KM 24.350 Budapest-Venecia-Fazana-Opatija

Seguí ruta en dirección al este de Europa para llegar en este caso a la ciudad de Budapest en Hungría. Me tomé el bus como venía haciendo los últimos viajes, y en este caso después de dos horas y media arribe a la capital húngara sin muchas expectativas sobre lo que iba a ver. Y esa son de las cosas más lindas que te pasan al viajar, caes sin ningún programa a cualquier lugar y te vas con una de las ciudades más lindas que he visitado en mi haber. Sin planificación alguna, ni contactos, ni couhcsurfer a mi espera ni cualquier reseña sobre Budapest, así caía a la ciudad cerca de las tres de la tarde y en la cual me iba a ir cuatro días después con muchas cosas en la mochila.

Budapest de Contrastes

Budapest se convirtió en una única ciudad cuando ocupó las dos orillas del río Danubio, unificando las ciudades de Buda (Significa “Agua”) y Óbuda con Pest (Significa Carbón) allá por fines del siglo XIX. Considerada como una de las ciudades más bellas de Europa, a orillas del Danubio, Budapest cuenta con varios sitios que son Patrimonio de la Humanidad como el barrio del Castillo de Buda, la avenida Andrássy, la Plaza de los Héroes y el Metropolitano del Milenio. Otros puntos destacados son los más de 80 manantiales geotérmicos, el mayor sistema de cuevas de aguas termales del mundo,  la segunda sinagoga más grande y el tercer edificio del Parlamento más grande del mundo. Había mucho por conocer sobre su historia y cultura por lo que fueron perfectos los cuatro días destinados a esta ciudad.

Ni bien llegué al hostel me dieron la habitación y aproveche que era media tarde para hacer algunas cosas que tenía pendientes como lavar la ropa, ir en busca de cambio (Hungría pertenece a la Eurozona pero no cuenta con Euros, su moneda son los Florines Húngaros – Cambio 1E – 320FH aprox.) y aproveche para comer algo del súper rápido. Cuando ya terminé con todas las tardeas me quedaban unas dos horas de sol por lo que decidí hacer lo que generalmente hago el primer día en las ciudades que no conozco, perderme y recorrer las calles sin rumbos. Por las dudas agarré un mapa de la ciudad que había en el hostel y con botella de agua en mano y cámara de fotos lista empecé a patear. Estaba muy bien ubicado por suerte asique ni bien salí a la primera avenida principal en la estación Daek Ferenc Ter se apareció una de las plazas más populares Erzsébet tér. Contaba con lindos jardines diseñados, una fila de varios bares para tomar algo y lo que más me asombró fue una fuente al estilo pileta donde el piso daba a un bar que se encontraba por debajo de la misma y en la cual toda la gente estaba con los pies dentro refrescándose del calor y charlando de a grupos. Todo parecía con muy buena onda y se notaba que todos empezaban a disfrutar del sol y los días cálidos. Continué por la calle que salía de la plaza y me dirigí a la Basílica de Budapest, Basílica San Esteban, la cual estaba ya cerrada pero aproveche para sacar unas fotos y apreciar su grandeza desde afuera. Desde esta plaza salía una calle que conducía directo al Puente de Cadenas, el más importante puente que cruza la ciudad, y desde donde se puede empezar a deleitarse las mejores vistas. Lo que hice fue simple, empecé a caminar a través del puente desde Pest a Buda y la intención era dar toda la vuelta formando un rectángulo sobre la rivera entre este puente y el siguiente, de esa manera tendría las vistas de la ciudad en todos sus ángulos. Con el solo hecho de pararse en el medio del puente y ver el impresionante Parlamento de un lado y el Palacio con el Castillo de Buda más la Iglesia de San Matías del otro lado, la mente empieza a pensar que es una postal de película en vez de una imagen real. Sinceramente de la forma en que están dispuestas estas edificaciones con el Danubio por el medio y los barcos navegando sobre él, te dan una de las mejores perspectivas para grabar con el ojo vivo tales paisajes. Ya del otro lado del puente, en el barrio de Buda, seguí caminando por la rivera con toda la vista de Pest enfrente y con el sol ofreciendo los últimos destellos de luz sobre éste. Llegue hasta el otro puente disfrutando de la caminata y volví a cruzar para Pest ya con el atardecer cayendo y debo decir que los destellos naranjas del sol apostándose sobre ambos lados del Danubio no solo me dieron las mejores fotos que pude sacar sino uno de los más lindos atardeceres en ciudades que he visto en mi vida. Parece redundante a veces las expresiones que me producen tales acontecimientos pero no tengo otra cosa para decir sobre ese pedazo de atardecer que me regaló Budapest en mi primer día. Atónito  quedé con lo que estaba viendo y me pasé una hora más sentado a la orilla del Parlamento solamente contemplado aquella imagen una y otra vez. A la vuelta para el hostel volví a pasar por la plaza y me encontré con cientos de grupos de gente joven con vinos, cervezas y cosas para picar tirados por todo el parque al estilo botellón, disfrutando plenamente la noche y de las juntadas. Increíble la onda que había en ese lugar y pese a que no tenía gente con quien quedarme ahí para pasar la noche, sabía que iba a volver. Algo para picar rápido y a dormir que al otro día comenzaba el recorrido por la ciudad y a absorber un poco más de su historia.

