KM 55.260 Tuticorin – Madurai – Trivandrum – Alleppey – Kochi – Bangalore

Corría mediados del 2011 cuando por primera vez en mi vida atravesaba un “crisis personal”, ese tipo de crisis que ocurren cuando se te desajustan algunas variables de tu vida y no le podes encontrar respuesta a ese ¿porque a mí? Crisis que cuando uno la vive de adentro siente que es el fin del mundo, que no se tiene salida, que no encontrás respuestas a esa pregunta tan ignorante de pensar ¿porque a mi? Cuando se está en el ojo de la tormenta, cuesta sacar la cabeza del agua y poder razonar con tranquilidad acerca de aquellas cosas que la vida solamente te pone en el camino para crecer, para madurar. Y fue una etapa donde solamente cosas como el amor, el trabajo y alguna inestabilidad familiar me hicieron tropezar y caer, pensando que era el peor momento de mi vida, sin saber que a partir ese momento surgiría el disparador hacia una etapa de cambio, de madurez, de desafíos, de aprendizaje, de consciencia, de crecimiento y de comprensión. Como cada uno tiene que poner su esfuerzo para mejorar, yo me tomé en aquel momento el tiempo y la dedicación a comenzar con una terapia hermosa que a lo largo de cuatro años me abrió el interminable camino a conocer en profundidad la, y mí, mente humana, entendiendo que todo problema tiene una solución, que de todo en la vida se aprende, que primero hay que conocerse uno, respetarse y quererse para poder estar bien con el otro y por sobre todas las cosas que todo en la vida pasa por algo. En este difícil momento que atravesaba tuve la fortuna, junto con la gran ayuda de mis padres, de poder realizar un viaje hacia tierras que para mí en ese entonces eran completamente desconocidas, un viaje por India y Nepal de solo unos 10 días para despejar la cabeza y darle aire a mis pensamientos. Me sumé a la última etapa del viaje de mis padres para recorrer Delhi y Agra en India, más un inolvidable trekking de cuatro días por diferentes pueblitos sobre la base del Himalaya en Nepal, a pleno bosque y paisajes que nunca se me borrarán de la mente. Con todos esos pensamientos y angustia que recorrían por mi cuerpo en aquellos tiempos, llegué a un país que me absorbió desde el primer segundo que llegue; un hombre español que viajaba a mi lado en el avión me había dicho (frente a mi cara de incertidumbre): Nunca te vas a olvidar del primer aroma que inhalaras al cruzar las puertas del aeropuerto de Delhi!. Y así fue, esa primer bocanada de aire que recorrió mis fosas nasales hasta mis pulmones, me dejó un sabor que nunca se me olvidaría en toda mi vida, es más, perdura en mi cuerpo por siempre. Recorrer la India fue un shock emocional en todo sentido, los primeros días atravesas un dolor muy fuerte frente a toda la cruda realidad que te escupe el país en la cara, tratando de asimilar todo lo que te pasa por el cuerpo al tiempo que la mente empieza a darte vueltas como un lavarropas. A medida que iba descubriendo este fascinante país, mis sentidos se abrían paso frente al fervor de la ciudad dándome una fiesta que recorría mi cuerpo por todos lados, los aromas de la calle, la invasión visual que sentís a cualquier dirección, el ruido que perfora los tímpanos como una orquesta urbana, la sensibilidad al tacto de todo lo que sentís y el paladar que descubre sabores nunca antes vistos, todo sucede con absoluta anormalidad asombrosa. Y esa fue justo la cachetada que necesitaba en ese momento, para abrir por primera vez los ojos y darme cuenta del mundo en el que realmente vivía, para saber que el Occidente era solamente la mitad del planeta, para darme cuenta que los valores, la vida cotidiana, las costumbres o la religión habitaban de una forma completamente diferente de la que conocía y aunque así no deba ser, para valorar, disfrutar, apreciar y agradecer todo lo que tenía. Fue shock muy fuerte en ese entonces caer en un país así, me la pase llorando, observando, absorbiendo, disfrutando, contemplando todo lo que sucedía con un proceso interno que empezaba a cambiar en mi ser, con una mente inquieta en la que se encendió una chispa que nunca se iba a apagar. Me fui del país con un lindo lío en mi cabeza, feliz por haber abierto las puertas a esa enciclopedia de la vida que es la India, sabiendo que algún día iba a volver para continuar con ese viaje espiritual que comenzó allá por ese entonces, para nutrir el alma con ese sub-mundo fascinante. Y como si eso hubiese sido poco, me llevé de vuelta en la mochila una impresionante experiencia en tierras de Nepal, donde luego de recorrer las montañas con mis viejos por cuatro días con solo unas mochilas, un guía, un sherpa y toda la exuberante naturaleza a merced nuestra, me regaló la entrada al exquisito mundo del budismo y una filosofía de vida que después de mucho tiempo de estudio y lectura, me respondió muchas dudas y preguntas existenciales de la vida que tenía, dibujando un plácido sendero por el cual caminar para comprender algunas cosas del ser humano y, por sobre todo, de la complicada mente humana.

Si uno quiere algo en la vida no hay nada ni nadie que se lo pueda impedir, con esfuerzo y ganas todo se puede y yo sentía en mí ser que iba a tener la posibilidad de volver a estas tierras. Y que mejor regalo  que hacerlo en medio de un viaje descomunal por todo el mundo, una parada para volver a sentir todas esas emociones internas que me sucedieron cuatro años atrás, esta vez con más tiempo y dedicación a un país que me explotó el corazón y la mente en todas sus dimensiones. Bienvenidos a India.

Tuticorin como en Familia

El vuelo de Colombo a Madurai llegó sin inconvenientes y en solo cuarenta minutos ya estaba pisando nuevamente la India. Esta vez aterrizaría en una ciudad del sur, en el estado de Tamil Nadu, con una composición urbana completamente diferente a las provincias del norte y un ritmo de la población menos potente. Iba a tener posibilidad de visitar la ciudad en otro día, ya que el primer destino al cual iba a parar sería Tuticorin, un pueblo costero al sur que bordea el Océano Indico, conocido como la Perla, por su gran abundancia de cultivos. Como llegué a parar en este pueblo? Resulta que una amiga de Argentina, Solange, comenzó hace un año un viaje alrededor del mundo para disfrutar del kitesurf, playas y buena vida. Después de andar bastante tiempo por el sudeste asiático, salto para Sri Lanka y luego la India, allí una persona que conoció viajando la contacto con una familia de este pueblo que la podía alojar sin ningún problema. No solo se quedó finalmente un mes junto a esta familia, sino que pudo conocer a fondo toda la zona, disfrutar de un hogar (literalmente),  convivir con todas las costumbres, tradiciones y cotidianeidad de una familia en India, y sobretodo conocer gente maravillosa. A raíz de esto y como veníamos en contacto, le comenté que iba a arrancar a recorrer por el sur y sin dudarlo me puso en contacto con ellos para poder parar en su casa ya que ella había partido al norte hacía unas semanas. Desde Sri Lanka comencé a hablar con Anjana, para arreglar mi llegada a Tuticorin en donde me iban a estar esperando ansiosamente. Luego de bajar del avión y cruzar la aduana cambie algunos dólares por rupias, respiré alegremente una nueva bocanada de aire indio, se me inflo el pecho de felicidad, me tomé un taxi y me dirigí a la estación de buses para tomar el colectivo hacia el sur. El haber estado en Sri Lanka unas semanas antes me había dado nuevamente un pantallazo sobre aquellas culturas indias, con esa particular forma de vivir y desarrollo urbano, igualmente volver a pisar la india me arrojaba una mezcla de sentimientos que comenzarían a aflorar desde el primer instante que puse un pie en ese bus. Con la ayuda de algunas personas que me orientaron sobre cual bus tomar, logré subirme con mis mochilas saltando al bus que pasó por la estación en movimiento y que venía a una velocidad vertiginosa. El compacto digamos que estaba casi destartalado, los asientos completamente rotos, sin ventanillas, el cubículo del conductor que temblaba como pandereta y el ruido del motor que sacudía al colectivo como una caja sonora. Welcome to india pensé, me senté en el fondo tranquilo con una sonrisa tragicómica y relajé mientras escuchaba música para pasar el tiempo. La ruta estaba en buenas condiciones dándole una buena excusa al conductor para pisar el acelerador a fondo entre bocinazo y bocinazo abriéndose paso con los demás vehículos que transitaban sobre el pavimento. Al rato de andar con ese sonido permanente del motor como somnífero, me quedé plácidamente dormido unas dos horas  hasta que nos detuvimos en una estación para hacer un stop de veinte minutos. Bajé con mi pinta de extranjero a una parada de camioneros y colectivos que estaba en plena convocatoria para albergar a los conductores sedientos o hambrientos, pase por una letrina a hacer pis y me fui para el bar a comprar algo para comer ya que no había almorzado nada. El menú fueron dos paquetes de galletitas y un riquísimo te chai que un indio lo preparaba de manera fenomenal, debía haber estado toda su vida agitando esas cacerolas mesclando el sabroso té con esa leche cremosa que tan buen saben preparar. De nuevo en la ruta el sueño no logro volver asique me pase la hora restante de viaje jugando con unos nenes que estaban en el asiento de adelante y que no paraban de reírse no sé si de mi pinta o por ser extraño para ellos. La ciudad de Tuticorin me recibió a eso de las ocho de la noche con un cálido pero húmedo clima, los habitantes a pleno movimiento de vuelta a sus casas y aroma intenso que penetraba una vez más por mi nariz. Le mostré la dirección al padre de los nenes que me ayudo a orientar al tuk-tuk man donde ir, y esta vez sin negociación previa me fui directo para la casa de los Motha. Después de tocar el timbre en algunas casas ya que todas llevaban el número 35 en la puerta y no sabía cuál era, me tope con Anjana que volvía en el auto de trabajar, nos saludamos y entramos a la casa juntos. Al encuentro salió Rohini, la madre, que estaba esperando también mi llegada, con una gran amabilidad nos saludamos y me hicieron pasar a la casa para que dejase las cosas en el cuarto. Me hicieron un breve recorrido por la casa, recorrimos los amplios ambientes como los patios externos e internos y salimos a una galería que quedaba al lado del comedor para sentarnos bajo el fresco aire del ventilador mientras empezábamos a sociabilizar. Antes que todo les agradecí sobremanera el hecho que me hayan recibido en su casa y poder quedarme unos días hospedado allí, un lindo gesto de su parte. Aparecieron unas exquisitas samosas (empanadas de vegetales fritas en masa filo con forma triangular) con unas cervezas frías que sirvieron de perfecto aperitivo para romper el hielo y empezar a contarles un poco de mi vida y de todo lo que había hecho en el viaje hasta ese momento. Se reían de la locura que estaba haciendo, como también de Solange que había pateado el tablero por un tiempo para hacer un largo viaje por el mundo, argentinos locos. Nos acompañaban los tres perros de la familia (un cocker y dos callejeros) más la hermosa Lakshmi, un cachorrito de solo unos meses que Anjana había adoptado cuando la dejaron tirada en su local. La familia vivía desde siempre en Tuticorin, actualmente Anjana y Arjun (hermano menor) vivían con Rohini en la casa y Anjali (la hermana más grande) en Chennai junto a su esposo e hijos. Actualmente tienen muchos negocios en la ciudad, son una familia muy respetada y conocida por el barrio y los vecinos, viven en una hermosa casa de familia donde se puede respirar ese aroma de hogar, grandes ambientes, jardín, patio, cuartos de techo alto y una cocina desde donde saldrían los más deliciosos platos. Después del aperitivo pasamos a la mesa del comedor donde Mani Sami (el simpatiquísimo cocinero de la casa) nos preparó un riquísimo pastel de carne con láminas de papas y queso gratinado por encima, junto con unas dosas (como una especie de crepe hecho a base de arroz procesado, que sirve como “masa” para su cocción) que hicieron de la primer cena un festín a mi paladar. Arjun estaba fuera de la casa por unos días ocupándose de alguno de los negocios por lo que no pude conocerlo ese día, nos quedamos el resto de la cena charlando, comentándome acerca de todos los emprendimientos que la familia llevaba a cabo, sus costumbres, tradiciones, religiosidad católica y demás temas. No había podido tener un mejor recibimiento en la India que el que tuve, conociendo unas personas encantadoras que me abrieron las puertas de su casa, una cena casera, una charla amena y un corazón feliz por estar en ese hogar. Me fui a dar una ducha antes de dormir y aproveche para hablar con Flor, mi hermana, que era el día de su cumpleaños y quería saludarla.  Me acosté con la mezcla de ansiedad y excitación por estar de vuelta en la India y por todo lo que venía por delante en estos meses. La única preocupación antes de cerrar los ojos fue mi tobillo, se ve que el día que tomé el bus de Arugam Bay a Colombo me picó algo por encima del tobillo, ya que durante todo el día tuve una inflamación bastante importante como si fuese una picadura y no había bajado, por el contrario estaba en aumento, con la zona muy irritada y caliente. Pero igualmente, nada impidió que me quedase dormido con una sonrisa en la cama, una nueva aventura había comenzado.

