KM 40.477 Tel-Aviv-Haiffa-Nazaret-Tiberias-Qumran-Ein Bokek-Eilat-Petra-Belen-Jerusalen

Amanecimos con la extraña sensación de dejar atrás tremendo país que habíamos visitado por dos semanas pero con todas las energías puestas en lo que venía, un país por recorrer lleno de historia, cultura, religión y misticismo. Salimos temprano para el aeropuerto Ataturk donde teníamos vuelo a las nueve de la mañana para Tel Aviv, conexión directa en un poco más de una hora. Durante el vuelo iba decantando todo lo que habíamos vivido en Turquía, tratando de sintetizarlo y asimilarlo para guardarlo en lo profundo del disco rígido y dar espacio ahora para esta nueva aventura que de alguna manera nos iba a ofrecer nuevos contrastes, formas de pensar y una sociedad distinta. Muchas veces se me había pasado Israel por la cabeza, desde la concepción en sí de las religiones a la hora de estudiarlas, uno de los lugares de inicio de la raza humana, apareciendo en las noticias por diversos asuntos, o la más importante para mí que era hasta este momento uno de los destinos con el que mi vieja siempre había soñado visitar. Como si de genes se tratase lo que me pasa a mí, a ella siempre le interesó viajar, conocer nuevas culturas, sociedades, religiones y todo lo que el mundo tiene para ofrecer, pero fue particularmente Israel lo que la atrajo hace varias décadas. En una mezcla entre la importancia del lugar, un tema de estudio que le fascinó tantos años sobre los rollos manuscritos del mar muerto, la religión de algunos de sus familiares y todo el misticismo que esconde este país tan neurálgico y a la vez tan chico, fueron algunos de los aditivos que la hicieron soñar con poder visitar esta tierra. Y en mi caso, compartiendo algunos de estos puntos, era también una oportunidad única para descubrir desde adentro la historia de este país y su comunidad tan antigua a la vez de poder compartir con mi vieja su tan anhelado sueño. Con todas estas ganas y polenta fue que arribamos a la capital cerca del mediodía, aeropuerto Ben Gurion, donde dimos comienzo a un viaje que nos iba a llevar por todos los confines del país. A diferencia de lo hecho en Turquía, en este caso queríamos tener toda la disponibilidad de tiempo absoluta a nuestra merced, por lo que optamos en alquilar un auto así poder ir visitando todas las ciudades y manejarnos como queríamos. Hyndai i10 automático en nuestro poder, valijas en mano, energías al 100% y veintiún días por delante para ir como esponjas absorbiendo de todo lo que pudiéramos.

Tel Aviv Cool

Tel Aviv o Yafo, es la segunda ciudad más grande del país, y debe su origen a principios del siglo pasado donde la convención de judíos de Yafo decidieron crear una nueva zona cerca de la Jaffa portuaria para que levantar la calidad de vida de los residentes que habitaban creando una nueva ciudad más moderna. Durante un siglo fue creciendo y modernizándose pero a la vez sufrió varios ataques en los que fueron destruidos varias zonas, Segunda Guerra Mundial, Independencia Israel, Guerra del Golfo y los últimos ataques producidos por la franja de Gaza hace algunos años. Empezábamos el recorrido por una de las ciudades más importantes del país, con mucho para conocer, descubrir. Salimos con el auto desde el aeropuerto en dirección al centro de la ciudad mientras íbamos percibiendo lo primero que nos iba arrojando este lugar. Como lo dije con Estambul, uno puede darse cuenta muy rápido en qué etapa se encuentra una ciudad rápidamente por ver la cantidad de grúas que se van elevando al cielo a medida que los edificios en construcción brotan del suelo. No es algo facto, pero es un parámetro que marca el ritmo en el cual se está desarrollando una ciudad, y en este caso Tel Aviv crece a pasos agigantados. Los casi diez kilómetros que tuvimos que hacer hasta la entrada del centro, nos encontramos con infinidad de construcciones llevándose a cabo sobre todos los barrios periféricos a la autopsita. Sinceramente no sabía mucho con lo que me iba a encontrar en esta ciudad pero la realidad fue muy diferente a lo que me esperaba. Llegando por la arteria principal a la ciudad, desembocamos en la avenida de la costa que la bordea en una extensión de varios kilómetros con todo el mediterráneo a su merced otorgando unos primeros paisajes soñados. A medida que avanzábamos nos encontramos en la rambla costera con un boulevard en el medio y decenas de edificios de viviendo, hoteles, aparts y todo tipo de resorts emergiendo delante nuestro. Me llamó mucho la atención ya que no esperaba que fuese así, sino más bien rustica, pero la realidad mostraba a primera vista que teníamos por delante lo que llame a Tel Aviv como una “Miami ochentosa”. Tenía el aspecto de ser una ciudad de veraneo con todos los paradores y playas a tope y los rascacielos a sus espaldas, pero en sí era mucho más que eso. Llegamos pronto a nuestro hotel, el cual quedaba sobre la costanera, y con un rápido check in y algunas provisiones para apaciguar el hambre dimos comienzo al viaje por Israel. Tomamos el auto nuevamente y nos dirigimos hacia Jaffa, que quedaba a unos diez minutos del hotel sobre la costa, mientas íbamos descubriendo como se iba desarrollando la arquitectura del lugar y sus particularidades. Se notaba que había dos Tel Avivi, aquella que fue de inicio en los años 60-70 donde llegaron las inversiones para darle vida a la nueva república que había nacido y donde se tuvieron que edificar los aparatosos edificios al estilo de la época, y por el otro lado aparecían nuevos rascacielos modernos y con los más locos diseños abriéndose paso para la llegada de la nueva era moderna. Así es como uno puede ir recorriendo toda la costa donde estos bloques de hormigón se van alternando entre estilo viejo y moderno, repitiéndose esto mismo en el corazón de la ciudad. Así íbamos mirando para ambos lados tratando de ir mimetizándonos con nuestro entorno hasta llegar a Old Jaffa, considerado uno de los puertos más antiguos del mundo. En la palabra hebrea Yafa significa “Bella” y ningún adjetivo mejor para describir esta hermosa ciudad antigua que se eleva unos cincuenta metros sobre una colina bordeando el mediterráneo y que ofrece una de las mejores vistas para contemplar Tel Aviv. Data arqueológicamente que ésta tierra estuvo habitada hace más de 7.500 años y donde se la puede encontrar mencionada en varios libros sagrados como la Torá y el Nuevo Testamento. Un común denominador también en todas las ciudades de Israel, así como pasó en Turquía, es la cronología de los imperios que fueron conquistando estas tierras, y por ende las ciudades, pasando así el Imperio Persa, Bizantino, Árabe, Cruzadas, Mameluco y Otomanos. Particularmente Jaffa era estratégica para cualquier que la ocupase ya que tenía acceso portuario, estaba elevada sobre el nivel del mar con lo cual tenía una vista privilegiada frente a ataques y era ruta de comercio entre el medio oriente con Europa. Con este peso histórico empezamos a caminarla, bordeándola sobre la costa y metiéndonos entre sus típicas callecitas con todo el puerto de fondo asomándose al mar. Tiene el aspecto de esas ciudades históricas que fueron amuralladas donde los laterales de los edificios forman esos pasadizos angostos que te reparan del calor durante el día y te abrazan con su brisa fresca por la tarde-noche. Todas las construcciones datan de varios siglos y tienen la característica de estar construidas con esa piedra caliza que da un tono de color adecuado para la época en que se levantaron. Es un placer ir recorriendo y perdiéndote entre estos pasadizos que te llevan por lo que en la actualidad son casas, pequeños locales con artesanías, algunas iglesias y lugares históricos. Una vez que das toda la vuelta al puerto te encontras con un mercado antiguo que lo refaccionaron y en el cual podes encontrar los mejores puestos de mariscos para saborear, tal como el Mercado San Miguel en Madrid. Todavía era temprano asique pudimos resistir la tentación y seguir camino arriba por una calle principal de piedra que nos condujo al centro de Jaffa. Lo primero que nos encontramos y con gran sorpresa fue la Iglesia de San Pedro, dedicada en sí al apóstol, que vivió en estas tierras luego del exilio de Jerusalén cuando crucificaron a Jesús. La iglesia hoy se encuentra refaccionada desde el último siglo pero guarda todo peso de la historia católica por haber sido un lugar importante por Pedro, donde tuvo la aparición de Dios y donde pasó gran parte de su vida. Lamentablemente cuando llegamos la iglesia estaba cerrada asique solo pudimos recorrerla por afuera, igualmente habíamos anotado los horarios de visita para pasar al día siguiente y poder conocerla por dentro. A unas cuadras de ahí, por unas pequeñas escaleras entrometiéndose en el corazón de la vieja ciudad, llegamos a la casa de Simón, otro personaje bíblico, que vivió como carpintero en aquella época y fue quien alojo a Pedro dándole un hogar y protección. Un par de horas caminado y ya nos íbamos adentrando en el mundo bíblico y religioso que nos iba a acompañar por más de veinte días con todo tipo de historias, leyendas, personajes y episodios. Fuimos descendiendo la colina por la otra calle principal que nos condujo a la Torre de Reloj con todos los negocios a su alrededor desde donde nacía nuevamente la costanera. La tarde estaba cayendo pero el hambre estaba en aumento asique nos fuimos a un parador que quedaba sobre la playa a comer algo y disfrutar del primer atardecer que nos regalaba este país. La comida israelí era un punto que ambos teníamos bien conocidos y con muchas ganas de probar todo lo que tenía para ofrecernos, asique partimos pidiendo una serie de mini ensaladas acompañadas de humus y calamares fritos con unas heladas cervezas. Que felicidad pura arrancar así, las ensaladas estuvieron exquisitas, dándole una mención especial a las berenjenas ahumadas en pasta con huevo duro, los calamares poco empanados con una fritura perfecta y coronando el humus aceite de oliva, maní y especias que hicieron un festín a nuestros paladares. Y como si fuese poco la panera vino con todo tipo de panes crocantes que funciono perfecto para acompañar el humus y la pasta de berenjena. Todo estuvo delicioso, nada podía estar mejor, brindis con Goldstar helada, atardecer en nuestras narices sobre el mediterráneo y una perfecta bienvenida a tierra santa. Para hacer un poco de digestión nos fuimos a la playa a tirarnos un rato disfrutando lo que quedaba del día y aprovechar para hacer una mini siesta reparadora. Por la noche salimos a caminar sobre la rambla que se encontraba enfrente del hotel y que recorría toda la costa de punta a punta. Los paradores de playa durante el día se transformaban en pintorescos restaurantes por la noche con todas las mesas volcadas en la arena, faroles iluminando el espacio, le mar golpeado de costado y el clima templado acompañando que nunca bajaba los 30 grados.  Me llamó la atención a ver cantidad de gente joven haciendo deportes incluso por la noche, corriendo, andando en bici, rollers, utilizando los aparatos de gimnasios públicos, o incluso jugando hasta altas horas al volley o futbol tenis en las canchas sobre la playa que permanecían iluminadas. Después del largo paseo regresamos para el hotel a dormir y descansar que al otro día nos quedaba mucho por caminar y visitar.

Nos levantamos a las nueve para aprovechar el desayuno del hotel y partir así hacia el Museo de la Diáspora, ubicado dentro del campus de la Universidad de Tel Aviv. Beth Hatefutsoth (“Casa de las Diásporas en hebreo) es un museo de historia y antropología dedicado a las comunidades judías dispersas por el mundo y su identidad continuidad  desde hace 2.000 años. El museo fue creado en 1978 y posee una exposición permanente, algunas temporarias, un centro educativo y otro dedicado a estudiar el folklore judío. También un centro de documentación y preservación de la memoria de las comunidades, familias e individuos judíos que fueron asesinados o perecieron en incidentes o atentados; documenta también la historia, las diferentes genealogías, la vida y la creatividad judía en la Diáspora. Fue interesante acceder a este museo como punto de partida para aprender aún más sobre todo lo que tuvo que pasar la comunidad desde su primer exilio de la tierra santa hasta su reconstitución en el último siglo. Se puede ir leyendo la historia sobre los diferentes exilios mientras los imperios invadían y destruían no solo los templos religiosos sino ciudades enteras, haciendo el exilio la única vía de escape posible para los pueblos. Luego aparecen representadas las diferentes costumbres y modos de vida de la comunidad judía a lo largo de los años, centrándose en la importancia de la familia y sus tradiciones. Continuando con la exposición se van mostrando donde fueron a asentarse la mayoría de las comunidades luego del exilio, siendo Europa el mayor destino y parte de Asia como segundo en importancia. Durante siglos las comunidades se fueron estableciendo generando así nuevas ramificaciones de lo que consistía el judaísmo y armando diferentes corrientes como son la Sefardí (Comunidades de los países latinos europeos) o la Eskenazi (Países Norte Europeo) entre otras. Con el importante logro de la formación de la Republica de Israel en 1947, se creó el movimiento Sionista para reconfigurar todas las ramificaciones de la comunidad judía que se habían formado para darle un carácter y orden en su vuelta a la tierra prometida. Toda esta historia es la que se puede ir observando a traes de los pabellones que se van recorriendo, con una excelente presentación que hacen a uno poder entender en línea cronológica los diferentes sucesos que acontecieron y como fueron unificándose para el regreso a Sion junto con la refundición del idioma hebreo. En un momento te cruzas con una columna invertida inmensa que cuelga del techo y atraviesa dos pisos como memorial de todos los judíos asesinados en el holocausto. Se te atraviesa un nudo en la garganta cuando recorres las secciones donde recuerdan todo lo que tuvieron que atravesar y sufrir en la segunda guerra mundial con la irracional y estúpida matanza indiscriminada a manos de los nazis. Para terminar con la muestra, se exponen obras de arte de la comunidad con pinturas y esculturas de diversas épocas así como también relatos sobre historias de vida. Un recorrido de dos horas que nos absorbió por completo, sintiendo a flor de piel toda esta historia por más de cinco mil años y que hoy cuenta con este museo para recordar y documentar las vicisitudes del pueblo judío entre las naciones, así como su religión, cultura y sociedad. A la salida nos fuimos a recorrer el centro de la ciudad pasando por la plaza donde se encuentra la Municipalidad, la casa donde se firmó la independencia, la Torre Shalom  y la Gran Sinagoga. Hicimos un stop para almorzar en un resto que quedaba sobre la avenida Roschild (donde se encuentran los bares y restos) y de paso bancar un poco el calor que a esa hora del mediodía bordeaba los 40°. El itinerario seguía con lo que a mí respecta, una de las cosas que más disfruto de recorrer las ciudades, el clásico mercado-feria. En este caso caminamos unas cuadras para llegar así al Carmel Market, mercado a cielo abierto con más de diez cuadras (ida y vuelta) para deleitarse y encontrar todo lo que uno quiera. Tiene un sector que solo abre los martes y viernes donde se montan cientos de puestos vendiendo todo tipo de artesanías y arte callejero para poder llevarse los mejores recuerdos, mientras que el otro sector abre diariamente y cuenta con todos los puestos de comida, verdura, frutas, dulces e indumentaria típica israelí. Allí nos sumergimos entre todas las tiendas viendo como el arte de comerciar afloraba a voz de los personajes que nos cruzamos queriéndonos vender desde rabanito, dátiles o perejil hasta las narguilas para fumar tabaco, y desde el otro punto de vista todas las personas desesperadas por llegar a tener todas sus provisiones antes del shabat. Me encanta caminar y caminar todas esas cuadras de los mercados absorbiendo los olores, ruidos, sabores y costumbres de la gente a medida que uno va como espectador de todo lo que le ocurre alrededor. Ya que iba a tener que ingresar a muchos templos judíos y como un lindo primer suvenir mi vieja me compró una linda kipá que me iba a acompañar por todo el viaje. Lindo paseo nos mandamos por el mercado visitándolo en toda su extensión y con un par de suvenires en los bolsillos. De ahí nos fuimos directamente a Old Jaffa nuevamente ya que nos había quedado pendiente entrar a conocer la Iglesia de San Pedro y terminar de recorrer la colina. La iglesia estaba casi vacía asique pudimos quedarnos un rato largo apreciando los lujosos vitreaux a sus costados y la pintura sobre el ala central por encima del altar que refleja la aparición de Dios a San Pedro. Cuenta también con un monasterio continuo a la iglesia que hoy en día lo ocupan los franciscanos como sede también del vaticano. A la salida te podes encontrar con la plaza central donde hoy varios puestos que venden suvenires de cualquier religión que quieras, una fuente divertida llena de animales representados escupiendo agua y una plaza elevada que ofrece las mejores perspectivas por la tarde. Nos fuimos a recorrer la plaza para poder tomar lindas panorámicas de todos los ángulos, cruzándola por un llamado Puente de los Deseos hasta acceder al punto más alto de la colina desde donde contemplamos un descenso del sol al mar en su máxima perfección. Pudimos ver también un arco representado como el Arco de la Paz ya que cuenta con varios simbolismos de diferentes religiones y que hace alusión a la coexistencia de los individuos más allá de las creencias religiosas. Todo un disfrute quedarnos sentados por más de una hora mientras charlábamos y veíamos un perfecto atardecer sobre nuestros ojos, donde todo pasa por el mero hecho de la contemplación absoluta del momento. Por la noche regresamos al hotel, nos cambiamos y nos fuimos directo a comer a uno de esos restaurantes sobre la playa para cerrar el día. Esta vez salieron unas ricas ensaladas, crocante pan de pita y dos cervezas de medio litro bien frías para brindar. La perlita de la noche sucedió cuando volvíamos al hotel después de cenar, que una chica me paro sobre la rambla para pedirme el teléfono ya que su hermana me quería conocer (dicho sea de paso estaba a dos metros con sus mama y su tía) y en donde todo el periplo termino con mi vieja hablando con la chica y la mama de ella diciéndole que su hija era buen partido para mí (como queriéndola enganchar) y yo hablando con la tía y la hermana sobre el viaje que estaba haciendo. Muy cómico y divertido, como si fuese un corto sacado de un sketch, terminando todos intercambiando teléfonos, Facebook y contactos.