El tour comenzaba a las diez y media de la mañana por lo que me levante temprano, y junto con Vicky (una chica mexicana) que también iba a hacerlo nos fuimos para la Catedral desde donde salía el grupo. En el camino nos encontramos con Tamara, una argentina que también estaba viajando sola, asique en dos cuadras ya teníamos un mini grupo latinoamericano para comenzar el tour. El recorrido comenzó con la explicación de la Catedral de San Esteban, teniendo como particular dato que cuenta con la mano derecha momificada de su patrono la cual se puede visitar, y que es el edificio más alto de toda la ciudad 96mts (hay una ley que no permite edificio más alto alguno ya que conmemora el año 896 donde se constituyó el pueblo Húngaro). Seguimos camino hacia el puente y pasamos por unas estatuas de bronce de gente común que habitó en la ciudad y que se colocaron como homenajes a la gente que murió durante la época del Holocausto y el Comunismo. Cruzamos el Puente de Cadenas mientras nos contaban su historia y llegamos así a la base de la colina donde se encuentra el Palacio Real, El Castillo de Buda y la Iglesia San Matías entre otros monumentos. Desde allí subimos por unas escaleras hasta la cima aprendiendo algunas palabras en húngaro (único país donde se habla este idioma y uno de los más difíciles) mientras también anotábamos las comidas y bebidas tradicionales que obviamente iba a probar luego. Ya en entrada del Palacio Real (Actualmente utilizado como Museo Nacional y Biblioteca) la guía nos empezó a contar más en detalle sobre el último siglo que atravesó la ciudad y su actualidad. Como le ocurrió a Eslovaquia y otros países, Hungría sufrió la invasión de los Nazis Alemanes en la segunda guerra mundial donde se apoderaron de la ciudad y formaron unos de los centros nazis más importantes de la región. Luego de la derrota nazi y con la ocupación de los soviéticos a manos del ejército rojo,  Budapest quedó cerca de un 80% destruida, teniendo como objetivo en las próximas décadas reconstruir la ciudad y a su vez lidiar con el comunismo que fue impuesto a lo largo de 40 años. Fue muy difícil para su gente tener que pasar de casi un control total de los alemanes a vivir en su contraste una época gris con el comunismo ruso, se encontraron durante casi medio siglo en manos y líderes que no eran de su propio país y con sistemas impuestos sin la voluntad popular. Hoy en día el mayor problema que atraviesa es el éxodo de profesionales y gente joven, ya que el país sufre de una crisis económica muy fuerte y la nueva versión del “capitalismo” no está dando sus frutos. El salario de un profesor ronda los 400 euros mensuales y el de un ingeniero cerca de los 1.300 euros. Debido a esto mucha gente profesional emigra a otros países en busca de una mejora salarial y los que quedan viven golpeados después de tantos colapsos. Nos comentó también, asombrada, sobre un posible problema en puerta ya que cada vez tiene más votos un partido de ultra derecha con ideología bastante racista. Fue interesante ver desde otra perspectiva que fue y que es lo que está atravesando Budapest y Hungría ya que la imagen que da por sus nuevas edificaciones y monumentos es de un muy buen bienestar, contraste absoluto con lo que vive y expresa la gente de su verdadera realidad. Terminamos el tour en la Iglesia San Matías con una reconstrucción y decoración impresionante de donde sale también el Mirador de los Pescadores que ofrecen una vista espectacular del Parlamente y de toda la ciudad de Pest. El grupo se disolvió post tour y por la tarde me fui a la plaza para tirarme un rato y descansar un poco para luego seguir con el recorrido pensado.  Avancé derecho por la famosa avenida Andrassy que sale desde la plaza y en la cual se destacan varios edificios para visitar. El primero de ellos es la Opera de Budapest que fue casi el único que no fue bombardeado en la segunda guerra mundial y que todavía permanece intacto con una edificación digna de pasar a visitarlo. Unas cuadras más adelante se encuentra el Museo del Terror, uno de los museos más importantes donde alberga la historia más trágica y triste de la ciudad. Sin dudarlo entré para recorrer el museo y conocer más acerca de éste edificio que representa la época oscura de Hungría. Parece cómico pero en la Avenida Andrassy al 60 se encuentra el edificio donde se establecieron los líderes nazis para llevar a cabo su propósito, y luego de su caída fueron los líderes y la policía soviética las que tomaron como sede y prisión este edificio perdurando más de 40 años en el poder. A través de las diferentes salas te van mostrando la historia de cómo éstos partidos tomaron el control de la ciudad y a su vez como la población tuvo que ir lidiando con estos sistemas autoritarios. También cuenta en el subsuelo con una serie de celdas donde varios revolucionarios fueron torturados, encarcelados y matados. Un costado frío y diferente para conocer más acerca de una ciudad pero sin lugar a dudas algo que siempre servirá para que todos tengan memoria de lo que pasó y que nunca más vuelva a pasar. Un poco perturbado después de tanta historia triste seguí caminando hasta donde termina la avenida que se encuentra la Plaza de los Héroes y el Metropolitano del Milenio (Está también la línea de Metro más antigua de toda Europa, vale la pena tomarse el metro y ver las pequeñas estaciones y carros antiguos). Tomé algunas fotos de la majestuosa plaza con los siete líderes de las tribus originarias que formaron la región Húngara y están expuestos en gran tamaño junto a otros personajes históricos del país. Justo cuando me estaba yendo me encontré con Tamara, la chica argentina que había hecho el tour conmigo a la mañana, asique aprovechamos lo que quedaba de la tarde para ir a tomar una cerveza en un parque que está al lado de la plaza y charlar un rato. Después me volví para el hostel a bañarme y comer algo y me encontré con otro argentino que vive en USA, José, y un tocayo Peruano que estaba durmiendo en la misma habitación que yo. Así que armamos un gran grupo Latinoamericano y salimos todos juntos desde el hostel, pasamos a buscar a Tamara por el suyo y nos fuimos al parque con la fuente en el medio donde estaban conglomerados incontables grupos de gente joven charlando y disfrutando de una noche espectacular a cielo abierto. Compramos unas cervezas y algo para comer y solo restó tirarnos en el pasto a pasar unas largas horas charlando y disfrutando de la noche. Todos con sus historias de vida, edades distintas y actualidades completamente diferentes nos pasamos buenas horas hablando de todo y como siempre de los diferentes lugares por recorrer e historias de viaje, nada mal para cerrar un largo jueves.

