tomar un poco de energía y recorrer por la tarde la famosa Mezquita de Casablanca y un poco la ciudad. Post desayuno ordenamos todas las valijas ya que por la tarde nos íbamos a ir con Lu y Aoyub en auto a Rabat para un concierto que el Rey muy amablemente le regala a la gente y de paso ellos se iban a quedar a pasar el fin de semana allá. Al mediodía empezamos el recorrido en la marina, almorzando en un restaurante muy bueno con unos platos elaborados de autor que no tenían desperdicio, aprovechando también a hacer tiempo ya que la Mezquita abría sus puertas para visitarla a los no musulmanes a eso de las 15 hs. El viernes es el día de rezo más importante para los musulmanes y es cuando más gente frecuenta el templo de culto para orar. Luego de comer y apreciar las vistas del puerto en el cual las inversiones extranjeras y del rey están avanzando fuertemente debido a los grandes edificios y malls que se están construyendo, nos fuimos caminando por la rambla hasta uno de los monumentos religiosos más impresionantes que he visto en mi vida. La Mezquita Hassan II es una gran mezquita que se encuentra en el Boulevard Sidi Mohammed Ben Abdallah y es el templo más alto del mundo (los láser del minarete de 200 m pueden ser vistos desde varios kilómetros), y el segundo más grande (después de la mezquita de La Meca). Cuenta con las últimas tecnologías como resistencia a terremotos, techo que se abre automáticamente, suelo con calefacción o puertas eléctricas. La designación de Casablanca como sitio de construcción fue decidida por el rey Hassan II, ya que, según sus palabras, la capital del poder económico debía poseer un emblema que la distinguiera sobre las demás poblaciones del país. El exterior de la mezquita ocupa cerca de treinta mil metros cuadrados y puede albergar a unas 90 000 personas, simplemente asombrosa. Su diseño pulcro, limpio, de formas geométricas, puro y con el océano atlántico de fondo le proporcionan a uno de las imágenes más impactantes. Llegamos con tiempo por lo que vimos la salida de miles de fieles que volvían a sus tareas cotidianas luego de rezar, y aprovechamos para ir sacando fotos de todos los ángulos y hacer tiempo para comenzar el tour dentro de la misma. La guía nos fue dando principales datos e información de la misma y un recorrido bastante extenso por la sala de oración, el minarete, los baños termales y fuentes para las abluciones. Increíble que hayan podido edificar semejante monumento en solo ocho años y lo particular es que fue erguido a partir de los aportes del gobierno tanto como de la gente.  Cita obligada y recomendada para aquel que vaya a Marruecos y Casablanca y le interese no solo la arquitectura sino aprender más sobre diferentes culturas y religiones. Terminada la visita, caminamos por la costa y después de unas horas nos fuimos directo para Samsung donde nos iban a levantar para irnos a Rabat.

EL concierto en Rabat se llama Mawazin, y es un concierto con artistas locales e internacionales que banca el Rey para su gente, dura siete días y se desarrolla  en distintos sectores de la ciudad. Ni bien llegamos a Rabat, dejamos las cosas en la casa donde Ayoub se crió y nos fuimos caminando para el concierto, esa noche tocaba Jennifer López. Sinceramente mucho no me interesaba la artista pero el recital salió bueno y la gente quedó re copada. Después nos fuimos a comer a La Cuchara, un restaurante español donde nos hicimos una panzada de tapas ibéricas con rico vino tinto. Parecía que la noche estaba llegando a su fin pero el hermano de Ayoub con sus contactos consiguió meternos en el So Lounge (Boliche dentro del Sofitel) en el cual se estaba haciendo el after party del recital y donde pasamos una noche muy buena bailando y tomando hasta altas horas.

Solo restó al otro día levantarme con un poco de resaca, e ir para la estación de tren a Rabat para volver a Casablanca y hacer conexión para llegar al aeropuerto. Los destinos que se venían eran Barcelona, Roma y Norte de Italia continuando con la compañía de Uli y un nuevo integrante del equipo, Fede Cariddi, aka “El Shiqui” (amigo de Ulises).

Muy lindas sensaciones y experiencias me dejó mi primera visita al continente africano, con muchos lugares increíbles recorridos y buena gente conocida en el camino. Seguimos…

0 comentarios en “KM 18.215 Casablanca-Marrakech-Meorzuga-Sahara-Rabat

  1. En este orden los escuche mientras leía tu relato y me sentí ahí…

    Out of time
    Stealing time
    The presets – It’s cool (el remix de Bayer)
    World on fire (Para el arranque de la travesia del Sahara)
    Y cerre con tri state (Robert Nickson intro mix)

    El shuffle de mi reprod. Se puso a tono con tu relato… Es pura magia todo lo q estas viviendo, gracias c compartirlo ❤

  2. Wow esta fue mi parte preferida del viaje hasta ahora. Increíble!=
    Juro que pensaba que la sopa de caracol era sólo una canción… Nobleza obliga confesarlo .
    Casi q vi las estrellas del desierto y me metí en el mercado de Marruecos c la mente… Perfecto terminar mi viernes c este viaje amigo !

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