El sábado la ciudad amaneció vacía ya que todos en shabat descansan (como si fuese nuestro domingo) y dedican el tiempo para pasar en familia dentro de sus casas. Nosotros aprovechamos para ir al Museo de Arte de Tel Aviv ya que mi vieja quería ir a ver algunas obras que estaban en exposición y de paso ver algo de arte moderno israelí que también se estaba exponiendo. Este complejo se encuentra cerca del Palacio de Justicia y la Casa de Gobierno, sobre el centro de la ciudad, y cuenta con dos grandes edificios, uno para las exposiciones permanentes y el otro para las temporarias. Las primeras salas que fuimos a visitar mostraban fotos profesionales en gran tamaño sobre diferentes aspectos de Israel; lugares despoblados, territorios en conflicto, escenas cotidianas, costumbres familiares & religiosas y una serie retratos de la vida en cada ciudad. Continua a esta sala proseguimos a entrar en el mundo del arte clásico, con pinturas de los más renombrados artistas como Chagall, Miró, Picasso, Klimt, Renoir, etc. Creo que no tengo la capacidad ni el conocimiento para disfrutar de estas obras de arte por lo que mucho no llaman mi atención pero en el caso de mi vieja le fascinan asique quedo contenta después de ver todas estas pinturas valiosísimas. Seguimos al otro modulo, con las muestras de arte moderno a nuestro merced para dejarse llevar por ese delicado arte que subyace entre lo que para alguien que no entiendo puede ser una tela roja tirada en el piso con vasos de plástico encima o para los entendidos el más puro arte moderno. En lo personal, el arte moderno me es más difícil de apreciar que el clásico ya que por lo menos en este último tenes una pintura enfrente que podes ver y tocar, mientras que le moderno tenes que tener mucha “imaginación” para asociar lo que ves con arte (salvo el museo de arte de moderno de Oslo que te caes de culo con las exposiciones que tiene). De todas formas pudimos ver varias secciones con esculturas, audiovisuales, formas y demás estructuras que nos nutrieron aún más el intelecto soft artístico. Con el mismo ticket que compramos teníamos acceso al Museo de Helena Rubinstein, como estaba a unas cuadras nos subimos al auto y fuimos para ahí. Constaba de dos pabellones con un arte moderno medio raro también, una parte con recortes de materiales y estructuras armadas y en otro sector toda una secuencia de tortura a una persona en forma de ficción. Mucho no entendíamos a que iba o como se concatenaban ambas muestras pero ahí estaban, no había nadie en todo el recinto así que pudimos recorrerlos tranquilos. Lo que sí estuvo muy bueno fue un documental sobre una ferretería familiar de tel aviv donde el hijo del dueño decía mostraba su lado artístico como la hermana a la hora de querer pintar, y el padre (de unos setenta años) había dedicado toda la vida al oficio de las herramientas y chatarras. Me hizo emocionar desde un costado profundo, ya que me retrotrajo unos veinticinco años al pensar en ese taller de San Martin donde junto a mi abuelo pasábamos interminables horas arreglando todo tipo de fierros, chatarras o simplemente creando cosas, con una pasión incomparable. Solo ese recuerdo me pagó la visita al Museo, asique después de dar unas vueltas más salimos para el calor de la calle en busca del auto con dirección al último destino antes de ir a la playa, la casa de Ben Gurion. Este personaje tan importante para el pueblo judío y que da nombre a calles, plazas, avenidas, aeropuertos y casi todo lo que te cruzas en el país, fue entre otras cosas líder sionista, periodista, sindicalista, político y para redondear primer ministro israelí en dos oportunidades. Con su particular imagen a lo Larry de los Tres Chiflados, éste prócer contemporáneo supo ser uno de los principales mentores del nuevo Estado Judío y quien proclamó el 14 de Mayo de 1947 la independencia del Estado de Israel. Con una historia digna de leer su biografía, fue una persona destacada dentro de la comunidad no solo por su aporte político sino por su lucha por el pueblo judío y su forma de vivir. La casa que aún se mantiene en pie, es un claro ejemplo de cómo vivió este hombre y el mensaje que quería transmitir. Durante más de 35 años esta casa albergo a Ben Gurion y su familia, con la modestia y humildad que solo los grandes pueden tener. De afuera la casa parece como cualquiera, dos plantas, pequeño parque adelante con una construcción en piedra granito de color crema que no llama para nada la atención. Ni bien entras en la planta baja, se puede ver el living con toda la decoración y retratos de su familia de forma intacta, tal como su escritorio que se encuentra en la parte posterior. En el pasillo que conecta ambos ambientes están colgados infinitos cuadros con las fotografías de él con todas las personalidades políticas y científicas de su época como J.F. Kennedy, Churchill, Einstein, embajadores y presidentes de todo el mundo. Todo está intacto y tal cual quedó la casa desde el momento que se deshabito, impresiona ver la humildad y lo simple que vivían en ese tiempo. En la parte superior están dos dormitorios con los muebles de esos años y la inmensa biblioteca que contiene los más de 20.000 libros que tenía en su posesión. Impresionante todos los estantes repletos de libros, rotulados y ordenados por sección donde toda la historia, filosófica, arte y cultura mundial quedaban plasmados en esos tomos. Acérrimo lector, pasaba larga horas estudiando y leyendo de cualquier enciclopedia como quien hoy se pasase todo el día en google, aprendiendo de todo. Cuando veo estas cosas siempre me llevan a pensar en la política actual, que será lo que tiene el poder que hace a uno transformarse y querer vivir como dioses, son pocos los que tienen la grandeza de no cambiar con el poder y seguir teniendo la misma humildad, costumbres y rutinas que cuando uno es desconocido. Divertido personaje que pude interiorizarme más sobre su vida y que con sus hechos que produjeron uno de los acontecimientos más destacados del siglo XX a nivel mundial. Y como tuvimos tanta suerte que la casa quedaba a la vuelta del hotel, casi ni perdimos tiempo en cambiarnos velozmente y así dar por cerrado el día culturas para dar comienzo al relax de la playa. Había leído que el lugar con más onda para ir era Gordon Beach y al darme cuenta en google maps que también quedaba enfrente del hotel no hicimos más que cruzar la costanera con bolso en manos para pasarnos unas largas horas disfrutando del mar y la arena. Sinceramente me sorprendió sobremanera la onda que tiene Tel Avivi y en particular sus playas junto a la costa, lleno de gente por todos lados, los paradores repletos, todos los hoteles con sus reposeras y gacebos privados,  cantidad de jóvenes haciendo todo tipo de deportes playeros o acuáticos y con el mar Mediterráneo a una temperatura ideal. Nos tiramos a tomar sol mientras pasaba la tarde, complementado con lectura, música y charlas diversas sobre todo lo que habíamos transitado hasta el momento. El sol empezó a caer cerca de las siete de la tarde mientras la gente todavía seguía en la playa a puro ritmo, nadie quería desperdiciar lo que quedaba del día y todos esperando la puesta final. Como esos lienzos pintados por artistas, el macizo rojo empezó a caer velozmente hasta posarse por detrás del horizonte dándonos otro atardecer fabuloso para nuestras retinas y una despedida perfecta a nuestro primer destino israelí. Por la noche y para brindar por un buen comienzo, nos fuimos a comer el primer (de unos ciento y pico más o menos) falafel a un chiringuito que nos recomendaron en la zona cerca al Old Jaffa, el cual no le quedaba para nada chico el nombre del puestito que se apodaba “Israel Best Falafel”. Comimos con la vieja en una placita sobre la calle, disfrutando del clima agradable, con una cerveza helada en mano y en la otra un exquisito falafel con humus, verduras y tahini (salsa típica israelí como el humus pero más liquida). Después nos fuimos a recorrer el barrio que tenía algunos bares y restaurantes bohemios como nuestro San Telmo y dar un paseo por sus calles. Pasamos tres días completos visitando todo lo que la capital tenía para ofrecernos y con mucha expectativa por lo que se venía, la Israel histórica-religiosa.

Teníamos por delante un poco más de 60 kilómetros por hacer para llegar a nuestro próximo destino, Haifa, pero en Israel atravesar esa distancia supone pasar por muchos lugares, varios de ellos históricos, asique fuimos parando en los pueblitos que quedaban de paso para conocer un poco más. Tomando la ruta 90 en dirección al norte, siempre bordeando el mar mediterráneo a nuestra izquierda, se llega en unos minutos desde Tel Aviv a Herzliya. Nombre atribuido  a Theodor Herzl quien fue uno de los padres del sionismo moderno con un aporte singular para la reconstitución de la república.  La ciudad es bastante chica y se usa generalmente como lugar de veraneo ya que cuenta con varias zonas residenciales cerca del mar y grandes hoteles cinco estrellas sobre la costa. Fuimos paseando un poco sobre la rambla y después nos metimos en unas cuevas que están dentro de los acantilados que bordean las playas ya que en una de estas se construyó una especie de vivienda sobre rocas que prestó como escenografía para varias películas de Hollywood, como ser la última de “Mad Max”. El calor galopante no te dejaba estar mucho al sol si no es que estabas en la playa asique seguimos camino en ruta para el siguiente pueblo, Nettanya. Si Tel Aviv es la Miami ochentosa, esta ciudad vendría a ser la Miami Moderna, impresionante costa con hoteles y rascacielos híper modernos mirando al mar. Claramente la inversión fuerte en viviendas y hoteles se está llevando a cabo en esta ciudad y mi interrogante fue pensar donde estaría toda la gente que fuese a vivir ahí porque daba la impresión que el 90% de esos apartamentos tenían origen en inversiones extranjeras, al estilo Puerto Madero. Por la costanera llegamos a la plaza central y bajamos para recorrer un poco el centro y sus calles. En la playa había unos paradores a tope, muy copados y llenos de gente que disfrutaba del día, enfrente un anfiteatro bastante grande donde se daban conciertos y presentaciones en el año a cielo abierto. La plaza tiene una fuente de gran tamaño y a su alrededor varios comercios para poder comer o ir de compras. Nos quedamos tomando algo en un banquito a la sombra mientras íbamos compartiendo las distintas impresiones que nos daban aquellos lugares. Luego seguimos camino por la misma autopista más para el norte, unos quince kilómetros más hasta llegar a Cesárea, capital del antiguo imperio romano en medio oriente. Esta ciudad fue construida en honor al emperador Cesar Augusto, en tiempos de Cristo, y fue desde donde gobernó Poncio Pilatos la región. Entramos por el lado sur de la ciudad y fuimos recorriendo al principio una serie de industrias que están emplazadas frente al mar hasta llegar al Parque Nacional Arqueológico donde hoy en día se pueden visitar antiguas ruinas romanas, bizantinas y de las cruzadas. Decidimos no entrar ya que Turquía había sido suficiente en lo que respeta a ver ruinas, pero si pasamos a ver un acueducto de aquella época, todavía en pie, junto a una playa desolada. Nos quedamos un rato apreciando la hermosa vista del mediterráneo y en mi caso indagándole a mi vieja datos sobre la historia de aquella época (Convengamos que mi vieja es una enciclopedia abierta en lo que respecta a historia y religión pero además teníamos el lujo de contar con la Lonely Planet para empacharnos de datos e información por completo). Hoy esta ciudad además de contar con las ruinas, es famosa por la cantidad de barrios privados residenciales con lujosas canchas de golf que albergan la más alta aristocracia israelí. Digamos que armaron como un Nordelta frente al mediterráneo donde pudimos entrar con el auto y pasear por estos barrios con mansiones y autos de lujo a todo tope. Por esas manzanas nos encontramos con el importante Museo Ralli (Hay cuatro en el mundo Punta del Este, Cesárea, Marbella y Santiago Chile) pero desafortunadamente estaba cerrado asique nos quedamos con las ganas de pasar a visitarlo. Fin de las visitas de ruta, ahora si seguimos directo unos treinta kilómetros más con el mar siempre custodiándonos a nuestra izquierda y un paisaje urbano a nuestro alrededor hasta llegar a Haiffa. Se pueden ver unos edificios muy modernos a la entrada de la ciudad ya que acá se radican todas las empresas tech de Israel y es desde donde se llevan a cabo las investigaciones y desarrollos. Continuando por la arteria principal ves elevándose a tu derecha el Monte Carmelo, con una historia bíblica de mucha significación y lugares religiosos para visitar. Finalmente te encontráis con un solemne puerto, actualmente el más grande de Israel, en el cual las grúas, conteiner, barcos y camiones le ganan la pulseada al paisaje del mediterráneo. Alquilamos un lindo studio cerca de la zona del puerto, buena ubicación, para quedarnos tres noches ya que había muchos lugares para recorrer. Nos acomodamos en el departamento que resultó ser bastante espacioso y nos quedamos un rato descansando mientras hacíamos las reservas de los hoteles en los próximos destinos que teníamos. El día se estaba apagando pero no teníamos pensado dejar pasar la oportunidad de ver otro atardecer más, asique nos cambiamos y salimos a visitar los auténticos Jardines Bahaí que pese a saber que estaban cerrados, ofrecían una de las más lindas vistas de la ciudad. A una cuadra del hotel salía el funicular que te subía hasta el monte Carmelo, vendría hacer como un subte en subida ya que el funicular va todo bajo tierra y cuenta con cuatro paradas en el medio. Una vez que bajamos en la última estación, salimos directo a lo que vendría a hacer el centro del monte con todos los comercios y zonas de vivienda alrededor. Desde este punto se puede ir bordeando el monte con toda la vista al puerto y al mediterráneo desde Louis Promenade, una rambla de 400 metros que te regala las mejores panorámicas de la ciudad. Al final de ésta llegamos a la entrada de los jardines, a pesar de que no pudimos entrar solo basto con contemplarlos desde el punto más alto, para darme cuenta que estaba en presencia en lo que para mí es una de las más hermosas obras de arte entre la arquitectura y el paisajismo. Todos los balcones escalonados en serie con una perfección en los detalles y diseños que abruman, me dejaron a los Jardines de Versalles en el segundo de preferencia. No entendía muy bien como habían hecho para construir ese espectáculo de paisaje sobre la ladera de un monte, pero no importaba mucho ya que lo único que supimos hacer fue dejarnos coquetear y engalanar por tremenda belleza mientras el esférico rojizo se iba escondiendo por el horizonte y frente a nosotros empezaba a asomar una luna curiosa completándose así otro atardecer de ensueño. No salía de mi estupefacto frente a lo que veía, y seguía con las manos en los barrotes como quien no quiere irse de algo que disfruta ver, pero como íbamos a volver al otro día para recorrerlos por dentro dejé de lado mi fascinación y nos encaminamos de vuelta para bajar e ir a cenar. Y como si fuese poco lo que acabamos de ver, mientras volvíamos por la Promenade nos chocamos con una luna de una tamaño que jamás en mi vida había visto y con un color naranja que me dejó tonto, con bronca porque no podía obtener ni siquiera un foto que se asemeje al 1% de lo que estaba viendo asique solo me relaje con la vieja y disfrutamos de espiarla. Regresando por el funicular hasta la anteúltima parada, nos dirigimos hacia el barrio alemán que quedaba en el corazón de la ciudad y donde se comentaban que estaban los mejores restaurantes. Así fue, toda una avenida principal con muchos restos en ambas manos, con todo tipo de comidas y muy vistosos. El ganador de nuestra elección fue Fattoush, un resto decorado excelente tipo medio oriente y con una comida sensacional. Pedimos humus con aceite de oliva y hongos (una locura), ensalada de pollo teriyaki muy sabrosa y otra de berenjenas y verduras. Toda la cena exquisita y con nuestra felicidad elevada brindamos otra vez con nuestras clásicas cervecitas heladas.

