KM 36.576 Ankara-Capadoccia-Pumakkale-Konya-Kusadasi-Ephesus-Troya-Canakkale-Galipoli-Estambul

La partida del continente europeo fue desde Ginebra, donde iba a tomar vuelo por la tarde para llegar a Estambul a la noche. LE vuelo no tuve sobresaltos más allá de algunas demoras y con mucho entusiasmo dentro de mi pecho arribaba al próximo destino para vivir nuevas aventuras en tierras orientales acompañado de mi mama. Cuando empecé a delinear el viaje desde Buenos Aires se me ocurrió proponerle encontrarnos en Turquía y recorrer este país como así también Israel y Jordania, había sido un sueño que tenía desde hace muchos años y era una ocasión especial poder cumplirlo conmigo y para mí un placer poder conectar este viaje con ella. Apenas aterrice en la capital turca cambie el chip dejando que las sensaciones y emociones se fueran trasladando a un nuevo destino, lejos de los lugares y capitales europeas que había recorrido. El aeropuerto quedaba a las afueras de la ciudad por lo que tuve que tomar un micro que me llevase a la plaza central de Estambul, Taksim, y de ahí un taxi hasta el hotel. Iba a tener por las próximas semanas las típicas comodidades de turista que no había experimentado hace varios meses como dormir lujosas camas de hoteles, hacer las tres comidas completas, traslados en autos o buses y varios lujos que se adquieren por derecho de hijo. Sin dudas iba a ser una experiencia nueva y transformadora, no solo por ser la primera vez que iba a viajar solo con mi vieja sino porque teníamos delante fascinantes lugares por recorrer. Las imágenes que se proyectaban en mis retinas a medida que íbamos llegando era de una ciudad que estaba en crecimiento, varios edificios modernos y una conjunción árabe histórico-moderno que daba señal de lo que iba a ver en los próximos días. El recorrido por las calles céntricas mostraban una ciudad activa, energizante, potente, multitudinaria, gente dedicada a tomar la calle para comerciar, transportar, caminar, salir, vivir. Apenas baje del micro no tenía otra opción que tomar un taxi para dirigirme hacia la ciudad vieja donde estaba el hotel, mientras el taxista me daba una clase de lugares turísticos y geográficos de todo Estambul en treinta cuadras. Nada más que un hotel cinco estrellas en plena ciudad vieja para arrancar la travesía, Dosso Dossi, situado en medio de unas callecitas que ofrecían todo el típico esplendor y atractivo turco. Mi vieja no había llegado para ese entonces ya que venía en un vuelo directo de Buenos Aires que llegaba un poco más tarde que yo, asique me fui a hacer el check in directo y subí para dejar las cosas en la habitación. Baje de nuevo al lobby y entre ansiedad y emoción por volver a verla me quede esperándola tomando una riquísima sopa de brócoli que estaban sirviendo de cortesía. A eso de las once y media llegó y con un fuerte abrazo desprendiendo algunas lágrimas disfrutamos de volver a encontrarnos a miles de kilómetros de nuestro hogar, con muchísimas cosas por contar y cinco semanas por delante para disfrutar a pleno. El cansancio mucho no importaba a esa altura asique nos fuimos a comer, el primero de miles, unos kebab a un resto que quedaba a unas cuadras del hotel. Riquísima comida mientras le iba contando a grandes saltos todo lo que había recorrido en estos meses, más allá de es una de mis fieles seguidoras del blog, y a su vez ella me fue contando las novedades que traía desde mi querida Argentina. Al otro día arrancábamos a las cinco y media de la mañana con un vuela a Ankara para dar comienzo al tour programado que teníamos por casi toda Turquía, asique con la panza llena y el corazón muy contento nos fuimos a dormir con la alegría del viaje que estaba por empezar.

Anatolia Arqueológica

Nos pasaron a buscar con una combi por el hotel para llevarnos directamente al aeropuerto de Sabiha Gokc, donde partía a las nueve de la mañana nuestro vuelo a Ankara y donde comenzaba el tour que nos iba a llevar a recorrer todo Anatolia y la costa oeste del país. Estambul quedaba para el último tramo del recorrido ya que nos habíamos guardado cinco días para visitarla en toda su extensión. El vuelo salió sin sobresaltos y con un corto recorrido de apenas cuarenta minutos estábamos aterrizando en la capital de Turquía, Ankara (muchos piensan que es Estambul pero no es así). Nos juntaron a la salida del aeropuerto con las demás personas que iban a compartir el tour con nosotros, en su totalidad parejas mayores, y arrancamos para el primer destino previsto en el itinerario. Mientras andábamos por la carretera me sorprendió ver todas edificaciones nuevas en medio de lo que parecía un desierto, con mezquitas por doquier y planos verdes llenos de plantas y palmeras como si fuesen oasis. El guía nos fue contando un poco acerca de esta ciudad y la región de Anatolia, dando una breve reseña histórica desde tiempos antiguos, y así fuimos visitando la capital hasta llegar al Museo de las civilizaciones de Anatolia. Este es un museo arqueológico que se encuentra situado en las estribaciones del llamado Castillo de Ankara dándole fruto del deseo de Atatürk de crear un museo que recogiera los restos de la civilización. En esta región se encontraron los vestigios y huellas de las primeras civilizaciones hace miles de años, dando hoy una espectacular muestra de cerámicas, herramientas, pinturas sobre piedras y esculturas que datan de esa fecha. Las excavaciones históricamente las llevaron en estos lugares lo Alemanes y británicas, llevándose consigo muchísimas de los tesoros y reliquias descubiertas hasta que en el año 1927, el entonces presidente de la república de Turquía Ataturk, dictó una ley que todo hallazgo en tierra turca no podía salir del país. Gracias a eso hoy el museo cuenta con una de las mejores colecciones de civilizaciones antiguas, logrando en el año 1997 el galardón de Mejor Museo Europeo. Después de empaparnos de muchísima historia y apreciar reliquias de antaño, seguimos camino para Antkabir, tumba conmemorativa, es el impresionante mausoleo que el país le hizo a Mustafa Kemal Atatürk. Primero un poco de historia para entender quién es este personaje que está en todos los billetes, fotos de el en todo local que hay en Turquía y su imagen representada por todos lados. Mustafa Kemal Atatürk, fue un oficial del ejército turco y célebre estadista, así como el fundador y primer presidente de la República de Turquía. Se consagró como general de renombre al mando de una división en la batalla de Galípoli. Después de la derrota del Imperio otomano a manos de los Aliados, y los proyectos para su partición como resultado de la misma, Ataturk encabezó el Movimiento Nacional Turco, que desembocaría en la Guerra de Independencia o Guerra de Liberación Sus brillantes campañas militares condujeron a la liberación del país y al establecimiento de la República de Turquía. Como primer presidente de la República impuso una serie de reformas de gran alcance para crear un estado moderno, democrático y laico. La Turquía actual que hoy se conoce se debe a este señor y para tener una dimensión de cómo es tan reconocido solo hace falta ir a ver el majestuoso mausoleo y museo que construyeron en su memoria dentro de la capital. Está situado en una zona alta donde se puede ver todas partes de la ciudad y rige como parámetro para que ninguna edificación supere la altura de este. Impresionante estructura finalizada en el año 1953 después de varias reformas donde yace una plaza central, rodeada de columnas que secundan unos pabellones que transcurren en 360° donde albergan las diferentes secciones del museo donde se puede ver sus objetos personales, fotos con políticos mundiales, campañas para la revolución, vestimenta, parte de su oficina y demás atracciones. En uno de los laterales se encuentra el mausoleo con su tumba que es visitado por millares de personas diariamente, y desde el centro de la plaza sale un camino custodiado por hermosas plantas hasta la punta del monte desde donde se puede ver toda la ciudad, En el fondo seis esculturas, tres hombres (Un Intelectual, Un Militar, Un Campesino) enfrentados a tres mujeres que representan el pueblo turco. Las altas temperaturas cerca de los 35° no impidieron que vayamos a recorrer todos sus rincones y de yapa a la salida vimos un cambio de guardia con una vestimenta muy particular de los soldados que parecían estar desfilando por una pasarela. Tiempo de hacer un stop en un restaurant a las afueras de la ciudad, que aprovechamos para empezar a generar contacto con las demás personas que iban en el tour y darle tregua al calor. Nuestra primer comida iba a ser la que se repetiría en casi todo el tour con diferentes variantes, albóndigas o pollo con ensalada y sopas varias, acompañados siempre con postre de fruta fresca, melón o sandia. Luego del almuerzo y de una charla distendida con una pareja de franceses, nos subimos al micro y emprendimos viaje directamente hasta nuestro segundo destino, Capadoccia, un lugar inolvidable. Antes de llegar paramo en unas increíbles salinas en donde pudimos sacar unas fotos que parecías estar en el cielo. Volvimos al bus y seguimos aproximadamente cuatro horas hasta llegar allí, que se me pasaron entre mini siestas, charlas con mi vieja, música y lectura. Mientras, íbamos disfrutando de los bellos paisajes de la carretera, deslumbrados al llegar a esa ciudad de cuevas, iglesias y fortalezas bajo piedra con un atardecer furioso que hizo brillar la tierra en su color anaranjado por excelencia. Bajó una pareja del micro que se quedaba en un hotel dentro de Capadoccia y los demás nos fuimos para un lindo hotel a las afueras a descansar ya que al otro día teníamos la primer, y una de las mejores, experiencias del viaje. Esa noche cenamos dentro del hotel con el grupo que estábamos mientras íbamos charlando y conociendo las demás personas que nos acompañaban, varias parejas de Canada, dos familias de Minnesota y una familia de la India.

