KM 22.078 Genova-Ginebra-Evoire-Annecy-Chamonix Mont-Blanc

El tren iba a partir a las dos de la tarde puntual de la estación de Milán con dirección a Génova, lugar donde me iba a encontrar con Javi y Clari para pasar el fin de semana en la costa del mediterráneo y luego volver con ellos a Ginebra. A Javi lo conocí hace varios años cuando vivía en la casa de Uli, y al ir a visitarlo o juntarnos con los chicos de la facu siempre nos lo cruzábamos y nos quedábamos charlando. Lo conoció a Uli en un trabajo que coincidieron y compartieron departamento por unos años. Se vino a vivir hace unos meses a Ginebra por laburo y después de él se vino Clari, su novia, para establecerse allí en Suiza. Junto con ellos iban a viajar ese fin de semana Juanca y Magda, uruguayos ellos, que también se instalaron en Ginebra por trabajo y como bien mando la hermandad rioplatense les dieron una mano grande a los chicos en su llegada y generaron una buena amistad. Se avecinada un buen fin de semana con buena gente y buenos lugares

Génova Portuaria

Ni bien llegué a la estación de trenes, me fui caminando con las valijas para el hostel que quedaba a unas cuadras, en la zona del puerto. Famosa esta ciudad por su actividad portuaria y por su icónico personaje histórico Cristóbal Colón, la misma se va formando desde el mediterrano hacia dentro bordeando la costa con sus históricos barrios y monumentos. Una vez en el hostel, muy lindo por cierto, deje las valijas y me fui a caminar por la ciudad así la empezaba a concoer, los chicos iban a llegar a la madrugada por lo que nos íbamos a encontrar recién al otro día. La primera impresión no fue muy buena de la ciudad ya que su costa no está muy bien cuidada digamos y además se encontraba bastante sucia, igualmente emprendí camino y avance hacia el sur para recorrerla desde la vista portuaria. Luego fui a visitar alguno de los monumentos históricos para pasar el rato y aprovechar lo que quedaba de la tarde, pasé por la Piazza de Ferrari, la Catedral de San Lorenzo, la iglesia San Mateo y por último a caminar por la famosa y exuberante Vía Garibaldi (Barrio señorial donde se asentó la nobleza Genovesa a mediados del siglo XVI). Ya cayendo la tarde pasé por un súper a cargar provisiones para la cena y relajarla en el hostel. Me preparé una rica ensalada de atún, queso, tomate y olivas negras y con la compu de acompañante me quedé tirado en el hotel hasta la medianoche donde el sueño me venció y me fui a dormir para aprovechar a full el día que se venía.