Haiffa de Jardín

Día que arrancaba con mucho para visitar y aprender, como estábamos en un apart nos hicimos nuestro propio desayuno casero y con algunas calorías cargadas partimos. Lo primero que teníamos en el programa era nuevamente los Jardines, pero esta vez apreciarlos desde adentro y poder conocer la historia de tremendo lugar. Las ansias nos ganaron ya que llegamos una hora antes de que comience el tour en ingles con guía que tiene por el cual era la única forma de acceso. No teníamos estrés ni apuro asique aprovechamos para sacar algunas panorámicas desde la entrada a la altura y relajarnos a la sombra en el parque de la Promenade ya que el calor estaba fuerte al mediodía. Mientras esperábamos vi llegar a unos veinte chicos vestidos de oficiales o cadetes del ejército, que entre risas y chistes se quedaron tomando unos refrescos que habían llevado unos oficiales de mando. Me intrigó ver esas caras tan jóvenes con vestimenta militar así que me fui hasta un grupito reducido de tres chicos y dos chicas para preguntarles que es lo que hacían. Resulta que formaban parte de una academia pre-militar donde podes optar participar mientras haces el secundario. Los chicos tenían entre 15-17 años y estaban haciendo una rutina de la academia con los supervisores que tenían a cargo. Indagando un poco más me terminaron de contar bien cómo funciona el servicio militar en el país; cuando terminan el colegio todos tiene que hacer tres años obligatorios en la milicia (hombres y mujeres) ya que los preparan para cualquier enfrentamiento militar. Después de éstos, si vos optas por seguir en la milicia podes hacer la carrera completa que te lleva seis años más aunque igualmente podes optar por estudiar alguna carrera de grado al mismo tiempo. Lo que hace el gobierno es darle una enseñanza militar obligatoria importante a todos ya que al estar en una zona bélica y con varios países enemistados por diferentes  razones, las chances de la guerra siempre están golpeando la puerta. No solo eso, sino que casi todos los impuestos que se les retienen a los trabajadores en Israel la mayoría van a parar a seguridad. Desde mi punto de vista siempre encuentro absurdo y estúpido monto que los países gastan anualmente en armamento y gastos militares con tantas necesidades insatisfechas en el mundo, pero desde el pensamiento infrahumano que hoy se vive en relación a las guerras y al poderío militar, y con la historia de Israel, se entiende porque lo hacen. En fin, la charla con los chiquillos fue divertida y pude conocer un poco más de fondo algunas cosas del país, mientras nos saludábamos entre gritos de Messi, boca y que los invite a la argentina alguna vez a comer asado. Con el tiempo casi justo llegamos a la entrada lateral de los jardines donde después de pasar una inspección y escuchar algunas normas del lugar dimos comienzo a su recorrido mientras un guía nos iba contando (sin muchas ganas) la historia de los Baháí. Es una religión monoteísta cuyos fieles siguen las enseñanzas de Bahá’u’lláh, su profeta y fundador, a quien consideran la Manifestación de Dios para la época actual (vendría a ser como el mesías de las demás religiones). Los principios centrales de la Fe Baháí se resumen en tres unidades: la unidad de Dios, la unidad de la humanidad y la unidad de la religión como una serie de revelaciones sucesivas. El creador de esta rama fue tomado prisionero por el imperio otomano y dirigido a una cárcel en la base de Haiffa, y fue desde ahí cuando vio el monte Carmelo que lo consideró como el lugar sagrado para establecer su lugar de culto. Hoy en día además de los jardines, están emplazados varios establecimientos de la comunidad y por sobretodo se encuentra en el centro el templo de cúpula dorada donde yacen los restos de Bab. Los jardines están diseñados en nueve círculos que parecen ondas que se propagan desde el templo, en el centro, ayudando así al ojo y al corazón a centrarse en el núcleo mismo. Las plantas se combinan con trabajos forjados en hierro y piedra, que junto con fuentes y amplias extensiones de césped crean una imagen de particular belleza. Sinceramente todo el descenso hasta la base del monte fue de un disfrute increíble con lo que estábamos viendo y como dije antes, nunca había vista tremenda obra de arte en jardines y paisajismo, muy recomendable de visitar.  Al terminar la excursión fuimos de vuelta para el hotel a buscar el auto y así continuar recorrido por todos los demás lugares que teníamos apuntados, pero antes hicimos tiempo para ya nuestro clásico falafel callejero (delicioso). Ya en el auto con el aire acondicionado apaciguando el calor, nos fuimos nuevamente arriba del monte en este caso a visitar la iglesia de las carmelitas descalzas y un mirador sobre toda la ciudad. Esta orden nació a mediados del siglo XVI a manos de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz quienes decidieron hacer una reforma en la orden religiosa creando un convento para educar y retornar a la vida centrada de Dios en la sencillez y pobreza. El lugar elegido fue el Monte Carmelo ya que querían representar lo mismo que Profeta Elías, quien pasó su última etapa de vida en este lugar. La iglesia se encuentra construida sobre la ladera y contiene una cueva donde se supone vivió por un tiempo Elías, hoy conserva un altar con la imagen de María. Continuo a ésta aparece el convento y monasterio de las carmelitas al cual no se puede entrar ni visitar, y enfrente de este predio esta uno de los mejores miradores para obtener las mejores panorámicas de toda la ciudad en su extensión de sur a norte. Antes de seguir con el recorrido mi vieja quería ir a ver un parque con unas esculturas de no sé quién pero que parecía interesante, lo complejo fue llegar ya que estuvimos casi una hora dando vueltas por todo el monte, hasta que dimos con ese pequeño parque. Nos adelantamos después unas cuadras para llegar a la histórica y bíblica cueva de Elías. Este lugar representa lo que fue hace miles de años la casa donde habitó y profeso Elías al pueblo judío, mención que tiene importancia en el Antiguo Testamento. Cuando llegamos nos encontramos con varias familias festejando o celebrando alguna ceremonia de la comunidad, varias mesas con todo tipo de comida judía y niños corriendo y jugando por todo el lugar. Me sorprendió pero entendí que además de utilizarlo como lugar histórico de visita, se supone que también está abierto al público para festejar las ceremonias. Dentro de lo que en sí es la cueva, hoy en día está convertida como si fuese una sinagoga para oficiar un lugar de oración (separados los hombres de las mujeres). Había poca gente asique pudimos visitarlo tranquilos observando todos los libros y escrituras que había (cada uno de su lado) y de yapa a último momento presenciamos dentro una ceremonia en la que le cortaban un mechón a un chico de dos o tres años con todos los familiares alrededor cantando y celebrando (sinceramente no se a que se debía). Cumplido con todos los checks del día y muy contento por haber aprendido toda la historia de ese histórico monte y lugar, nos fuimos a pasar las últimas horas del día a la playa y descansar del calor y las largas caminatas. La playa se encontraba enfrente del polo tecnológico a la entrada de la ciudad y era de gran extensión con similitud a las de Tel Avivi, asique descanso merecido con siesta de por medio, chapuzón en el mar, lectura y música fueron los platos elegidos de lo que restaba del día. Y para ponerle la frutilla del postre al día, el gigante rojizo empezó a bajar con furia, como una bola de plomo en lava hirviendo fundiéndose en ese mar calmo que lo esperaba sin inquietarse. Ese espectáculo duro solo unos segundos hasta que se terminó por fundir en lo profundo del mar, pero por el contrario duró varios minutos más rondando en mi cabeza donde pensaba para adentro, Alguna vez me cansaré de ver estos hermosos atardeceres? Y para felicidad de mi ser mi respuesta fue NO, no creo que jamás me canse de ver este espectáculo de la naturaleza que tengo el privilegio en la vida de poder apreciarlo por todo el mundo. Sin dudas me siento una persona agradecida por todo lo que me pasa y por seguir coleccionando en la vitrina de mí retina estas obras de arte naturales. Otro día a cuestas que terminábamos de la mejor manera, quedó solamente darnos una ducha e ir a cenar cerca del departamento algo rápido. Elegimos un barcito que estaba a la vuelta del complejo y con unos bocadillos con cerveza de por medio fuimos repasando todo lo que habíamos visto en el día y las cosas que a cada uno nos había dejado como sensación o aprendizaje. En un momento fui al baño y cuando vuelvo veo a mi vieja hablando con las dos chicas que estaban en la mesa de al lado, resulta que nos escucharon hablar en español y le preguntaron a mi vieja si éramos de España. Lo cómico fue que nos quedamos charlando después muchísimo con ellas dos, y como nos enteramos después de muchas otras chicas, muchas israelís saben hablar bastante bien español sin haber ido nunca a una clase de idiomas, el motivo? Todas las telenovelas de cris morena que se vieron desde chiquitas, y de las cuales fueron fanáticas, por lo que aprendieron solo de la tele a hablar (y bastante bien) español. Charlamos un largo rato acerca de todo, me preguntaron mucho sobre mi viaje y como había decidido a hacer eso mientras las caras se les transformaban en envidia sana, y de mi lado las indague por todos lados para que me contasen más a fondo las costumbres, vida cotidiana y demás información de la vida por allá. Linda forma de cerrar el día, donde siempre uno puede sorprenderse y aprender de lo que lo rodea.

Comenzaba un nuevo día con mucho por visitar y aprender por delante, manejando una media hora en dirección al norte llegamos cerca de las diez de la mañana a Acre o “Akka” en hebreo. Ciudad con tremenda historia si las hay, es una de las más antiguas del mundo fundado en el año 1.500 a.c. Paso a través de sus largos siglos por diferentes manos según el imperio de turno que estaba controlando estas tierras, pero tuvo su particular importancia durante las tres cruzadas que se llevaron a cabo a tierra santa en busca de la recuperación del territorio que estaba en manos de los árabes (conquistada por el imperio musulmán en el siglo XVII). Hoy en día cuenta con una ciudad moderna portuaria y a su vez con el casco histórico, que está dentro de una muralla, donde se pueden encontrar todos los vestigios y huellas de las civilizaciones que pasaron por allí. Lo primero que fuimos a recorrer fue la antigua Citadela de los Cruzados, es un complejo extenso donde se llevaron en los últimos cien años grandes excavaciones y descubrimientos sobre la ciudad que montaron los cruzados cuando la conquistaron. A raíz de grandes inversiones, pudieron reconstruir de forma increíble todas aquellas estructuras y complejos haciéndola hoy en día un museo impresionante e interactivo sobre la vida e historia de aquellos años. Se puede ir avanzando entre las antiguas murallas, salas de prisión, hospitales, cementerios, y todas las dependencias subterráneas donde habitaban los cruzados en tiempos de conquistas, aprendiendo a cada paso las batallas que sucedieron y como se fue cambiando de mano este preciado y pequeño territorio en esos siglos. Este pedazo de tierra era importantísimo para la custodia de tierra santa ya que era la primer entrada desde Europa, tenía uno de los puertos más importantes de la época y era el bastión de defensa más importante para la sagrada Jerusalén que nadie quería perder. La primera cruzada a fines del 1.100 d.c. tuvo victoria sobre los árabes que la volvieron a recuperar de manos de Saladino unos años más tarde. La segunda cruzada a manos de varios reyes europeos fue considerada como un fracaso porque fu debilitándose a medida que iba avanzando y luchando con el imperio otomano hasta ser derrocada por completa a manos de los árabes. Y recién en la tercera, con Ricardo Corazón de León a la cabeza, los cruzados pudieron tomar Acre nuevamente pero les iba a durar solo unos años hasta que los mameluco, que venía de Egipto, la reconquistaron sumiéndola en tres siglos de decadencia y olvido por completo. Fueron los otomanos quien tomaron el mando de la ciudad a mediados del siglo XVI y la pusieron a funcionar para devolverle el esplendor y carácter que supo tener esta ciudad a lo largo de los siglos. Es interesantísimo hacer todo este recorrido con el audio guía y sumergirse por completo en esta historia fascinante donde un pedazo de tierra se llevó consigo millones de muertes a rastra. Siempre me deja una mezcla de tristeza y fascinación estas guerras interminables sobre posición territorial o poderío, donde pienso si realmente alguna vez esto cambiará o seguirá siendo así por el resto de la historia universal. Antes era con espadas, caballos y por creencias religiosas, hoy es con misiles, drones y por petróleo o creencias religiosas también. En fin, fueron más de dos horas muy atrapantes y con un bagaje histórico territorial asombroso, el cual seguimos recorriendo luego por las calles que hoy en día se mantienen como aquellos tiempos. Todo el trazado del casco histórico esta diagramado con pequeñas calles y pasadizos que solamente te podes guiar por los pequeños carteles que van indicándote los principales establecimientos o preguntándole a algún paisano que te ayude cuando quedaste completamente perdido en una calle sin salida. Te encontras con muchas sectores musulmanes y algunos judíos, y no hace falta nada que te indique como darte cuenta, solamente ver las casa, o personas que van caminando para darte cuenta de las diferencias.  Pasamos por un mercado turco con todos los puestos típicos como el Gran Bazar en Estambul, que nos condujo a la entrada de unos túneles donde todavía quedan los restos de los pasadizos que utilizaban los cruzados para conectarse. Después de ahí nos fuimos a visitar una sinagoga antigua, donde había un rabino que muy gentilmente nos invitó a pasar y junto a otros turistas que estaban, empezó a contar la historia de ese lugar. Todo parecía de película, las calles, las personas que transitaban, la forma en la que se vivía dentro de esas murallas que parecía ser un gran escenario de Hollywood como esos sets de película épica. Donde estábamos caminando y lo que veíamos eran siglos y siglos de civilizaciones convergidos en eso que respirábamos y sentíamos en ese momento, el peso mismo de la historia.  La caminara nos llevó a la parte del puerto desde donde se asomaba el mediterráneo y todo el perfil de la vieja ciudad, un espectáculo de vista y contraste. Volvimos para donde habíamos dejado el auto con casi todos los recovecos visitados, con una gran impresión sobre lo aprendido y para que todo vaya decantando nada mejor que unos exquisitos falafel con humus. Ya habíamos cubierto todo lo que teníamos para ver asique descansamos un rato sobre la sombra mientras comíamos y vimos en la guía si había algo más por ver. Justo leímos una parte de la guía que recomendaba ir a visitar un Kibutz, situado a unos kilómetros de Acre, que contaba con dos museos interesantes para visitar y toda su comunidad. Pero primero quería saber bien que era un Kibutz, asique le pregunte a la enciclopedia viviente de mi vieja que me explicara un poco de que se trataba. El primer Kibutz se fundó a principios del siglo pasado por unos judíos rusos que llegaron a Palestina, con la idea de volver a las raíces del auto sustento como medio para lograr independencia y libertad. De ahí que se empezaron a generar comunidades colectivas que se prestan ayuda entre ellos, trabajan la tierra y buscan el bien común para todos como medio de vida. Tiene varios principios básicos como centralidad del trabajo agrícola, propiedad colectiva, trabajo e insumos propios, salarios igualitarios, decisiones democráticas y judaísmo secular cultural. Estas comunidades hoy tienen carácter propio y están esparcidas por todo Israel, donde se las puede visitar y conocer la historia de sus habitantes. Así fue que nos dirigimos para el Kibutz Beit Lohamei Haghetaot o Ghetto Fighters, donde pasamos a conocer los dos museos que tienen abiertos al público y la comunidad que hoy en día habita en esas hectáreas. El primer museo que entramos está construido como memoria de todos aquellos niños que perdieron la vida durante el holocausto. Impresionante diseño del museo como si fuese un enorme espiral concéntrico hacia abajo donde podes vas pasando por diferentes escenografías con los recuerdos de los millones de niños que murieron durante la segunda guerra mundial y sus historias. Así como también aparecen diferentes relatos de los sobrevivientes que cuentan como hicieron o porque tuvieron la suerte de seguir con vida y poder contarla. La sensibilidad y el escalofrío que te recorre el cuerpo por esos lugares es llamativo, el holocausto es un tema que personalmente me pone muy triste y me genera una mezcla de emociones, bronca, impotencia, tristeza, angustia, incomprensión, llanto. No se procesar ni entender  cómo hace un poco más de cincuenta años ocurrió algo así en este mundo que hoy vivo, las cosas que esta gente tuvo que pasar y sufrir, para quizás tener la bendita suerte de sobrevivir y tener que lidiar con eso toda la vida. La recorrida por todo el museo solo fue en silencio, acompañado de un llanto de emoción mezclado con compasión frente a todo lo que estaba viendo. Interesante museo recordando a los niños y chicos que también fueron víctimas de ese genocidio y que por hoy pueden ser recordados por generaciones venideras. El siguiente museo era bastante más grande y contaba con diferentes pisos y salas para recorrer. Había varias excursiones de escuelas haciendo la visita al mismo tiempo ya que forman parte del programa cultural de los colegios judíos para aprender sobre los lugares y la historia de su gente. La chica de la recepción nos dio un pantallazo general sobre todo lo que íbamos a ver y nos contó, para nuestra sorpresa, que este era el primer museo del mundo rememorando las víctimas del holocausto y que es exclusivamente mantenido por la comunidad del Kibutz. Todo este complejo fue hecho a sangre y sudor de las familias que llevan a cabo esta comunidad y fue loco ver como hace cincuenta años el museo era solo una casa en medio del campo y hoy es un edificio que ocupa varias manzanas. Los pabellones que recorrimos muestran básicamente la cronología de cómo fue la inmigración del pueblo judío en el último siglo y como fue afectado el mismo por las diferentes guerras y holocausto. También hacen una reseña de las diferente comunidades judías en cada país de Europa y como fue el proceso de la diáspora a través de los años. Interesante ya que te nutre más sobre datos históricos o acontecimientos que no sabíamos y algunas muestras del importantísimo valor histórico. Pudimos ver una maqueta a gran escala de uno de los peores campos de concentración que tuvo lugar en Polonia y que hoy guarda toda su sangrienta historia en una sala que visitaban todos los chicos del colegio mientras la profesora explicaba la historia de ese lugar para nunca olvidar. Creo que siempre es importante conocer la historia de uno, de su familia, de su comunidad, de su país, pero siempre pensando en el presente y para adelante. Me daba la impresión los días que había estado en este país que esa era la dirección en que querían apuntar las nuevas generaciones, sabiendo de donde vienen, que fue lo que tuvieron que pasar pero entendiendo que el cambio viene para adelante, con un empuje hacia el futuro y el crecimiento. A la salida del museo todavía procesando todo lo que acabábamos de ver, nos fuimos con el auto a recorrer el kibutz, en el cual nos encontramos con casas bastantes simples entre calles al estilo barrio, grandes cultivos y zonas de trabajo. Todo muy austero y simple como el sentido mismo del kibutz. Volvimos en dirección a Acre para terminar de pasar las horas que quedaban del día en la playa, donde nos deleitamos con otro atardecer y toda la silueta de la vieja ciudad en el horizonte. Todo lo que íbamos viviendo se guardaba en nuestro disco rígido interno mientras se iba procesando y archivando, con muchas cosas importante por delante todavía. Este día cerraba nuestra etapa occidental de Israel ya que al otro día comenzábamos a dirigirnos hacia el este para empezar a cruzar el país, como primer destino Tiberias. Así también abandonábamos la hermosa custodia que nos propinó el mar mediterráneo sobre toda la costa pero que lo dejábamos para volver a encontrarlo en unos días.