El lunes iba a comenzar el día cerca de las cinco de la mañana, donde el bus nos pasó a buscar para llevarnos a una de las aventuras más lindas que me tocó vivir, ver el amanecer de la Capadoccia desde un globo con más de ciento cincuenta de éstos elevándose a la misma vez, dando un espectáculo entre naturaleza y amanecer sin precedente. Llegamos por el mismo recorrido que habíamos hecho el día anterior a una zona despejada donde convergían filas de combis y buses llevando a centenares de turistas que iban a vivir por primera vez esta experiencia. Bajo una noche a punto de despedirse, nos dieron un desayuno bajo las últimas estrellas que aparecían en el cielo para calentar un poco el alma mientras todos los equipos de diferentes empresas de globos alistaban los últimos detalles para los despegues. Nos formaron en grupo y de esa forma fuimos caminando cada uno para el globo que nos indicaban, con algunas instrucciones de posición para el aterrizaje quedaba todo listo para comenzar. El canasto donde uno se pone esta divido en seis secciones, con el piloto en el medio, y entran alrededor de veinte personas en el mismo, bastante grande. El tamaño del globo ya inflado te deja con la boca abierta y la sensación que produce empezar a sentir el despegue, entre vértigo y asombro, me hicieron temblar la panza. No sé si fue por apuro o programado, pero nuestro globo fue el que primero empezó a elevarse, subiendo así a un cielo que empezaba a aclararse arrojando las primeras sombras de las montañas y el valle rocoso donde se encuentra la Capadoccia. La emoción y sensación de asombro te gana por completo, semejante espectáculo de la naturaleza donde parece que todo es una pintura con los más perfectos detalles delineados. Y como si fuera poco estábamos en el globo que primero había salido por lo que vimos desde el aire partir a más de cien globos simultáneamente, elevándose hacia el cielo como juguetes desde la perspectiva que teníamos. No sabes cómo hacer para meter todas esas imágenes y sentimientos dentro de una cámara de fotos, por lo que a veces trato solamente de observar estos espectáculos y tratar de guardar en mi retina esa imagen que nunca se borrara del mejor disco rígido, la memoria. El piloto nos fue haciendo un paseo por toda la región que duró cerca de cuarenta minutos, metiéndose por dentro de los valles, tocando casi la punta de las casas y complejos que se encontraban en los entornos y haciendo unos giros completos para tener visión desde todos los ángulos. Solo fue un momento, un preciso momento cuando el radiante sol salió por el este, detrás de las montañas, haciendo brillar a todos los globos y dando un resplandor sobre las enormes montañas y rocas que rodeando el valle. Son esos momentos donde no hace falta nada, donde no podes pedirle nada más a la vida, momentos sublimes que solo podes estar agradecido de vivir, en mi caso con mi vieja, y donde las emociones y pensamientos quedan guardados en el recuerdo de la vida. El sol iba ascendiendo iluminando todas áreas y contrastes que tenías por delante mientras nosotros seguimos maravillados por lo que estábamos viendo y el piloto iba dando las últimas vueltas a la aventura. Fuimos descendiendo hasta el lugar que habíamos partido, en este caso fuimos los primeros, y como quien sabe de la cosa el tipo pudo descender el cesto completo con todos adentro arriba de un tráiler de primer vez, un crack. De ahí bajamos y nos dieron una copa de vino espumante para celebrar y brindar por algo vivido que no tiene comparación en el mundo. Muy felices y entusiasmados con mi vieja volvimos para el hotel a desayunar y partir nuevamente para lo que serían las excursiones programadas.

Capadoccia significa “Tierra de Caballos Bellos”, y fue considerada así por ser la región de donde se les obsequiaban los equinos como regalos a los reyes Asirios. Se caracteriza por tener una formación geológica única en el mundo conocida como “paisajes lunares”, ya que después de millones de años de erosión de su tierra (toba calcárea) ha adquirido formas caprichosas que la hacen ser única en su composición. De esta forma es como naturalmente se crearon todas estas cuevas, cavernas, naturales y artificiales en donde hasta el día de hoy siguen habitadas. Ésta ciudad, como la mayoría de todo territorio en Oriente Medio, fue conquistada por varios imperios, en orden de aparición, Asirios, Persas, Helenístico, Romano, Bizantino y Otomano, siendo parte de la república de Turquía en la actualidad. Con el tour el primer lugar que fuimos a conocer fue el “Valle de la Imaginación” su nombre se debe a que hay una serie de rocas y piedras dispuestas de tal forma que dejan a uno jugar con la imaginación y pensar en diferentes formas. Como pasa con las nubes, una vez que miras una formación rocosa en ese valle y te dice a que se parece, no podes volver a ver la forma original, pudimos apreciar un caballo, una mujer con un vestido, dos caras besándose, un corazón y algunas figuras más. Los casi 40° que azotaban te obligaban a mantenerte hidratado constantemente por lo que el paseo entre las formaciones duró media hora nomás y así seguimos viaje la próximo destino. Lo que vimos a continuación también es algo característico de la región, son las arquitecturas y ciudades subterráneas. Son impresionantes pasillos con salas subterráneas, que llegan a más de seis metros debajo de la tierra, donde las civilizaciones de antaño, para defenderse de los ataques, preparaban estos escondites para vivir durante invasiones y que no sean asesinados. De esta forma podían sobrevivir por más de seis meses ya que preparaban comida y provisiones para largos lapsos teniendo todas las estructuras necesarias para subsistir, estanques de agua, reservas de vino y provisiones, salas de estar, baños, habitaciones y bloques de seguridad frente a posibles ingresos. No concebíamos como podían haber hecho en esos años para perforar de tal manera la tierra y crear esas cuevas albergando a miles de personas vivienda por tanto tiempo, una obra de la arquitectura y del nivel de subsistencia humano. Dejamos las cuevas de lado y nos fuimos a almorzar para refugiarnos por un rato de las altas temperaturas y tomar un poco de fresco. Por la tarde nos quedó ir a visitar el Parque Nacional Goreme, territorio famoso por tener los mejores paisajes de todo Capadoccia. Patrimonio de la Humanidad, muestra los asentamientos que hubo desde el siglo III d.c. y como éstos fueron cavando entre la roca y las piedras para dar forma a sus casas y por sobre todo a las principales iglesias y monasterios del lugar. Aunque parezca mentira, se puede ver aun en pie estas capillas del periodo Bizancio con frescos que datan de hace más de mil trescientos años y algunas tumbas con restos humanos. Una reseña histórica muy particular ver todas estas iglesias cristianas metidas dentro de la roca, albergando tesoros y pinturas sobre la vida de Jesús haciéndolas peregrinaje de muchos fieles para esas tierras. Sacamos buenas fotos de todas estas estructuras y luego nos volvimos con el tour para volver al hotel y descansar lo que quedaba de la tarde entre la pileta, siesta reparadora, y como siempre buena lectura acompañando.