Y lo que era una preocupación termino siendo algo realmente alarmante, desperté con el tobillo derecho completamente hinchado como una empanada, la zona de la picadura estaba con una bola, toda la zona roja y ardiendo, casi ni podía pisar. Anjana y Rohini me estaban esperando para desayunar, tomé un té chai con algunas dosas mientras les comentaba lo que me pasaba en el pie con una vergüenza tremenda, primer día que caía y ya tenía un problema, pero bueno son cosas que pasan. Sin pensarlo Anjana llamo al doctor de la familia y nos fuimos directamente para la salita donde atendía, a unos diez minutos de la casa. En la guardia me hicieron pasar sin espera, beneficios de tener un conocido, y el doctor con muy buena onda me miró sacando rápidas conclusiones. Me dijo que tenía que darme algunas inyecciones y hacer reposo por unos días, mi cara se frunció un poco no por el miedo de las inyecciones sino más bien por dudar si era realmente lo que tenía que hacer. Preferí esperar y llevarme algunos medicamentos para tomar hasta que lo consultase con mi médico en Argentina y ver realmente que era lo que me convenía. Llamé a la madrugada a Buenos Aires para hablar con mi vieja y Héctor, mi médico de toda la vida, que finalmente me recomendaron no dejar pasar más tiempo ya que no sabían que me había picado y las toxinas ya estaban evolucionando rápidamente. Anjana ya se había ido al café que tiene a unas cuadras de la casa para trabajar, asique esta vez me llevo Rohini de nuevo a la sala donde el doctor con esa sonrisa simpática de “yo te lo dije” me sentó en la camilla y avisó a las enfermeras para que preparen las inyecciones. Un refuerzo del tétano en el brazo, un decadrón potente en la nalga y tres medicamentes cada doce horas para combatir aquel veneno (se cree que fue de una araña) que me había dejado el pie junto con el tobillo hecho una pelota. NI el medico ni Rohini me dejaron pagar nada, con humildad les agradecí y aunque sea le prometí al doctor que iba a ir el viernes a la inauguración de un torneo de básquet regional que organizaba en el polideportivo de la ciudad. Volvimos para la casa con Rohini que me fue mostrando un poco el barrio y los templos, me sorprendió ver la cantidad de iglesias católicas cuando justo me empezó a explicar un poco la historia de la ciudad y el estado de Tamil Nadu, el cual fue receptor de muchos portugueses y españoles que llevaron el cristianismo hacia las tierras indias. Comimos algo juntos al mediodía en la casa antes de que ella se vaya para trabajar, y por la tarde me quede haciendo reposo con la pierna para arriba esperando que los antibióticos e inyecciones empiecen a mejorar la situación, realmente era muy doloroso y lo peor es que no podía casi pisar con la pierna derecha. Tenía la frustración por un lado de no poder lanzarme a conocer y recorrer la ciudad ya metiéndome de lleno nuevamente en la vida de la India, pero a la vez sabía que cuanto más rápido haga la recuperación antes iba a poder estar bien para comenzar las andanzas. El día se pasó relajando en el patio con brisa fresca bajo el ventilador, jugando con el cachorrito y dándole algún tiempo a la siesta entre rato y rato. A la noche nos volvimos a encontrar los tres en la casa, preocupadas por mi pierno les comenté que ya había hecho todo lo que tenía que hacer solo era momento de esperar que haga efecto todo, nos quedamos nuevamente recibiendo la noche en la galería con unas cervezas y para la cena esta vez nos desquitamos con un pastel de pescado, vegetales, salsa blanca y las infaltables dosas de acompañamiento, que rico. Me fui metiéndome de a poquito en la historia de la familia, conociendo las diferentes actividades que llevaban adelante como ser una empresa de gran tamaño que produce artículos de decoración de hogar, unas salinas, un complejo de cabañas sobre la costa como atractivo turístico, campos de cosecha y varios emprendimientos más, una familia trabajadora, generadora de empleos y de progreso. Tanto Anjana como sus dos hermanos habían tenido la posibilidad de ejercer sus estudios en Londres por cinco años, no solo perfeccionando su inglés casi al bilingüe sino también dándoles una apertura mental hacia los negocios, las culturas y las posibilidades en el mundo. Los Motha sin dudas tenían una amplitud de conocimiento diverso, viviendo inmersos en la cultura hindú pero con sus diferentes rasgos internacionales como ser su religión católica cristiana, su pasión por la gastronomía mundial, su enfoque trascendental en los negocios, todo con su gran toque de carisma, bondad y humildad que los caracteriza. Habían pasado solo dos días de mi llegada pero lo compartido hasta el momento me había hecho sentirme un poco más como en casa y la confianza iba en aumento, tiempo de descansar y esperar amanecer un poco mejor para disfrutar de aquella misteriosa ciudad.

Por suerte el jueves amanecí mejor, la hinchazón todavía no había bajado pero la picadura no ardía tanto, estaba de buen ánimo para comenzar el día. Los desayunos simplemente eran una delicia, él te chai que espumaba con aroma a recién hecho, las dosas crujientes con queso se deshacían en la boca y el cantar de los pájaros en el jardín de la casa hacían de mis mañanas un sueño, casi siempre desayunaba con Rohini ya que Anjana se iba temprano para abrir el café y preparar todos los pedidos que tenía, volvía para el mediodía donde solíamos almorzar juntos. Aunque todavía no podía pisar bien, mis ansias de salir a explorar todo fueron más fuertes que el dolor y arranque bien temprano a recorrer el barrio. Por la esquina de la gran casa pasaba una de las avenidas más grandes de la ciudad, que cruzaba de norte a sur, las manzanas de alrededor principalmente se componían de casas de familia y alguno que otro comercio. La principal atracción, y como si fuese a propósito de mi gusto, se la llevaba el mercado de frutas y verduras que solo quedaba a unas cuadras y que recibía centenares de personas día a día que iban en busca de las compras diarias o semanales para la casa, al estilo mercado central. El calor y la humedad jugaban un papel importante por aquellos días, me calcé unos cortos con remera desajustada, unas ojotas y arranque rengueando en dirección al mercado. Lo primero que me sorprendió al cruzar el portón fue cruzarme con unos chicos que estaban disfrazado pidiendo donaciones, le di algunas rupias al cambio de unas sonrisas y unas fotos que nos sacamos. Llegando al mercado me tope esta vez con una señora que venía disfrazada como de un dominio, con toda la cara pintada de amarillo y rojo, unos cuernos que le salían de la boca y un disfraz amarillo como de una deidad, a lo cual dije: “bueno esto viene grande, debe haber algún festival o ritual hindú, divertido”. No entendía hasta el momento muy bien porque, pero la consigna era que había que darle aunque sea algunas rupias, si es que querías, para algún culto que se estuviese llevando a cabo. Pasé por una callecita que se anticipaba al mercado donde había unos puestos de venta de flores marigold para los rituales hindú funcionando a todo trapo, los comerciantes a mi paso hicieron un freno en sus negociaciones y me empezaron a gritar para sacarse fotos conmigo, lo extraño siempre resalta, y en ese lugar el sapo de otro pozo era yo. Después de algunas risas y unas fotos posando con los indios, seguí camino atravesando algunas personas más disfrazadas hasta llegar a la puerta, donde un intenso aroma ponía en alerta mis cinco sentidos. Un largo pasillo se abría a lo largo de una cuadra con cientos de puestos a ambos lados, todos con sus mercaderías dispuestas a merced del cliente pretensioso que caminaba por el mercado en busca de sus provisiones, los gritos con las ofertas sonaban de un lugar a otro, el olor a hortalizas impregnado en las paredes, un clima caldeado fomentado por una temperatura que iba en aumento junto a la humedad que no cesaba, todo un interesante cocktail que me incitaba a comenzar la recorrida. Respirar profundo y arrancar. El hecho de ser occidental y estar metido en el mercado de un lugar en el medio de un pueblito del sur de la india es bastante llamativo, no faltó sacar una foto a un puesto para comenzar lo que sería un book de fotos con mis amigos puesteros. Todos me empezaban a gritar y a sonreír al intercambio de algunos gestos y palabras no se en que idioma para sacar algunas fotos, los personajes se ponían en pose  y todo el mundo se empezaba a reír. Mientras caminaba e iba viendo la increíble calidad de las verduras y frutas, fui metiéndome en los puestos para charlar con los tipos, sacarnos algunas fotos graciosas y disfrutar de ese divertido momento. Di la vuelta cuando termino ese sector y salí a cielo abierto donde en esta área se encontraban los vendedores a granel de cereales, frutas y dulces. El reflejo del día hacía brillar a todo alimento que se exponía frente al sol, el olor a pesar de ser intenso tenía un fuerte carácter, la gente se movía sin parar y todo sucedía con absoluta normalidad dentro de un estilo de vida particular. Después de caminar una hora por todo el mercado salí con el corazón palpitando, esto quería de recibimiento, esto es lo que me gusta de los lugares, meterme, impregnarme, mancharme, sentir, oler, vivir lo que se vive cada día en cada lugar. Al paso me cruce con un conjunto de vacas caminando por la calle como si fuesen colectivos, di una vuelta para salir a la otra avenida que cruza la ciudad de oeste a este y seguí marchando hacia no sé dónde. Volvía a sentir después de aquella vez que había pisado India, ese ritmo intenso, fuerte, agresivo, especial, que define a las ciudades de este país, donde todo ocurre con una velocidad penetrante. A medida que avanzaba las motos, los colectivos, las vacas, los transeúntes, los autos, todo te pasa alrededor de tu cuerpo como si uno estuviese detenido en el tiempo y todo gira alrededor sin parar. Vas empapándote de todo eso mientras tu cabeza y tus sentidos se van amoldando para darte espacio a todo eso que se va impregnando de a poco. En una de las esquinas vi a cuatro pequeños caminando de la mano disfrazados con unos trajes negros y unas cabezas de monstruos pidiendo donaciones también, eran morfables los cuatro, los paré y les di algunas rupias a cada uno, me pidieron que nos saquemos unas fotos juntos a lo cual accedí obviamente. La cara de esos nenes era lo más, una sonrisa tenían que no se la sacaban por nada, les compre unos caramelos y les invite a almorzar, fuimos a comprar unas viandas que vendían con arroz, salsa y vegetales, nos sentamos en el piso a la salida del restaurante y nos quedamos comiendo. Había uno vestido de verde que tenía una cara de pícaro sin igual, después