Nazaret de Jesús

El nuevo rumbo ahora sería cruzar el país de oeste a este mientras visitábamos algunos destinos que quedaban de camino para seguir nutriéndonos de la rica historia e importancia de estas tierras. La ruta estaba tranquila ya que era día de semana por lo que fuimos relajados por la ruta observando cómo se iba desarrollando el paisaje a medida que avanzábamos. La primera parada iba a ser nada más ni nada menos que Nazaret, aquel pueblo donde según los evangelios Jesús pasó la mayor parte de su vida privada. Esta ciudad se encuentra a unos 10km del Monte Tabor y a unos 25km del mar de galilea,  un tercio de su población es musulmana y el restante cristianos debido a la gran importancia de este lugar  para ellos. En mi cabeza me la imaginaba como una ciudad tranquila, llana, poco bulliciosa y con edificaciones muy antiguas, pero toda es proyección cambio a instante en el que entramos con el auto. Nos confundimos de salida de ruta y entramos por el lado sur de la ciudad por lo que tuvimos que dar varias vueltas hasta poder dar con el centro histórico. Lo primer llamativo fue ver que la toda la ciudad estaba emplazada sobre una colina en donde las calles y los barrios subían y bajaban a medida que vas cruzando el terreno. Se notaba la cultura más bien musulmana ya que todos los comercios brotaban hacia la calle, la gente moviéndose por todos lados y las primeras oraciones del día que empezaban a sonar desde los altoparlantes. Estábamos transitando un buen caos de la mañana y la falta de buena señalización nos hicieron perder un poco por esos recovecos con calles angostas en las que podes quedar quince minutos atrapados con el auto en un tetris de vehículos. Con un par de indicaciones y buena intuición llegamos por fin al old town donde estaba la mayor parte de las atracciones por ver, empezando por la gran Basílica de la Anunciación, lugar donde vivió María al momento en que se enteró que Jesucristo iba a nacer dentro suyo. Voy a aclarar algo ya que es de mera importancia para todo lo que escribiré de los próximos días, TODO absolutamente TODO lo que se data como lugar religioso o donde sucedieron importantes acontecimientos cristianos es un SUPUESTO según las tradiciones y datos de la historia. Pero en fin como nos dijo un guía, nada importa en términos de fe ya que lo sagrada es lo que la gente cree de lo que está viendo según su fe, más allá si es el lugar exacto o no donde sucedieron las cosas. Durante la época de los cruzados, éstos se dedicaron a levantar iglesias y templos cristianos por donde había transitado Jesús, para hacerlos lugar de peregrinación de todos los fieles que necesitaban un lugar como tierra prometida y que ayudase a aumentar la fe. Así fue como durante los tres siglos que duraron las cruzadas se levantaron varios templos en este lugar donde supuestamente estaba la casa que vivía María y la piedra donde tuvo el anuncio del espíritu santo, En cada guerra durante esos trescientos años la iglesia era destruida hasta que con la victoria de los otomanos este lugar quedo desolado y desahabitado. Recién en el siglo XVII los franciscanos tuvieron permiso para volver a levantar una iglesia católica en la que se llevaron a cabo restauraciones y ampliaciones hasta finales del siglo pasado. Cuando llegamos al frente de la basílica nos sorprendió ver lo majestuosa y moderna que era, un gran patio como antesala y unas imponentes puertas de entrada le dan la bienvenida a millones de peregrinos que al visitan año a año. En este patio externo se pueden ver grandes mosaicos sobre la pared sobre la virgen María que fueron donados por diferentes países, siguiendo por todo el perímetro interno y externo del complejo. La estructura interna es muy llamativa y poco convencional para una basílica, tiene una especie de forma pentagonal de dos pisos de altura y un gran hueco en el medio. En la plata baja se puede caminar por toda la extensión de la basílica sin ningún problema, solo hay que mantener silencio y respeto, llegando al fondo donde aparece un altar imponente con Jesús crucificado a media altura y una escalera que desciende a la cripta donde se encuentra la piedra sagrada. Este lugar sería como una cueva, cerrada por una reja, pero que deja a vista del ojo y de la miles de lentes fotográficas que la retratan, una especie de roca donde se dice que pertenecer a los yacimientos de la casa de María cuando recibió la anunciación. Nos quedamos un rato contemplando el lugar mientras el escudo de los muros daba una brisa fresca en el interior y el silencio se apoderaba en la contemplación de los fieles. Después de hacer unas cuantas fotos, nos dirigimos al piso de arriba donde se pueden seguir viendo los mosaicos internacionales, pero también el lugar donde se ofician las misas y ceremonias. En este caso el sector del altar estaba cerrado al público pero pudimos caminar por toda la periferia desde donde pudimos obtener todos los ángulos para sacar buenas fotos. A la salida de este sector nos topamos con unas ruinas que fueron descubiertas en la última restauración y datan de los tiempos de Cristo por lo que se supone que era también el complejo de viviendas en los que Vivian María y José. Tanto a mi vieja como a mí, y como leímos en la guía también, nos dejó una sensación rara ver tremenda estructura moderna construida sobre las antiguas iglesias edificadas ya que no correspondían mucho con el sentido y el lugar, pero bueno es entendible ya que para los cristianos es un lugar como bandera y necesitan la majestuosidad para atraer a los fieles quizás. Conectado a esta basílica, por el lado izquierdo, nos encontramos con la Iglesia de José, donde yacen los restos de lo que fue su casa y lugar de trabajo como carpintero. Llegamos en el mismo momento que comenzaba una misa peor igualmente pudimos entrar y recorrerla como así también las cuevas subterráneas. Con una diferencia abismal entre una y otra, ésta iglesia guardaba una imagen mucho más humilde y convencional peor no por eso menos importante. En la parte inferior pudimos ver algunas tumbas, cisternas y ruinas también de la época y algunas reseñas sobre la vida de José. A la salida de este complejo nos topamos con un mercado árabe, como en toda periferia de las mezquitas, el cual conduce a la próxima parada cristiana mientras te cruzas con todos los puestitos a la calle. Solo caminos unas cuadras hasta que encontramos la sinagoga, devenida en iglesia ortodoxa griega actualmente, donde Jesús asistía a las ceremonias cuando era chico. Se dice que fue en este lugar donde participaba de los cultos judíos durante su crecimiento y donde comenzó a gestar el cambio a través de sus sermones y diálogos con la gente. Así entonces se trazaba el camino en donde hace más de dos mil años el niño Jesús iba de la casa de sus padres al colegio, a la sinagoga y transitaba por estas calles donde empezó a gestarse todo. Creer o no, nadie puede discutir del peso religioso que tiene Nazaret y de su influencia para la era Cristiana. Con todo este bagaje histórico religioso seguimos camino para nuestro próximo destino donde íbamos a hacer base dos noches, Tiberias, a orillas del Mar de Galilea. La ciudad nace desde la ruta sobra la colina y va descendiendo a través de sus calles y barrios hasta las orillas de mar que la bordea en toda su extensión. Barrios residenciales, importantes hoteles sobre la costa y centros comerciales se iban apoderando de los paisajes dando la impresión de ser una ciudad moderna y bastante poblada de la región noreste de Israel. Nos hospedamos en un hotel Leonardo (Cadena de hoteles que están por todo el país) que quedaba frente al mar, hicimos el check in, comimos algo y decidimos darle un break al conocimiento para darle paso al esparcimiento. Así nos fuimos directo a la pileta para darnos un chapuzón y relajarnos con una preciosa siesta a la sombra mientras el día se iba apagando. Habíamos abandonado la costa oeste junto con los imponentes atardeceres, de este lado se podían contemplar los amaneceres por lo que las tardes se podrían aprovechar recorriendo o visitando lugares. Por eso decidimos ir a caminar por la ciudad cuando caía el sol y pasar por la tumba de Maimonides que la teníamos a unas cuadras del hotel. Maimonides fue un judío sefardí muy importante para la comunidad judía, ya que no solo fue un prestigioso medico sino también un hombre de religión implacable que ayudó a la disfunción y transmisión de las tradiciones judías. El memorial esta debajo de una gran estructura metálica roja, como si fuese un cono elevado entrelazado, donde yace la tumba que ofrece como lugar de oración para los que la visitan (separados mujeres de hombres). El lugar estaba un poco descuidado y poco mantenido pero según decía la guía es uno de los lugares más visitados por los judíos en el país. A la salida mi vieja se compró un shofar como recuerdo, consiste de un cuerno que se toca emitiendo un sonido para “despertar a la gente de los pecados antes de la oración”. Luego de este paseo nos fuimos a un centro comercial que quedaba a unos metros para pasear un rato más y en el caso de mi vieja hacer unas compras. Aprovechamos para cenar temprano unos ricos falafel en el patio de comidas y nos fuimos a dormir temprano ya que al otro día nos esperaba un largo día de recorrida.

Tiberias de Galilea

Desayunamos bien temprano en el hotel para juntar calorías ya que se venía un día largo y movido, después nos quedamos hablando con la recepcionista (hablaba en español) que muy gentilmente nos recomendó unos lugares para visitar con las indicaciones pertinentes de cómo llegar en el mapa. Nos subimos al auto para encarar el norte del mar galilea mientras iríamos haciendo las paradas correspondientes para visitar todos los lugares. La primera salida de Tiberias por el lado norte desemboca en el monte Tabgha, allí se encuentra la Iglesia benedictina donde se puede visitar la piedra sobre la cual Jesús realizo uno de sus tantos milagros, al multiplicar los peces y los panes. Se cuenta que Jesús llegó a este lugar con muchos fieles que los seguían y al no haber comida para todos realizo la multiplicación de peces y panes para darle de comer a la gente. Hoy la piedra, de forma irregular, puede ser visitada dentro de una capilla donde también se descubrieron varios mosaicos con pinturas de la escena de la multiplicación. Veíamos varios contingentes de fieles que venían de todo el mundo en tours para seguir todos los rastros de Jesús en tierra santa. A solo unas cuadras de ahí llegamos a la Iglesia del Primado de San Pedro, donde Jesús le comunica que será la cabeza de los Apóstoles (de ahí también porque fue el primero Papa). También se construyó esta nueva iglesia sobre las ruinas de la anterior, de forma muy austera con un altar modesto enfrente y sencillos frescos a los costados. A la salida de la capilla bajamos hasta la orilla del mar donde se supone también que están las piedras en las que Jesús piso después de caminar sobre el mar y calmar la tempestad (otro milagro). Mucha gente se metía dentro del agua hasta las rodillas como forma de bendición, nosotros nos quedamos contemplando el hermoso paisaje que ofrecía la capilla sobre toda la extensión del mar. Dejamos el monte Tabgha y continuamos hacia uno de los destinos más importantes de la región, donde Jesús pronuncio el famoso Sermón del Monte. Estas profundas frases que los apóstoles recibieron de Jesús fueron inmortalizadas en el Evangelio de San Mateo en las que transmiten radical importancia sobre aquellos que quieran seguir su visión de la vida. Hoy se puede encontrar en este monte sobre la ladera de Galilea, un enorme monasterio junto con una iglesia donde están están inscriptas estas enseñanzas que se transmitieron y parte del sermón sobre tablas clavadas a través del jardín. Muchos fieles acuden a este lugar por su peso en la historia asique se las ingeniaron para construir también un hotel en el complejo para aquellos que quieran quedarse a dormir ahí. Dentro de la iglesia nos topamos con gente muy conmovida y en llanto por lo místico que tenía ese lugar para los cristianos, por nuestra parte recorrimos todo y pudimos aprender un poco más sobre aquel monte tan significante. Dejamos atrás por un rato aquellos lugares tan importantes para el cristianismo donde se llevaron a cabo varios de los milagros que Jesús hizo en vida para adentrarnos en esta oportunidad en el profundo mundo del judaísmo. La próxima parada era Safed o Sfad pronunciado en hebreo, ciudad situada sobre una peña que se eleva novecientos metros sobre la depresión ocupada por el lago de Tiberias. Teníamos interés en ir a visitarla ya que es considerada la ciudad santa judía, centro fundamental para la Kabbalah, donde todos los judíos que quieren ir más allá de la religión acuden a este lugar para estudiar en profundidad el misticismo judío. Llegando por la ruta que va elevándose sobre la colina, empezamos a dilucidar los diferentes complejos que iban apareciendo en nuestra vista, colegios, zonas residenciales, templos y mercados. Lo primero que teníamos pensado ir a ver era un monumento en conmemoración por la lucha de la independencia, en el camino vimos tres chicos en un parada de bus haciendo dedo, y con casi 40° de calor que hacía más que teníamos espacio no dudamos en frenar para llevarlos. Ellos estaban vestidos como casi todos los hombres en este ciudad tan religiosa, típica vestimenta del judío ortodoxo, pantalón negro con camisa blanca, sobre todo negro, los largos rulos de la zona cercana a la oreja y el sombrero en forma circular, iban yendo hacia su colegio y como quedaba de paso los alcanzamos hasta allí. Tenían alrededor de quince años e iban a un colegio de profundo estudio religioso, los que quieren seguir el camino de la Kabbalah deben dedicar gran parte de su vida al estudio religioso. Los atuendos los usan para diferenciarse del judío común, solo es un hecho de importancia que radica en expresar su ferviente creencia y dedicación en la vida como dogma religioso. Interesante fue la conversación ya que conoces una parte diferente de su cultura, por mi parte me chocó un poco ver a chicos de esa edad ya con el destino marcado. Después de dejarlos fuimos hasta la cima de esta colina donde yacen algunas piedras y murallas donde se llevó a cabo una de las batallas contra los libaneses durante la independencia, y de ahí bajamos por una escalera hasta la colonia de artesanos en la que pudimos maravillarnos con las cosas que había. Mientras íbamos descendiendo unos doscientos metros por estas escaleras, nos llamó la atención la cantidad de edificios que aún perduran con las marcas de las balas en sus costados, símbolo del recuerdo y sufrimiento que les llevó lograr la independencia. La colonia de los artesanos es todo un mercado de unas diez cuadras donde aparecen a ambos lados de la calle puestos con todo tipo de artesanías para vender desde pinturas, orfebrería, esculturas, obras de arte, joyas, y mezclados en el medio algunos locales de ropa y comida. Fuimos caminando esas cuadras con la mera admiración de todo lo que veíamos, llegamos justo a un mini complejo de tiendas donde se encontraba el centro de estudios de la Kabbalah y en el cual entramos para que nos expliquen un poco más acerca de esta ciencia. Nos pasaron un video resumiendo cual era la importancia de este estudio donde se busca el analizar los sentidos recónditos de  la Torá y demás libros sagrados judíos. Lo que el Esoterismo es para los Católicos, o el Sufismo para los Musulmanes, la Kabbalah es para los judíos, son esas interpretaciones místicas sobre cada religión donde se le busca el sentido oculto o más profundo de lo que realmente es. Con un poco más de sabiduría en nuestro haber sobre el mundo judío, seguimos camino recorriendo las típicas calles de Safed mientras nos dejábamos envolver por su particular espíritu y ritmo. A nuestro alrededor pasaban todo tipo de personajes, la mayoría devotos religiosos que pasaban sus vidas por estas tierras avocados exclusivamente al estudio. Después de andar bastante, hicimos una parada técnica para comer algo, quedarnos un rato a la sombra y continuar la visita pero esta vez en el auto. A medida que íbamos saliendo hacia la ruta quedaba a nuestras espaldas un hermoso pueblito, místico si los hay, con un aire especial y con toda una forma de vivir muy particular que no se ve en otros lados, una sociedad y cultura especial que vale la pena visitar. Mientras conducíamos de vuelta a Tiberias nuevamente nos hicieron dedo, esta vez tres chicas de quince años que iban de vuelta a sus casas (Pueblo a 400km de ahí) y con las que fuimos charlando largo rato acerca de sus vidas y de las nuestras. Fanáticas también de todas las telenovelas de Cris Morena, nos reímos bastante con la vieja durante el viaje hasta la entrada de Tiberias donde las dejamos, charlando de todo y con varias bromas de por medio. Llegamos al hotel justo antes de que cayera el sol asique no dudamos en disfrutar un par de horas en la pileta, una sesión de jacuzzi y un buen baño reparador. Había sido un día largo, intenso, lleno de cosas y lugares nuevos, pero la energía estaba intacta para irnos a comer unas ensaladas con frías cervezas al puerto y terminar el día charlando acerca de las sensaciones que nos había dejado todo lo vivido.

Este nuevo día lo teníamos como transición para ir del Mar de Galilea hacia el Mar Muerto con varios destinos apuntados para visitar y vivir la loca experiencia de bañarse en estas aguas. Luego del desayuno juntamos todas las cosas en el auto y partimos así por la ruta noventa en dirección al sur, en lo que vendría a ser el lado este del rectángulo diagramado sobre las ciudades de Israel por visitar. A la salida de Tiberias pasamos por una Iglesia dedicada a San Pedro con el altar en forma de bote debido a que éste era pescador, y otra dedicada a María pero lamentablemente estaba cerrada y el sacerdote de la iglesia ortodoxa griega no le cayó muy bien que le toquemos el timbre a las diez de la mañana asique seguimos sin ver ésta última. Las rutas en general estaba en muy buen estado y la señalización es perfecta, las distancias son cortas por lo que un par de horas ya te llevan a cruzar la mitad del país. Una vez que pasamos el mar de galilea el desierto se apoderó del paisaje, con grandes extensiones de cadenas montañosas desérticas, un sol que brillaba con el reflejo sobre la tierra, temperaturas elevadas y absolutamente nada alrededor salvo piedras, rocas y arena. Durante todo el recorrido vas bordeando a tu izquierda la frontera con Jordania, estando la ruta solo a unos pasos del extenso alambrado que separa el territorio israelí del jordano. Nos sorprendió ver después de unos pocos kilómetros hechos un paso fronterizo con custodia militar por todos lados pero que en ningún momento nos pararon ni nos pidieron papeles, pensamos que era solo un acceso de control dentro del país pero luego nos íbamos a dar cuenta del porqué. El camino siguió con la misma proyección sobre nuestras ventanas, mientras nosotros íbamos relajados escuchando música, hablando de todo un poco y disfrutando del camino. Luego de cruzar algunos pueblos paramos en una estación de servicio para ir al baño y comprar algunas provisiones para engañar el estómago. Mi vieja había leído sobre la ciudad de Jericho que quedaba de paso a Almong, pueblo cerca del mar muerto donde íbamos a pasar la noche, asique nos pareció bueno ir a visitarla para hacer tiempo ya que no teníamos ningún plan para ese día y tenía algunas cosas interesantes para ver. Tomamos la salida de Jericho y enfilamos para el centro, las calles y edificaciones que iban asomándose daban forma más de una ciudad musulmana que judía, las media lunas en las cúpulas de las mezquitas ganaban el cielo y el ritmo con que se movía la gente eran más propicio de las ciudades árabes. Pasamos por un castillo que estaba medio abandonado y en la misma dirección llegamos a la plaza central con la típica municipalidad, estación de policía y mercado alrededor. Dejamos estacionado nuestro querido I10 en 45° con todas las valijas adentro y al momento de bajar y caminar unas cuadras sentí algo diferente digamos, varios pares de ojos observándonos detenidamente y la singularidad de ver todas chapas palestinas en los autos. En ese momento creo que le dije a mi vieja, estas segura que estamos en Israel? A lo que su cara de incertidumbre me dieron la respuesta que no sabíamos bien donde estábamos. Por suerte nos topamos con la oficina de turismo en la que nos atendió un chico bastante “fino” dándonos la bienvenida a Palestina y Jericho mientras nuestras caras pasaban de incertidumbre a asombro. Este chico pasó a comentarnos muy gentilmente todas las atracciones que se podían visitar, con varios lugares en los que Jesús estuvo como así también Juan el Bautista. Finalmente salimos a caminar unas cuadras con la extraña sensación de no saber si era seguro andar por ahí con caras de turistas y con casi el único auto de patente israelí pero con la aventura a flor de piel en las venas decidimos ir para adelante. A medida que íbamos caminando sin dirección alguna custodiados por esas miradas penetrantes, la duda e incertidumbre se fue apoderando de nosotros hasta que luego de filmar un gracioso video mezclado con nervios a través de esos mercados decidimos volver al auto y seguir camino para no tentar al destino sobre algo que realmente no sabíamos que podía pasar. Intentamos ir con algunas indicaciones al río Jordania ya que fue el lugar donde Juan el Bautista bautizó a Jesús de grande pero este acceso estaba cerrado por el lado palestino debido a un conflicto desde la década del 60. Nos habíamos metido en una calle que atravesaba el “conurbano” de Jericho en la que terminamos en un basurero sin salida, ahí fue el momento de dejar el “indiana jones” de lado y volver por la ruta principal para seguir camino hacia el Kibutz que habíamos reservado para dormir. Retomamos la ruta que salía de Jericho al mar muestro y al toque llegamos a Almong, un pequeño Kibutz sobre la ladera de una montaña en el desierto como si fuese un oasis. Para seguir con la película en la que veníamos estando, cuando llegamos al Kibutz nos encontramos que estaba rodeado de alambre electrificado y un puesto militar en la entrada, a lo que mi cara se transformó en una mezcla de susto y risas y de mi boca salió: A donde nos metimos vieja? Todo es parte de la aventura, asique seguimos andando y en la entrada corroboramos que realmente ese lugar enjaulado era el Kibutz, nos dieron paso y pasamos a la recepción para hacer el check in. Este Kibutz consta de un complejo de varias manzanas con pequeñas cabañas para hospedarse, una pileta grande con parque de juegos para chicos y unas canchas de futbol y paddle. Humilde, acogedor y sencillo pero con un encanto sin igual. Una vez que dejamos todo en la cabaña me fui a comprar algo para almorzar ya que adentro no había ningún super y solo pude conseguir unas tiendas en medio de la ruta entre los camellos y el desierto a los costados en las que pude comprar unos no tan ricos falafel, algunas papas y gaseosas. Como buena estudiosa que es mi vieja, a mi vuelta con las  provisiones me explico un poco que es lo que habíamos atravesado. Existen hoy en día varios lugares dentro de Israel donde Palestina tiene potestad de territorio y por ende control de la ciudad pero que no son necesarias los cruces de frontera ya que no son zonas de conflicto. Salvo la franja de gaza, las demás zonas palestinas como Jericho, Jerusalén y lo que era la antigua Cisjordania no tiene control de acceso y tanto palestinos como israelís pueden transitar libremente. Me asombré sobremanera sobre este dato y el hecho de estar en esos lugares con toda esa mezcla politicaa, religiosa y social te generan una mezcla de sensaciones que te dejan con el boca abierta. Teníamos un rato más del día después de la lección de historia que aprendimos asique nos fuimos a recorrer los alrededores y ver si podíamos llegar al mar muerto. La sensación de manejar por esa ruta en medio del desierto es increíble, las cadenas montañosas en el horizonte, el viento seco, caliente y salino que te pega en la cara, los camellos por todos los costados y andar a 400 metros bajo el nivel del mar hacen en su conjunto una experiencia inolvidable. Así llegamos a una intersección de la ruta 90 pegada mar muerto donde me saque una foto muy especial para mí ya que es el punto donde se conectan las tres fronteras, Palestina, Israelí y Jordana. Estar en un lugar así en esta época, junto a mi vieja y recorriendo como dos locos aventureros estos lugares fue una emoción de regocijo y felicidad muy grande. No pudimos acceder al mar muerto ya que los balnearios estaban cerrando y nos querían cobrar un disparate de acceso, al otro día teníamos reservado un hotel frente al mar asique decidimos volver para el Kibutz, comer lo que quedaban de snacks ya que no había lugar abierto para comprar comida y darle paso al sueño decantando todas las sensaciones vividas. Se venía uno de los días más importantes de todo el viaje.