A la noche decidimos con la vieja no cenar en el hotel y por el contrario tomarnos un taxi para ir a recorrer el centro de Capadoccia que no habíamos visitado, disfrutar del ultimo atardecer y quedarnos a comer por algún lugar típico. Llegamos justo con la puesta del sol escondiéndose entre las montañas, dejándonos los últimos claros para recorrer las típicas calles del centro y los mercados que te dan ganas de llevarte todo. Entramos a visitar una mezquita que había en el centro y empezamos a esconder por algunas callecitas en busca de una buena terraza que nos dé una vista panorámica de la ciudad y nos provea de buena comida. Andábamos sin rumbo alguno, solo disfrutando del lugar y cada rincón que íbamos descubriendo, y en eso nos cruzamos con una viejita que estaba sentada y al preguntarle si conocía algún lugar lindo para ir, nos empezó a hablar mitad en turco y mitad en señas con algunas pocas palabras en inglés que después de varias señas llegábamos a comprender. Pero como no hace falta hablar el mismo idioma para comunicarte con la gente, nos fuimos entendiendo y de muy buen gesto nos invitó a pasar a su casa para que la conociéramos. Que decir, nos íbamos metiendo en una calle oscura, con dos cabras atadas a un poste y una puerta de madera que daba acceso a una casa-cueva arriba del valle, solamente entrar nos hizo quedarnos maravillados por la vista que tenía el “balcón” de la casa de esa señora, todo el valle iluminado y un anochecer con una luna llena resplandeciente. No solo le bastó con eso a la viejita, sino que nos metió dentro de la casa, construida como en una cueva, y para nuestro asombro tenía cada ambiente muy bien amueblado y decorado, con su baño, su cocina y su dormitorio. Todo estaba construido sobre la roca pero amueblado con un cariño y amor que no hacía falta nada más, parecía un cuento estar ahí adentro con mi vieja y esta señora que nos mostraba todo, desde los ajíes que cocinaba hasta los pañuelos cocidos a mano por ella. Nos quedamos un rato charlando con ella, entre gestos y palabras, donde nos contó que vivía sola y todo lo que hacía durante el día. Yo sorprendido ante todo y con mucha emoción mientras mi vieja se probaba un pañuelo que le compro y nos terminamos sacando varias fotos con nuestra amiga viejita turca, todo un encanto. Para cerrar tremendo día que había comenzado veinte horas antes, dimos con una terraza en lo más alto del valle y comimos un riquísimo kebab con ensalada de atún mientras recordábamos las increíbles cosas que habíamos pasado solo en un día. La cena riquísima, la vista de privilegio y una compañera genial para terminar el día de la mejor manera.

Nos levantamos temprano con un regocijo inmenso de lo que habíamos vivido el día anterior, tuvimos que hacer las valijas temprano y con un rápido desayuno americano subir al bus, donde esta vez nos iba a llevar por más de nueve horas hasta la tierra de Pamukkale, con una parada antes de Konya. En esta parte del viaje se sumaron varios integrantes más al contingente que nos acompañarían por el resto del viaje, en especial una pareja mexicana con su hijo, con los cuales seguimos casi todos los mismos pasos hasta irnos de Turquía. Los viajes por la mañana no traían consigo mucha actividad en el micro, la gente (mejor dicho yo) dormía la mayoría del tiempo, mientras el guía entre parada y parada iba dando lección de historia sobre todos los pueblos que pasábamos. Cerca del mediodía llegamos a Konya, ciudad que supo albergar a varios sultanes árabes que controlaban la región de Anatolia allá por el siglo XIII y que fueron derrocados a mano de los otomanos en el siglo XV quedándose con toda la región. La principal atracción que tiene este lugar es el famoso mausoleo donde yacen los restos de Muhammad Rumi (conocido como Mavlana), creador de la orden mistica musulmana, derviches. Este personaje fue un célebre poeta místico árabe que a principios del 1200 d.c. se dedicó al estudio religioso de los libros sagrados pero desde una perspectiva sufista, buscando la interpretación de las palabras sagradas a través de lo místico. Además de escribir varios volúmenes, creo la orden de los derviches que a través de los siglos siguen transmitiendo los mensajes sufistas. Estos tienen la particularidad de tener una vestimenta especial donde usan unas polleras que con la música y relatos de los libros sagrados empiezan un baile circular como símbolo del baile de los planetas girando en sí por varios minutos. Siempre con una mano hacia el cielo y otra apuntando hacia la tierra marcan la conexión entre lo divino y lo terrenal. El mausoleo que fuimos a visitar cuenta con las tumbas del Mavlava y de sus principales discípulos como así también las pequeñas habitaciones donde dedicaron toda su vida a los libros sagrados y rituales. Interesante fue ver y aprender toda esta corriente que se desprende de la musulmana donde toma todos los principios del Corán pero que los refuerzan con libros e interpretaciones sufistas, desde el punto de vista místico. A la salida paramos a comer en un restaurant donde nos sirvieron una rica sopa con ensalada de entrada, y un clásico pollo especiado con arroz de plato principal. Lo malo de ir en un tour es que tenes que moverte todo el tiempo bajo un programa y con horas pactadas, además de hacer varios stops en mercados donde lo único que quieren es que consumas, tampoco te dan respiro para hacer sobremesa o simplemente relajarte en algún lugar que no sea el micro. Creo que fue esto (o algo de la comida) más un helado que tomé en una de las paradas de la tarde, lo que me produjo un malestar importante de estómago mientras llegábamos a la última parada, después de ocho horas de ruta. Sentía un dolor de panza importante y no estaba en óptimas condiciones cuando llegue al hotel de Pamukkale, simplemente me tuve que ir a la cama sin cenar, sabiendo que iba a tener que hacer dieta por unos días y con un malestar general importante. Es horrible la sensación cuando ni siquiera te soportas a vos, más después de haber viajado por largo rato y saber que al otro día nuevamente teníamos que emprender viaje para otras ciudades y destinos. Por lo menos mi vieja pudo ir a darse unos masajes y disfrutar del Spa del hotel ya que tenía fuentes de aguas termales, ya que yo no me pude mover de la cama desde que había llegado. Dormí por suerte de corrido y a eso de las ocho y media volvíamos a amanecer para empacar y continuar ruta.

Los movimientos tectónicos que tuvieron lugar en la depresión de la falla de la cuenca del río Menderes no sólo causaron frecuentes terremotos sino que también ocasionaron la aparición de numerosas fuentes de aguas termales. Fueron esas aguas, con su alto contenido en minerales las que crearon Pamukkale y su espectacular belleza. Desde una de sus colinas entramos por el lado norte a lo que hoy en día es el museo de Hierapolis Antique City que contiene las antiguas ruinas de lo que fue un asentamiento romano. Se puede ir viendo en el plano y caminando lo que son las dependencias, antiguas casas con cisternas, el clásico anfiteatro y las inigualables fuentes de aguas termales. Este fenómeno natural produce gruesas capas blancas de piedra caliza y travertino que bajan en forma de cascadas por la ladera de la montaña, lo que da la sensación de estar ante una catarata congelada. Estas formaciones también adquieren el aspecto de terrazas de travertino en forma de medialuna que contienen una capa de agua poco profunda dispuestas en el tercio superior de la ladera formando escalones, que van de 1 a 6 metros de altura, o estalactitas que sostienen y unen estas terrazas. Lamentablemente para mí solo pude quedarme en la cima de esta colina sentado bajo la sombra, ya que seguía con los retorcijones y muy bien no me sentía, pero mi vieja pudo bajar estas terrazas y meterse a las piletas naturales que se crean en cada hueco. Dicen que tienen poderes curativos y hacen bien al cuerpo, cuestión es que es el principal atractivo de la ciudad y toda persona que ingresa, ya sea desde arriba o desde abajo, se calza el traje de baño y posa para disfrutar de una de las fuentes termales más impresionantes y bellas del mundo. Es increíble como la misma tierra pudo convertir esa ladera en ese macizo blanco de travertino (un lujo) y el contraste que el sol le da cuando refleja el agua verde turquesa que aflora desde las terrazas, otro especulo de la sabia naturaleza (vean las fotos y saquen sus propias conclusiones). Seguimos ruta luego por unas horas hasta parar a comer y como era de costumbre, parar en un par de lugares para comprar, en este caso fueron ropa de cuero y cerámicas. Éste último estuvo interesante ya que nos fueron mostrando todos los pasos en como los artesanos trabajan la arcilla para formar todo tipo de cerámicas que realizan a mano y que después unos aristas pintan una por una con unos detalles increíbles. Tenían un arsenal de mercadería para vender donde se podía ver el producto terminado en todos sus colores, formas y diseños. Después de estos stops seguimos viaje entre lectura y música para pasar las horas y llegar por la tarde a Kusadasi. Con la llegada a esta ciudad terminamos por cruzar toda la región de Anatolia hasta la costa oeste, donde nos encontramos con el espléndido mar egeo. La ruta se va trazando desde las colinas para entrar a la ciudad que está inmersa en un valle, bordeando todo el mar con una costa y hoteles imponentes a su lado.  Ya me estaba sintiendo mucho mejor para esa hora asique ni bien dejamos las cosas en la habitación bajamos para cenar temprano, en mi caso continuando con la dieta de pollo hervido con arroz y queso. El hotel estaba sobre una calle que subía el valle en la primera plaza del mar, tenía la pileta y todas las habitaciones mirando el mar egeo dando una catedra para ver los atardeceres que se ponían todas las tardes cerca de las siete y media. El clima estaba optimo y mi ánimo con la comida mejorando a pasos agigantados, asique nos quedamos charlando casi toda la noche en una mesita que estaba en la terraza mirando al mar y disfrutando de la noche que nos regalaba nuestro primer día en Kusadasi.