Me comunique con Clari a la mañana y quedamos a eso de las diez juntarnos en Piazza Nunciatta, a unas cuadras del hostel, ya que me iban a levantar ahí para emprender viaje a las hermosas playas del norte italiano sobre el mediterráneo. Una vez en el auto luego de saludo y presentación con Juanca y Magda, arrancamos en dirección al sur a la región de Liguria donde nos habían recomendado varios lugares de playa para visitar. El primero que paramos fue la bahía de Camoglia, una cala que se abre con playa de piedra y agua templada con una buena vista alrededor para sacar fotos y pasar allí un rato. Luego seguimos camino aún más para el sur, cerca de 45 kilómetros de la ciudad, en dirección a Portofino, mientras el viaje se iba desenvolviendo entre charla, historia, bromas y gastadas entre los amigos. Lo primero que se encuentra uno llegando a Portofino es un puerto de gran tamaño con todas unas calles que lo bordean decoradas con flores de todos colores y unos restaurantes elegantes mirando hacia el puerto y el mar. La zona parecía que iba a ser muy linda y así fue, luego con el auto se puede ir bordeando las colinas y bahías que tiene el lugar e ir atravesando unas calas impresionantes que dan al mar verde y el contraste de las casas apostadas sobre la colina que le dan al paisaje una belleza sinigual. Recorrimos toda la ruta primero hasta llegar al puerto y después decidimos retomar para ir a darnos un baño en una playita que se encontraba dentro de una cala en el medio del camino. Solo tenía dos restaurantes sobre la misma, con una playita pública en el medio que bastó para dejar las cosas ahí y zambullirnos en ese increíble mar. Nado placentero y apreciar las vistas alrededor del lugar lo hacían a uno quedarse petrificado en el agua disfrutando nada más que de ese momento, disfrutando el tan famoso mar mediterráneo. Sacamos unas buenas fotos y videos en el lugar y después nos quedamos tirados un rato en la playa charlando y picando algo que Clari había llevado para la tarde. Para aprovechar el día seguimos camino más hacia al sur a un tercer lugar que habíamos anotado llamado Bahía del Silencio, en Sestri Levante, y que no nos iba a defraudar finalmente. Ésta si era una bahía más grande con varias playas y paradores juntos con una iglesia en la colina que coronaba la punta dándole un singularidad especial. Sobre estas playas se asomaban unas colinas de gran tamaño con algunos pueblitos de casa de colores que daban un contraste con el verde suntuoso de los árboles que deslumbraba. Después de las fotos obligadas en todos los ángulos posibles para llevarnos de recuerdo, los hombres nos hicimos una merecida siesta playera y las mujeres sus charlas habituales. Pocas sensaciones tan lindas como dormir una siesta y despertarse en un lugar así, pudiendo relajarse el cuerpo casi completamente como si la mente se diese cuenta donde uno está. Al oscurecer tarde todos los días, cerca de las nueve y media – diez, aprovechamos hasta lo último la tarde y después nos fuimos a comer a un muy lindo restaurante que quedaba sobre la escollera del puerto que había y que proporcionada una de las mejores vistas hacia toda la bahía. La cena se disfrutó a full entre charla, comida y las vistas que nos iba dejando el anochecer, saboreando unas ricas rabas, pizzas, risotto de mariscos junto con unas cervezas bien frías (Recomendación: Leer bien los precios ante cualquier sugerencia de los mozos o el dueño). Con el día completo y con muy lindos lugares visitados, nos volvimos para Génova andando unos largos kilómetros durante la noche para llegar cerca de la una de la mañana que me dejaron en el hostel y los chicos se fueron a descansar al hotel.

El domingo nos iba a recibir con grandes probabilidades de lluvia y llovizna todo el día por lo que aprovechamos la mañana para ir a recorrer la ciudad, ya que los chicos no habían tenido tiempo aún, y en mi caso ver algunos puntos turísticos más. Además de los ya mencionados anteriormente, nos fuimos a conocer la casa y el patio donde vivió Cristóbal Colón y una estatua en su memoria que hay junto a las carabelas que utilizó en la expedición, bordeadas con plantas de colores en unos jardines escalonados que hay en medio de la ciudad. Luego del city tour, nos fuimos de nuevo con todas las maletas guardadas a Portofino, pero como el tiempo no ayudaba para la playa solo íbamos a almorzar y luego partir de regreso a Ginebra. Por suerte el cielo nos ayudó un poco y cuando llegamos al puerto el sol se asomó un poco para que podamos apreciar del lugar y todo su encanto. El puerto está bordeando por unas colinas donde en un lado se encuentran algunas casas y mansiones decoradas al mejor estilo mediterráneo, y del otro lado se asoman un mirador, una iglesia y un castillo que dan todos en su conjunto una de las vistas más lindas de Portofino. Caminata por todo el lugar y  a sentarnos a disfrutar de unas pizzas increíbles que probamos en un resto a los pies del puerto, para luego terminar la visita con un gelatto italiano. Para hacer un poco de digestión antes del largo viaje que teníamos de regreso, subimos hasta la iglesia y el mirador para sacar unas fotos y contemplar desde otro ángulo el Puerto, que sobresalía desde este punto.

Con esto cerrábamos un gran fin de semana, pudiendo conocer lugares nuevos y con gran compañía. Ahora tocaba el regreso hacia Ginebra en el cual iba a volver con ellos para quedarme toda la semana en la casa de Clari y Javi, y conocer así la ciudad más todos los pueblos cerca que tiene. El viaje duró en total como cinco horas arriba del auto pero se hizo muy llevadero entre charla y picnic que íbamos metiendo, algunos desmayados  de a ratos atrás, y con Juanca al volante metiendo unas charlas interesantes. Además no dejas de asombrarte todo el camino con las increíbles rutas que hicieron sobre los Alpes italianos y suizos, a varios cientos metros de altura y con un trazado espectacular sobre el paisaje. Y encima viví la experiencia de atravesar ciento de túneles a lo largo del camino pero en especial uno de los más importantes del mundo, el Mont Blacnc que te lleva a recorrer en auto unos 11.661 metros por adentro de la montaña, impresionante. Cerca de las doce llegamos a la casa de los chicos y una vez ya instalado en mi nuevo “hogar” por unos días nos fuimos a dormir para descansar y al otro día empezar con el recorrido.