Mar bien Muerto

Hará unos quince años estaba junto a mi familia de vacaciones en Punta del Este, donde pasábamos todos los veranos, un día mi vieja por un descuido se esguinza el pie quedándose prácticamente sin poder moverse por veinte días. Fue en ese momento cuando decidió a ir una librería para que le recomienden algunos libros así mataba el tiempo y fue un vendedor el que le recomendó un libro sobre los rollos de Qumran, del mar muerto. Así fue como empezó este fascinante viaje que la llevo por más de quince años no solo a interiorizarme y estudiar cada vez más este descubrimiento sino también aprender sobre la historia de Israel y su gente. Esta dedicación e interés le hicieron tener como un sueño en su vida poder ir a visitar el país y por supuesto aquel lugar tan importante donde se llevó a cabo uno de los descubrimientos más importantes de la historia. Allí nos dirigimos bien temprano por la mañana, partiendo del Kibutz en medio del desierto, en dirección al sur por la ruta noventa que nos llevase a Qumran, luego Masada y por ultimo Ein Bokek. Qumran está situado sobre un valle del desierto de Judea a orillas del Mar Muerto a 375 metros bajo el nivel del mar. Cuando llegamos a la entrada del museo la emoción gano por completo y mi vieja rompió en llanto no por tristeza sino por la felicidad que te produce poder cumplir un sueño tan anhelado y con tanta importancia. Yo que siempre supe la historia por rebote de ella, tampoco salía del asombro con lo que estábamos a punto de recorrer, un lugar único en la historia. Estas ruinas y cuevas datan del siglo II a.c. pero fueron abandonadas por largo tiempo hasta que los esenios en tiempo de Jesús la habitaron. Básicamente estas personas fueron unos judíos religiosos que al estar en desacuerdo con muchas cosas que se llevaban a cabo en el templo de Jersualem  en tiempos de Cristo, decidieron mantener una vida alejada de la civilización dedicada exclusivamente a vivir una vida de culto mientras copiaban libros sagrados cual imprenteros. No solo transcribían los libros sino que también dejaban por escrito como era la conducta de vida que llevaban, costumbres, rituales y todo tipo de código civil y social en esa comunidad. Lo principal en lo que radica esta hallazgo único para la historia es que son los únicos rollos manuscritos encontrados de forma intacta de aquella época, no hay ningún otro escrito tan antiguo con el valor y peso histórico que representa que este conservado de esa manera. Lo más cómico fue como se encontraron, resulta que en 1947 unos beduinos que estaban pasteando un rebaño empezaron a tirar piedras en una cueva ya que se habían metido algunas ovejas que no salían. Al escuchar un ruido acústico de vuelta decidieron entrar y se encontraron con tres vasijas por las que cambiaron a un coleccionista de la zona por solamente algunas monedas ya que no sabían de su importancia. Este coleccionista llevo las jarras con los rollos para analizar su contenido y al darse cuenta de que se trataban comenzaron las excavaciones que duraron más de veinte años en las que se terminaron encontrando cientos de rollos con todo tipo de escrituras haciéndolo así un hallazgo sin precedentes. Hay todo un misterio acerca de los escritos debido a su peligroso contenido; por ejemplo en ninguno hablan de Jesús (habiendo sido contemporáneos a ellos) pero sí relatan el paso e Juan el Bautista dos veces por su comunidad, escribieron varios libros apócrifos que no están incluidos ni en el antiguo testamento ni en los libros judíos y sobretodo recalcan cuan vapuleado estaba el judaísmo a manos de las grandes cabezas religiosas que no estaba haciendo bien las cosas. Es interesantísimo el contenido de estos rollos y tiene una esencia tan contradictoria para los cristianos como los judíos que su contenido completo hasta el día de hoy sigue siendo un misterio. En este lugar sí que no necesitábamos guía con todo lo que había aprendido mi vieja, pero si disfrutamos de caminar por esas ruinas con el desierto como testigo, tuvimos el privilegio de meternos en esas cuevas donde estuvieron guardadas esas reliquias por miles de años y como si fuese poco contemplar todo el valle a nuestra merced con el mar muerto a sus pies. Se puede recorrer también las ruinas de la citadella donde los esenios llevaban sus rituales de baño, salas de oración, reuniones y toda su vida cotidiana. La alegría y al emoción de poder estar compartiendo eso con mi vieja fue inmensa, algo difícil de explicar con palabras cuando se tiene el privilegio de acompañar a un ser querido en un momento tan lindo. A la salida pasamos por el shop donde le regale algunos suvenires de Qumran y mi vieja aprovecho para comprar cremas del mar muerto. Seguimos descendiendo camino al sur con toda la alegría encima, la mezcla del agua color turquesa del mar muerto con las salinas que se formaban en la orilla y la cadena montañosa del desierto nos dieron unos de los paisajes más lindos del viaje, obnubilados estábamos hasta que paramos el auto para bajar sobre un acantilado y sacarnos unas fotos increíbles. Así llegábamos a Masada, un conjunto de palacios y fortificaciones antiguas situado sobre la cumbre de una montaña aislada a más de 200 metros de altura. Esta zona fue poblada desde varios siglos antes de cristo pero tuvo su apogeo cuando Herodes, durante el control romano de Judea, decidió fortificar toda la cumbre de una montaña para defenderse de los posibles ataques de los egipcios, tener una ubicación privilegiada si había guerra, refugio para su pueblo y también para descanso personal. Este complejo se ve que está dedicado absolutamente para turistas ya que tiene una infraestructura alrededor digna de un parque de diversiones de Disney, patio de comidas, inmensos locales de compra y una recepción que ocupa varios pisos junto con el mini cine interno. Desde la base se puede subir a la cima por un sendero llamado serpiente pero que lamentablemente nos quedamos con ganas de hace run poco de trecking debido a que estaba cerrado por las altas temperaturas expuestas. Por eso tuvimos que comprar un ticket para subirnos al funicular que nos llevase hasta la cima y así empezar a recorrer las antiguas e impactantes ruinas. Les digo que lo que ideó y construyó este señor hace más de dos mil años es simplemente una hazaña de la ingeniería y arquitectura antigua como un obra de arte en lo que respecta a su imaginación en diseño. Más de tres palacios en forma escalonada descendiendo desde la cima hasta la mitad de la montaña, una citadella para albergar más de veinte mil ciudadanos, salas de baños y sauna a gran escalas con diseños avanzados, cisternas para recolectar miles de cm3 de agua y una organización brillante con la cual controlaba toda la fortificación. Luego de varias guerras afrontadas contra los romanos, este lugar fue desbastándose hasta quedar bastante dañado después de tantos asedios, pero fue conquistado por una comunidad judía llamados sicarios donde lograron tomar la ciudad y quedarse amurallados dentro de ella. La leyenda según Flavio Josefo (principal historiador judío) y que luego se iba a confirmar con los hallazgos, habla sobre el pacto de muerte que hicieron estos sicarios cuando supieron que iban a caer a manos de los romanos. Cuenta la historia que quedaban unas 650 personas y que todos preferían morir como hombres libres y no ser esclavos romanos, por eso decidieron poner sus nombres tallados en una piedra y a medida que un verdugo sacaba piedra de un canasto iba degollando al desafortunado. Así continuamente hasta que quedaron nueve donde eligieron a uno para que degollé al resto y este último se tomará un veneno. El mito termina en que los soldados romanos al momento de derribar la muralla principal y atacar la ciudad, se encontraron con todos los cadáveres en fila con sus armas y pertenencias encima. Interesante historia que nos fue acompañando a lo largo de toda la recorrida por esas ruinas, donde no importaba el calor incesante que hacía ya que estábamos pisando uno de los monumentos más impresionantes de la historia Judía-Romana. Tanto Qumran como Masada fueron lugares que te movilizan no solo por la belleza natural de ambos sino por el peso que tienen en la historia, donde la imaginación empieza a volar y te retrotrae dos mil años atrás sumergiéndote en ese mundo conflictivo y revoltoso de aquella época. Sentí como que había tenido una clase de historia y religión viviente esa mañana, feliz de poder estar con mis pies ahí vivenciándolo todo junto a mi vieja de esta manera. Seguimos ruta continuando al sur del mar muerto pasando por En Guedi hasta llegar a Ein Bokek, nuestro destino playero de lujo. Este pequeño pueblo de unos dos o tres kilómetros de extensión a lo largo del mar muerto, alberga grandes cadenas de hoteles tres, cuatro y cinco estrellas donde la gente acude para disfrutar de unas vacaciones en la playa, para algún tratamiento médico curativo del mar muerto o simplemente para relajarse en los spa. Llegamos con mucho entusiasmo y ganas de vivir esa sensación inigualable que se contaba sobre el mar muerto. Tomamos la habitación para dejar las valijas, nos pusimos en modo relax y cruzamos solamente una cuadra para llegar a la playa. Hacía un calor sofocante y la arena estaba ardiendo, la gente se resguardaba en unos gacebos ya que no se aguantaba estar sin reparo. Pero lo importante no era el sol, ni el calor, ni la arena ni nada, apenas llegamos fuimos directo hacia el agua a ver de qué se trataba eso. Apenas metí el pie dentro del agua me di cuenta que no tenía absolutamente nada que ver con el agua del mar, ésta parecía ser un aceite caliente muy denso, poco transparente y con una quietud asombrosa. No te podes sumergir ni te puede entrar agua a los ojos o a la boca porque estarías en serios problemas asique solamente me recosté y dejé llevar por la experiencia. Es algo incomparable, nunca lo había vivido, no hace falta hacer la plancha ni mover ningún tipo de musculo, como si fuese una gravedad invertida, sentís una fuerza que te eleva directamente a la superficie y te mantiene flotando sin ningún esfuerzo. Es más, te podes como sentar en el agua con las patas colgando sin hacer pie y no te hundís, entonces empezas como si fuese a andar en una bicicleta imaginaria para ir adelante o atrás, muy loco y gracioso al mismo tiempo. Íbamos y veníamos con mi vieja del agua mientras nos sacábamos fotos y compartíamos esa graciosa y única experiencia, la gente a nuestro alrededor ponía las mismas caras que nosotros y algunas se animaban a embadurnarse de barrio para así cumplir con el típico ritual del baño de barrio del mar muerto. Ni dentro del agua ni fuera se podía aguantar el calor, volvimos para el hotel para aprovechar las piletas y en el caso de mi vieja se dio el gusto de mandarse unos tratamientos con masajes corporales, bien merecidos. Día inmensamente feliz, lleno de lugares y experiencias nuevas que lo terminamos cenando en un parador en la playa capitalizando hasta los últimos minutos de aquel día inolvidable.

Eilat de Corales

Empezamos un día que lo teníamos de transición nuevamente, en este caso recorrer la otra mitad del país en dirección al sur para llegar hacia Eilat, destino fronterizo con buenas playas. Por delante no teníamos más que desierto para andar, sin ninguna parada, asique decidimos desayunar tranquilos y antes de partir, matar un par de horas nuevamente en la playa. La noche anterior cuando fuimos a cenar pasamos por un local que vendían en sachet el barro del mar muerto asique no dude un segundo en comprar un par y probar de que se trataba al día siguiente. Llegamos temprano a la playa donde había poca gente, el mar estaba especialmente calmo y la temperatura del agua más agradable. Me metí un par de veces y tuve la sensación de que ésta vez era más placentera la experiencia porque no quemaba tanto el agua ni el reflejo del sol, asique esta vez hice la plancha por largo rato maravillado del lugar y el paisaje a mi alrededor. Una paz, un silencio, una atmosfera única. Vino en el turno entonces del tan famosos tratamiento, donde me embadurne de barro en todo el cuerpo y así quede como sapo al sol durante veinte minutos aproximadamente hasta que se secase por completo. Entre las risas de mi vieja ya que parecía el moreno de sugus, el barro que se iba endureciendo quedando como una costra y los 40° de calor que me hicieron transpirar como loco,  daban una escena bastante cómica sobre mi persona. Al tiempo que no aguante más me metí de nuevo en el agua para sacarme toda esa pasta y me quede unos minutos más relajando, cuando salí la piel quedó como si fuese una superficie enjabonada, toda suave y brillosa, no sé qué efectos tuvo pero estuvo buena la experiencia. Éste fue nuestro último momento a orillas del mar muerto, cerca del mediodía agarramos el auto y comenzamos el viaje de tres horas hasta Eilat. El desierto se adueñó por completo del paisaje, las largas cadenas montañosas seguían emergiendo desde el horizonte, un clima árido raspaba el aire y la escaza vegetación sin ver ninguna señal de vida animal le dieron a nuestro viaje una escenografía sin igual. Lo que asombra es encontrar en algunas zonas unas extensas granjas que llevan a cargo diferentes kibutz, se sabe que fueron pioneros en los modernos sistemas de riegos ya que se puede ver como arman toda la estructura de mangueras y cisternas para proveer agua a toda la vegetación en tremenda zona inhóspita para cultivar. Lo imponente resulta de ver los contrastes de las extensas plantaciones verdes contra toda esa inmensidad desértica, toda una postal. La ruta noventa termina en la bahía de Eilat, llegando así al punto sur más extremo de Israel donde nos encontramos con la peculiaridad de estar en el medio de dos fronteras. A pocos kilómetros de la derecha llegas a Taba, puerto que conecta con Egipto, y del otro lado te encontras con Aqaba, cuidad de Jordania. Estas tres ciudades descansan sobre orillas del mar rojo, formando una bahía en la que se pueden ver las tres desde un mismo punto, incluso si te hayas en algún punto elevado de las montañas llegas a ver Arabia Saudita. Habíamos reservado un hotel cerca de la playa donde nos íbamos a quedar tres noches para descansar después de todo lo que habíamos recorrido y poder aprovechar con tiempo la playa. A la noche fuimos a caminar por la promenade que nace del centro y recorre toda la costa abriendo camino a los imponentes hoteles cinco estrellas que dan frente al mar. Nos dijeron que era el destino turístico preferido de los israelíes pero no imaginamos semejante envergadura, los hoteles cinco estrellas parecían los de Las Vegas o Bahamas, ocupando  manzanas enteras con todo el lujo en edificaciones modernas y ostentosas. La rambla tomaba vida con todos los restaurantes, bares, juegos y locales abiertos hasta altas horas de la noche albergando a toda la gente que salía a pasear y ofreciendo opciones para todos los gustos. Como habíamos picado algo tarde no cenamos ese día por el contrario caminamos bastante tiempo disfrutando de la noche y charlando placenteramente. Ya había pasado más de la mitad del viaje, los recuerdos imborrables florecían a medida que recordábamos cada anécdota o historia de los lugares que habían quedado impregnado en nuestra travesía.