Por suerte a la noche pude dormir mejor y ya con el amanecer y un desayuno fuerte pude recuperar fuerzas para el largo día que venía con altas temperaturas, lugares interesantes, históricos, místicos y arqueológicos. Pero, como si el destino no quisiese dar a todo el tour un final tranquilo, misteriosamente  amanecieron cerca de diez personas (la mitad del tour) con vómitos y enfermas. La gente pensaba que había sido la comida de ese hotel porque después de cenar varias personas pasaron muy mala noche con indigestión y problemas estomacales, haciendo quedar en el hotel a la mitad del contingente. Con los pocos que quedamos arriba del micro nos fuimos para la antigua ciudad de Ephesus, patrimonio de la humanidad desde el 2015. A fines del 1800 se empezó las excavaciones en estas zonas donde yacen las reliquias arquitectónicas mejores conservadas de los antiguos imperios, en este caso se buscaba el templo de Artemisa, diosa griega. Sin imaginarlo y después de un siglo de excavaciones, los arqueólogos están descubriendo una de las antiguas ciudades mejor conservadas de hace veinte siglos, con todos los vestigios que dejaron el imperio helenístico y romano desde el siglo IV a.c hasta el siglo V d.c. Ni bien entras por el lao norte del yacimiento, te encontras con lo que era el Odeón de Celso y las puertas de Mazaeus y Mitridates que dan comienzo a lo que se ve en una explanada para abajo, toda la citadela. Es muy loco ya que al mismo tiempo que vas recorriendo, te cruzas con excavaciones que hoy en día están haciendo donde podes ver los arqueólogos separando rocas y midiéndolas para etiquetarlas para el inventario. Se conoce hasta la actualidad que solo un 10% de todo lo que fue la antigua ciudad esta descubierto y que pasarán muchos años hasta que logren levantarla por completo, se necesita muchas inversiones y tiempo. Entrando ya en la citadela se pueden ver las cisternas y acueductos romanos que utilizaban para el trasporte del agua y como no podía faltar en aquellas épocas, los clásicos baños termales con sus característicos saunas antiguos y salas de relajación. Enfrente de éstos se pueden ver las estructuras de las casas que vivían los nobles, con una especie de cloaca y agua potable que entraba directo a sus casas siendo esto un privilegio que muy pocos tenían en aquella época. Continuando y descendiendo se llega al monumento más espectacular e intacto que se puede ver, la Biblioteca de Celso, construida para almacenar más de 120.000 rollos y para servir como tumba monumental de Celso.  Fue reconstruida hace unos treinta años y hoy se puede ver la semejante fachada en pie con sus mármoles y esculturas que decoran tan imponente entrada. Cruzando los arcos que secundan esta biblioteca se accede al mercado donde se negociaba y se hacían los negocios en aquella época llegando al final al Gran Teatro de Ephesus. Ubicado en una posición muy sobresaliente fue el mayor de su época, tenía capacidad para alrededor de 25.000 espectadores y se empleaba también para espectáculos circenses. Está en perfecto estado conservado y se lo puede recorrer por todos lados, logrando unas vistas panorámicas de todo el yacimiento. Un lugar impresionante para ir a recorrer y sumergirse en las antiguas ciudades, pudiendo ver cómo era la vida por aquellos años y sus costumbres (y vale aclarar que el escuchar cómo se manejaba la sociedad hace más de dos mil años no cambia mucho de la forma como se vive hoy, salvando el iphone y algunos aparatos tecnológicos). El calor agobiaba mucho llegando a casi 40° de calor al mediodía bajo un cielo abierto y unas ruinas deslumbrantes, pero el camino tenía que seguir y en el itinerario venía un lugar místico para los católicos, la casa donde vivió sus últimos días María y San Juan.  Por un camino que conduce hacia la cima de una montaña se llega a un complejo donde alberga una iglesia al aire libre y la casa donde María se trasladó desde Jerusalén, post muerte de Cristo, con Juan para escaparse del asedio romano. Como toda religión se basa en la creencia, se supone que en esa casa María pasó los últimos días, siendo esta pequeña choza de piedras de solamente dos ambientes, un lugar religioso que fue visitado por varios Papas decretándola como lugar de culto cristiano. Se puede acceder por un camino donde se llega a esta estructura de piedra, ingresando de a uno a la vez y con la sola reliquia de una escultura de la virgen María (sin manos) con fotos y regalos de los papas que la visitaron a su costado. Esta casa fue profanada y la virgen rota cuando unos musulmanes fanáticos la atacaron a principio del siglo pasado pero que en la nueva gestación de la república turca ordenaron repararla y encontraron la estatua a unos metros en el estado en la que se la puede ver ahora. Siguiendo por el camino y retornando a la entrada se pasa por una pared de piedra donde miles de creyentes dejan sus papelitos con ofrendas atadas y un chorro de agua que sale desde los adentros de las rocas que se supone que es agua bendita. Yo no comulgo actualmente con ninguna religión pero siempre es interesante ir a visitar estos lugares místicos desde el respeto y conocimiento de lo que significan para los creyentes. Para terminar el recorrido pasamos por la antigua basílica de San Juan, construida por orden de Justiniano en el siglo VI, en el lugar donde este discípulo paso sus últimos años predicando las enseñanzas que Jesús le había transmitido en vida. Fue construida para honrar al apóstol y como mausoleo para su tumba pero después de varios sismas, guerras y abandono quedó en ruinas. Que día, impresionante clases y lecciones de historia antigua donde las civilizaciones de antaño toman vida y si uno deja que la imaginación aflore se puede ir metiendo y sintiendo lo que transcurrió en esos lugares hace miles de años, lugares religiosos, místicos e increíblemente antiguos, donde sucedió parte importante de la historia.  Solo la tarde quedó para disfrutar de la pileta del hotel, dar un paseo por el centro y el puerto de Kusadasi y despedirnos de esa hermosa ciudad con un atardecer furioso que se posó sobre el egeo dando otra felicidad para nuestros ojos.