Ginebra a Tiempo

Ginebra se la conoce como la ciudad de los relojes, ya que es la más famosa en todo el mundo por la producción o comercialización de los mejores relojes en el mundo, como así también por ser parte de uno de los distritos financieros más importantes del mundo. Tiene bastantes particularidades esta ciudad ya que también es aquella en la que se encuentran la mayor cantidad de organismos internacionales en todo el mundo generando una vida cosmopolita de gran diversidad y culturas. Es una de las pocas regiones de Suiza en la que se comunican enteramente en francés aunque generalmente todo suizo habla dos idiomas más, el alemán (Predominante) y el italiano (Región de Lugano)

EL primer día como el día no iba a estar muy lindo aprovechamos con Clari para ir a recorrer el centro de Ginebra y los alrededores. El departamento de los chicos está muy bien ubicado, a un kilómetro del centro y bordeando a unas cuadras por uno de los parques más lindos de la ciudad, Parc La Grange, Empezamos caminando por acá, visitando este gran parque perfectamente cuidado con mucho verde, varios arreglos florales en canteros diversos y unos caminos para el que quiera hacer ejercicios ya sea en bici o corriendo. Éste desemboca en la arteria principal que viene desde la entrada de Ginebra hasta el centro y por la cual se puede ver en todo momento el lago Lemán. Este mar digamos que forma una gran U sobre la cual la ciudad se va desarrollando para adentro y en el que se puede cruzar de un lado a otro en solo unos minutos por barco. Si no se puede recorrer todo el lago mediante las calles que lo bordean dando unas espectaculares vistas con el lago, la ciudad y las montañas por detrás. Luego de recorrer el parque anduvimos por toda la costanera y pasamos por el símbolo más famoso de toda la ciudad, el Jet D´Eau o El Chorro, el mismo consiste en una válvula que sale del lago y que arroja un chorro de agua para arriba con tanta presión que lleva la misma a una altura de 140 metros, generando un atractivo particular y distinto. Continuamos bordeando el lago llegando hacia el centro donde se encuentra en una plaza un reloj hecho con flores que de pasó a una de las principales avenidas de la ciudad donde se encuentran todas las mejores marcas, y más caras, de relojes del mundo (Rolex, Hublot, Tissot, etc.). No se pierde el asombro al caminar y ver estos locales con piezas de joyas exhibidas en relojes desde 10.000 hasta más de 100.000 euros, realmente obras de arte. Seguimos caminando por el centro donde también se encuentran varios locales de vestimenta, accesorios y artículos de alto costo dando la impresión de la que es una de las ciudades más caras para vivir de todo el mundo. Pero no solo son caros los lujos en Ginebra, también el costo de vida cotidiana es alto como la comida, transporte, salud y demás, de ahí está que el sueldo más básico de cualquier empleado parte de 3.500 euros (nada mal no?). Dejando un poco la ostentosidad y las tiendas excéntricas nos fuimos para el barrio histórico a recorrer Place de Neuve y la Iglesia San Pedro. Así llegamos al mediodía donde volvimos al departamento que estábamos cerca para comer una picadita, tomar algo y arrancar de nuevo a la tarde con la recorrida. El tiempo no estaba mejorando y cuando salimos a la tarde se largó a llover pero pudimos ir a recorrer algo del barrio de Carrouge, muy bohemio y con una onda especial. El diluvió que se largó no nos permitió caminar mucho asique decidimos hacer un stop e ir a probar el tan famoso chocolate caliente de la confitería Martel, que lo sirven junto con crema pastelera y unos macarrons deliciosos, no hace falta que les diga como estuvo no? Ya se habían hecho como las seis de la tarde y Clari mi compañera de turismo se tenía que ir a clase de Francés por lo que me quede caminando un rato más por ahí y me fui a la casa a hacer unas cosas con la compu y disfrutar de lo que quedaba de la tarde en su balcón con vistas a las montañas. Javi llegó cerca de las once y comimos unos ricos fideos hechos por Clari mientras charlábamos del día.