Por suerte un nuevo día llegaba con un clima espectacular, ideal para pasar largas horas en la playa descansando un poco la cabeza del conocimiento. Nos habían recomendado ir a visitar unas playas que quedaban sobre una barrera de coral, cerca del acuario de la ciudad, hicimos caso y nos fuimos para allá con bolso playero en mano. Nos alquilamos unas reposaras con sombrillas ya que decidimos quedarnos todo el día ahí, ya instalados nos pusimos en modo morsa a tomar sol bajo un cielo completamente despejado con una temperatura óptima. El conjunto de playas que se encuentra en la barrera coral te ofrece actividades de todo tipo para cualquier necesidad, a solo unas cuadras podías ir a nadar con delfines, tenías otra dedicada exclusivamente al surf y kitesurf, en donde estábamos nosotros tenía escuela de buceo y en la siguiente la reserva de corales. La playa se fue llenando cerca del mediodía y nuestra felicidad de disfrute estaba en aumento constante. Libros, música, zambullidas al agua, bebidas frescas y el bronceado constante no hacían más que incrementar las endorfinas. Por la tarde me alquile un equipo de snorkel y me fui a nadar por toda la barrera de corales, debo decir que el mar rojo me dio una de las mejores vistas sobre corales que tuve en mi vida, especies de todo tipo de peces deambulando por unas corales que brillaban a todo color en el fondo. La flotabilidad era muy buena por lo que no tenías que hacer esfuerzo, eso me llevo a quedarme una hora y media nadando sin parar por toda la barrera, completamente estupefacto con la belleza de la vida marina que estaba contemplando. La cara de relax que teníamos los dos cuando volvíamos para el hotel nos dieron pauta que nos había hecho bien parar un día y descansar. De pasada levantamos a una pareja que los llevamos unas cuadras, muy simpáticos los dos charlamos bastante sobre el viaje que había hecho el en argentina por unos meses y con la total humildad nos ofreció su casa en el caso de que paremos en Be´er Sheva. A la noche nos fuimos a comer a un resto en la playa y a dormir temprano porque al otro día teníamos arreglado arrancar con un tour a conocer la misteriosa Petra en Jordania.

Petra Alucinante

Nos levantamos con la mala noticia al ver que una tormenta del desierto azotaba toda la región, el polvillo junto con la arena formaban una calima que no veías más allá de una cuadra, igualmente la excursión seguía en pie y nuestras ganas por conocer ese místico lugar estaban más que intactas. Con un desayuno express partimos a las ocho de la mañana en un taxi hacia la frontera con Jordania, en la ciudad de Aqaba, donde nos unimos a un grupo mayor para hacer la travesía. Se te frunce un poco el estómago cuando cruzas la frontera de Israel a Jordania caminando, los camiones militares a ambos lados nuestros y las garitas con tipos que tienen una ametralladora del tamaño de tu brazo, pensando a la vez que caminas: ojala que ningún loco salte con algo porque palmamos todos. Más allá de la imaginación el cruce fue tranquilo, del otro lado nos esperaba el guía jordano que nos acompañaría todo el día para introducirnos en el mundo de su país y específicamente en la fascinante ciudad de Petra. El tipo parecía sacado de una película de rambo, vestía de pantalones negros con remera ajustada del mismo color, se ve que pasaba varias horas por día en el gimnasio ya que estaba inflado como un pochoclo y la cara bien árabe con turbante rojo le daban el papel protagónico del enemigo típico en cualquier película de Silvester Stalone. Dimos comienzo a la excursión partiendo con la combi (con un militar acompañándonos todo el tiempo por seguridad) desde la frontera hasta la ciudad de Petra, unas dos horas y media de viaje, mientras “rambo” muy simpáticamente nos iba contando los principales aspectos de Jordania. Lamentablemente el clima no parecía que iba a cambiar, el polvo arrastrado por la tormenta nos dejaba con una visibilidad casi nula para apreciar el paisaje alrededor. Teníamos previsto hacer dos paradas en puntos panorámicos de altura para ver toda la ciudad desde arriba pero como pensamos, todo estaba tapado por ese polvo maldito que nos dejó sin las perspectivas. Continuamos camino una media hora más atravesando un pueblo donde la miseria prevalecía desgraciadamente, casas muy humildes, gente viviendo en condiciones precarias y con una infraestructura deteriorada. Llegamos así a la entrada del museo donde comienza toda la excursión atravesando de punta a punta toda Petra y sus espectaculares construcciones. Con ticket en mano y el guía que estaba bastante chistoso arrancamos la caminata por más de dos horas a través de todo este camino entre desfiladeros, tumbas, acueductos y edificaciones únicas por conocer. Fundada en la antigüedad hacia el final de siglo VIII a.c. por los edomitas, fue ocupada en el siglo VI a.c. por los nabateos que la hicieron prosperar gracias a su situación en la ruta de las caravanas que llevaban el incienso, las especias y otros productos de lujo entre Egipto, Siria, Arabia y el sur del Mediterráneo. Hacia el siglo VI d.c., el cambio de las rutas comerciales y los terremotos sufridos, condujeron al abandono de la ciudad por sus habitantes cayendo en el olvido hasta que en 1812 el lugar fue redescubierto para el mundo occidental por el explorador suizo Jean Louis Burckhardt. Gracias a este descubrimiento hoy en día se puede recorrer este lugar considerado una de las maravillas del mundo moderno siendo patrimonio mundial de la Unesco. Lo primero que vas encontrando a medida que caminas son cientos de santuarios y tumbas construidas gran parte dentro de la misma roca, los nabateos tenían una ferviente creencia en la vida después de la muerte por lo que el ritual funerario era una de las más importantes ceremonias en su vida. Construían pequeñas bóvedas dentro de la roca con diferentes símbolos esculpidos en la parte de afuera referenciando a la casta y la cantidad de personas que yacían. El camino siempre va custodiado por ese paisaje montañoso rocoso típico de color rojizo con mezcla de colores desérticos. Continuamos por la senda principal hasta llegar a un puente que conectaba la ciudad principal, donde se construyó una represa de gran tamaño para desviar el curso del río en el caso de que ocurriese una inundación, a la vez que servía como defensa de la población en el caso de ataques. Desde este punto el camino empezó a pronunciarse más en forma descendente y las altas montañas parecían plegarse hacia nosotros haciendo el camino más angosto y las paredes inmensas a los costados. De repente nos encontramos caminando en un pequeño pasillo por el medio de gigantes desfiladeros donde los rayos de luz penetraban los huecos de las rocas atravesando así la templada sombra. “Rambo” nos iba contando más acerca de los rituales que tenían los nabateos mientras nos mostraba las impresionantes esculturas talladas sobre la roca como así también el acueducto generado por los romanos (en tiempo de la invasión) calado sobre la base de la pared montañosa. La inmensidad del lugar te hace caminar con la boca abierta preguntándote cómo es que pudieron hacer semejante belleza natural tantos siglos atrás, vas impresionado al ver dentro de la misma roca más de siete colores diferentes reflejados por los ases de luz que la interrumpen o simplemente deslumbrarte al ver la perfecta grieta que se produjo millones de años atrás al separar las paredes de forma perfecta. Nunca en mi vida había visto algo así ni pensaba que existía, mi vieja me dijo que era muy parecido al cañón del Colorado pero como no tuve la oportunidad de ir era la primera vez que me topada con tremendo lugar. Cuando avanzamos unas cuadras más nos topamos con el monumento más significativo del lugar, no solo por estar en la recordad película de Indiana Jones, sino porque fue realizado por los nabateos como el templo más sagrado, “El Tesoro”. Esta puerta de 40 metros de alto por 28 de ancho cuenta con dos plantas y está decorado con seis columnas que soportan un frontón y las esculturas posadas sobre él. A pesar de su nombre, en este lugar no se guardaba ningún tesoro sino más bien albergaba varias tumbas y era una forma de impresionar con una fachada a todos los comerciantes que pasaban por allí. El guía nos pasó a mostrar una foto de cómo era cuando estaba completo y nos dio detalle de todo lo que contenía el frente con las pertinentes explicaciones. Se puede ver los peldaños que tallaron al costado como las escaleras para llegar a la cima de donde desprendían arcaicos andamios de donde se colgaban para tallar por años y años ese enorme frente. Fue una sensación muy rara la que me recorrió por el cuerpo, mezcla de asombro por la majestuosa de estructura que tenía enfrente, rodeado por enormes rocas rojizas que daban un reflejo especial del día y la inmensidad apabullante de ese lugar que te hacían sentir como una hormiga. Con mi vieja no podíamos salir del asombro y la admiración, sin dejar de lado la emoción por estar compartiendo juntos ese momento de pisar una maravilla del mundo juntos. Nos sacamos unas fotos tratando de tener la mejor toma de recuerdo y nos quedamos los dos sentados callados admirando eso que teníamos enfrente sin más necesidad de nada, solo contemplar y admirar. Seguimos camino por la senda que se fue abriendo en gran manera hasta llegar a la citadella, zona donde tenían lugar las casas tanto del pueblo como de los reyes y miles de tumbas más. Todas pero absolutamente todas las construcciones se hicieron tallando la roca por dentro, si te detienes un minuto a observar es impresionante ver como cada recoveco fue hecho a mano para un propósito distinto. Los romanos posteriormente agregaron un anfiteatro en medio del lugar dejando así a varias tumbas como si fueses palcos de privilegio para disfrutar del espectáculo. Nos dieron una hora para caminar esa zona por nuestra cuenta y volver por el mismo camino a la entrada del museo para emprender la vuelta. Escalamos con la vieja unos metros para llegar a lo que era el palacio real que nos entregó las últimas exquisitas vistas de la bella Petra. Sinceramente fue algo impactante de ver, con una belleza natural sin igual, me fui caminando con una tremenda felicidad y sensación de agradecimiento de haber podido conocer ese lugar, que quizás no lo vuelva a ver. La razón por la que no nos habían dado el almuerzo antes era justamente porque si no nadie hubiese caminado después 7 kilómetros entre ida y vuelta, asique ahora con la misión cumplida si era momento de pasar por un restaurant y comer un rica almuerzo jordano. Luego del almuerzo que termino cerca de las cuatro volvimos derecho para la frontera nuevamente ya que ésta cerraba a las seis y media. Llegamos al hotel en Eilat a las nueve de la noche,  en medio de una tormenta de arena que no cesaba pero nada importaba con la tremenda experiencia que habíamos terminado de vivir.

Ya que no teníamos planes para este día dormimos más distendidos y relajados, hasta el punto que en mi caso me perdí el desayuno, al abrir las cortinas de la habitación me tope nuevamente con una espesa y densa polvareda dando señales de que no se iba a ir rápidamente. Me quedé un segundo en la cama haciendo fiaca y se me vinieron a la mente imágenes de Petra, había quedado maravillado por aquella ciudad de película que parecía haberse impregnado en mi memoria, aferrándose a ese lugar donde yacen los recuerdos que nunca vas a olvidar. La genia de mi vieja me trajo algunos sándwiches a la habitación sabiendo que no había llegado yo al desayuno y con esos bocados pude levantar un poco las fuerzas para arrancar el día. El programa era disfrutar de otro sensacional día de playa como el que habíamos pasado dos días antes, pero el clima nos jugó una mala pasada haciéndonos replantear las actividades. Como no había mucho para hacer decidimos ir a visitar el acuario que según el recepcionista del hotel estaba considerado como uno de los mejores de la región. Llegamos un poco antes del mediodía, al parecer esta atracción había sido la elegida por casi todos los turistas en Eilat, parking casi completo y muchos grupos familiares dando vueltas. Tiene como particular este acuario que está construido sobre la orilla del mar, con varios estanques y gigantes peceras que contienen los más asombrosos peces marinos. Cuenta con un puente que cruzas hasta una torre construida dentro del mar que se puede bajar al subsuelo dos y ver toda la barrera de corales alrededor en vivo. Empezamos visitando un estanque cerrado que contenía peces de todos los colores, algunas rayas y varios tiburones bebes, conviviendo todos en una armonía absoluta mientras un buzo del lugar aparecía en el enorme cristal para saludar y jugar con los niños que miraban sorprendidos. A la salida pasamos por un cine 3D que daban una película temática sobre la vida marina y su conservación que estuvo bastante buena para lo que pensaba. Se pueden ver también unas enormes tortugas y peces exóticos con los más raros colores y diseños, llamando la atención de todo los que pasan por su particular forma. Por ultimo vimos una demostración en vivo de como sacan las perlas de las conchas y el proceso que se lleva a cabo para su utilización en aros, joyas o regalos. Nada mal estuvo el paseo para matar unas horas del día mientras la calima y el polvillo seguían gobernando el clima por esos lugares, y por lo que nos habíamos enterado iba a perdurar por varios días más. Por la tarde pasamos al otro típico de atractivo cuando necesitas estar resguardado, el clásico paseo de shopping. Anduvimos por un mall comprando algunas prendas para mis hermanas, sobrinos y algunas cosas más que andábamos necesitando, Le regalé un libro a mi vieja con todas las recetas saladas y dulces de la típica cocina israelí, ya que nos había gustado mucho ahora podía seguir cocinando en argentina ese tipo de comida y degustar los mejores platos (además de prometerme recibirme el día que vuelva con unos exquisitos falafel y humus casero). Y así fue como termino nuestra estancia en Eilat, un poco tristes por no haber podido disfrutar de sus playas el ultimo día, pero felices por lo que habíamos pasado y por ser el punto de salida hacia Petra. Ordenar de nuevo las valijas y prepararnos para el otro día partir hacia los dos últimos destinos nuevos por conocer, Belén y Jerusalén.

Arrancamos en dirección al note por la ruta noventa, nuevamente teníamos que cruzar el desierto en la dirección opuesta a la que vinimos, pero ésta vez con el desierto tapado por el polvo. Habíamos decidido para a conocer Belén de camino a Jerusalén ya que quedaba de paso y no nos iba a llevar mucho tiempos, teníamos previsto ir a visitar un par de lugares que se hacían en alguna horas. En vez de acceder por el mar muerto, pasamos por  Be´er Sheva para conocerla desde el auto y de ahí conducir directo para Belén. Fuimos cruzando algunas pequeñas ciudades que se iban transformando de las típicas judías a las clásicas musulmanas. Esta parte del camino cubría una extensión bastante poblada que nuevamente entraba al área de Cisjordania, lugar que hoy en día tiene potestad los palestinos y a raíz de eso tuvimos que pasar por algunos controles fronterizos. A medida que avanzábamos nos llamó la atención puntualmente un cartel rojo (bastante llamativo) que aparecía en la entrada de todas los pueblos aledaños, el cual mostraba unas advertencias en los tres idiomas, árabe, hebreo, ingles: “Este lugar es autoridad Palestina, la entrada de los ciudadanos israelís está prohibida y es contra de la ley judía. Peligroso para sus vidas”. Al saber ambos que veníamos con un auto con chapa israelí nos miramos a la cara automáticamente como diciendo: Que carajo hacemos ahora? Como el gen de aventureros ya lo teníamos al 100% nos metimos igual por esas calles mientras el paisaje se iba tornando completamente árabe musulmán, y para darle un giro más de suspenso no teníamos ni idea donde había que seguir para llegar a Belén. Con la mayor cara de felicidad y de turista, bajamos la ventanilla y le preguntamos a algunas personas como llegar a Belén, esperando que la respuesta sea la indicación y no un “váyanse de acá porque están en problemas”. Resulta que al final los carteles son más de propaganda que otra cosa porque no pasó absolutamente nada y nos fueron indicando bien hasta que dimos con la entrada de Belén y ahí nos dirigimos al primer lugar de visita. Llegando por unas calles que se elevan sobre el monte dimos con la sagrada Basílica de la Natividad, uno de los templos más antiguos para los cristianos. Se construyó sobre la cueva conocida como Portal de Belén, donde se cree que nació Jesús. Actualmente la Basílica está administrada por la Iglesia Católica, la iglesia Ortodoxa Griega y la Iglesia Apostólica Armenia, solo el mero hecho de entrar te hace dar cuenta de la mezcla del cristianismo en la que se encuentra además de ser ésta una combinación de dos iglesias que le dan arquitectónicamente un diseño único. Entramos por una diminuta puerta que pensamos que era una salida anexa y en realidad era la puerta principal, modificada así a propósito para resguardar la seguridad en caso de ataques. Al entrar nos encontramos con la fachada interna completamente en refacción, todos los andamios cubiertos por lonas mientras algunos trabajadores terminaban su turno refaccionando los muros, adelante nos topamos con el altar que estaba intacto y su singular construcción nos dio la pauta de que está sección debía ser responsabilidad de los griegos ortodoxos. Y así era, cuando giramos para hacer la fila de entrada a la cueva, aparecieron dos sacerdotes vestidos con los típicos atuendos de esta rama del cristianismo nos daban la bienvenida en un pequeño atril que vendían velas, agua bendita, cruces e inciensos. Debido a mi ignorancia les pregunte si tenían rosarios para vender pero su cara de desconcierto me dio la pauta que debía ser de uso para catolicismo romanos ese amuleto, no para ortodoxos griegos, cosa que corroboré posteriormente. Las caras y los gestos de los cristianos que estaban delante de nosotros acapararon la tensión del lugar en un instante, dándome cuenta que algo importante estábamos próximos a ver. Antes de bajar a la cueva, aparecieron algunos retratos de maría y Jesús a nuestro costado con los robustos adornos dorados clásicos de las iglesias griegas, la gente seguí impaciente, alterada, mientras la fila avanzaba lentamente. Una vez que llegamos a la caverna subterránea vimos de qué se trataba el asunto al tiempo en que mujeres, niños y hombres se tiraban al piso tocando algo al ritmo de los flashes incesantes. Este lugar cuenta con un altar sobre el cual se dice que nació Jesús. El punto exacto está marcado por un agujero en medio de una estrella de plata de 14 puntas rodeada por lámparas de plata (Este altar es neutral, aunque su diseño es principalmente ortodoxo armenio). Llantos y caras de devoción aparecían en cada persona que se estaba para tocar esta estrella simbolizando el lugar más sagrado para los cristianos, a nuestro turno con el amyor de los respetos nos sacamos las fotos y nos quedamos un rato en silencio observando todo lo que pasaba en esa caverna. Lo que se siente al ver esto como espectador, sin tener la fe en ello, es muy fuerte ya que se puede sentir el fervor y la devoción de los que acuden ahí como en busca de su salvación. Después de un rato subimos de nuevamente y terminamos de bordear la iglesia por la otra ala, aunque en gran parte estaba refaccionándose. A la salida pasamos a visitar la Iglesia Católica, con la estatua de San Jerónimo custodiando el acceso principal, llegamos justo a tiempo ya que estaban cerrando el acceso a turistas porque comenzaba la misa. Me quedé en el fondo sentado filmando un rato la ceremonia mientras mi vieja se había ido a las grutas a ver que había. Baje luego a acompañarla y nos encontramos con varias ruinas que datan de la primera construcción en el siglo VI d.c. por Constantino y algunas altares de piedra dedicados a José y María. De arquitectura clásica romana, esta iglesia era bastante sobria y humilde digamos, con un lindo patio externo lleno de plantas y unos corredores a los costados que daban a las diferentes salas del monasterio. Muy interesante fue la visita a toda la basílica donde aprendimos un poco más sobre este templo sagrado y pasamos nada más ni nada menos pero el lugar donde nació Jesús de Nazaret. Nos fuimos apurados ya que queríamos ver otra iglesia que quedaba a unas cuadras y estábamos complicados de tiempo, por suerte llegamos justo antes de que cierren a la Iglesia Grotto Milk o Gruta de la Leche. Esta iglesia representa a Nuestra Señora de la Leche donde se pueden ver varios frescos y cuadras dentro representando a la Virgen María en el acto de amamantamiento al niño Jesús. Se edificó sobre ese lugar ya que hay una piedra dentro que se puede ver que tiene una mancha blanca y es donde supuestamente la virgen maría amamantó a Jesús y cayo gotas de leche sobre esa piedra. Con todas estas historias y lugares sagrados  nos fuimos llenos de espiritualismo, pasamos antes por algunos locales donde mi vieja les compro tres niños Jesús de pesebre a mis hermanas y algunos rosarios que encontramos para regalar. Caminamos un poco más por la plaza con los típicos mercados y puestos alborotándose en la calle al tiempo que paramos un segundo a ingerir (porque no?) otros ricos falafel con algo fresco. Con esto terminamos nuestra pasada por Belén y seguimos camino para Jerusalén. Tuvimos que andar solamente unos pocos kilómetros hasta toparnos con una fila de autos para inspección en el paso fronterizo, en la espera se me aparecieron unos amigos palestinos que se pusieron intensos a la hora de querer venderme lo que sea por la ventanilla y que finalmente decidieron irse a cambio de mi gorra y un saludo de: Palestina and Argentina are good!!!. Cruzando el puesto de frontera llegamos a una avenida principal que nos dejó en el centro histórico de la ciudad, se veía fascinante desde afuera de las murallas pero la ansiedad tuvo que aguantar un poco más, teníamos que hacer el check in en el hotel y pasar la noche antes de conocerlo. Mi vieja reservó el famoso hotel YMCA de Jerusalén ya que es un icono de la ciudad y además tenía un fuerte vínculo emocional ya que mi tío abuelo había estado en ese mismo hotel 40 años atrás (personaje que escribía sus “blogs” de viaje en largos cuadernos a mano, sobre todas sus aventuras por el mundo ya que era capitán de la fragata naval argentina). La arquitectura del hotel es única, una larga torre central fecundando el ala de habitaciones y salones, mientras que a sus costados aparecían dos bloques con grandes cúpulas en el techo, de un lado el área deportiva y del otro lado un teatro. AL momento de llegar nos dimos cuenta que estaba por empezar un concierto de música clásica, mi vieja no se lo quiso perder asique entramos rápido a la habitación para que se bañase y fuese para ahí, yo me quede un rato descansando y después me fui a la pileta. Como todo YMCA tiene un sector importante dedicado a los deportes, éste tenía además de pileta gimnasio, cancha de básquet, de paleta y de vóley. Me fui directamente a jugar al básquet solo, juego que siempre me remonta a la infancia en donde pasé más de ocho años jugando a este hermoso deporte en Ferro, donde pasé un par de horas tirando al aro disfrutando de esa sensación. Nos encontramos de vuelta en la habitación y después de darme un baño nos fuimos a comer unas ensaladas en un barcito que quedaba a unas cuadras de la habitación, expectantes por todo lo que teníamos que ver al otro día en uno o él lugar con más historia del mundo. Después de cenar mi vieja volvió al hotel y yo me fue por Jaffa Street en busca de algún barcito abierto para tomar algo y pasar el rato, me encontré con un calle inundada de chicos asaltando la ciudad en busca de diversión. Era jueves por la noche previo a rosh hashaná (año nuevo judío), todos los adolescentes estaban libres de colegio o estudio caminando por las calles felices, tomando algo o simplemente reuniéndose en grupos para pasar la noche, veo chicos y chicas de quince a veinte años con una energía en sus caras envidiable. Tomé una mesa que daba directamente a la calle principal y ahí me quede, observando todo lo que pasaba a mí alrededor, sintiendo el pulso de la noche y la forma en que esa masa de gente se relacionaba. Chicos caminando de la mano o abrazados representado el más puro gesto de amistad, grupos bailando al son de una guitarra y violín eléctrico de la mano de unos estupendos músicos callejeros, una feria sobre la avenida que recibía a grupos familiares y una peatonal sembrada de gente como hormigas, todo a pura contemplación.