El viernes abandonamos temprano la ciudad, todavía con la mitad del grupo recuperándose, partiendo primero a ver las ruinas de Asclepon (antiguo hospital de Esculapio, considerado como uno de los primeros médicos) para llegar por la tarde después de almorzar a la famosa Troya. Esta ciudad no solo es mítica sino también legendaria, donde los primeros asentamientos que la tomaron se produjeron alrededor de tres mil años antes de cristo, haciéndola así una de las ciudades más antiguas del mundo. Hoy se puede visitar dando un paseo por todas las ruinas donde se pueden encontrar las diferentes murallas y estructuras que levantaron los diferentes imperios que la conquistaron, Los Hititas, Los Egipcios, Los Griegos y Los Romanos, en orden cronológica. Llegó a ser una de las ciudades más conocidas de medio oriente al desarrollar una de las batallas más rememoradas y relatadas en la Iliada de Homero, donde se por causa del rapto de Helena se disputaron los tronos los Troyanos y Espartanos. Después de tan famosa película hollywoodense y por ser peculiar el método en que los troyanos alcanzaron la victoria, estas ruinas guardan hoy algo especial a medida que se la va recorriendo, como si pudieses ir descubriendo casi siete mil años de civilizaciones, guerras y muertes que pasaron por ella. No dejas de asombrarte como van apareciendo estas marcas que dejan la historia en la tierra y el placer de poder transitarlas empapándose de los antiguos conocimientos. Bien marketinero, al final del tour se llega a la plaza principal donde un caballo réplica del que se usó en la película está puesto de manera impactante, dándole a los visitantes la oportunidad de poder entrar en él y sacarse desde lejos las clásicas fotos turísticas.  Con este lugar terminábamos el último día de la semana, dirigiéndonos hacia Canakkale para dirimir y el otro día partir de nuevo a Estambul. Dejamos atrás increíbles ciudades con muchísima historia, paraísos exóticos que brinda la naturaleza y más de mil quinientos kilómetros andados por todo el territorio turco dejándonos los mejores recuerdos y experiencias.

El regimiento del tour seguía implacable en las horas de amanecer y como casi todos los días a las siete de la mañana ya estábamos para partir dejando atrás el lado Asiático de Turquía para adentrarnos de nuevo a Estambul y poder recorrerla con toda su riqueza. A solo unas cuadras del hotel paramos con el micro en el puerto de Canakkale, desde donde tomamos un ferry para cruzar el mar de Marmara y llegar después de solo cuarenta minutos a lado europeo para tomar ruta hacia la capital. Antes de comenzar el largo recorrido paramos en una importante planicie de la costa donde se llevó a cabo la famosa batalla de Gallipoli y donde pudimos aprender más sobre esta sangrienta batalla durante la primera guerra mundial que dejó a más de 250.000 personas sin vida. Esta guerra empezó en el 1915 con una estrategia de Churchill para liberar el puerto estratégico que estaba ocupado a manos de los otomanos y puedan llegar los abastecimientos vía tierra para las tropas de Rusia. Confiados los británicos y franceses junto con una delegación enviada de Australianos y neozelandeses, apenas hacer el desembarco se encontraron con saldados más preparados de lo que pensaban y miles de minas plantadas para darle batalla. Después de varias derrotas siguieron intentando perforar al ejército sin éxito alguno, llegando así a meses de muertes y bajas en su ejército hasta que en enero del 1916 finalmente se retiraron sin haber logrado su objetivo. Hay dos puntos muy sensibles que dejaron huellas profundas en los países de Turquía y por el otro lado en Australia y Nueva Zelanda. Los primeros por tener esta victoria como heroica en su historia pese a la gran cantidad de soldados muertos que tuvieron, y del otro lado los países oceánicos por haber sido llevados a una masacre sin sentido. Pasamos por la carretera delante del impresionante mausoleo dedicado a los soldados turcos pero el que fuimos a visitar es el de los australianos. Sobre la cima de una colina yace un pino que fue enviado desde Australia como reconocimiento para sus soldados caídos y un sinfín de lapidas conmemorativas con todos los nombres de los que fueron a combatir y murieron ahí, pese a que no se encontraron los cuerpos ni están físicamente enterrados ahí. Como  me pasa con todo lo que leo y aprendo sobre las guerras del mundo, no logro sintetizar ni puedo comprender porque el ser humano llega a semejantes actos criminales en la vida, solo dejándome como alguna respuesta viable a mis preguntas la incapacidad y debilidad de la raza humana a aprender a vivir en comunión con el otro. Pero si hay algo que veo a medida que recorro el mundo y aprendo de su historia, y lo que me pone más triste, es que desde antaño nos estamos matando los unos a los otros, como si fuese una obligación estar en guerra constante sin poder darnos un respiro alguno, que tristeza, los siglos pasan y los monos seguimos igual. Ahora si después de estas visitas ya nos encaminamos en la ruta que nos llevó después de cuatro horas a Estambul, dejándonos a cada uno en su hotel y cerrando con esto el largo y exprimido tour. En esta oportunidad pude ver desde el micro la entrada a la capital y solo ver la cantidad de construcciones que se estaban realizando me dieron la impresión de que claramente están atravesando un periodo de expansión y crecimiento, no solo a nivel productivo sino también a nivel social. Todas las personas con las que había hablado que fueron a recorrer esta mística ciudad quedaron ennatadas, era mi turno ahora con mi vieja de poder recorrer sus calles, disfrutar de su encanto, apreciar su comida, aprender de su historia, meternos en su cultura e interiorizarnos aún más de la religión musulmana.

Estambul Sorprendente

Estambul es la ciudad más grande de Turquía y una de las mayores ciudades de Europa. Hasta el año 330 se la denominó Bizancio, y posteriormente, hasta el 1453, Constantinopla. Fue la capital del Imperio Romano de Oriente y del Imperio Otomano hasta que en 1923 se estableció la República y la capital se trasladó a Ankara. La gran mayoría de su población es de confesión musulmana, con minorías de cristianos y de judíos. Tenía por delante una de las ciudades más importantes del mundo por recorrer, ya que supo ser en su momento la capital de toda Europa y donde todos los imperios se mataban por tenerla debido a su ubicación estratégica entre Europa y Asia. Mística, religiosa, bulliciosa, sensorial, atrapante y miles de adjetivos más describen lo que es esta hermosa ciudad que no tiene ningún desperdicio en conocerla. Solamente basto ver como el micro se fue metiendo por todas las callecitas de la vieja ciudad donde quedaba nuestro hotel, donde casi se lleva puesto cientos de puestitos de la calle, donde tuvo que requerir a la ayuda de más de un transeúnte para maniobrar y seguir su camino para llegar después de varias puteadas, gritos, festejos y saludos a nuestro hotel y así empezar a sentir como es que se manejan los turcos. En nuestro caso habíamos contratado dos días más de tour por la ciudad y después nos quedábamos tres días más así la podíamos caminar y visitar a nuestro gusto. Esa noche teníamos reservado un show en pleno centro histórico para ir a ver la famosa danza de los derviches y la ceremonia religiosa que estos llevaban a cabo. El teatro era circular y solo cabían unas doscientas personas, algo íntimo y muy sencillo para ver el espectáculo que duro solamente una hora. La ceremonia se realizó con unos músicos que tocan un ritmo melódico cósmico, al compás de unas oraciones que van recitando sobre citas del Corán. Dentro de la pista circular aparecieron cinco personas vestidas con las típicas polleras blancas de los derviches y luego de hacer unos gestos religiosos empezar al son de la música haciendo siete bailes diferentes. No podía entender semejante preparación y concentración de estas personas, girando por más de 45 minutos en un mismo eje, algunos con los ojos cerrados, sin perder la concentración ni equilibrio alguno. La ceremonia termina con el fin de baile y una adoración a su profeta y con esto nos fuimos aprendiendo un poco más de los derviches y su culto dentro de la religión musulmana. Para empezar a vibrar un poco la ciudad después del espectáculo nos fuimos con mi vieja a recorrer el centro de la ciudad vieja donde estábamos y la cita infaltable que teníamos con nuestro primer kebab en un puestito sobre una plazoleta. Había mucho movimiento en la calle ya que era sábado por la noche y todos los locales estaban abiertos con numerosos turcos invitándote de todas las maneras a pasar y consumir en lo que ellos pensaban que era el mejor de todos. Lo único que nos hizo frenar el paso y entrar sin dudarlo para comprar sus exquisiteces fue un local donde vendían los destacados y sabrosos dulces turcos, éstos junto con el café y los kebab creo que los destacan a los turcos por sobre todos. Disfrutando como golosos de los dulces nos fuimos caminando sobre una de las costas donde se puede ver todo el estrecho del Bósforo, que separa el territorio europeo y asiático, con una vista impactante de todos los puentes que conectan la ciudad y las cúpulas de las mezquitas y edificios importantes iluminados. La noche estaba despejada y clara, perfecta para caminar y saborear ese aroma particular que tiene la ciudad y que te penetra por las fosas nasales a medida que la recorres. Los puestos de las castañas ahumadas humeando, los kebab marchando como panchos en los puestos callejeros y todo los pescadores sobre el puente tirando sus líneas en buscar de algunos peces listos para picar. Fue la primera foto en la memoria que me quedo de esa imponente ciudad, coronando el momento cuando empezó  la última oración de las mezquitas a sonar por altoparlantes con una vibración y empuje que te deja atónito. Lindas primeras sensaciones que se iban sintiendo y absorbiendo mientras quedaba muchísimo por delante.