Al otro día comencé temprano desayunando algo liviano en el hostel y luego me fui a visitar la segunda sinagoga más grande de toda Europa que se encuentra en Budapest y la tenía a una sola cuadra del hostel, La Sinagoga de la Calle Dohány. La sinagoga original fue bombardeada por el pro-Nazi Partido de la Cruz Flechada en 1939. Fue usada como base de radio alemana y como establo durante la Segunda Guerra Mundial. El edificio sufrió daños severos causados por ataques aéreos durante la ocupación Nazi, especialmente durante el Sitio de Budapest. A su vez, durante la era comunista la estructura, seriamente dañada, volvió a convertirse en la casa de culto para la ya muy disminuida comunidad judía (Solamente quedó el 10%con vida de la población judía-húngara que había antes de la llegada de los nazis). Su restauración comenzó en 1991 y se terminó en 1998, financiada por el estado húngaro, así como por donaciones privadas. Fue interesante ver, ya que no hay muchas en pie en la actualidad en Europa, una sinagoga esplendida como está hoy con un diseño interior sencillo pero a la vez llamativo por su decoración y ornamentaciones, y un jardín muy bonito recordando todos los caídos en aquellas épocas (ese mismo jardín fue utilizado como fosa común hace 70 años para los muertos en la guerra). Posterior a este jardín se encuentra una sinagoga más chica para algunas celebraciones específicas y en el fondo dos monumentos como conmemoraciones; uno para todos los diplomáticos y no judíos que ayudaron durante la segunda guerra mundial a esconder familias de la colectividad en edificios gubernamentales exteriores y el otro monumento un árbol de plata donde cada familia que quiere dejar un recordardatorio de algún familiar inscribe el nombre y una dedicatoria sobre una hoja de metal que se coloca en este árbol. Luego se puede ir a recorrer el museo judío que está en la planta superior con más historias sobre las familias y acontecimientos de lo que pasó, sin dudas un lugar para visitar y compartir todo lo que tuvieron que atravesar en ese momento. Aunque se vean miles de museos, se lean incontables libros o historias, cuando uno está en los lugares donde se cometieron tales atrocidades los sentimientos y emociones chocan y cuesta sobremanera poder comprender como algunos seres humanos hicieron tales cosas  y sobretodo tratar de comprender con qué fin?? Pero cuesta encontrar respuestas lógicas o racionales, solamente pensar que son hechos a través de personas que no están en su sano juicio o con la mente completamente distorsionada. Al mediodía para seguir con el recorrido turístico que me faltaba me fui para el Mercado Central de Budapest donde se pueden encontrar cantidades de puestos que venden de la mejor fruta y carne con la mejor calidad y precio. Di unas vueltas y me frené en un local en la plata superior para probar uno de los platos más tradicionales, pollo con salsa de paprika y vegetales. La paprika es el condimento nacional sobre el que todos los húngaros usan para absolutamente todo, suena raro pero es así. Sinceramente estuvo muy rico, un poco pesado para el mediodía, pero nada que unos kilómetros más caminando no puedan quemar. Y que mejor para hacerlo que cruzar el puente que sale del mercado para Buda y comenzar a subir la colina Gellért que te lleva a la estatua de la libertad (versión húngara), es una estatua de bronce erigida en 1947 en memoria de la conquista soviética de Hungría durante la Segunda Guerra Mundial. Los casi 35 grados que hacían cerca de las dos de la tarde me aceleraron el proceso de quemar calorías pero valió la pena ya que desde esa altura se obtienen las mejores vistas de toda la ciudad en todas las direcciones. Se pueden tomar las panorámicas completas de todos los puentes con los principales edificios al costado del Danubio y toda la ciudad por detrás. Seguí caminando lo que quedaba de la tarde por el barrio de Buda, muy tranquilo y residencial donde predominan principalmente casas de familias y barrios de clase media. Volví al hostel a la tarde y me encontré con los chicos y Tamara, aprovechando que todavía el sol no había caído nos fuimos a tomar unas cervezas sobre la orilla del Danubio, con el majestuoso parlamento a nuestras espaldas, para así apreciar de nuevo los hermosos atardeceres que te regala Budapest. A la noche nos fuimos ambos Manu y José a tomar algo a un bar local muy copado en el cual conocimos unas húngaras y después de unas cervezas junto a varios shoots de Palinka (aguardiente típico de ahí) nos fuimos directamente a bailar. El boliche era un complejo a cielo abierto en un pulmón de manzana, muy copado con varias barras y buena música, nos quedamos bailando toda la noche ahí y debo decir que los shoots de Palinka te suben mucho la energía para la noche pero al otro día traen mucho dolor de cabeza, igualmente noche muy divertida.