AL otro día teníamos pensado con Clari ir a recorrer los pueblos del sur de Francia que quedaban cerca de Ginebra, por lo que muy gentilmente Juanca y Magda nos prestaron su auto y para allí nos dirigimos a visitar Evoire y Annecy. El primero queda a unos veinte kilómetros y se encuentra sobre la otra punta del mismo lago que llega a Ginebra. Pueblito increíble y muy pintoresco, con las estructuras y edificios al estilo medieval y las callecitas que lo bordean todas decoradas con cantidad de rosas y flores de todo color. Se lo camina muy rápido hasta llegar a un castillo, el jardín de los cinco sentidos y al mini puerto que tiene con algunas embarcaciones chicas y con unas vistas dignas de cualquier postal. También tiene unos hoteles sobre el lago que al estar en primavera decora todo su exterior con miles de rosas, generando un contraste lindísimo entre el azul verdoso del mar, el muelle de madera y las rosas rojas y blancas que sobresalen de todos los balcones. Lugar ideal para hacernos un picnic al mediodía, descansar un rato y relajarnos ante tal placentero lugar. Continuamos ruta más para el sur haciendo unos cuarenta kilómetros más y con una hora aproximadamente de viaje llegamos a Annecy. Ésta es una ciudad situada en la orilla norte del Lago de Annecy, rodeada de montañas pre alpina, otorgando también una vista hermosa en su combinación. Me impactó ver el color del agua en el lago, totalmente verde turquesa, dando un contraste con las montañas que impresiona. Nos fuimos a caminar por la ciudad, más que nada en la parte histórica, donde las calles antiguas se van abriendo entre el canal que desemboca del lago con todas las tiendas apostadas y decoradas como en la antigua Francia. Impresiona ver como todos los pueblos decoran sus calles y lugares con un sinfín de plantas que al estar en primavera brillan y realzan cualquier paisaje donde se las ponga. Fuimos recorriendo los diferentes puntos como la iglesia San Mauricio, la antigua prisión, la calle Annecy (antigua residencia de los condes de Ginebra), la calle Saint Claire con sus arcos y la calle Royale con sus llamativos comercios, jardines y la fuente de los Pozos de San Juan. Muy linda caminata por todo el pueblo, y para cerrar la tarde luego de comprarnos unos croissants de chocolate, nos tiramos en el parque que hay sobre el lago a tomar unos mates con Clari y disfrutar de las vistas. A la vuelta pasamos a buscar a Juanca que nos estaba esperando y nos fuimos a otro pueblo de Francia, cerca de Ginebra, al supermercado ya que ambos tenían que hacer compras semanales y yo tenía que comprar las cosas para la cena que les iba a hacer a los cuatro el jueves en manera de agradecimiento. Debo decir que me volví loco en el supermercado donde había cualquier variedad de todo tipo y tamaño de productos, con precios increíbles que no llegas a entender como puede ser que salgan las cosas ahí cerca de la mitad de lo que te cuestan en Buenos Aires. Cual fanático de los quesos no podía dejar de mirar la góndola de más de 100 metros con todos los quesos habidos y por haber del mundo, de los más ricos para probar. Terminando las compras cerca de las nueve de la noche, un poco más nos rajan del súper, terminamos de comprar cada uno lo que necesitaba y nos volvimos para la ciudad. Nos dejó Juanca en la casa y cenamos con Javi que recién había llegado del laburo y aprovechamos para charlar un rato, lamentablemente esa semana estaba complicado de laburo y sus jornadas iban desde las 10 de la mañana hasta las nueve-diez de la noche (complicado al trabajar con la oficina de argentina desde allá), Muy ricas hamburguesas caseras con papas que hizo Clari, charla relajada post cena con los chicos y a descansar para seguir recorriendo al otro día.