de comer se fueron los cuatro de la mano como me los encontré caminando por la calle y yo me quede con sus sonrisas en la cabeza por un largo tiempo. Volví para la casa al mediodía después de un par de horas de pasear por el barrio habiendo visto todo eso que quería ver y sentir. Me encontré con Arjun en la casa que había vuelto de Aqua (el complejo de cabañas) donde había pasado unos días para organizar el trabajo, nos sentamos los cuatro esta vez a almorzar unas presas de pollo sabrosas con salsa y vegetales, Mani Sami me seguía sorprendiendo con sus platos. Después de almorzar Anjana me dijo de ir a dar una vuelta y le pedí que me llevase un shopping ya que sabía que los celulares estaban baratos y quería cambiar el mío. Paseamos por una de las calles céntricas hasta un mall de cuatro pisos que se abría paso entre las pequeñas casas del lugar, moderno y con varias tiendas de ropa, insumos del hogar y accesorios. Finalmente resultó ser bastante barato los celulares en aquel local, asique después de negociar un poco me compré un nuevo Samsung más grande, y sobre todo lo que más me importaba, con mayor calidad de fotos. El único temor fue creerle a esa cara de incognito que me pusieron los indios cuando me confirmaron que estaba desbloqueado y que se podía usar con cualquier SIM, siempre y cuando antes coloque un chip de India. Voto de confianza para los muchachos, pagué y nos fuimos con Anjana para Aardvark, el lindo café resto que maneja, a tomar un café con algunos dulces. Hacía menos de un año que había comenzado con el café, muy bien decorado, con una carta de comida internacional y una especialidad en todo tipo de dulces que te empalagan el corazón. Me deleito con una brownie y torta casera de lemon pie junto con un riquísimo te chai para la alegría de mi panza, las bondades llegaba de todas maneras y no me dejaban pagar absolutamente nada, iba a tener que buscar otros medios para devolverles algo de lo que me brindaban. El mini tour de la mañana ya me había abierto el apetito de la aventura urbana que no tenía pensado apagarlo, asique a aguantarse un rato el dolor de la pierna y comenzar nuevamente el recorrido por la tarde, esta vez con una bici que me prestó del café. Antes de arrancar Anjana me explico lo que sucedía con la gente disfrazada, era un ritual que se celebraba durante diez días donde la gente se disfrazaría de los dioses hinduistas para servir como medio de colecta de donaciones entre todo el pueblo durante el día, a la noche ofrecían esas donaciones al templo que las recibía con una ceremonia de canto y adoración a cada dios, sacrificio de una cabra de por medio y bendiciones para todos los que concurrían al templo. De esta manera, los que andaban por la calle serían representaciones de los dioses como ofrenda para cada templo, y debo decir que viviéndolo todo desde afuera se disfruta muchísimo por su singularidad y rareza desde mi perspectiva. Lo primero que hice fue andar con la bici recorriendo los barrios, continuando con la inhalación de la cultura e idiosincrasia india, que todo te lo expone frente a tus narices. El paisaje urbano cambia por completo a una típica ciudad, los autos son reemplazados en su mayoría por motos, los taxis por miles de tuk-tuk, los perros callejeros por vacas, los gatos callejeros por cabras, los semáforos para ordenar el tránsito por bocinas que se disparan de todos lados, las tiendas por puestos ingeniosamente armados sobre la calle y toso así marcha en un día normal, la india cambia, todo cambia. Atravesando la avenida más céntrica llegue doblando a una esquina al Templo de Shiva, el dios más importante en la religión hindú y el más grande de la ciudad. Los templos tienen una característica arquitectónica bastante similar, una entrada con una torre en forma de pirámide que asciende al cielo lleno de mini esculturas que van apareciendo en cada uno de los escalones que conforman la torre, cada templo cuenta a través de ella una historia de la religión y se corona con la punta con la imagen del Dios adorado en ese recinto. Algunos puestos con adornos, marigold, cerámicas o cualquier tipo de ofrenda religiosa se apostan en la entrada de los templos para satisfacer las necesidades de los visitantes o peregrinos. Una vez que dejas el calzado en la entrada, podes ingresar al complejo donde se llevan diariamente las ceremonias y rituales. En el centro del reciento generalmente se encuentra la figura del Dios principal adorado, con el vehículo que utilizó en su vida (vehículo se le llama al animal que cada Dios usó durante su vida, por eso es que los indios adoran también a diferentes animales como vacas, búfalos, tigres, toros, etc.). A los costados aparecen representados otros dioses a los cuales la gente pasa a ser su oración y respeto también con sus plegarias pertinentes. El complejo estaba construido de piedra, desgastada con ese color negrizo mezcla de humedad y suciedad que había perdurado por años, las velas e inciensos adobaron el cálido aire que transitaba dentro y los campanazos ensordecedores que todo creyente pega cuando entra a un templo me sumergieron en dos segundos en el sub-mundo hindú. Empecé a dar vueltas observando todo lo que acontecía para empezar a mimetizarme con esta religión, viendo cómo se persignaba la gente, las cosas que hacían, los gestos de la cara y toda esa mezcla de sensaciones que transmitían al orar. En un momento que me paré frente al altar principal del templo un brahmán me vio y se acercó para llevarme hacia dentro y darme las bendiciones pertinentes. Sin saber que hacer me dejé llevar y para ahí fuimos, lo primero que hacen es colocarte enfrente del cubículo donde se encuentra el Dios representado, en este caso Shiva, nadie puede ingreso sino solo ellos, toman un plato con una vela donde ponen las ofrendas que la gente lleva (en este caso yo puse 10 rupias) y después de decir unas plegarias pasan el plato en forma de círculos enfrente del dios. Luego vuelven hacia toda la gente que se encuentra esperando afuera y con las manos como haciendo una casita, uno tiene que poner las palmas de la mano por encima del humo que desprende la vela y luego llevarse las palmas a la mano, uno o dos veces. Para finalizar, el brhaman puede marcarte la frente con un punto (amarillo, rojo o naranja según la ocasión) y así quedar bendecido por el Dios, el último paso es dar una vuelta alrededor del altar terminar con el ritual. Mientras sucedía esto, la gente canta y recita oraciones con toda una energía exuberante, los campanazos siguen a todo ritmo y mis emociones internas crecían en intensidad. Como me vio desorientado, el brahmán simpáticamente y en un inglés precario, me fue contando la historia del templo a la vez que me volvió a realizar el mismo ritual unas dos veces más con otros Dioses que estaban a los costados. Muy buena experiencia por haber sido la primera vez que volvía a un templo hindú y sin dudas la mejor forma de ir absorbiendo esta nueva religión que poco sabía. Un sentimiento de asombro me sacudió repentinamente en medio de los rituales, fue como un shock espiritual, cuando estaba participando en primera línea de la ceremonia, me dije a mi mismo: “Hace unos meses estaba viviendo una ceremonia católica en pleno vaticano, luego tuve la posibilidad de descubrir en Turquía todo el mundo islámico desde las mezquitas más importantes del mundo, hacías semanas había estado en Jerusalén el día de Rosh Hashaná en el muro de los lamentos observando miles de fieles judíos con sus más devotas plegarias, en Sri Lanka concurrí al imponente templo budista donde reside una reliquia única y en este momento me hacen participe de un ritual hindú bendecido por el Dios Shiva, el principal” Que privilegios para una persona no creyente en la religión como yo poder asistir a todos estos lugares místicos, con el más debido respeto frente a todas las religiones, impregnándome solamente del conocimiento de cada una con toda esa fuerza y espiritualidad de los devotos fieles creyentes. Salí del templo caminando con una sonrisa y toda esa vivencia guardad en lo más profundo de mi ser. En la calle seguía el festival de dioses con personas disfrazadas que caminaban por todos lados, pero lo raro en medio de toda esa ciudad no eran ellos sino yo, me paraba a sacar fotos con todos guardando unos retratos increíbles que no tienen precio. Vale decir que algunos personajes estaban tan bien caracterizados que daban miedo, otros más pequeños ternura y algún que otro loco con cuchillo o espada (aunque sabía que era solo por el disfraz) me dieron susto. Y así seguí el día, pedaleando por todos lados sin dirección alguna, metiéndome por las diferentes calles de tierra vivenciando como se llevaba a cabo el día de la gente, las mujeres en los portales de las casas cocinando, lavando o barriendo, los chicos que salían de la escuela impolutos con sus uniformes en punta y todo los comercios en plena ebullición del día. Me fui a recorrer otros templos que estaban en la ciudad y quería conocer, el de Kali (esposa de Shiva) y Ganesha (el elefante, hijo de Shiva y Kali, mi preferido del hindú). Estaban uno frente al otro, ambos con una edificación muy simple de solamente un recinto chico sin torre y unos altares de pequeño tamaño. Igualmente entre a recorrerlos y los diferentes brahmanes me hicieron los rituales pertinentes con cada Dios, podía decir que terminaba el día totalmente bendecido. Antes de volver para la casa, para terminar con el recorrido religioso, me fui a visitar algunas iglesias de la ciudad cuando el sol caía anunciando el fin del día. La más importante por su presencia y magnitud es la basílica Nuestra Señora de la Nieve, construida sobre el puerto con una vistosa pintura blanca y celeste en su exterior. Construida en el siglo XVI con características portuguesas, supo alojar a lo largo de estos siglos hasta la actualidad a todos los cristianos católicos que conforman en el sur de la india un porcentaje muy alto de creyentes. Justo llegue cuando estaban dando la misa de las seis asique me quede en el sector de atrás observando cómo se llevaba a cabo la ceremonia y los cientos de fieles que se habían congregado. Mi tobillo que ardía ya que no le había dado respiro, el cansancio y la mugre general que tenía me daban por finalizado el día, más que emocionante, más que feliz, más que religioso, más que contento, más que la india, más no podía pedir. En la casa me reencontré con todos, al verme con la frente pintada de todos los colores se empezaron a reír y les fui comentando todo lo que había visitado. Me pegue una ducha más que intensa y ya fresco nos sentamos a comer mientras seguíamos charlando del día y cada uno de todo lo que había acontecido.