Se venía un domingo lleno de actividades, empezando con un buen desayuno continental, para luego recorrer alguno de los lugares religiosos más importantes para los musulmanes turcos. El primero que fuimos a visitar fue la iglesia-mezquita-museo Hagia Sophia, llamada así no por una mujer sino por su traducción en griego Santa Sabiduría. Esta iglesia fue levantada en el siglo IV d.c. como catedral ortodoxa bizantina y perduró por más de mil años como centro de culto principal de la imponente Constantinopla albergando los fieles y reinados que la sucedieron. Tras la conquista del imperio otomano, éstos en vez de tirarla abajo la reconvirtieron en mezquita principal de su reinado llevándola así también como eje principal de culto y preponderancia musulmana. Fue recién en 1923, cuando el país se convirtió en república laica, donde Ataturk quería separar los asuntos religiosos del estado y la hicieron transformar en museo para que no demando más erogaciones y pueda auto sustentarse (además ya se había edificado la Mezquita Azul enfrente con una envergadura y belleza mucho mayor). Se la puede visitar por dentro y dejarse admirar por todas las huellas que fueron pasando por este monumento que sirvió de culto para millones de personas, desde sus mosaicos bizantinos, pinturas cristianas que se descubrieron por detrás de las decoraciones que los musulmanes habían puesto para taparlas, una pila de bautismo del tamaño de cuatro bañeras con la cual se bautizaban a mansalva cristianos para su conversión sino eran asesinados, tumbas de sultanes e infinidades de detalles donde se respiraban casi los dos mil años de historia de este lugar increíble. Sentís algo especial cuando recorres estos lugares, en mi caso solo pensar las millones y millones de personas que acudieron a este santuario para orar y predicar, dejan en el aire una intensidad mística y rara que se percibe. Es uno de los templos que a pesar de su antigüedad sigue en pie y con una belleza que no pasa por su aspecto exterior ni interior sino por su historia impregnada en sus muros. A la salida de la Sophia, nos fuimos a recorrer la plaza donde estaba el antiguo hipódromo y que hoy solo queda un monolito donado por el imperio egipcio hace miles de años, intacto y con todos sus lados repletos de jeroglíficos. Desde este punto se tiene acceso sobre  uno de sus laterales a la esplendorosa  Mezquita del Sultán Ahmed o Mezquita Azul. Esta obra maestra fue realizada en el año 1617 por los discípulos de Sinan (Arquitecto icono del imperio otomano y creados de miles de obras arquitectónicas musulmanas) por pedido del sultán Ahmed I en honor a Alá. Construidas con grandes cantidades de piedra y mármol, esta mezquita cuenta con una belleza sin igual adquiriendo diseños y decoraciones de los más prestigiosos artesanos de la época y con más de 20.000 azulejos internos pintados a mano. Todos los niveles superiores están dominados por la pintura azul, de ahí que surge el apodo que lleva hoy el edificio, y apenas pones un pie (a todas las mezquitas se debe entrar descalzo y tapado) dentro del recinto todo el lujo de diseño te inunda la visión con un deleite especial. No dejas de mover tu cabeza en 360° para poder captar el más mínimo detalle de decoración y la conjunción que todos esos azulejos y diseños pensados se complementan para ser una pieza única y maravillosa. El mihrad (lugar en forma de arco que marca donde todo el mundo tiene que orar en dirección a la meca) brilla reluciente construido sobre mármol esculpido y el minbar (donde el imán se coloca cuando dirige el sermón durante el rezo) imponente para llegar a notarse desde cualquier punto. Solo pueden acceder al salón principal aquellos que van a orar mientras que los turistas se deben quedar en la parte de atrás, igualmente nada te impide para disfrutar de tremendo espectáculo arquitectónico. Mientras fuimos saliendo, el guía nos fue contando algunas particularidades de la religión musulmana y un raconto de su historia desde la llegada de su profeta, Mahoma. No sé qué es específicamente lo que me gusta, pero me fascina aprender no solo la historia de las ciudades del mundo sino también de las religiones. Primero para poder entenderlas y respetarlas desde un lado más consiente a la hora de hablar sobre alguna, y segundo ya que en mi caso no tengo religión alguna que me represente (solamente comulgo con la filosofía de vida budista) pero me interesa tratar de entender que es lo que lleva a miles de millones de personas de todo el mundo profesar por una religión y todo lo que esto conlleva. Siento muchas críticas frente a las religiones en la actualidad sobre muchos puntos, pero no precisamente por lo que los libros divinos o profetas dicen sino más bien por la interpretación que el ser humano hace sobre ellos y lo que busca obtener de la misma. Pero son pensamientos que trato de ir procesando y desarrollando a medida que crezco, mientras trato de absorber lo que más puedo de todas las religiones y culturas para así poder tener una mejor opinión fundamentada y consiente. Un poco de todo esto me fue pasando internamente mientras visitaba este lugar e iba escuchando la historia musulmana, custodiado por los seis gigantes minaretes que se erigen alrededor de la mezquita. Nos fuimos derecho para almorzar, pasando previamente por un local de alfombras que nadie compro nada, procesando y decantando todo lo que me venía a la cabeza y comparta con mi vieja. Por la tarde fuimos a visitar otro de los principales atractivos de la ciudad que es el Palacio Topkapi. Este palacio fue construido en el 1465 por orden del sultán Mehmed I y sirvió como residencia y administración del imperio otomano por el transcurso de 400 años, siendo así el más importante de la historia. Está formado por muchos edificios contiguos y cuatro patios sobre la colina de la ciudad vieja, ya que en aquellas épocas imperialistas tenía la mejor ubicación para controlar el estrecho y así la llegada de posibles enemigos. Desde este punto se puede ver toda Estambul en el horizonte y la usaron la mayor parte de todos los sultanes otomanos para regir su gobierno. Todos los edificios se mantienen de muy buena manera en la actualidad y se puede ir a visitar todas las salas y recovecos, teniendo como principal atracción el impresionante harem donde los sultanes vivían con su familia, sus más de doscientas mujeres y personal de servicios a su disposición. También cuenta con una importante exposición de tesoros y joyas, salas de audiencias,  mausoleos con las tumbas de los antiguos sultanes y en lo que a mi entender fue lo mejor, una vista sobre todo el mar de maramara y el Bósforo en una de sus laderas que no tiene desperdicio alguno. Allí terminamos el recorrido con mi vieja disfrutando de esta preciosa vista, tomando un café y charlando sobre todo lo que íbamos aprendiendo de esta suntuosa ciudad que no te da respiro. Volvimos al hotel para descansar un rato en la habitación y salir de nuevo a la noche para seguir empapándonos de todo lo que teníamos que ver. En este caso volvimos a caminar por toda la costa que se dibujaba desde el casco histórico hasta el nuevo puente que cruza hacia la ciudad nueva, y de nuevo bordando el estrecho desde el otro lado así podíamos tener las perspectivas de todo el perfil antiguo en otro ángulo. Allí encontramos un típico restaurant turco sobre la rambla donde conseguimos sentarnos en la primera mesa mirando al agua con todo el centro histórico de frente y con unos buenos pescados y mariscos que disfrutar en combinación con la postal nos cerró el día perfecto.