El miércoles arrancamos temprano con Clari después de desayunar porque íbamos a ir a Chamonix Mont-Blanc, un centro de esquí de lujo que quedaba a una hora aprox de la ciudad. Otra vez los hermanos uruguayos nos prestaron el auto y emprendimos camino para Francia nuevamente, atravesando la ruta entre las montañas y los Alpes. Chamonix es un pueblo que está situado a los pies del Mont Blanc, famoso por ser uno de los mejores centros de esquí del mundo y por estar en la base de la montaña más grande de Europa (4.810 metros). Está rodeado de numerosos glaciares sobre las montañas dando un contraste impresionante en los días de sol entre el verde de los pinos y el azul-blanco congelado del glaciar en las alturas. Llegamos cerca del mediodía con Clari y nos fuimos a caminar por el pueblo, que al estar en baja temporada, no había mucha gente y se podía recorrer tranquilo. Mu típico en su forma cual centro de esquí, se desarrollaban las calles en torno a un centro donde estaban todos los locales y rentals de equipamiento para ski, snowboard o montaña, algunas tiendas locales de ropa y los restaurantes pintorescos con ese estilo de invierno de madera y piedra. Dimos vueltas por todo el pueblo, sacando fotos por doquier con las montañas apenas nevadas en sus picos y todo el trasfondo de árboles verdes dándonos unos muy buenos lugares para llevarnos de recuerdo en las cámaras. Nos hicimos un mini picnic en la única placita que tiene le lugar y nos fuimos para la base de los medios de elevación a ver cuánto costaban los accesos a los paradores arriba. Tiene varios accesos y medios de elevación por toda la montaña, pero los dos principales que se encuentran enfrentados son el Brevent y el Aguile du Midi, donde se puede subir a más de 3.000 metros de altura con un parador y mirador que ofrecen las mejores vistas de los valles y del Mont Blanc. Ya terminando con la visita del lugar vi en las alturas algo que me llamó poderosamente la atención y que con solo pensarlo le dije a Clari que íbamos a volver otro día para hacerlo, había que definir los detalles nada más. Volvimos temprano por la tarde a Ginebra ya que Clari tenía clase de francés y yo me fui a un complejo de fútbol a ver a Javi que jugaba la semifinal de un torneo interempresarial. El partido estuve peleado pero lamentablemente perdieron y quedaron fuera de competición, pero al menos pude volver a ver un partido de futbol (muy importante las ganas que tenía de entrar a la cancha y volver a patear una pelota). De ahí nos fuimos con él y Franco, un compañero argentino del equipo, a cenar a su casa donde ya estaba Clari y Angie, la esposa de Franco. Ellos estaban hace varios años ya en Ginebra y como todo argento les dieron una mano grande a los chicos en su llegada y así se hicieron amigos y comparten varias salidas y reuniones. Una cena copada entre buena gente, unos ricos tacos mexicanos y buen vino blanco para cerrar otro día.

El jueves me armé el día para ir a visitar a Cami, una amiga Argentina que estaba viviendo en Ginebra también (como verán hay muchos argentinos) e ir a recorrer algo más de la ciudad. Después de dos meses de inactividad deportiva, me calcé las zapatillas de correr y luego de encontrarnos en Baby Plage, nos fuimos a dar la vuelta por todo lago corriendo. Por suerte el día estaba soleado y bastante cálido asique entre charla y ejercicio pudimos disfrutar bastante y sacarle jugo a la mañana. Cerca del mediodía nos fuimos a Bain du Paquis, que es una especie de muelle que hay en el lago con reposeras y lugar para tomar sol. Buen lugar para broncearse un poco y almorzar unas ricas ensaladas griegas con el lago de frente dando un relax importante. A la tarde nos volvimos a juntar para conocer otra parte de la ciudad que no había ido donde se encuentra la movida joven y el área universitaria, Plainpalais. Tomamos unas cervezas en un bar por ahí y nos fuimos con unos amigos de ella a La Terrace a seguir disfrutando de las cervezas suizas. Es un lugar sobre el lago donde van todos después del trabajo y entre meses y picnic improvisados sobre el pasto se arma una movida interesante y copada. Los tuve que abandonar temprano ya que tenía que volver al departamento y ponerme a prepara la cena prometida y que con gustó iba a hacer. El menú iba a consistir en una entrada de Bruschetas Italianas con pan de campo tostado al horno con oliva, polvo de ajo y pimiento molido, y sobre éste berenjenas blanqueadas, champiñones salteados,  tomates secos hidratados en aceite, gratinados al final en el horno con una base de queso brie. Las bruschetas iban acompañadas de unos crutones con posta de olivas negras y por lo que pude percibir de los comensales quedaron todos muy a gusto. Las caras de Juanca me dieron la impresión de que había arrancado bien, mientras que Clari y Magda aprobaban también. Javi llegó un poco demorado por el trabajo pero le habíamos dejado sus bruschetas para probar y luego de que las comiese pasamos al segundo plato que por suerte también vino con éxito. El mismo se compuso de un salmón dorado a la plancha, con una costra de pan rallado, queso emental en hebras, pimienta y mostaza de dijon, todo cubierto gratinado al horno también; acompañado con unos papines salteados con oliva y manteca y perfumados con ciboulette y queso en hebras. En mi opinión exigente el salmón estaba un poco pasado de cocción pero a los chicos parece ser que no les importó para nada y disfrutaron sobremanera el plato dando un buen cierre a la cena. Nada menos podía hacer para agradecer a Javi-Clari su hospitalidad y aguante y a Juanca-Magda por habernos prestado el auto y tan buena onda en toda la semana también. Nos quedamos hasta tarde comiendo chocolates de postre y disfrutando de charlas variadas acompañadas siempre de algunos gastes.