El viernes me levante temprano con el cantar de los cuervos que andaban dando vueltas por el patio y el olorcito a comida que venía de la cocina. Desayune con Rohini y Anjana en el comedor el clásico te chai con las dosas y planificamos las actividades de los próximos días. El finde quedamos ir los tres a visitar un amigo de la familia que trabajaba y vivía en una plantación de té en medio de una reserva ecológica a unas cuatro horas de la ciudad, excelente plan, y durante ese viernes me armé unos entretenidos programas para pasar el día. Nos fuimos después del desayuno con Rohini para Sibaflor, la empresa de la familia que maneja toda la producción de artículos de decoración para el hogar en las afueras de la ciudad. Al llegar no salía del asombro por el tamaño de empresa que tenía enfrente, Rohini me fue presentando a cada uno de los que trabajaban en la parte administrativa y luego pasamos a recorrer la planta. Tenía cuatro galpones de gran tamaño, cada uno para una actividad específica, producción, pintado y secado, stocks de producto terminado y stocks de materias primas. A medida que íbamos caminando atravesando todos los sectores me fue contando la historia de la compañía desde que empezaron con un galponcito hasta convertirse después de 20 años en uno de los principales productores de estos artículos en toda la india, exportando a todo Europa y EEUU, con clientes de la magnitud de IKEA, Michael´s, M&S, etc. Impresionante fue ver todas las mujeres que trabajaban las materias primas de forma completamente artesanal, elaborando los más detallados centros de mesa, arreglos florales, canastas, porta velas y todo tipo de productos que brillaban en su  colorida confección. En el área de depósito pude ver la cantidad de materia prima que utilizan con productos extraídos 100% de la India, algunos son reprocesados para su uso final como ser pintura, secado o moldeado. A lo largo de los años y producto de las exigencias de sus clientes a nivel mundial, fueron reacondicionando todos los galpones con las normas de seguridad e higiene correspondientes para cumplir con los standares de calidades previstos. Sinceramente quede sorprendido con semejante compañía y todo lo que habían crecido, la felicite a Rohini por tremenda dedicación mientras que mi cabeza empezaba a imaginarse algún tipo de negocio en conjunto, tiempo al tiempo. Ella se quedó en la empresa hasta tarde pero me fui con uno de sus choferes que me llevó a conocer Aqua, el complejo de cabañas que tienen sobre la costa. Solo a una media hora en ruta llegamos hasta la entrada de un camino de tierra que se adentraba hasta el océano, pasamos primero por unas salinas que brillaban a la luz del día, haciendo el suelo de espejo para el claro celeste que se esculpía en el cielo. Con ese paisaje llegamos finalmente a Aqua, un área de costa frente al océano indico que brota de la tierra como paraíso natural, cinco cabañas blancas que se posan sobre la orilla, una galería de piedra con techo de paja construida sobre el mar y un mirador sobre la punta de la bahía volvían a dejarme con la boca abierta. Arjun era el que se encargaba del negocio de Aqua y solamente habían desarrollado todo eso en menos de un año, tenía una proyección de crecimiento enorme ya que no solo era el único complejo vacacional del lugar, sino que ofrecía un servicio de calidad Premium. Las vistas a todo el océano con unas islas vírgenes perdidas en el horizonte daban una amplitud de belleza espectacular y como si fuese poco a solo unos pasos por la playa te encontrabas con una barrera de corales. Me quede solo un rato disfrutando del complejo ya que tenía que volver a la ciudad para encontrarme con Anjana, pero sabía que iba a volver a disfrutar de ese lugar en algún día. La segunda parte del día no iba a ser menos entretenida, por el contrario, Anjana iba a participar como jurado en un concurso gastronómico de una escuela de la ciudad (Rohini había sido fundadora) donde los padres junto con los chicos de primer grado tenían como consigna elaborar platos de comida internacional, y a raíz de que le había comentado que me encantaba la cocina además de haber estudiado para chef, no tuvo mejor idea que ponerme como jurado también. Llegamos un poco tarde ya que me había demorado en el regreso a la casa pero justo a tiempo para comenzar, en la escuela estaban todos los padres con los chicos esperando en el patio mientras la directora con las maestras nos recibieron en el palier. Rápidamente me presente con una mezcla de vergüenza y simpatía por los honores que me estaban dando de poder ser jurado, tomamos la planilla con de puntuación y comenzamos el recorrido. Cada aula representaba un continente y dentro de cada una de ellas estaban presentados los platos con la comida que cada familia había preparado. No podía creer el trabajo que se habían tomado no solo en elaborar los diferentes menú es con los ingredientes de todo el mundo, sino también en la belleza de cada presentación temática sobre cada país que les había tocado junto con la descripción de la receta. Al cabo de una hora fuimos recorriendo todas las aulas probando cada plato, salado o dulce, donde teníamos que puntura el gusto, la forma de cocción y la presentación. Le pedí a Anjana que me vaya soplando aquellos platos que tenían picante porque no lo puedo pasar y no quería pasar vergüenza frente a todas las maestras que nos acompañaban, asique algunos pude pasarlos de largo. Sinceramente no tengo el conocimiento para ser jurado gastronómico pero algunos platos realmente estaban muy ricos, además de sobresalir el amor que todas las familias le habían puesto a la elaboración. Finalmente, Anjana, la Directora y yo, terminamos de testear los platos y dimos las planillas a las maestras para que hagan el cómputo final. Con los resultados listos, la directora comenzó a entregar los diplomas a los ganadores y a todas las familias que habían participado en el evento, por mi parte pase al micrófono para agradecerles a todos la posibilidad que me habían dado de poder colaborar con la escuela y como si fuese poco me terminaron dando un presente como agradecimiento. Que linda experiencia y que placer poder participar de cosas así. A la tarde volvimos a la casa y antes de caer la noche empezamos con la clase de fitness a manos de Arjun en la terraza. Hace varios años que Arjun le viene metiendo duro a los fierros y además de entrenarse con todo su kit de musculación casero, todos los días arma una rutina aeróbica para algunos alumnos que tiene además de su familia. Muy divertida clase con toda la familia y algunos vecinos, mucha transpiración quemando varias calorías que en esa casa se recuperaban rápidamente a manos de la exquisita comida que preparaban. Después de la ducha, y como le habíamos prometido al doc, nos fuimos con Anjana para ver la inauguración del campeonato de básquet que se llevaba a cabo en el polideportivo. Vimos un primer partido entre dos universidades de Tamil Nadu que jugaron bastante bien, dimos el visto bueno y volvimos para la casa a descansar. Que día había pasado, lleno de actividades con lindas experiencias y eso que el fin de semana todavía no había comenzado.

El sábado me levante contento, el tobillo venía desinflamándose de a poco y el dolor decreciendo logrando caminar mejor cada día. Desayuno típico con todos los integrantes de la familia (ya me sentí parte de uno) y a planificar lo que íbamos a hacer el finde. Finalmente partiríamos a las dos para Manjolai, lugar donde se encontraba la fábrica de té que Siddharth trabajaba hace ya varios años como manager de la compañía. Antes se me ocurrió pasar por un lugar que Solange me había recomendado ir a visitar, el orfanato Nesakarangal Minority de Tuticorin donde albergaban a chicos huérfanos que no tenían casa ni familia que los ayude. Tomé la bicicleta y empecé a pedalear hacia el lugar mientras la tranquila ciudad empezaba a tomar intensidad por la mañana, como despertándose de un plácido sueño. Me adentre hacia un barrio más humilde en la periferia de la ciudad, las casas más modestas tomaban forma con materiales de barro o madera, las calles en peor estado se adueñaron del pavimento y  los terrenos despoblados llenos de basura ganaban el paisaje. Fui preguntando a algunos paisanos que pasaban por ahí la dirección del lugar y luego de algunas indicaciones llegué a la pintoresca casita rosa de la 3er calle en el barrio de Cadwell Colony que nunca más olvidaré. Cruce la reja para entrar cuando varios chicos salieron a mi encuentro incrédulos de quien era y que andaba haciendo por ahí, le dije a uno de las señoras que estaba barriendo en la entrada si se encontraba Brinah, quien era la persona que me había pasado Solange para contactar. Como no estaba, le avisaron que había llegado, y mientras la esperaba me quede saludando a los chicos que estaban en una de las salas jugando. La mayoría tenía entre cuatro y diez años, todavía estaban con los pijamas dándole más fiaca a la mañana, jugando con las cosas que tenían en el piso y terminando el desayuno. Todos se sorprendieron cuando entré y de un saltó se me vinieron encima, las sonrisas se les dibujaba en la cara por el asombro de ver un chico blanco desconocido en su intimidad y mi emoción empezaba a tomar forma. Justo al momento de ya estar integrado en su hábitat, llegó Brinah junto a su esposo para saludarme, darme la bienvenida y contarme un poco más acerca del orfanato. Dejamos a los chicos por un rato y pasamos a la oficina de dirección, allí me presenté y les conté que Solange me había pasado el dato para ir a conocer a los chicos y poder cooperar con lo que pueda. De su parte, Brinah me contó la historia del lugar, fundado por su madre hacía 25 años, se ocupaba de recibir o buscar a chicos que no tenían padres y que estaban en condiciones de pobreza, sin lugar donde vivir o familiares que se ocupen de ellos. Se hacían los tramites y papeles correspondientes para que el orfanato pueda ser el tutor de los chicos y así poder darles un hogar, protección, salud, alimentación, y lo más importante la posibilidad de que puedan ir a estudiar para en un futuro tener la oportunidad de salir adelante. Ya hacía varios años que Brinah junto a su esposo, decidieron renunciar a sus trabajos en compañías multinacionales y con un buen sueldo, para seguir adelante con el orfanato que había creado su madre (todavía aún seguía ayudando en todo) haciéndose cargo por completo de todo el lugar. Un historia más que conmovedora, no solo por la valentía, coraje, entrega y sacrificio de esa familia en darle un hogar a más de 60 chicos sino más bien por darle una oportunidad de vida a cada uno cuando no la tenían. De mi parte les conté un poco de mi vida y lo que estaba haciendo con el viaje por todo el mundo, enfatizando en este caso mis ganas de poder ayudar siempre con las fundaciones en lo que pueda, justamente desde hace seis años que soy padrino en la organización El Arca, en Moreno Pcia de Buenos Aires, donde también funcionó como orfanato por varios años hasta hoy en día que trabaja cooperando con los diferentes comedores y escuelas de la zona. Ya todos familiarizados con nuestras historias, era turno de lo que más quería hacer, jugar con los chicos mientras los iba descubriendo ganándome su confianza. Se me ocurrió oportuno ir un segundo al quiosco que quedaba en la esquina y comprar unas gaseosas, galletitas y caramelos, siempre el compartir es una buena puerta de entrada para conocer al otro y una muestra de afecto. Nos sentamos todos en ronda con el nuevo desayuno en el medio, me presenté a cada uno y ellos me fueron diciendo su nombre. Me había sorprendido ya que no solo Brinah y su esposo sabían perfecto inglés, sino que los chicos conocían las palabras básicas para comunicarse y hablar. Las sonrisas de esos nenes estallaban en sus caras, se me tiraban encima y ese bicho raro que veían en mi les generaba afecto, yo no sabía cómo contener las emociones asique me deje llevar para involucrarme cada vez más con cada uno de esos piojitos. Solamente en esa casa estaban los más chicos ese sábado, serían unos veinte en total, el resto estaba repartido en otras casas que tenía el orfanato por el barrio. Con la confianza ganada de momento, me quedé con los chicos jugando en ronda a unos juegos que me enseñaron de palmadas en la mano y otro que sería como un teléfono descompuesto. A mí me encantan los chicos y jugar con ellos aún más, había dos peques de cuatro años que eran mi debilidad asique me los tenía colgando del cuello a todo rato, no podía resistirme. Lamentablemente se acercaba la hora de partir ya que tenía que volver a la casa para arrancar el viaje en ruta, pero amortice la última media hora para empezar una batucada a toda música con los peques bailando descontrolados en el patio y terminar con todos una hermosa mañana. Cada uno me saludó con un fuerte abrazo y beso mientras Brinah me miraba como diciendo: Vas a tener que volver!!. No solo capté la