El sábado era el último día completo que tenía en la ciudad y mucho más no quedaba por conocer, asique después de levantarme un poco tarde y almorzar algo para bajar la resaca, me fui a ver la particular carrera con pruebas de aviones de Red Bull que se llevaba a cabo sobre el Danubio donde por más de cinco horas estuvieron compitiendo pilotos en este circuito. Medio aburrido porque generalmente van uno a uno y hacen todos las mismas piruetas pero fue interesante ver una competición diferente de ese estilo. El resto del día me fui a pasear por diferentes barrios de la ciudad que no había ido y otra vez lo que más me sorprendió fue sentir ese contraste en lo que  se muestra una ciudad muy cuidada y restaurada de manera muy elegante, y la austera realidad en la que vive en sí la gente. A la tarde pudo arreglar con una de las chicas que habíamos conocido la noche anterior y me llevó a conocer la Isla Margarita, queda en una parte del Danubio y cuenta con una gran rivera para pasear y un centro de deportes con piscinas donde principalmente van todos en verano para aprovechar el día. Nos quedamos charlando un largo tiempo y me fue contando un poco más sobre todo lo que había escuchado pero desde otro punto de vista, no es que se sufre pero realmente les cuesta abrirse al mundo a los húngaros y las posibilidades de mejoras no son muchas. A la noche no tenía muchas fuerzas para salir de nuevo asique nos fuimos a tomar algo de nuevo con los chicos pero a eso de las dos de la mañana ya estaba durmiendo, al otro día había que empacar y seguir recorrido a nuevas tierras.