Jerusalén Única

Nos levantamos bien temprano con esa sensación de ansiedad y entusiasmo como cuando tenes por delante un día especial por llevar a cabo. Desayunamos bastante bien ya que iba a ser un día largo, con mucha caminata bajo el sol y varios lugares por visitar. Como estábamos cerca de la entrada a la ciudad antigua nos fuimos caminando y a unas diez cuadras nomás nos topamos con una de las entradas sobre la muralla, Jaffa Gate. Como había mucho para recorrer y conocer nos pareció óptimo hacer toda la visita con un guía turístico, de esa manera pagamos un tour que nos iba a llevar por toda tierra santa a la vez que el guía iría explicando la historia de cada lugar. Entrar a la ciudad vieja de Jerusalén es como entrar a un laberinto de historia, civilizaciones, acontecimientos históricos, religiones, reyes, guerras, todo pasó por esta pequeña ciudad que alberga uno de los cuentos fantásticos más impresionantes del mundo. Todos los imperio quisieron tener el control de esta ciudad, icono de la civilización moderna donde se produjeron los hechos más destacados e importantes de la historia, lugar donde los diferentes mesías apuntaban como tierra santa, incesantes guerras de todos los costados para tener control de la misma, y los lugares más sagrados para la adoración de cualquier cristiano, judío o musulmán. Con todos estos cuentos fabulosos por escuchar dimos comienzo a la caminata por la puerta de Jaffa para entrar así a visitar el primer Quartier de la ciudad. Quartier se le llama a los barrios que componen la antigua Jerusalén, la cual está compuesta por cuatro barrios, el judío, el cristiano, el armenio y el musulmán, cada uno ponderando su historia como así también los monumentos que se encuentran en ellos. La primera edificación que nos topamos fue con la Torre de David, antigua ciudadela que actualmente alberga el museo de la ciudad. Continuamos por las calles angostas que se van abriendo paso entre muros y túneles que atraviesan la ciudad, hasta toparnos con la puerta de la Iglesia de Santiago. Custodiada por sacerdotes armenios el guía nos contó que no les gusta recibir visitas de turistas por lo que seguimos de largo, allí yacen los restos de Santiago el Menor y una capilla lateral en honor al apóstol. Seguimos bordeando la muralla lateral hasta dar con el Museo Armenio, unas cuadras más adelante llegamos a la famosa Puerta de Zion, que recibe su nombre por estar situada sobre el místico Monte Zion. Esta puerta fue construida por los musulmanes cuando reinaban en estas tierras pero el dato curioso es que el arquitecto encargado de construirla la hizo de manera errónea y el Sultán como castigo lo mando a matar y a enterrarlo dentro de la muralla. A unos pasos de allí nos encontramos con la Iglesia de la Dormición o Abadía de Haga María, lugar donde tuvo la última dormición la virgen María supuestamente. Hay unos frescos impresionantes a los costados de la iglesia y en el centro de la entrada una tumba con la escultura de María en conmemoración. Ahora bien el guía en esta instancia nos lleva a recorrer las grutas donde pudimos ver las antiguas ruinas de las iglesias bizantinas que estaban a la vista desde hacía más de quince siglos a la vez que pasa a explicar algo muy importante para todo lo que estábamos viendo e íbamos q ver: En cuestión de fe y creencias nada importa si en ese lugar fue realmente el exacto punto en que maría descansó por última vez en su vida o murió, hay todo un misticismo atrás de estos lugares que en sí lo que quiso exponer él (sobre lo mismo que pienso yo) es que es muy difícil e incomprobable certificar la veracidad de esos lugares, más cuando fueron construidos siglos después de los hechos, el punto radica es que para a gente que cree y tiene fe nada importa porque en sí buscan más el símbolo que representa esa iglesia, basílica, sinagoga o mezquita que en la veracidad absoluta de la locación del hecho. Respondió muchas preguntas que varios de los que estábamos en el grupo teníamos en la garganta a punto de escupir, buena manera de adelantarse a todos los escépticos que tenemos más fe en las ciencias exactas y en la vida terrenal que en la fe religiosa y el misticismo. Después de recorrer esa iglesia en sombras que daba frescura en medio del día tan caluroso seguimos andando hasta subir a unas escaleras en donde entramos a una sala casi vacía que mucho no decía al verla. A la pregunta de: Saben dónde estamos? Ninguno de los participantes supo responder hasta que el guía nos enunció que ese era el lugar donde se supone que Jesús tuvo la ultima cena con sus discípulos, el Cenáculo. La habitación estaba casi vacía con algunas insignias de haber sido una antigua mezquita en época de imperio musulmán y una imagen de un árbol en una de las esquinas. Apenas bajamos las escaleras nos encontramos con una puerta donde acudían diferentes rabinos y judíos ortodoxos con la intención de estar entrando a un templo más que sagrado. A la vez que mi mente no entendía a qué se refería ese lugar estando en la planta baja del cenáculo, el cómico guía nos comenta que en esa habitación se encuentra la tumba nada más ni nada menos del Rey David. Incrédulos frente a semejante cosa, solo fue necesario escuchar algunas frases como irónicas hasta comprender que es muy probable que ni siquiera estén los restos del rey judío en ese lugar como entender también que “justo” en ese mismo lugar es uno de los más sagrados para los judíos. Pocas horas dentro de esta vieja ciudad te bastan para darte cuenta la guerra de poder religiosa que se juegan como quien quiere imponer lugares más sagrados uno sobre otros. Entramos a visitar la tumba donde nuevamente las mujeres van por un lado y los hombres por otro, y fue un shock ver la escena que me encontré dentro. Habría unos dos rabinos y varios judíos ortodoxos orando y alabando a la tumba mientras otros cantaban bailando tomados de la mano sobre un atril al compás de un shofar que sonaba sin parar. Toda una nueva experiencia y sensación me corría por el cuerpo, con la boca abierta incrédulo de lo que estaba viendo, un completo ritual ortodoxo judío con los personajes más raros que había visto hasta el momento. Con respeto dimos una vuelta por el lugar y nos quedamos sobre la entrada observando lo que acontecía mientras el guía nos contaba un poco más los detalles sobre su vestimenta y el porqué de la diferenciación que buscan con los demás judíos. A la salida seguimos camino para adentrarnos al fascinante Barrio Judío, aquel que alberga una fuerte sensación de asombro a medida que se lo va recorriendo, donde todo parece construido sobre una maqueta dentro de un cuento de película. Esas pequeñas callecitas que daban paso entre las sinagogas y casas de los que habitan ahí daban un reparo del sol a la vez que te trasladaban a un mundo de fantasía, lo digo porque todo lo que veía me parecía increíble. Nos mirábamos con mi vieja como fascinados que todo lo que veníamos viendo y todo lo que teníamos por delante, con la mente como una esponja absorbiendo hasta el último detalle que le podíamos exprimir al guía. En este barrio fuimos descubriendo las diferentes sinagogas que se erigen con sus historias impregnadas sobre los muros que las constituyen, teniendo la Sinagoga Ramban o de Maimonides como la más antigua del mundo en funcionamiento. A nuestro alrededor se elevaban mordernos complejos habitacionales que fueron levantados después de la independencia para albergar los grupos familiares que quieren permanecer dentro la ciudad vieja, cerca del símbolo icónico del judaísmo. Pudimos parar en una sinagoga para poder verla de adentro pero al momento de comenzar a recorrerla un rabino furioso se interpuso en medio de la fila echando a los que no habían llegado a cruzar la sala (incluida mi vieja) asique tuvimos que salir rápidamente para no generar problemas. El guía nos explicó que no hay ninguna prohibición en poder visitarla pero algunos fanáticos no les gusta la visita de extranjeros a los templos. Anduvimos unas cuadras más expectantes de todo lo que iba ocurriendo a nuestro alrededor, desde la gente que caminaba, las construcciones que íbamos viendo, el pulso con el que latía la ciudad y la tensión constante que se siente en el aire. Llegamos a un escalón donde nos sentamos para que el guía nos introduzca el sitio más importante que teníamos por visitar, con toda una significación e historia imponente por sentir, el Muro de los Lamentos. Una parte del enorme muro de contención de la expansión del Monte del Templo sobre el cual fueron edificados el Primero y el Segundo Templo de Jerusalén. Tal muro de contención fue construido por el rey Herodes I en el 37 a.c. y desde hace siglos es el principal lugar de peregrinación para el pueblo judío de todo el mundo y también una importante atracción turística para personas de todos los credos. Con los papelitos con los deseos escritos por ambos, bajamos los escalones para dar paso a un control y así salir a la plaza que da al apabullante muro. La emoción ya se había apoderado por completo de ambos, nos quedamos contemplando esa pared que desde lejos solo parece una pila de rocas pero que dentro de sí guarda una fuerza de fe como pocas veces vi en mi vida. El sol pegaba con los rayos fuertes sobre el muro dándole un brillo singular, el cielo azul funcionaba como espejo para el reflejo de todo lo que acontecía ahí abajo y nosotros parados enfrente con toda la emoción en el cuerpo. Nos sacamos varias fotos para inmortalizar aquel acto y así dimos paso a unos cuarenta minutos que nos habían dado para que cada uno pueda recorrer el muro. Como cualquier otro templo, las mujeres acceden por la parte derecha dando a un parte menor del muro mientras que los hombres pasan por la izquierda accediendo a la amyor parte del muro en el exterior y con toda la extensión del muro dentro de un complejo a puertas cerradas que pertenece al patrimonio judío. Después de lavarme las manos y con la quipa en la cabeza me dirigí directamente a dejar mis plegarias sobre una de las rocas mientras me posaba con la cabeza en ella para dejarme atrapar por todo el peso de fe que contienen esos fragmentos. Siempre con el sentimiento de respeto frente a las creencias de los demás solo me dejé llevar por las sensaciones y emociones que se me cruzaban por la cabeza flanqueado a mis costados por hombres de fe apostados sobre el muro con unas facciones de en las caras mientras oraban que me dejaron estupefacto. Es algo extremadamente movilizante ver gente con tanta fe y dedicación llevando a cabo sus rituales mientras alaban a su dios al tiempo que expulsaban de sus bocas oraciones en hebreo mientras sus cuerpos se balanceaban de adelante para atrás sin cesar. Posturas que utilizan para orar con todo el cuerpo, no solo con la boca, dando muestras de la energía y voluntad que dedican a su Dios. A su vez, la gente que acude al templo tiene respeto por los visitantes y no tienen ningún problema si sacas fotos o te quedas observando todo lo que sucede alrededor, como se fueses un extra en medio de una escena principal de una película. Dentro del complejo que está a puertas cerradas los acontecimientos se producían de la misma manera, hombres columpiándose adelante y hacia atrás pegados con sus cabezas sobre el muro orando o recitando a voz alta, algunos sentados en las sillas con atriles e innumerables textos religiosos por todos lados dando paso a las lecturas de todos. La respiración es densa y tensa, no porque fuese a ocurrir algo sino por la fuerza que produce todo lo que me pasaba alrededor, como una sensación de admiración sobre aquellas personas por la dedicación y esfuerzo en lo que estaban haciendo. Lamentablemente el tiempo se acabó y así volvimos a juntarnos todos en la plaza mientras me encontraba con mi vieja nuevamente, ambos con unas caras de completa felicidad. El guía nos llevó por uno de los túneles que surgen de ahí para en esta ocasión entrar al particular Barrio Musulmán. Luego de sacarse la quipa (nos explicó que era básicamente para evitar miradas aunque no era necesario) empezamos a caminar mientras el paisaje iba cambiando completamente, es increíble cómo cambia toda la configuración de una cuadra cuando pasas de un barrio a otro. En este caso las típicas calles y puestos que nos habíamos encontrado en todas las ciudades musulmanas tomaron el control del paisaje, ritmo vertiginoso en que la gente camina, puestos avocados directamente hacia la venta incesante de los comerciantes que te quieren vender de todo, y el particular aroma que se percibe en el aire. A mitad de camino hicimos una parada para almorzar e ir decantando las sensaciones que se aparecían. Fuimos a comer unos ricos falafel con mi vieja y nos contamos cada uno cuales habían sido las emociones vividas en aquel templo. Ambos tuvimos la misma admiración sobre el poder de fe que sentimos de la gente que vimos en el templo, al tiempo que mi vieja rompía en lágrimas por haber vivido una de las cosas con las que siempre había soñado con conocer. Es realmente fuerte lo que se siente, si sos de dejarte llevar por las emociones fuertes, realmente recibís un bofetazo a la mente y al alma en ese templo. Cuando volvimos a andar por las calle principal del barrio nos topamos con varios controles que las fuerzas militares israelís toman lugar para custodiar el acceso al Monte del Templo, sitio donde se encuentran los dos templos más importantes para los musulmanes la Cúpula de la Roca y la Mezquita de Al-Aqsa. Lamentablemente no nos dejaron pasar ya que solo está abierto el paso a turistas algunos días de la semana y bajo ciertas circunstancias, asique solo tomamos una foto de lejos y acordamos ir a visitarlo el domingo que se podía. Antes de llegar a la Puerta de Damasco, con unas mezquitas que se asomaban por los techos, aparece el primero de los siete sitios en los que se llevó a cabo la Vía Dolorosa de Jesús, o Vía Crucis. La primera estación se localiza en el Monasterio de la Flagelación, donde Jesús fue interrogado por Poncio Pilato y luego sentenciado. En la segunda estación nos topamos con la antigua construcción romana donde aparece el arco del Ecce Homo, mientras identificaban a Jesús como la persona culpable que iba a ser crucificada. A unos metros llegamos a un Iglesia Católica Armenia que rememora la primera caída de Jesús por el peso de la cruz camino a su crucifixión. En cada sitio que parábamos el guía explicaba brevemente la historia mientras los fueles o creyentes cristianos dejaban sus plegarias en los rezos y en las velas que encendían a cada lugar. Yo iba disfrutando de poder caminar estos lugares tan sagrados para estas religiones, con una completa alegría de poder estar viviéndolo a la vez de tener a mi vieja como compañera de aventuras. Cuarta estación, un oratorio que conmemora el encuentro entre Jesús y su madre, representando una huella sobre una piedra en la cripta de una iglesia donde se data supuestamente del lugar exacto en que se llevó a cabo ese encuentro. Enfrente sobre una esquina, un cartel indicaba con el numero V la quinta estación, donde acudió el encuentro entre Jesús y Simón el Cirineo, que ayudó con la pesada cruz en el recorrido. Los flashes se me venían a la cabeza recordando algunas de las películas que había visto sobre este acontecimiento histórico, y al estar caminando en esos precisos lugares se sentía como viajar en el tiempo. Unas cuadras más arriba nos cruzamos con la Iglesia Griega que conserva la memoria del encuentro entre Jesús y Verónica, aquella mujer que le tendió un paño para que se secara la cara y donde se supone que quedó grabada la imagen de la cara de cristo en él.  La séptima estación, y ultimo del Barrio Musulmán, es el lugar donde se cayó por segunda vez apoyado en uno de los pilares que hoy en día se conserva (el lugar es un negocio en la actualidad). De esta manera dimos comienzo al ultima Barrio por conocer, el Cristiano, donde pasamos por el muro exterior del Monasterio Griego Ortodoxo, donde se supone que Jesús encontró a las mujeres piadosas conmemorando así la octava estación. La novena recuerda la tercera caída de Jesús y da paso a todas las restantes que se llevan a cabo en la Iglesia del Santo Sepulcro. Cuando subimos por una calle invadida de locales vendiendo todo tipo de rosarios y amuletos católicos nos percatamos que estábamos cerca del lugar más sagrado para todos los cristianos en el mundo. La iglesia de afuera presentaba una arquitectura irregular, como si fuesen varias edificaciones superpuestas en una, con el mero resultado de ser lo que la extraña combinación había arrojado. Sitio que antiguamente ocupaba el Monte Gólgota, hoy alberga parte del Barrio Cristiano y la iglesia más impresionante a la que he acudido, no por sus dimensiones ni por su decoración, sino por su significado histórico. En la entrada del Santo Sepulcro nos acoplamos con el grupo y el guía para tener un orden de recorrida ya que la cantidad de peregrinos y fieles que acudían a su visita era continua. Estábamos en presencia del lugar donde se supone que habían acontecido todas las últimas estaciones de la vía dolorosa de Cristo, en sí los hechos más significantes del cristianismo que marcaron el comienzo de la nueva era moderna. Entramos por el lugar donde Jesús fue despojado de sus vestiduras y subimos por unas escaleras hasta llegar a un atrio donde está una piedra que simboliza el lugar donde fue crucificado Jesús. El clima que rondaba por el lugar aumentaba en tensión, gente desesperada haciendo cola arrodillada para tocar ese sitio como símbolo de sacrificio, fieles llorando y rezando a fuerza y voz como quien se encuentra en un trance espiritual, flashes de miles de cámaras que iluminaban el lugar mientras retrataban aquel lugar y el sacerdote griego apuraba a la gente con un aplauso para que de paso al resto de la gente, todo pasaba en un ámbito completamente desorbitante. Bajamos por el otro costado para dar con la Piedra de la Deposición, lugar donde dice la tradición que Jesús fue preparado después de ser bajado de la cruz para ser enterrado. En este punto nos topamos con la gente arrodillada con sus manos tendidas en las piedras con todos sus amuletos buscando la bendición de aquel lugar, depositando toda la energía en aquel preciso instante. Sobre esta piedra colgaban unos huevos de bronce con las velas ardiendo y en frente un mural representando todos estos acontecimientos. Continuamos a paso veloz ya que el tour estaba terminando, por una sala hasta llegar a una majestuosa bóveda donde la fila para ingresar daba vueltas a su alrededor como una serpiente enredando a su presa, dentro de la misma la supuesta tumba donde fue enterrado Jesús. El guía nos llevó a unos metros donde se podía ver realmente como era una tumba por aquella época, un oscuro agujero en la roca con una sola vela dando penumbras al lugar y un bloque cuadrado de piedra como puerta de acceso. Algo así debería haber sido el lugar donde Jesús fue enterrado, pero claramente para los visitantes y fieles era más imponente toparse con majestuoso mausoleo y no algo tan insignificante como un agujero en la roca. Seguimos dando vuelta alrededor de la sala hasta llegar a la capilla principal griega donde resalta notablemente un impresionante fresco en el techo con diversas imágenes y escritos. Esta capilla llamada de la Resurrección hace alusión a la última estación de la vía dolorosa donde Cristo resucita en cuerpo y alma. Pudimos terminar de ver casi todas las salas que nos quedaban por ver del Santo Sepulcro donde a cada paso te encontrabas con un sitio que recordaba algún acontecimiento o hecha de aquellos días en los que Cristo fue crucificado y enterrado. En forma irónica el guía dio la mejor definición a todo lo que teníamos a nuestro alrededor, el parque de diversiones por excelencia de los cristianos, no en forma de faltarle el respeto a los creyentes, sino porque todos estos lugares donde habíamos pasado eran los supuestos espacios donde habían acontecido aquellos  hechos. Al igual que lo que había sentido hacía dos horas, la fuerza y el poder de todos los peregrinos y fieles que rondaban por ese lugar te impregnaban de admiración hacia tanta fe y creencia. Como íbamos a volver otro día decidimos dejar el lugar y volver luego para recorrerlo tranquilos y dejarnos empapar un poco más de aquel sagrado lugar. Terminé exhausto con tanta recorrida histórica, empapado de historia religiosa y con la sensación de ser un privilegiado por haber podido pisar cada uno de esos lugares. Con mi vieja terminamos asombrados con todo lo que habíamos pasado ese día, agotados pero felices. Paramos en los puestos a la salida para comprar todos los rosarios que habíamos pensado en regalar a la gente que conocíamos y que realmente eran cristianos muy creyentes, sabiendo de la importancia que tenía ese lugar. Caminamos de retorno al hotel sin ruta alguna, todavía conmovidos mientras todo el peso de la historia religiosa iba cayendo como cascada en nuestras cabezas. A la noche luego de descansar un rato y una ducha rápida, nos quedamos comiendo en el restaurant del hotel contándonos cada uno las diferentes experiencias sobre lo vivido al tiempo que íbamos guardando todo lo aprendido en el disco rígido. Un día que nunca olvidaré en mi vida.