El lunes nos quedaban dos atracciones finales, ahora sí ya no había más tour, y lo que primero fuimos a ver bien temprano fue el bazar de las especias. Este bazar nace en la puerta de la Mezquita Nueva (también la fuimos a visitar y vale la pena recorrerla) y cuenta con la mayor cantidad de especias de todo oriente que convergen en este bazar construido en L, en el que todos los turistas se avecinan para llevarse de recuerdo los polvos más exóticos y sabrosos de oriente. Cuenta con 88 locales que ofrecen todo tipo de variedad de cosas, no solo especias sino también, dulces, juegos de té, comida, shishas e infinidad de chucherías y cosas de recuerdos. Como todo lo turístico, el bazar está bastante marketinizado y las principales tiendas tienen los precios con un poco de inflación, recomiendo seguir caminando para afuera donde están los puestos sin techo y que tienen la misma mercadería a un precio menor. Pintoresco, autóctono, bullicioso, colorido, lindo, todo esto tiene el bazar de las especias que dan un encanto singular a la hora de visitarlo. Con todo el aroma impregnado después de recorrer el bazar y unas cuentas especias adquiridas, nos subimos al bus para dirigirnos a un paseo distinto que teníamos y así poder descubrir a Estambul desde otro punto de vista, en este caso con un crucero por todo el Bósforo. Este estrecho divide a la ciudad en dos partes  uniendo el mar de Marmara en el lado sur con el Mar Negro en el sector norte, dividiendo así también a la capital de su área europea de la asiática. Tiene dos puentes que cruzan ambos continentes y como dato de actualidad acaban de terminar un túnel subterráneo a más de 60 metros de profundidad donde en dos años ya podrán transitar los autos con una vía superior de ida y una inferior de vuelta. Toda una ingeniería a la vanguardia de la expansión y crecimiento sostenido de esta ciudad que alberga más de 14 millones de habitantes. El barco partió del puerto donde amarran también los gigantes transatlánticos que visitan interminablemente Estambul como parada en casi todos los cruceros por los mares de oriente. Nuestro barco era de dos pisos con unos livings en la parte superior al aire libre para disfrutar de todas las vistas que nos iba a entregar el Bósforo de ambos continentes y así también deleitarse del espléndido día veraniego con el sol en punta y la brisa fresca del mar apaciguando el calor. Este paseo comienza pegado al lado europeo donde se puede ver en primer lugar el Palacio Dolmabache, con sus jardines decorados al estilo francés y todas las flores coloridas engalanando la moderno estructura. Mientras íbamos navegando el guía iba contando la historia de cada lugar importante por el cual pasábamos ya que casi todos los monumentos o grandes edificios característicos e históricos de esta ciudad dan a la vista del estrecho del Bósforo o del cuerno de oro. Las principales cadenas de hoteles montaron sus majestuosos hoteles sobre la costa haciéndolos valer de sus preciadas cinco estrellas y elevados precios de sus habitaciones vista al mar y varios de los clubes más selectos también llevaron sus sedes sobre esta costa. Un poco a las afueras del centro empiezan a desarrollarse los barrios residenciales donde las mansiones y complejos de edificios modernos sobresales del verdoso paisaje, teniendo así las vistas más privilegiadas y costosas (cualquier casa o edifico lujoso parte del millón de dólares) que ofrece Estambul. Llegando al último puente se ven los restos de una antigua muralla que le imperio otomano utilizaba como fuerte para mantener segura la capital, ya que en ese punto el estrecho tenía la menor distancia entre un lado y el otro, así de esta manera les resultaba más fácil frenar al enemigo (efecto embudo). El paseo estaba espectacular, el brillante sol que espejaba el azul oscuro del agua del Bósforo, todas las estructuras reluciente que nacían desde la costa y unas perspectivas que daban los mejores ángulos para sacar panorámicas de todo lo que estaba viendo. Lo que también se puede encontrar a lo largo de todo el estrecho, son varias mezquitas que fueron levantadas por diferentes sultanes como así también varios palacios de veranos que estos construían para pasar sus vacaciones. Ya dando la vuelta por la costa asiática, se pueden seguir descubriendo diferentes barrios sobre las colinas, algunas mansiones con muelle propio y yate amarrado y pocas industrias que quedaron por disposición estratégica pegadas al agua. Al ser este estrecho la entrada marítima comercial y turística a esta concurrida ciudad, los buques petroleros, industriales y cruceros turísticos desfilan a toda hora por su pasarela saliendo y entrando uno tras otro sin parar. Cerramos el paseo en barco con las mejores postales y vistas en toda su extensión y nos fuimos a la tarde, ya por nuestra cuenta, a pasear por el gigantesco Gran Bazar. Está situado en el centro de la ciudad vieja, en la parte europea de Estambul y cuenta en su interior con más de 58 calles y 4.000 tiendas. Diariamente recibe entre 250.000 y 400.000 visitantes y sus principales áreas de negocio entre las que se destacan son la joyería, orfebrería, tiendas de especias y tiendas de alfombras. Los comercios se agrupan por tipo de actividad y podes pasarte si queres largas horas recorriendo todos sus recovecos en busca de lo que quieras o necesites. Compramos algunos recuerdos y regalos que mi vieja tenía que llevar pero más que nada nos sumergimos en ese ritmo frenético en que todo se desarrolla dentro y fuera del gran bazar, con las miles de personas caminando, los turcos invitándote a pasar a sus tiendas y vendiéndote todo lo que tengan a mano. Aromas que salen de todos los rincones y que se mezclan con el fervor de la gente que transita sus calles incansablemente. Debido a que mi vieja estaba buscando telas por metro para llevar, nos dieron un lugar que quedaba a unas cuadras y que luego de perdernos por varios callejones del barrio dimos con el sitio. Las cuadras se trasformaron en enormes mini mercados al aire libre, miles de personas caminando por el medio de la calle donde lo único que reinaba en el ambiente era el comercio o negocio. Los turcos llevan el comercio en su esencia, son especialista en el arte de comprar y vender, ya desde su profeta Mahona que fue un gran comerciante en su época. El ritmo del día es vertiginoso y lo mejor que podes hacer es dejarte llevar por eso mientras aprendes el arte de vivir que llevan y como se van desarrollando sus rutinas. Luego de dar varias vueltas dimos con el negocio pero finalmente no conseguimos lo que estaba buscando, lo que si nos llevamos de regalo fue esa realidad de vida que solo se consigue si se la vive de adentro. Hicimos un mini stop para comer lo que no podía ser de otra manera que un doner kebab y con las calorías cargadas seguimos andando para visitar otra importante mezquita de la ciudad, la Mezquita Suleymaniye. Está situada en la tercera colina de la ciudad vieja y tiene como característica principal que es la más grande y con mejor vista de todo el cuerno de oro. Ésta fue realizada por el célebre arquitecto otomano Sinan y se finalizó en el año 1557 a pedido del sultán Suleiman I. La construyeron a propósito con la semejanza de la antigua mezquita Sophia, ya que el sultán quería que de todos los puntos del mar se pueda ver el imperial templo de culto, haciéndola en este caso de mayor tamaño. Como me pasó con las demás mezquitas que visité, la belleza en el diseño externo e interno te abruma, pero ésta específicamente tenía un lujo especial por los hermosos jardines llenos de flores y plantas que la rodeaban acompañando un cementerio impoluto con las tumbas de la dinastía del sultán Suleiman. Además como está elevada sobre una colina arroja en cualquier dirección unas vistas de todo el cuerno de oro y el estrecho del Bósforo sin comparación. Al visitar estos lugares llegué a la conclusión de que la arquitectura de las mezquitas me gustan muy por encima que las catedrales o basílicas cristianas, básicamente por son más pulcras, con más diseños y detalles. Y otro punto interesante que rescato es que siempre mantiene la seriedad de ser un templo de culto, no cobran entradas, no pueden entrar turistas mientras suceden las ceremonias, la vestimenta tiene que ser adecuada a sus costumbres y la belleza de las decoraciones sin ninguna adoración de imagen a ser humano o animal o santos le dan un carácter soberbio en cuanto al diseño interior. Por supuesto que es una apreciación personal y sobre gustos no hay nada escrito, pero me di cuenta con mucho énfasis en la diferencias que tienen sobre los templos más importantes cristianos que recorrí por todo Europa, encontrando a éstos más como un parque de diversiones donde todo está preparado para el consumo del turista que un lugar serio de culto. Ya fuimos terminando el paseo agotados de todo lo que habíamos recorrido en el día asique partimos para el hotel a descansar un poco y relajarla. Antes de que el sol se esconda, nos fuimos a caminar de nuevo por la zona donde está la mezquita Azul y la Sophia, y con mucha suerte el resplandor del rojo atardecer sobre ambos lugares nos regaló las mejores postales para llevarnos de recuerdo de tan hermoso lugar. Como si fuese poco dimos con un hotel a unas cuadras que tenía una terraza a siete pisos y que nos permitió comer unas ricas ensaladas con unas frescas cervezas teniendo en nuestras narices toda la majestuosa mezquita azul tornándose del atardecer al anochecer. Que más se le podía pedir a ese día? Nada más agradecer el haber estado ahí conociendo todos esos lugares con tremenda historia y dejando que todo esto vaya decantando en nuestro intelecto.