El viernes con la panza llena y poco sueño en el haber preferí levantarme tarde y relajarla en la casa hasta entrada la tarde, aprovechando también para hacer algunos llamados, cosas en la compu y planificar un poco la semana siguiente que no tenía idea donde iba a arrancar. Definimos con Clari al final los detalles que nos faltaban para la aventura del sábado y nos fuimos a recorrer algunos lugares más de la ciudad que nos faltaban y estuvieron interesantes de ver, el Jardín Botánico, el edificio de la ONU y el área donde se encuentran los principales organismos internacionales. Pasamos a buscar el auto por el aeropuerto que habíamos alquilado y nos fuimos a buscar a Javi al trabajo para ir a cenar a lo de unos amigos. En Cahmbesy estaban viviendo Romi y Rodri (con sus hijas Cata y Sofi), amigos de mi hermana Leti y mi cuñado Juan, que están viviendo en Ginebra desde hace dos años aproximadamente y que nos invitaron a cenar a la casa. Nos esperaron con una picada genial y como si fuese poco se lucieron invitándonos un increíble Asado Argentino que Rodri siempre se trae de Buenos Aires en las valijas. Es sublime el placer que se siente comer asado tan lejos de tu casa y después de tanto tiempo sin probarlo, la verdad que estaba exquisito y entre cortes de carnes y charla pasamos una cena genial. Charlando un poco entre los cinco sobre las particularidades de la cultura suiza, su estilo de vida, rigidez,  manera de hacer las cosas, tan perfectas y estructuradas siempre.