El domingo armé la valija y aproveche  lo que me quedó del mediodía para ir a probar en este caso no un plato local, sino la mejor hamburguesa que la servían en un restaurante cerca del hostel, mereció la pena ir. De ahí me fui directamente a tomar el metro y después el bus que me llevaba al aeropuerto para seguir ruta, en este caso se venía Venecia. No sabía hasta último momento a donde seguir ruta pero había hablado con Sabine, la chica austriaca, que iba a tener unos días de vacaciones e iba a estar por Italia, asique coordinamos para pasar algunos días en la ciudad italiana y después recorrer la costa norte de Croacia, y hacia allá fui.

Venecia al Canal

Llegué a la tarde-noche del domingo a Treviso y me pasó a buscar por ahí con la camioneta ya que ella había ido desde Salzburgo manejando, nos quedamos en un hotel a las afueras de Venecia y aprovechamos lo que quedaba de la noche para ir a conocer el centro de Treviso y cenar por ahí. Es un casco histórico amurallado con la mayoría del pueblo antiguo y un centro típico con la Iglesia, Ayuntamiento y Plaza Central. Volví a disfrutar de unas buenas pizzas italianas y a descansar para el día siguiente conocer la tan famosa Venecia.

La ciudad está construida sobre un archipiélago de 118 pequeñas islas unidas entre sí por 455 puentes. Se llega a Venecia por tierra a través del Puente de la Libertad, desde la vecina ciudad de Mestre se accede al Piazzale Roma. En el interior de la ciudad no pueden transitar autos por lo que a excepción de la navegación por los canales que separan a las islas, ésta es una ciudad peatonal. El transporte colectivo que tomamos para acceder a la misma se llama vaporettos y son como botes taxis con diferentes estaciones que van transportando a la gente de un lugar a otro. Arribamos a la Piazza San Marco y de ahí comenzamos a caminar por todas las calles y canales que se van diseñando en los diferentes trayectos de la ciudad. Hay dos cosas que no iban a ayudar mucho durante el día para visitar Venecia, uno la cantidad de turistas que había y la otra el calor y humedad inaguantable, lo que hizo un poco más pesado el recorrido. Pese a esto fuimos paseando por las principales calles y lugares turísticos para después entrarnos a caminar en los barrios donde no iban los turistas y así conocer un poco más la real Venecia. Es sorpresivo obviamente encontrarse con una ciudad rodeada de agua donde las góndolas se adueñan de los paisajes y los puentes se transforman en las venas que entrelazan las diferentes manzanas. Es pintoresca en el diseño de las diferentes casas y complejos con sus ventanas mirando el agua y esos balcones decorados a todo trapo para aprovechar el verano y las relucientes flores. Encontramos un mercado con varios puestos donde vendían la mejora fruta y verdura expuesta de manera muy creativa y de ahí aprovechamos para comprar algo fresco y quedarnos un rato en una plaza a la sombra para darle pelea al sol. Los 38° de temperatura te hacían parar a cada instante a refrescar la cabeza e ingerir agua de lo contrario no se podía caminar. Seguimos unas horas más atravesando y perdiéndonos por los diferentes canales donde te perdes constamente del camino y sin darte cuentas a veces caminas en círculos por varios minutos. En general después de andar por un buen tiempo por todos lados, no encontré a Venecia como algo que me haya encantado ni volado la cabeza, quizás fue por el intenso calor que hacía o por la cantidad de turistas y miles de puestos de suvenires por todos lados que me pareció más un parque de diversiones que una ciudad rustica, particular y bella para conocer. No deja de ser muy original y sin lugar a dudas tiene su encanto pero no me llevé una imagen de la misma que me haya impresionado como otros lugares. Para lo que restaba del día nos fuimos a conocer el Lido de Venecia, una isla cerca del centro que cuenta con unas extensas playas al estilo más veraniego. La vuelta para retornar al auto estuvo muy buena ya que recorrimos con una lancha por más de cuarenta minutos muchos canales y el sol cayendo en el atardecer regaló las mejores postales sobre la isla para sacar fotos y apreciar sus edificios. Bastó un día para recorrer Venecia y al otro día nos fuimos manejando hasta Croacia para la región de Istria a visitar dos de sus ciudades costeras, Fazana y Opatija.