mirada sino que le aseguré a Brinah que volvería la semana próxima para compartir más con los chicos, ayudarla en lo que pueda y dar mi pequeño granito de arena a esa hermosa institución. Me fui pedaleando de vuelta para la casas con unos gritos de felicidad a mis espaldas, mi corazón lleno de emoción y mi sonrisa de oreja a oreja, que linda manera de arrancar el día. Ya de vuelta en la casa, todavía con los pensamientos en el hogar, me encontré con Rohini y Anjana que estaban armando todo para la partida. Me hice un bolsito con algunas cosas para llevar ya que nos íbamos a quedar a dormir allá y cargamos todas las cajas y bolsos en la camioneta. Llevábamos comida para un batallón, fiel al estilo hogareño, partimos con todo tipo de comida casera, tortas, dulces, presas de pollos adobadas para hacer a la parrilla, exquisitas samosas y hasta varias botellas de la mejor cerveza de India, Kingfisher. Anjana tomo el volante con mi presencia como copiloto mientras amma (así se las llama a las madres en india, ya para ese momento Rohini pasó a ser amma para mí) iba cómodamente atrás con lakshmi que la habíamos de paseo. La ruta al inicio estaba bastante bien asique pudimos avanzar con velocidad pero la segunda parte del trayecto iba a ser más complicada debido a que teníamos que atravesar una ruta de doble mano y todo el transito particularmente característico de la india. Cuando la ruta se traduce a una sola mano donde el pavimento se convierte en tierra y baches, algunos autos se transforman en enormes vacas pastoreando por el medio del camino, las bocinas que aturden junto algún que otro paisano que ordena el transito ofician de semáforos y los límites de velocidad son impuestos implícitamente por el ritmo propio de cada vehículo (motorizado o no). Es una mezcla de simpatía con asombro y paciencia ver todo lo que ocurre alrededor de uno mientras viaja en una ruta de india, la diversidad y originalidad de medios de transportes que se usan, la falta total de señalización vial, los animales que transitan como si fuese un campo y las particulares carretas utilizadas para llevar todo tipo de mercadería. Después de un par de horas, a medio camino, llegamos a un pequeño pueblo donde paramos a buscar una carta de aprobación que necesitábamos para poder entrar al parque nacional, ya que la plantación de té se encontraba inmersa dentro de una reserva ecológica. Hicimos otra parada en un puesto de venta de bebida alcohólica donde me tocó bajar a comprar unas botellas de ron que llevaríamos como obsequio a Siddharth, muy gracioso ver como los indios se llevaban escondidas las petacas entre las polleras que usan para bajárselas de un saque a solo unos metros terminando con una mini banana para matar el olor, un particular ritual.  Tomamos nuevamente un camino de ripio que nos fue adentrando en una zona rural donde las montañas y valles a lo lejos empezaban a darle forma al horizonte. Por ahí anduvimos una hora más cruzando algunos pueblitos rurales y los vastos campos sembrados a pleno color. En la entrada de la reserva ecológica nos paró la policía para verificar la nota de autorización  y pagar una suma de dinero que nos sirvió de aval para el permiso de ingreso. En este punto ya el paisaje cambió completamente, hacia delante se esbozaba una enorme planicie con un lago central y varios animales alrededor que andaban pastoreando y bebiendo agua. Por detrás, un frondoso bosque con espesa vegetación  resaltaba por su inmensidad junto a la pequeña ruta de ripio que iba atravesando las montañas como una delgada línea sobre un dibujo. La aventura comenzaba no solo con el paisaje a nuestro alrededor sino por los tumbos que empezó a dar la camioneta de un lado hacia el otro abriéndose camino a su paso, algunos animales y aves aparecían a los costados con sus miradas de incognito, celosos del nuevo intruso en su hogar. Llegamos a otro control, en este caso gubernamental, al comienzo de un puente que atravesaba la rompiente de una increíble cascada que venía de las alturas de la montaña, este era el punto donde solo podían pasar aquellas personas que perteneciesen o fuesen invitadas por la empresa de té a la cual nosotros íbamos. Con el visto bueno cruzamos el puente rodeados por una gran colonia de monos que nos saludaban al pasar, algunos hombres bañándose a las orillas de la cascada y toda una extensión forestal por delante. Nos llevó una hora más atravesar todo el bosque que pertenecía a la reserva, lugar famoso por ser hogar de varios tigres y todo tipo de especie de animales salvajes. El camino de ripio fue tomando ascendencia para ir escalando los picos de las montañas y cruzar de un lugar a otro, desde lo alto se podía contemplar todo el valle hacia abajo como espejo del sol que brillaba en el cielo, y adelante toda la cadena montañosa que atravesaríamos entre la jungla y las plantaciones de té. A medida que subíamos le cielo se fue cerrando con unas nubes espesas que coparon nuestro techo, alguna cálida llovizna comenzaba a caer y todo el verde q nuestro alrededor comenzó a tomar brillo, de las hojas desprendían pequeñas gotas como lágrimas, la copa de los arboles desaparecería tras la niebla y el camino se volvía más desafiante por el barro. Todo parecía formar parte de un perfecto cocktail de bienvenida al mundo de la selva, y yo por dentro pensando: “Nunca me imaginé ver este paisaje en la India, y menos a solo cuatro horas de una gran ciudad”. Y por esas cosas es que la naturaleza es sabia, ni bien cruzamos la reja del portón principal de la compañía de té, el cielo empezó a abrirse y los rayos de luz comenzaron a atravesar esos pequeños agujeros para formar esos espectaculares ases de luces sobre la tierra. Justo en ese momento todo el paisaje se tornó verde, con las plantaciones de té en todas las direcciones posibles, solo un pequeño camino que se abría paso entre valle y valle. Una media hora de atravesar subiendo los campos, las nubes se abrieron como por arte de magia para darle paso al tímido sol que estaba escondido y así poder brillas con todo su esplendor la extensidad de verde que teníamos por delante. Parecía a propósito, todo a su justo momento y como si fuese poco, la película en la que estaba la termino coronando un arcoíris por sobre dos montañas que hacía del lugar una postal invaluable para mis ojos. Ya no importaba el largo camino que tuvimos que andar de casi cinco horas, todo lo que había quedado en la retina lo pagó con creces y más. Llegamos al fin a un pueblito en la montaña donde vivían todos los que trabajan en los campos, parecía un pueblo de cuento, la pequeña iglesia en la cima de un monte, la escuela para los hijos de las familias, el templo hindú, el ganado en sus corrales y todas las casas humildes una al lado de la otra sobre la ladera de una colina. Atravesando todo eso, llegamos a una casa de una planta, mediano tamaño, donde vivía Siddharth hace más de un año, cumpliendo con sus funciones de patrón coordinando junto a otros cuatro gerentes más toda la producción de la compañía. Nos recibió en su casa con sus dos hermosos perros, acomodamos las cosas dentro de los cuartos y no sentamos a tomar unas cervezas mientras charlábamos en el parque del hogar. Creo que ni un millonario tendría la posibilidad de tener una casa con un jardín que tuviese semejante vista, el parque era chiquito pero todo el terreno estaba elevado sobre una gran colina, de frente teníamos tres valles repletos de plantaciones de té, un lago que atravesaba la planicie y dos cadenas montañosas secundando a los costados. Claramente Siddharth sabía lo privilegiado que era de amanecer todos los días con ese paisaje, pero como todo también tiene sus pros y contras. La vida en ese lugar durante todo el año a veces no era tan agradable, sobre todo cuando llegaba el invierno, y la gran distancia hacia las grandes ciudades hacía que permaneciese allí casi todo el año. Nos quedamos charlando tomando varias cervezas mientras disfrutábamos de unas ricas samosas que Mani Sami había preparado, Anjana resguardaba a Lakshmi para que no se la comiesen los otros perros mientras jugaban, y con amma repasábamos las anécdotas que tenían con Siddhart y la familia. Todo muy ameno y una hospitalidad total, así se pasó el tiempo hasta que la  noche cayó con una fuerte caída de la temperatura y fresco consecuente. Era tiempo de pasar a la velada principal, tomamos la camioneta y bajamos nuevamente atravesando todo el camino hasta la casa de otro de los patrones que iba a oficiar de anfitrión para el “asado” al estilo indio. Nosotros llevábamos unas buenas bandejas de croquetas de carne especiadas, algunas samosas, pollo adobado para la parrilla y algunos cajones de cerveza, que empiece el festín. En la casa nos recibió el dueño junto a otros cinco hombres, todos trabajaban en los campos con tareas de producción y administrativas. Montamos una parrilla casera bastante decente en el jardín de la casa con una base rectangular para el fuego y un grill para brasear toda la comida. Pese a que como argentino tenía la mayor condición para tomar las riendas del asunto, Siddharth me pidió permiso para ser el quien llevase la batuta como anfitrión y así comenzamos el hermoso ritual de compartir un buen “asado” con gente querida. La ronda de los canapés como entrada empezó a girar en ronda mientras todos íbamos deleitando de esos sabrosos bocados con largas copas de buena cerveza, la confianza ya estaba instalada por lo que las charlas iban fluyendo ininterrumpidamente. El pollo adobado empezó a crispar en la parrilla arrojando un olor exquisito que nos invitaba a pasar al plato principal, Anjana había llevado unos panes caseros tipo focaccia con salsa de tomate que funcionaron como acompañamiento perfecto de las presas. Hambrientos estábamos todos por lo que no tardamos mucho en empezar a devorar todas las tandas de pollo que salían de la parrilla, todo estaba muy sabroso y para mi suerte muy poco picante. De un tupper sacaron carne de bisonte sazonada que la brasearon por un largo rato en el fuego, resultó ser deliciosa pero muy picante asique no tuve la suerte de poder disfrutarla. Los minutos seguían pasando, la comida seguía corriendo, la cerveza continuaba derramándose por las bocas y la alegría de todos estaba a tope. Comenzaba el intercambio cultural cuando alguno de los hombres me preguntaban algo acerca de argentina o alguna particularidad del país, y de su parte me nutrían aún más de la cultura india como así también de su música, criquet, cine, estrellas famosas y demás cholulaje. Ya pasada la medianoche mi panza estallaba de comida como de cerveza, la borrachera estaba golpeando la puerta no solo de mí sino de casi todos los asistentes, amma y Anjana parecían ser las más estables. En un momento vino el dueño de la casa y ya cuando no quedaba presa viva en la parrilla por comer me dice: Puedes pasar al comedor para empezar la cena? A lo que mi cara se transfiguró en un: Que?? Es un chiste?? Y al ver que todos entraban al comedor y las ollas de comida empezaban a destaparse me di cuenta que no, no era un chiste. Parece ser que los muchachos eran de buen comer y después de semejante parrillada, tenían todavía apetito para entrarle a unos guisos de vegetales acompañados con unos chapatís (pan indio a base de agua y harina integral que se usa como acompañamiento en todas las comidas indias, como una mini tortilla plana) y diferente salsas. Claramente mi estómago no podía soportar más comida asique pedí perdón por saltearme la “cena” y directamente pase al postre, una exquisita torta chesse cake que Anjana había traido del café, deliciosa. Nos quedamos terminando la cena alrededor del fuego que se estaba consumiendo, Siddharth que ya estaba mareado con los wiskis que se había tomado bailando salsa con Anjana, los otros muchachos cantando canciones de Bollywwod (cine indio), yo mostrándoles algunos pasos de folklore argentino que ni sabía cómo inventarlos y amma tranquila en la silla riéndose de todos los borrachos que andábamos alrededor. Así terminó una cena genial, con gente divertida, comida espectacular y lugar soñado, y otra vez el sentimiento de agradecimiento y privilegio por vivir eso golpeaba mi cabeza. La vuelta a la casa podríamos decir que fue LA aventura de la noche, SIddharth quiso manejar sin que nadie se opusiese a pesar de su estado. El camino estaba completamente a oscuras entre las plantaciones y bordes de las montañas, teníamos que atravesar puentes sobre lagos y curvas bastantes peligrosas. Resultó que tanto amma, Anjana y yo íbamos en silencio agarrados de los asientos, rezando que nada pasase a cada curva que tomaba, casi sin querer ver lo que venía por delante. Después de casi una hora y algunos gritos que pegamos en algunas curvas que pensábamos que nos la dábamos, llegamos sanos y salvo, yo me acomodé en el sillón del living y los demás en los cuartos, cinco minutos luego todos estábamos durmiendo plácidamente con la panza llena y el corazón contento.