Nos quedaban dos días más por delante y los íbamos a aprovechar para visitar la ciudad nueva y las principales sus principales lugares de interés. El primer día mi vieja aprovecho para irse a un mall a comprar ropa y algunas cosas que necesitaba y en mi caso me quede visitando la plaza Taksim y su principal arteria peatonal, la famosa calle Istiklal. Había algo que tenía que hacer antes de irme para adentrarme totalmente en su cultura, que fue ni más ni menos que disfrutar de un típico baño turco. Hay varios Hamam (como se los llama a estos recintos) donde todavía mantienen las tradiciones que se llevan a cabo en los típicos baños turcos; a uno de estos me dirigí para tener mi sesión de “spa” y sentirme por unas horas un turco cualquiera. La estructura sigue manteniendo la forma y mobiliario desde hace cientos de años, con los grandes bloques de mármol en los salones de lavado y las diferentes salas de masajes o ablusiones con sus características fuentes y azulejos. Es muy importante saber la importancia que tiene el agua para el mundo musulmán, no solo porque tienen que hacer las abluciones antes de cada rezo, sino porque todo lo relacionado al agua significa pureza. El rito empezó en una gran sala con una inmensa placa de mármol caliente y varias fuentes a su alrededor que utilice para bañarme sentado. Luego pase a un sector donde me hicieron un masaje con esponja exfoliante y espuma por todo el cuerpo. Estando en paños íntimos hubiese sido mejor que sea una mujer quien me haga todos estos masajes pero lamentablemente los musulmanes tiene una religión estricta sobre el contacto de los hombres con las mujeres desconocidas y viceversa, por lo que las mujeres con las mujeres y los hombres con los hombres. Pequeño turco de un metro ochenta y unos noventa kilos me tocó para que me haga masajes pero no fue tan malo ya que ayudo a descontracturar algunos nudos que tenía. Después de estos tratamientos pase a una sala de sauna húmedo donde me quede varios minutos entre baño y baño. A la salida pase a una sala de estar donde te envuelven de toallas húmedas calientes y con varias infusiones de té quedas ahí como invernando o meditando de la relajación que ya adquiere tu cuerpo. Con un relax me quedé una media hora ahí para pasar después a un masaje corporal de casi una hora con aceites, terminando con éste de aflojar casi la totalidad de los músculos de mi cuerpo y mis huesos que crujieron de contentos al quedar todos en perfecta posición. Para terminar el ritual, un baño completo de nuevo y relajación por media hora en el mármol caliente que me dejaron como nuevo. Todo el circuito duró como tres horas haciéndote sentir a la salida como si fueses un sultán en optima relajación corporal y mental, muy recomendable de hacer. A la noche nos encontramos con mi vieja de nuevo en la plaza Taksim y fuimos a recorrer los más de 3 kilómetros en los que se extiende la peatonal, paseando por todos los locales de comida, bares, ropa, electrónica y demás que ofrecían esas cuadras. Impresionante el caudal de gente que caminaba de un lado a otro la calle, haciéndola vibrar a cada paso que dábamos. Además de haber muchos turistas podes encontrarte con muchos artistas callejeros, gente volviendo de su trabajo, grupos de amigos transitando la divertida avenida y toda la energía de Estambul volcada en este lugar. Paramos finalmente en un lindo resto con terraza a comer algo junto con unas heladas cervezas y así terminamos otro día interesante.

Nos quedaban las últimas horas en Estambul ya que el jueves por la mañana partíamos para Israel, asique dedicamos el día para ir a recorrer por dentro el Palacio Dolmabache con todas sus lujosas salas y estancias de los últimos sultanes de la dinastía otomana. Estuve en vigencia hasta la muerte de Ataturk que residía y trabaja él, para luego convertirse en museo abierto al público y ofreciendo uno de los complejos más lujosos y ostentosos de todo el país. Vale la pena visitarlo porque además de tener una de las salas con la araña más grande de todos los palacios europeos, cuenta con unos jardines impactantes que junto a la costa del Bósforo dan una belleza a este lugar fuera de serie. Almorzamos en un café en la salida del palacio con toda la vista al mar sobre nosotros y con un claro día que nos regalaba las últimas horas de Estambul. Nos tomamos el tranvía por la tarde para ir a visitar por fuera la Torre Galata y terminar el paseo recorriendo todas las calles que se desprendían de este monumento. Sacamos las últimas panorámicas desde el nuevo puente y emprendimos regreso al hotel para preparar las valijas e ir a cenar para brindar por los increíbles días que habíamos vivido en tierras turcas.

Me fui del país con una emoción de haber vivido y visitado intensamente todas las ciudades que pude recorrer de este increíble país, adentrándome por completo en su historia, cultura, sociedad, formas de vivir y religión. Se siente como un lugar donde a través de miles de años acontecieron muchísimos hechos históricos y tiene el dejo majestuoso de haber sido durante mucho tiempo una o la ciudad más importantes del mundo. Compartir todo esto con mi vieja fue una experiencia única, no solo porque sentimos el viajar de la misma manera, sino porque sabe muchísimo y aprendo mucho viajando a su lado. Vamos como dos locos aprendiendo de todo lo que nos rodea, absorbiendo y decantando todo lo que le mundo te ofrece para saber más y sin dudas aprender a cada paso.

Hay algo muy triste que está sucediendo en estos días por estos lugares y que está pasando a solo unos kilómetros de donde estábamos, la terrible inmigración hacia Europa. En las provincias del noroeste de Turquía estaban llegando miles de refugiados sirios como así también para todos los países del norte con destino a los principales países europeos. A donde creemos que estamos avanzado como raza humana cuando todavía pasan estas cosas? Que evolución real tenemos cuando pensamos que cada país es un mundo separado y no nos damos cuenta que todas las personas que habitamos este planeta pertenecemos a una misma comunidad? No es solo que me da bronca esta situación, son todas las bajezas que nos enfrentamos como ser humano y que a través de miles de años de civilización creemos haber progresado pero seguimos sin aprender cosas básicas. Y específicamente con este problema es el porqué de mi bronca hacia el fanatismo de las religiones, donde todo se mezcla y bajo un libro sagrado se da derecho de cometer cualquier atrocidad. Y no hablo solamente del Estado Islámico como musulmanes que hoy está llevando estos actos como interpretación de su religión, hablo de las cruzadas en donde con una cruz en mano e invocando a dios masacraron millones de personas, los turcos propinando el inconcebible genocidio armenio y muchísimos ejemplos más. Cuál es el punto de matarse por una creencia o religión? Sinceramente no creo que ningún profeta o libro sagrado sea interpretado como matar al que no piensa igual o simplemente vivir bajo una sola mirada de la vida, ojala en algún momento todos podamos vivir en comunión y armonía, manteniendo las diferentes creencias, aunque lamentablemente no creo que vaya a suceder en estos tiempos.

Los ánimos no decaen con todo lo que viene por delante, como si fuese poco, las próximas semanas serán intensas y emocionantes al recorrer Israel en su totalidad y todo lo que este pequeño pero tan IMPORTANTE territorio tiene para ofrecer. La tan sagrada Tierra Santa, con toda su historia por descubrir.

Cuarto libro terminado: “La casa de los espíritus” de Isabel Allende, genial narración de novela fantástica con una historia atrapante sobre una familia a través de un siglo. Dramatismo y un final que emociona por lo que representó la época en los países sudamericanos.

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