Fazana & Opatija Croatas

El viaje duró unas tres horas y lo curioso es que en el recorrido de los 230 kilómetros que te lleva pasas por tres países, Italia, Eslovenia y Croacia. Como éste último no pertenece a la Eurozona hay que pasar por una frontera donde sin mucho control, con solo presentar los pasaportes europeos pasas sin ningún problema. Hay que cambiar los euros por la moneda croata, los Kunas, y con eso todo listo para empezar a disfrutar de las playas y el sol. El primer día nos quedamos en una serie apartamentos que quedaban en Fazana, en el medio de Porec y Pula (ambas ciudades más conocidas). El pueblo era muy chico y contaba con un centro de apenas algunas cuadras y un puerto con algunas embarcaciones amarradas. Las playas en su totalidad eran de piedras y rocas, como casi todo Croacia, por lo que se hace un poco más difícil encontrar la posición ideal para acostarse y tomar las siestas playeras religiosas. Nos encontramos sin saberlo por lo que parece con un destino bastante común para hacer camping familiares ya que la mayoría de las playas estaban frecuentadas por diversas familias con chicos y en su mayoría con la modalidad de picnic o campings por todos lados. No teníamos referencias sobre esta particularidad pero nada opaco disfrutar de estas playas con unas vistas y atardeceres espectaculares. El agua también cumplió un buen papel con una temperatura ideal para pasar bastante tiempo nadando y relajando en el mar. Una noche fuimos a la ciudad de Rovinj que quedaba a unos 30 kilómetros, donde nos dimos cuenta que era el principal destino turístico de Istria ya que contaba con un gran puerto y una vida nocturna bastante desarrollada con cientos de bares y restaurantes a través de toda su ribera. Disfrutamos de unos buenos pescados en un restaurante y después dimos unas vueltas por todo el centro terminando en un bar con música en vivo y unos ricos tragos.

Al otro día nos fuimos para la parte este de la costa de Istria, en dirección a la ciudad de Opatija, a unos cien kilómetros de distancia. Éste pueblo esta apostado sobre las colinas que bordea la costa hasta la gran ciudad de Rijeka y el cual cuenta con una centro histórico muy pintoresco con una pasarela para recorrerlo bordeando todo el Adriático y un puerto pesquero pequeño en el extremo occidental. Acá también las playas eran de piedra y se abrían en cada pequeña bahía que formaba la costa con unas grandes rocas en la entrada y el agua cristalina a una temperatura ideal para zambullirse. Después de almorzar unas ensaladas en el puerto nos fuimos a una playa a tirarnos y pasar la tarde ahí. Disfruté del agua y de unos toboganes que había para tirarse cual chico aprovechando lo que más podía el último día que me quedaba en tierras croatas por el momento. A la noche me puse a cocinar algo y después de una buena cena nos fuimos a caminar por la rivera charlando y hablando un poco de todo. Se había pasado una buena semana, con buena compañía, nuevos lugares conocidos y más historias en el baúl de los recuerdos.

Ahora se vienen los países nórdicos y nuevos lugares por conocer y caminar en este viaje de experiencias, emociones, sensaciones y descubrimientos.

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