El domingo me levante como esos días que arrancas pesado, la comida y la cerveza todavía me daban vueltas por la panza dándome ganas de no hacer nada. Anjana y amma estaban ya despiertas en el parque charlando y Siddharth todavía tumbado en su cuarto sin posibilidad de moverse. Tarde un rato en reaccionar y darle comienzo al día, pero antes tenía que tomar una infaltable ducha reparadora. Como no encontré el interruptor para encender la caldera me metí directo bajo la ducha de agua fría, iba a venir bien para despabilarme por completo. Cuando salí del baño me encontré con Siddharth todavía a medio levantarse con cara de dormido, nos invitó a pasar living a tomar unas ricas tasas de té chai. Desafortunadamente el día esta lluvioso y nublado, la frescura de la neblina mañanera se había levantado con el alba del día para entrar a los hogares dando un  poco de frío que se te colaba por la ropa, nada que unos te chai no puedan combatir. Nos quedamos plácidamente haciendo fiaca, escuchando algunos discos de Frank Sinatra y Norah Jones en la computadora con todo el paisaje en nuestras narices. A media mañana tocaba el desayuno propiamente dicho, unos hombres que trabajaban en la casa pusieron la mesa llena de cacerolas, fuentes, platos y salsas para arrancar, y eso que era el desayuno. La mayoría de la comida se veía deliciosa pero estaba muy picante asique preferí aguantarme hasta el almuerzo para desquitarme. Como el día no prometía no teníamos muchas planes para hacer, salimos al jardín cuando paraba de a ratos a jugar con los perros y tirar algunas bolas con los palos de golf que había en la casa. Que mejor que poner un tee, una bola de golf, agarrar un palo y estrellarlo con la pelotita para que vuele y caiga en medio de un bosque, linda sensación. Al pasar el mediodía nos subimos a la camioneta para que Siddharth (esta vez sobrio) nos llevase a una represa que quedaba por fuera del complejo uniendo dos ríos al borde de unos bosques. El lugar término siendo fascinante, una gigante represa de más de cien metros partía el rio en dos, de un lado se formaba un bosque con el lago que hacía de espejo tan tranquilamente estancado y del otro un acantilado hacia una parte plana que formaba una cuenca. Nos bajamos de la camioneta y pasamos a recorrer la represa que parecía abandonada, sacamos unas fotos increíbles en todos los sentidos y pasamos del otro lado para bordear el lago unos kilómetros sobre la orilla. Un paisaje sin igual, una paz absoluta, solo el ruido de las aves y el viento golpeando la copa de los árboles. Volvimos de prisa ya que la lluvia nos quitó las ganas de seguir recorriendo el lago pero nos llevamos una buena vista de todo el valle y la represa devuelta con nosotros. En la casa ya nos esperaban con el almuerzo a todo trapo también, esta vez nos deleitamos con diferentes tipos de arroces, parotha, salsas y un estofado de carne de búfalo con tomate y especias, un manjar. Amma aprovecho para enseñarme a comer con las manos, según la tradición india, y así pase a ser una más de la familia completamente, con una buena técnica de dedos. Disfrutamos mucho de la comida y del almuerzo tan ameno que nos habían servido, preferimos marchar pronto ya que teníamos un largo camino de regreso y la lluvia parecía no cesar, al igual que el mal tiempo. Un gran abrazo a Siddharth y unas gracias enormes por abrirnos las puertas de su casa con tremenda hospitalidad, pasamos un día genial, con unas vistas impresionantes, un “asado” de lujo y muy buena onda. Anjana tomó nuevamente el control del volante y encaramos para Tuticorin de nuevo, nos llevaría casi cinco horas volver hasta la casa con la noche a cuestas y una lluvia que nunca paró. Momento para descansar que al otro día comenzaba la semana, con muchas cosas aun por recorrer, conocer y experimentar.

A Anjana se le ocurrió que podíamos ir a visitar Madurai el lunes, una de las principales ciudades de Tamil Nadu, ya que ese día el café no abría y tenía tiempo disponible para acompañarme. Arreglamos partir después del mediodía por lo que aproveche la mañana para hacer un trámite que tenía pendiente. Ya había instalado el nuevo sim de la india en el celu nuevo y al poner el sim de argentina el mismo no lo reconocía, pensé en la carita de esos indios que me lo vendieron al perjurarme que iba a funcionar y con esa imagen me fui en bicicleta hasta el shop post desayuno para solucionar el tema. Al verme entrar lógicamente se preocuparon y por mi cara de enfado algo sintieron el rigor, el dueño no estaba presente asique me tuve que ir con uno de los empleados hasta un local de atención al cliente de Samsung a ver qué pasaba. Me tuvieron esperando casi un hora y me ansiedad empezaba a tomar forma, después de algunos llamados entre la agencia y los técnicos que no entendían que decía me dijeron que debería funcionar pero no sabían que pasaba. El tiempo para encontrarme con Anjana se acercaba y no me quedaba tiempo para seguir discutiendo, les dije que pasaba al otro día a la mañana y que me buscasen una solución viable, u otro celu nuevo desbloqueado o la plata. Terminamos saliendo un poco más tarde de lo pensado para Madurai debido a que Anjana se complicó con algunos pedidos que tenía para entregar, como terminó a las corridas marchamos tipo tres con un chofer en dirección al norte del estado. La ruta no tenía ningún atractivo particular, la lluvia no iba a cesar en más de las tres horas de viaje y Anjana aprovecho para descansar un rato en el asiento de atrás mientras yo me entretenía con el celu. Nos recibió una ciudad de población mayor a un millón de personas, con tal característica, los accesos, avenidas, calles y circulación no podían ser menos que un caos. Tardamos tres horas en llegar y solo una hora para atravesar el centro hasta llegar al templo principal que íbamos a visitar. El templo de Meenakshi Amman es un templo ubicado en la orilla sur del río Vaigai, está dedicado a la diosa Parvati, también conocida como Meenakshi y a su marido Shiva. Aunque está edificado sobre construcciones anteriores, la estructura actual del templo data del siglo XVII y tiene como particularidad contar con más de 33 000 estatuas. El chofer no dejó como pudo secar de una de las entradas para que tengamos rápido acceso, llegamos al lugar donde dejamos las zapatillas para dar comienzo a la recorrida con los pies descalzos como manda la religión. Lo primero que llama la atención es la gran torre sur que se erige con toda una serie de esculturas relatando uno de los cuentos históricos de los dioses venerados, llamativos colores le dan un aspecto único que se vislumbra desde varias cuadras de distancia. En el acceso principal mi cara de turista llamó la atención hasta que me pararon para cobrarme una entrada y el particular ticket a abonar por sacar fotos con el celu. Seguimos paso dentro de la estructura completamente formada de piedra, con miles de columnas gastadas por el paso del tiempo y la mugre, como si fuese el interior en lo más profundo de una caverna. Varios visitantes locales llegaban a esas horas de la tarde para hacer los rituales pertinentes del día y algunos turistas de incognito miraban lo que acontecía alrededor.   El primer gran santuario que nos topamos fue el de Meenakshi, el brahmán comenzaba a realizar los canticos con el plato lleno de ofrendas como plata, flores, frutas, etc., para recibir la bendición junto al fuego sagrado y trasmitírsela a los cientos de fieles que se posaban sobre la entrada. Para mi sorpresa, y a diferencia de los templos en Tuticorin, los extranjeros no estaban permitidos entrar a estos lugares sagrados bajo ningún aspecto, ni tampoco sacar fotos en esa área. Motivo suficiente por el cual seguimos andando recorriendo todas las inmediaciones de ese gigantesco templo en forma de cuadrado, las columnas en hileras colmaban el lugar con ese aspecto singular y las miles de estatuas moldeadas a sus alrededores. Salimos a un patio con una inmensa fuente rodeada de escalones que estaba en muy mal estado y con el agua estancada, encima el cielo seguía gris tapado sin dar ninguna chance de florecer el lugar aunque sea desde el cielo. Desde una esquina empezaba una enrome fila de más de una cuadra de personas para entrar al santuario del glorioso Shiva, dios por excelencia de los hindúes.  La prohibición apareció nuevamente a mi espalda como señal de no ingreso, no había mucho por hacer asique dedicamos el resto del tiempo a caminar por los recovecos del templo, escuchar algunos mantras que se emitían de un coro de ancianas a toda voz, recorrer los puestos de venta de artículos religiosos y por último el museo del templo que contaba con algunas esculturas históricas muy bien configuradas. Sinceramente me quedé con un sabor amargo ya que hubiese querido recibir las bendiciones pertinentes pero nada importaba en el camino de la absorción religiosa hindú, todo lugar sagrado iba dejando su huella en mi mente e intelecto. Al salir, recogimos el calzado y nos sentamos a disfrutar unos sabroso te chai mientras mirábamos la interminable hilera de fieles y peregrinos que entraban y salían del templo permanentemente. El ultimo paseo fue ir a visitar el mercado del templo que se encontraba frente al mismo, una manzana en la cual aparecían cientos de puestitos uno al lado del otro vendiendo todo tipo de mercancías, bijouterie, calzado, sarees, telas, elementos de cocina, pashminas y cualquier cosa que te imaginases. Todos los comerciantes sentados sobre las mesas de los puestos, anunciando las gangas y ofertas a pura voz, buscando cualquier método de marketing hindú para atraer a los consumidores a sus tiendas. El pintoresco y colorido mercado estaba espectacular, nos quedamos finalmente como una hora y media recorriendo por todos lados, cada uno comprando cosas por separado y en mi caso apreciando ese espectáculo comercial de venta minorista india. La nota de color se la llevaron unos veinte viejitos sentados con sus máquinas de coser sobre una tabla de madera que hacían todo tipo de costurería en vivo por solo unas pocas rupias, elegías la tela, te tomaban las medidas y en solo quince minutos tenían una camisa típica india a todo glamour. Cuando nos volvimos a encontrar con Anjana para volver le di una pashmina que le había comprado a ella y a amma y a cambio sorpresivamente recibí una hermosa camisa conexionada de momento, más que un lujo. Dejamos atrás el mercado con una noche que caía fría y un diluvio que parecía no querer parar, volvimos al auto y buscamos algún restaurante para cenar antes de volver para la casa. Finalmente entramos al resto de un hotel decente que encontramos, la invite a cenar para agradecer toda la molestia que se había tomado en el día y por el regalo, terminando charlando un poco más de cada uno compartiendo las diferentes historias de vida. La vuelta a pesar de la lluvia fue tranquila, arribamos cerca de la medianoche con el cansancio del día que se nos cayó encima y el sueño que ya estaba golpeando la puerta.