El sábado al ser un día de descanso para los judíos (la mayoría de los lugares se encuentran cerrados) nos dirigimos al Monte de los Olivos, en el valle Kidrón,  a visitar algunas de las iglesias que recuerdan los lugares donde vivió y predico Jesús. Desde este punto nos encontramos con unas vistas fabulosas de toda la ciudad vieja, panorámicas perfectas para sacar con todas las cúpulas de las edificaciones sobresaliendo de las murallas y la cúpula dorada resplandeciendo sobre el sol brillante del mediodía. La primera basílica que entramos a visitar fue la Getsemaní, junto al jardín de los olivos, donde se encuentra la porción de la roca en la que supuestamente Jesús oró la última noche antes de ser arrestado, después de celebrar la última cena. Una capilla oscura con un altar posterior a la roca en la que los fieles se persignan para llevar sus plegarias al tiempo que buscan la bendición. Los vitreaux y los frescos le dan un carácter imponente a esta basílica que resalta por su diseño y decoración. En la parte de afuera se puede observar las distintas ruinas de las antiguas iglesias construidas desde el siglo VI d.c., hoy en día custodiada por la orden franciscana. Cruzamos luego de esta visita a una iglesia donde se supone que esta la tumba de la virgen maría, lugar custodiado por los sacerdotes griegos, donde también aparecían fieles de todas partes del mundo. Pensaba a medida que entraba en cada lugar, que loco es todo lo que pasa alrededor de estos templos sagrados, para cualquier religión, que significado tan fuerte tiene para sus fieles como si fuese un lugar de absolución absoluta, de salvación. En lo que respecta al cristianismo, casi todas estas edificaciones como la compilación del nuevo testamento se produjeron casi de 400 a 600 años posterior a la muerte de Jesús, creado por la entonces emperatriz Helena junto a su hijo Constantino que dieron el marco a todo lo que se conoce hoy como Cristianismo. Una fuerte dicotomía se me producía entre la creencia de la veracidad sobre todos los hechos o lugares religiosos y la necesidad histórica de este imperio romano por controlar a la sociedad con un símbolo tan importante como fue la vida y obra de Jesús. En fin, mi cabeza siempre volvía al mismo asunto, la fe, contra eso no hay nada y que respeto más admiración tengo frente a los que tienen esa fe impregnada en sus vidas a cualquier religión, pero a la vez que bronca me produce cuando con esta fe se lleva a cosas que nada tiene que ver con el sentido real de las diferentes creencias. Siempre que el odio, la violencia o el terror se apoderan de la religión es cuando algo falla definitivamente en su interpretación. Con todos estos pajaritos en la cabeza seguimos camino con el auto hacia la cumbre del monte olivos para así si poder disfrutar de una vista sin igual de toda la ciudad vieja custodiada por las altas murallas de la pared accidental.  Así pasamos la tarde recorriendo un poco más los barrios circundantes a la antigua ciudad de Jersualem disfrutando de todo lo que tenía para ofrecer en cualquier esquina o barrio que cruzáramos. A la vuelta del hotel me fui un rato de nuevo a darle al aro con la pelota de básquet y mi vieja se fue a caminar donde pudo encontrar un shopping a punto de abrir luego de que terminase el shabat. Nos encontramos a la noche en ese mismo centro comercial, muy lindo por cierto, y nos quedamos a comer en un resto al aire libre disfrutando del agradable clima que había.

El domingo era un día importante para la comunidad judía ya que comenzaba Rosh Hashaná, año nuevo judío que perduraba por dos días. Día más que importante donde todas las familias se juntaban por la noche para compartir la cena y todos los rituales típicos que llevan a cabo, celebrando en esta oportunidad el año 5.776. Pensamos con mi vieja volver a recorrer la ciudad vieja donde iba a estar casi despoblada por la fecha, pero así podíamos caminar tranquilo de nuevo sus calles y acudir a los lugares en los que nos habíamos quedado con ganas de visitar más. Antes de partir leí en el diario que había ocurrido un hecho de violencia en los controles entre el Monte del Templo musulmán con los militares israelís y algunos fanáticos musulmanes. Igualmente nos dirigimos para allí a ver si realmente pasaba algo o era puro cuento. Dimos más o menos la misma vuelta que habíamos dado con el guía pero esta vez el carácter y el pulso de toda la ciudad había disminuido de gran forma, casi todos los lugares estaban cerrados y la calma rondaba por todos lados. Las familias judías llegaban en gran cantidad a las diferentes casas, todos vestidos con los mejores trajes y vestidos de fiestas, con incontables fuentes de comidas dando muestra del importante símbolo que tienen los alimentos para esta comunidad, sobretodo la miel, la manzana y la granada. Decidimos pasar por el Barrio Cristiano nuevamente ya que había sido el que menos habíamos recorrido, dando un paseo por sus calles con las características iglesias y monasterios. Entramos de nuevo a la basílica del Santo Sepulcro, esta vez con muchas menos visitas, asique pudimos dar una vuelta tranquilos por todo el lugar, empapándonos de otra manera con todos esos lugares sagrados y entrando esta vez a la tumba donde supuestamente Jesús fue enterrado. Este lugar estaba custodiado por sacerdotes armenios que al golpe de un ruido para hacer rápida la fila y visita al lugar no te daban una paz de contemplación que merecía ese lugar. Llevamos con nosotros todos los rosarios y medallitas que habíamos comprado con mi vieja para bendecirlas en los diferentes lugares sagrados así tenían un peso especial para los que iban a recibirlos. Tratamos de ir al Monte del Templo como nos habían dicho que iba a estar abierto el domingo pero por los hechos reales que habían ocurrido durante la mañana habían cerrado el paso para judíos y turistas. El atardecer caía a cuestas y el resplandor del brillo de aquellas murallas golpeaba con fuerte peso, momento propicio que encontramos para volver al Muro de los Lamentos pero esta vez con la plena libertad de quedarnos el tiempo que quisiéramos contemplando todo. Entramos cada uno por su lado y en mi caso volvía  dar una recorrida por todo el lugar con mera admiración, la cantidad de fieles ortodoxos había incrementado en gran manera pero esta vez llevaban trajes blancos, se ve que por la celebración el color negro cambiaba. El ritmo de cientos de personas balanceándose de un lado al otro orando con una fuerza y un sufrimiento a la misma vez te sacude los sentidos, me dejó más sensible que la última vez. Decidí quedarme sentado en una silla en el fondo del patio exterior solo con la idea de observar todo lo que acontecía a mí alrededor. Me quedé unos largos minutos hasta que una persona chico joven se me acerco y me pregunto: “Vos hablas español?” Me quedé sorprendido ya que no lo conocía y no había emitido alguna palabra, a lo que conteste “Si, soy argentino”. Resulta que era un venezolano, de unos 25 años que había intuido que era de Sudamérica y que se acercó para preguntarme que hacía ahí. Nos quedamos hablando cerca de cuarenta minutos en una conversación simplemente brillante, para mí fue un momento único en el cual pude exteriorizar muchísimas cosas que se me daban vuelta por la cabeza en ese instante y que necesitaba compartir con alguien que tuviese esa fe que estaba vivenciando. Él era judío y había decidido irse de su país y lejos de su familia para terminar de encender aquella chispa que tenía dentro sobre su religión y que supo enardecer luego de estar tres años en la tierra prometida expandiendo su conocimiento y su fe de una manera descomunal. De mi parte le pregunté muchísimas cosas sobre su religión, para conocerla más de adentro y también me saqué de encima muchas incógnitas y reflexiones que llevo dentro acerca de la religión y de los factores que se relacionan con éstas. Fue una conversación que me sacó algunas lágrimas inesperadas, mezcla de la emoción de aquel día en aquel lugar, y de poder compartir tan abiertamente con otra persona con creencias tan distintas a las mías, mis reflexiones acerca de la vida y del ser humano. Yo pude ver en él mientras hablaba de su fe ese poder tan fuerte del que hablamos con mi vieja, esa admiración hacia la fe absoluta sobre una religión, y él encontró en mis preguntas y cuestionamientos una forma de ver las cosas muy particular, con un pensamiento completamente distinto al de él pero con un respeto y comprensión sobre todo lo que yo exponía. Un gusto enorme haber compartido esa charla, en ese momento, en ese lugar, donde nadie trato de convencer al otro de nada, solamente argumentar lo que cada uno pensaba con la mutua admiración de las diferentes formas de pensar del ser humano. Después de casi dos horas nos volvimos a encontrar con mi vieja en la plaza y encaramos por las silenciosas calles hacia la salida. Se iba cerrando el viaje a Israel con una visita más que impresionante a Jerusalén y todo el mundo que estas pocas cuadras guarda consigo.

Ultimo día en Tierra Santa que aprovechamos para ir a recorrer con el auto algunos de los barrios pendientes que nos quedaba por visitar, atravesando toda esta impresionante ciudad que se desarrolla entre esas murallas históricas y una pujante moderna Jerusalén que golpea las puertas de los nuevos tiempos. Después de varios actos fallidos, dimos con el Hospital que teníamos que ir a visitar para ver unos murales que Chagall había pintado dentro, pero que al no leer bien la guía que teníamos nos encontramos con que los lunes estaba cerrado al público. De camino de regreso paramos a almorzar en Ain Karem, pueblito que queda sobre la ladera de la montaña, donde también pasamos a visitar la iglesia en memoria de Juan el Bautista. Con este último recorrida terminábamos la magnífica visita a Jerusalén, Tierra Santa y cuna de la historia moderna que lleva el mundo. Santuario de millones de creyentes de varias religiones que centran su poder y culto en estas tierras.

Por delante nos quedaban días de descanso con mi vieja, habíamos decidido volver a Tel Aviv a pasar los últimos días del viaje relajándola en las playas y descansar para lo que se venía. Tuvimos una parada más en Estambul antes de en mi caso partir para Londres y ella para Buenos Aires.

Los últimos sirvieron para que todo lo vivido vaya decantando a la vez que íbamos compartiendo juntos todas las anécdotas, historias, momentos y experiencias vividas. Me pasó algo los últimos días que lo sentí como una revelación, fue el darme cuenta lo importante que es cumplir los sueños en vida. En el caso de mi vieja pude compartir con ella un sueño que había tenido hace más de 20 años, poder visitar las ruinas de Qumran y descubrir el asombroso mundo de Israel por dentro. Entonces pensé también en lo que yo estaba haciendo con este viaje, cumpliendo también un sueño que a pesar de mi corta edad tuve la valentía y el coraje de afrontar para llevar a cabo, y no son cosas que uno tiene que pasar de largo, es algo de lo que uno tiene que estar muy agradecido de vivir. En un mundo donde hoy en día la vorágine del sistema te lleva por delante, donde vale más lo material que lo espiritual, donde nunca hay tiempo para nada, donde los sueños siempre son postergados por las necesidades básicas inmediatas, donde el NO pondera generalmente sobre el SI, donde las limitaciones y estructuras de la gente le ganan a cualquier sueño que se cruza por la mente, y por miles de factores más es que estoy muy orgulloso y feliz de haber compartido este sueño con mi vieja dentro de mí mismo sueño. Cosas que la vida te ofrece y que solo necesitas el poder del asombro y las ganas de aprender de todo lo que el mundo tiene para ofrecerte (lo bueno, lo malo, lo distinto, lo religioso, lo histórico, lo diferente, lo feliz, lo amargo, lo dulce) para guardarlo en el mejor baúl de los recuerdos,

Así cierro otra inmensa etapa del viaje, con unas lágrimas en la despedida del aeropuerto pero con una inmensa felicidad interna por lo vivido y por lo que todavía queda por vivir. Gracias vieja!!

Quinto libro terminado: “El monje que vendió su Ferrari” de Robin Shama, una fábula linda con un mensaje entre líneas sobre los riesgos de vivir una vida superficial y la importancia de encender la llama espiritual.

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