El sábado nos levantamos temprano y con el auto en marcha nos fuimos para Chamonix bien temprano los tres a recorrer nuevamente la ciudad pero ésta vez con un aditivo especial, hacer parapente desde 2.300 metros de altura entre las montañas de los Alpes y el Mont Blanc. Cuando habíamos ido el miércoles al ver cantidad de parapentes andando por los cielos me dio por entrar y preguntar cuanto salía la aventura y como no era muy cara y son esas cosas que solo las podes hacer una vez en tu vida, decidimos con Clari comentarle a Javi si quería hacerlo, y con su aceptación nos fuimos los tres a vivenciar esta experiencia. Nos teníamos que encontrar cerca de las 12 en la base de los medios de elevación de Brevent y la verdad que el clima sobre la mañana mucho no ayudaba porque había muchas nubes y la visibilidad no se veía muy buena desde abajo. Debido a esto es que el instructor nos llamó para informarnos que se había demorado con los saltos previos por lo cual tuvimos que esperar un rato más con la ansiedad al palo y los nervios golpeando la puerta. Ni bien se empezó a aclarar el clima y las nubes comenzaron su ascenso, más de diez parapentes saltaron al vacío y al verlos desde abajo la sensación fue una mezcla de excitación y cagazo por otro lado ya que se veía bastante alta la aventura. Treinta minutos después llego el coordinador que iba a ser una de los que iba a tirarse con nosotros y otros dos pilotos más, todos franceses. El que iba a volar conmigo, Olivier, era bastante jodón y se despachó con nosotros entre las bromas que nos hacía y la cara de medio que se iba a ir aflojando con la subida. Sacamos los pases para subir en la cabina hasta la base desde donde se salta para el vuelo. Sinceramente al revés de lo que pensaba, a medida que íbamos subiendo me fui relajando más y disfrutando del paisaje y de la experiencia que íbamos a vivir. Al bajar nos llevaron a una explanada que había donde se toma la carrera para saltar y en la cual nos preparamos los tres con los arneses y el equipo necesario para engancharnos a los pilotos. Éstos tardaron pocos minutos en preparar todo el parapente y con las medidas de seguridad listas solo faltaba el viento de frente y un empujón de adrenalina para saltar al vació. Por suerte el viento vino rápido y fue Javi quien empezó la tirada, seguida por mí y última Clari. Con la Gopro en la cabeza sabía que iba a grabar toda esa sensación y sombro que te produce saltar pero vivirlo ahí en el momento fue una de las emociones y experiencias más placenteras que me pasaron. El estar planeando a más de 2.000 metros de altura con solo un arnés haciéndote sentir que estás casi flotando, la vista a las montañas y los glaciares sobre los valles y el Mont Blanc de frente, me dieron un espectáculo de la naturaleza que pocas veces vi en mi vida. La verdad que el vuelo se disfruta 100% y te encontrás relajado e obnubilado por tal magnitud de paz y paisajes que se reflejan en tus ojos, no salís nunca del asombro y lo único que repetís todo el tiempo es uuauuuuuu. Por suerte pude ir filmando y sacando fotos de los paisajes y de los chicos que pasaban cerca de mí en otros parapentes. En la última parte del vuelo le pedí a Olivier que haga algunos trucos y sin haberlo pensado bien empezó a descender es espiral sobre las casas del pueblo a una velocidad descontrolado, haciéndote sentir como en un lavarropas centrifugándose. El aterrizaje fue suave y la emoción al bajar fue exultante, no solo por el exquisito vuelo sino porque pudimos hacerlo los tres juntos y con una experiencia que pocas veces se repite en tu vida, mucho sentimiento de agradecimiento y felicidad por haberlo vivido. Era una de las premisas de mi viaje hacer deportes o aventuras extremas y por suerte voy coleccionando varias hasta el momento. Para ponerle un broche de oro a la tarde nos fuimos a comer una de las mejores y más grandes hamburguesas que comí en mi vida, en un localcito que se llamaba Poco Loco y que nos dejó con la panza llena y el corazón muy contento (además de un poquito de grasa). Rememorando la travesía y contando cada uno su experiencia, se nos fue la tarde en Chamonix donde arrancamos la vuelta por la tarde, con una parada previa en Mengeve (otro pueblito sobre las montañas). Dejamos el auto de nuevo en el aeropuerto donde lo habíamos alquilado y nos fuimos para la casa a descansar un rato. Yo por la noche me junte de nuevo con Cami para despedirme de la ciudad conociendo un poco su movida nocturna. Primero fuimos a Le Voille, un parador sobre el lago con mucha onda y buena fiesta al aire libre, y más entrada la noche nos fuimos a bailar a Java, el boliche que está adentro del hotel Kempitzki. Éste último tenía toda la movida de Ginebra, con mucha gente joven, buena música bolichera y ambiente copado. Entre tragos y baile nos quedamos hasta las tres y media de la mañana y después nos fuimos ya que el cansancio había ganado y la noche estaba empezando a terminar (En suiza los boliches cierran a las 4 y los bares a las 2, aburrido no?).

El domingo quedó para disfrutar de una buena picada con los chicos en el departamento y terminar de arreglar todo para lo que se venía, viajar de nuevo solo por tres semanas por Europa del este e ir subiendo para el norte. Pase una semana genial con amigos, gente copada, lugares increíbles visitados y una experiencia única vivida, más no puedo pedir y lo que me pone contento es que ya después de unos meses de estar acá no dejo de salir del asombro con cada paso que voy, Seguimos…

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Un comentario en “KM 22.078 Genova-Ginebra-Evoire-Annecy-Chamonix Mont-Blanc

  1. Manu que lindo todo lo q escribis….leo lo que el tiempo quetu sobri me deja lerr…..bueno veo no te estas privamdo de nada ni de comida ni paisajes……que lindo austria…tqm veni prontooooo

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