Los desayunos en la casa pasaban a ser casi un ritual ya después de una semana, casi siempre desayunaba con amma en el comedor unas ricas dosas que Mani Sami preparaba mientras hablábamos de diferentes temas, jugábamos con los perros y planificábamos el día de ambos. Anjana casis siempre salía más temprano a abrir el café y Arjun de vez en cuando entre sus obligaciones se sumaba también. Esa mañana de martes me fui pedaleando de nuevo para el shop de tecnología a que me den una solución viable con el tema del celular, la mañana estaba divina y el paseo en bici en la ciudad se disfrutaba intensamente viendo como todo iba tomando vida con su particular ritmo. No tenía pensado que un problema como tal me arruine el humor y la felicidad que tenía encima, asique llegue sonriente al local pero al momento que los empleados me vieron entrar se asustaron, las caras de susto que tenían me hicieron reír más, no estaban acostumbrados a tratar con un occidental y que le llevase dos cabezas. Esta vez me atendió el dueño y me dijo que el día anterior había habido una confusión, el celular tenía que andar con el sim de argentina pero había que esperar 24 horas más. Creer o reventar, en la india ellos son los que marcan el pulso de las cosas asique no me quedo otra que esperar y ver qué pasaba. Luego me fui para el café a saludar a Anjana y ver si necesitaba algo de ayuda, pedaleando por los mercados y algunos barrios aledaños iba respirando ese aroma característico que te sacude adentro, dando de paso a los demás sentidos para florecer en la sensibilidad de lo que te rodea. Como esa tarde le había prometido a Brinah volver al hogar se me ocurrió una buena idea para pasar la tarde con los chicos, paré en una juguetería y compre varios regalos para jugar con los chicos y chicas del hogar. Me los lleve al café para ir directamente desde ahí después del mediodía, a mi llegada justo me encontré con Rohini y Arjun que también llegaban al café para almorzar. Nos sentamos los cuatro a degustar unas ricas pizzas que estaban preparando y un chicken butter masala que estaba exquisito. De postre tanteamos algunas de las nuevas creaciones que se venían como nuevos gustos. Les fui pidiendo consejos para ver por  donde arrancar el viaje en el sur de la india, la idea era subir por la costa oeste atravesando varios estados hasta llegar a Goa. Su respuesta siempre era la misma hacia mis preguntas, “quédate un rato más, no te vayas si acá estas bien”, la generosidad de su parte era descomunal, me quedaría en esa casa por tiempo indefinido pero como viajero del mundo quería empezar a recorrer otros lugares. Con el riquísimo almuerzo consumido me fui pedaleando para el hogar a encontrarme con esos peques divinos para pasar la tarde, suponía que les iba a gustar los regalos y la idea de quedarnos jugando toda la tarde. Y finalmente las expectativas ni siquiera estuvieron cerca de la realidad, la sobrepasaron por largo. ME recibieron todos en el portón del hogar con una felicidad inmensa, abrazos, besos por todos lados para dar comienzo a una increíble tarde de sol. Justo habían terminado de almorzar, mientras levantaban los platos y ordenaban la sala, me quedé en la oficina de Brinah charlando un poco. Me contó un poco más en detalle cómo era la situación de cada uno de los chicos, algunos los padres habían muerto en accidentes de tránsito, otros al no tener madre el padre lo abandonaba en la calle porque no podía mantenerlo, otros directamente eran huérfanos de nacimientos y muchas otras escalofriantes historias por la que tuvieron que pasar desde su infancia. En el hogar los recibían y comenzaban a preparar todos los papeles para presentar en el gobierno así obtenían su tutela, trabajo arduo ya que les pedían un montón de requisitos. Una vez que ya tenían la tutela en poder se ocupaban de la salud en primera instancia y empezar a darles una contención de hogar como ser la alimentación, la educación y entretenimiento. Emocionante escuchar todo lo que ella junto con su marido y madre hacen por esos más de 60 chicos las 24 horas del día, los 365 días del año, sin vacaciones, sin feriados, sin parar ningún día, son literalmente sus hijos adoptivos. Cuando volvimos para la sala me encuentro a todos los peques vestidos de punta, las nenas con unos vestidos coloridos como princesas y los nenes con algunos pantalones y camisas o remeras haciendo conjunto. La sonrisa en sus caras y el amor que transmitían te perforaba el corazón, nos sentamos todos en ronda y les fui dando de a poco los regalos. Se me había ocurrido comprar diferentes cosas, a los nenes les tocó un juego de criquet para que jueguen en los ratos libres y la infaltable pelota de futbol, a las chicas les tocó unos puzzels de princesas y unos juegos para que armen aros, pulseras, cadenas y todo tipo de bijouterie. Descontrolados estaban cuando abrían los regalos, tuvimos que ordenarlos para que puedan compartir todos y cada uno pueda jugar un rato. Brinah tuvo una mejor idea que fue dejar a las chicas en la sala armando los rompecabezas y yo me fui con todos los nenes para el potrero que había al lado del hogar a dar comienzo a los juegos deportivos. Como bien argento lo primero que hice fue armar dos equipos, marcamos los arcos con unos palos que habían tirado, sacamos los escombros y vidrios de la zona para no correr peligro y arrancamos el clásico reducido de potrero argento, pero esta vez en un pequeño pueblito al sur de la india. La verdad que algunos tenían bastante idea con el pie y otros simplemente ni sabían las reglas, agarraban la pelota todo el tiempo con la mano a la risa de todos. El sol no tenía pensado darnos tregua, estaba transpirando como nunca asique algunos pelamos cuero y seguimos con el partido en marcha. Terminó ganando mi equipo por diferencia de uno, lo importante fue compartir el tiempo y aunque sea mostrarles algo más de futbol. Alguna de las nenas se colgaban de la ventana para mirar sorprendidas todo lo que acontecía al costado, algunos peques estaban jugando al costado con el juego de cricket de plástico y las demás terminando los rompecabezas de manera genial. Después de un parate y refrescarnos con agua un poco dimos por arranque el segundo juego, cricket pero esta vez con los elementos para grandes que tenían guardado. Pelota no tenían asique tuve que salir a buscar corriendo por el barrio hasta que encontré un kiosquito que vendía, compre dos por las dudas y volví de vuelta. Esta vez ellos me enseñaron alguna de las reglas, marcamos la cancha, dividimos los equipos y comenzamos a jugar. La mayoría de los chicos tenían entre 5 y 12 años, salvo uno solo piojo de cuatro que era mi debilidad (los más grandes lo volvían loco) y que no podía parar de estrujarlo, me sorprendió lo bien que jugaba la mayoría pero es entendible al ser un deporte que en la India se vive desde que naces. Nos quedamos como una hora más bateando y lanzando la bola hasta que uno que tenía el brazo potente colgó las dos bolas en la casa de al lado que no había nadie, chau juego. No vino mal porque el calor ya estaba demasiado intenso, volvimos todos para adentro transpirados, con mugre, sedientos, así de bien como hombre después de jugar. Las nenas ya habían terminado perfecto los rompecabezas y estaban preparando algunos colgantes y aros para usar. Tocó el momento de hacer los juegos en rondas, canciones, merienda y más conexión juntos a esos que te abrían el alma de par en par. A Brinah se le ocurrió una buena idea antes de terminar, pusimos un mapa del mundo en el pizarrón y pasé al frente a contarles todo lo que podía acerca de Argentina y Sudamérica. Iba hablando de todo en ingles mientras Brinah me traducía, los chicos sentados mirando asombrado por todas las cosas nuevas que escuchaban de un país lejano y extraño para ellos. Después me fueron preguntando algunas cosas que querían saber y pasamos como una hora charlando de todo, fue sensacional realmente como se preocuparon por saber e interiorizarse. Ya a lo último les puse algunas palabras básicas en español, al lado en inglés y ellos al final la traducían en Tamil, el lenguaje que hablaban en la ciudad. De esa manera ellos aprendían algo de español y yo algo de Tamil, buena interacción. El atardecer se coló por las ventanas de la sala dando la hora de partir, aunque tenía ganas de quedarme más, era momento de que ellos hagan sus tareas y yo volver para la casa. Es muy fuerte lo que se siente cuando encontráis personas con esa humildad, delicadeza, amor y entrega hacia uno solo con un par de horas de relación, esos nenes realmente tiene falta de cariño y cuando uno les da un mimo al corazón se desbordan de alegría. Inversamente ellos sin darse cuenta me produjeron una alegría y sensación de felicidad muy fuerte dentro de mí ser, son lindos recuerdos y momentos que estarán por siempre en mi memoria. Habíamos hablado con Brinah para generar un puente entre el Orfanato que apadrino en Buenos Aires desde hace ya más de seis años en la localidad de Moreno, El Arca, hoy convertido en una fundación que ayuda a los comedores y colegios de la zona, para  ver qué tipo de conexión podríamos armar entre los chicos de india y los de argentina. Le encantó la idea y le paso los datos de Mirta, la coordinadora de El Arca, para que puedan empezar a trabajar juntas tras fronteras. Antes de despedirme sin saber si los iba a volver a ver otra vez, Brinah me comenta que al día siguiente iba a llevarlos a todos a una excursión a la playa con pic-nic incluido y quería que fuese sin dudas, que podía decirles? Un día más en Tamil Nadu con los peques? Por supuesto, le dije que si con gusto, un orgullo para mí, asique quedamos en encontrarnos temprano a la mañana siguiente. Me fui pedaleando nuevamente para la casa con una noche cálida que abrazaba la ciudad, una sensación rara que me traspasaba el cuerpo mezclando la alegría, emoción, tristeza y compasión por esos nenes. De camino a la casa me seguía cruzando con todos los personajes hindús disfrazados de los dioses continuando con el festival que parecía no haber acabado, algunos disfrazados de mujeres, otros en procesión con bombos y redoblantes, pintados de rojos, azul y todo tipo de disfraces según cada dios. Terminé el día con una rica cena “familiar” los cuatro donde les conté el día que había pasado en el hogar y cada uno sus particularidades del día. Te chai para digestión y a dormir temprano que al otro día salíamos a las ocho de la mañana para la excursión.

Primer día que no iba a poder disfrutar del desayuno ya clásico de todas las mañanas, por el contrario a lo habitual me levante antes que todos, me armé un bolsito para llevar a la excursión y partí en la bici para el hogar nuevamente. Esta vez todos estaban esperando sentados en la sala principal, alguno de los mayores haciendo el recuento de los chicos, preparando las inmensas cacerolas con comida para llevar, cajas, bolsas y todo preparativo para partir. Como todos cuando fuimos niños teníamos penitencia cuando no nos portábamos bien o nos iba mal en el colegio, partimos con el micro completo de peques a la excursión pero algunos se quedaron en la casa ya que no habían tenido buenas notas en el colegio. Nada pudo hacer mi insistencia para poder llevarlos, Brinah en eso era implacable y ya les había advertido que tenían que aprobar los exámenes para poder participar de estas actividades, algunos remolones no pudieron lograrlo. El viaje era bastante largo, estaba planeado ir hasta Manapad Beach donde comenzaba un área costera sobre el océano índico con una de las playas más lindas del sur. Además estaba previsto ir a visitar varias iglesias por el lugar para que los chicos tengan tiempo de rezar y agradecer por todo. El viaje en el micro me hizo volver a mi infancia, cuando iba con todos los atorrantes de mis amigos atrás molestando, escuchando música, haciendo alguna que otra broma a los compañeros y demás. El chofer había puesto música pop asique las chicas empezaron a cantar a todo pulmón, los nenes atrás jugando haciendo de las suyas y yo adelante con Brinah y la mamá hablando un poco más de todo el hogar. Me contaron de los comienzos hace más de 25 años cuando la madre casi sin ningún ingreso o ayuda empezó a darle hogar y una esperanza a los chicos que encontraba en la calle. Después de muchos años de sacrificio había podido juntar el apoyo de los vecinos para vivir con las donaciones cubriendo todos los gastos que tenían del mes, alquiler, comida, medicamentos, ayuda escolar y todo tipo de insumos, el gobierno increíblemente no aportaba en nada. Hacía ya un par de años que Brinah junto a su marido tomaron la decisión de renunciar a sus trabajos que estaban muy bien ganando buena plata, para abocarse de lleno al proyecto de la madre y tomar las riendas del hogar. Todo un ejemplo de colaboración para empujar este hermoso proyecto familiar que creció sin parar, hoy en día tienen el anhelo de poder comprar su propia estancia para dejar de pagar alquileres, construir un único hogar para todos los chicos y poder hacerlo auto sustentable, con propia granja, animales y energía renovable. Un aplauso de pie por el coraje y al valentía de cada día querer superarse. Entre charla, juegos y divertimento llegamos cerca de las once al pueblo, los chicos ya tenían una excitación que querían saltar por las ventanas. Una playa se extendía por toda la bahía con un manso mar, gran extensión de arena y el cielo totalmente despejado que invitaba a disfrutar del día. Fuimos primero a una iglesia que quedaba sobre una colina sobre la playa, era muy famosa en el pueblo por ser protectora de los pesqueros que abundaban en la zona por lo que todos iban a venerar a la virgen. Los chicos se quedaron rezando adelante sobre el altar mientras yo respetuosamente me quedé atrás observando la iglesia y su particular decoración, muy sobria sobre todas las cosas. A la salida nos tomamos unas fotos todos juntos en el portal de la entrada y en una cruz de metal que esta incrustada en una piedra haciendo referencia a su fundación e historia. Ahora sí que no venía lo divertido, bajamos todos por un camino bordeando la colina que llegaba hasta la playa, dejamos los bolsos a un costado y piedra libre para correr directo al mar. La particularidad de casi todos los indios es que no nadan en el mar, grandes o chicos, ya la mayoría no sabe nadar, sino que solo se meten en la orilla para mojarse con las olas rompientes que llegan a la costa, sentados o saltando. Las nenas fueron directamente al agua con los vestidos puestos y los chicos también con la ropa que tenían, alguno que otro como el más peque se sacaba el jean para quedarse en slip y remera, morfables todos. Y así pasamos un par de horas, disfrutando del agua, jugando con las olas que rompían, revolcándonos en la arena y disfrutando de esa sonrisa inmensa que se dibujaba en la cara de los peques. En algún momento armé un futbol playero con los más grandes o a armar castillos de arena con las nenas, la mañana estaba exquisita para disfrutarla en la playa y la compañía era la mejor que podía tener. Pasadas dos horas ya era turno de seguir con el programa, nos pegamos una ducha con agua de un aljibe que tomamos de un costado de la playa para sacarnos la arena, todos los nenes se fueron a cambiar de ropa ya que estaban completamente empapados. Como no podía ser de otra manera, los hombres terminamos esperando como media hora a las mujeres, que volvían todas pitucas con sus nuevos vestidos coloridos, peinadas y arregladas de forma perfecta. Arrancamos camino para otro pueblo que quedaba a media hora donde pasamos a visitar otra iglesia para los agradecimientos y después almorzar sobre una rambla que daba a otra playa. Pusimos unas mantas en el piso, cada peque tomo su plato y de las fuentes fuimos sirviendo el arroz con especias, un huevo dura y algunos snacks. Todos felices disfrutaban del pic-nic y del hermoso día que estaban pasando, y yo más que ellos sin dudas. El resto de la tarde pasamos a visitar otro pueblo con una iglesia muy particular, construida a orillas del mar tenía la forma en los cimientos de un barco y el techo como un avión, toda colorida daba una imagen nunca antes vista. Parece que fue construida de esa manera porque daba las bendiciones a los aviones que entraban por el sur a territorio indio y a los barcos que zarpaban del puerto hacia los mares. Cuestión que fue divertido ver cómo estaba decorada toda esa iglesia, nos sacamos una foto todos juntos como cierre del día y así emprendimos regreso para Tuticorin con un día más que feliz y especial vivido. Tardamos más de lo previsto en el regreso, el transito estaba intenso y con esto de los festivales nos topamos con varias caravanas que hacían lento el paso. Pero al chofer se le ocurrió poner una película de Bollywood (Cine del sur de India) con una de acción que me hizo matar de risa, no porque haya sido cómica sino por la actuación del Tom Cruise indio que era para descostillarse. Llegamos con la noche a nuestras espaldas al hogar, cerca de las siete, con el momento más difícil de afrontar, la despedida. No sabía si iba a volver a ver a esos peques que me llenaron de alegría estos días y a Brinah, les agradecí de corazón a todos lo que me habían brindado y por haberme abierto las puertas de ese hogar con un corazón enorme. Besos y abrazos por todos lados para guardarlos en el cajón de los mejores recuerdos de mi memoria, una experiencia que nutre el alma y un lazo que recién comienza, a pesar de la distancia siempre estaré unido a ellos a través del pensamiento. Así se cerraba otro día, sin saber si iba a ser el último en la ciudad ya que seguía indeciso con los pasos a seguir, emprender la salida o no. Dormir y la mañana siguiente ver que hacía.

El jueves amanecí con la idea de planear la partida hacia el primer destino al día siguiente, desayunando con amma me dio unas ideas para comenzar con la ruta que atravesaría el estado de Kerala, al suroeste del país. Mientras terminábamos él te me sorprendió con una sorpresa, Mani Sami se apareció con varios pequeños costillares de cordero para hacer a la parrilla a la noche en Aqua, tenían nuevos huéspedes y querían recibirlos con una autentica parrillada, y que mejor que un argentino con gusta para hacerse cargo de semejante festín. Además, como ella tenía la tarde libre arreglamos para partir después del mediodía para Aqua a llevar todo lo necesario para la cena, recibir a los visitantes y pasar la tarde relajándola allá.  Se me ocurrió pasar a comprar algunas cosas por el mercado del barrio para acompañar la carne, agarre la bici y arranque para allá. Parece que los muchachos se acordaban de aquel occidental que paseo por sus puestos como si fuese un local una semana atrás, con solo poner un pie en ese pasillo intenso de aromas y calor, todos empezaron a saludarme pidiendo que vuelva a sacar las fotos cómicas con los diferentes personajes del mercado. Esta vez no había llevado el celular pero los compensé quedándome un rato charlando como podía con cada uno viendo que mercadería tenían para ofrecerme, aproveche para comprar algunas papas blancas, cebollas, zanahorias, choclos y vegetales varios para grillar a la parrilla. Las verduras por supuesto eran de prima, recién traídas de los campos y a precios irrisorios comparados con lo que salen en Argentina, termine el paseíto dando una vuelta más por el mercado recorriendo los puestos que estaban en plena euforia del día. De vuelta en la casa nos juntamos con Anjana y amma para almorzar, Arjun ya estaba en Aqua desde la noche anterior y esperaba que llegásemos nosotros con todo. Llegamos cerca de las tres con los dos autos que venían siguiéndonos que traían a los nuevos huéspedes, una vez en las cabañas se acomodaron para dar paso al espectacular almuerzo que nos estaba esperando en el comedor principal mirando al mar. El menú arrancaba con unas deliciosas samosas acompañadas con diferentes salsas, de plato principal pescado, arroz, curt, salsas, chapaties, verduras y bocados de camarones empanados fritos, todo un lujo. Nos pasamos un buen rato almorzando con la familia donde uno de los hijos justo había vivido casi dos años estudiando asique compartimos varias conversaciones. Con la tarde que llegaba de la mano de un viento fresco que golpeaba la costa y un sol reluciente que daba brillo a todo el lugar pasamos para el quincho a hacer literalmente la fiaca post comida. Algunos en las sillas, otros en las hamacas y sofás, nos pasamos una hora tirados disfrutando del paisaje y de simplemente hacer nada. De forma repentina se me vino a la cabeza un dato especial, ese día era 22 de Octubre cumpliendo exactamente seis meses desde el día que puse el pie en el avión en ezeiza allá por abril. Y con esa calma en la que estaba transitando empecé a hacer un revival de todo lo que había pasado en esos 180 días alrededor del mundo, todas las ciudades, personas, experiencias, vivencias y emociones que me habían pasado. Fue todo tan felizmente intenso que esos seis meses me habían parecido años, cada día transitado era un nuevo despertar, una nueva historias, un nuevo desafío, nada era ni siquiera parecido al día anterior, la rutina no tenía lugar alguno en este viaje y cada día era un cuento nuevo. Siguiendo a la felicidad llegó el sentimiento de agradecimiento, porque sé que este sueño que estoy cumpliendo es algo único en la vida y me siento privilegiado de poder hacerlo, siempre tener presente el ser agradecido. Y así fue pasando el día entre pensamientos, descanso, disfrute de ese lugar único y relax total, hasta que llegó el turno mío de ponerme a trabajar y empezar a preparar la parrillada que tenía a cargo. Lo primero que hice fue poner todos los costillares de cordero sobre una fuente y adobarlos con una salsa de barbacoa casera, kétchup, ajo, mostaza, miel, sal, pimiento, salsa de soja en reemplazo de la worcestershire, aceite de oliva y unas hojas de romero para dejarlo reposar adobándose en la heladera por tres horas. Corte los vegetales para grillarlos a la parrilla con manteca, oliva y sal y cocine los choclos para que estés listos. Por ultimo preparé uno de mis clásicos de la parrilla, los morrones rellenos de queso y huevo. Armamos un circulo sobre el piso para poner las brasas y alrededor hicimos un circulo de piedra para contención del vienta junto con una chapa para dar reparo al fuego. Montamos unas parrilla que tenían de chapa sobre las brasas y dimos comienzo a la cocción. Los costillares empezaron a tomar color al contacto del calor del fuego y en otro sector los vegetales empezaban a dorarse junto con los morrones braseándose. Mesita al lado del fuego, vino y cerveza con la compañía de Arjun y un amigo de él, Amma y Anjana que recién había llegado, un placer total. Después de unas horas de cocción mientras disfrutábamos de la espléndida noche estrellada que nos regalaba el cielo, retiré la comida de la parrilla y empecé a servir para todo el mundo. Tenía la presión por hacerme cargo del asunto y por ser argentino con lo que significa para un asado, pero las caras de felicidad de todos los comensales y los halagos incesantes por lo riquísimo que estaba todo me dieron no solo desahogo sino también alegría. Quedaron fascinados por el gusto de la carne y lo sabroso que habían salido los vegetales, pero la estrella fueron los morrones rellenos de los cuales me pidieron la receta reiteradas veces. Terminamos la noche disfrutando unos ricos postres que había traído Anjana del café, deshuesando las últimas costillitas que quedaban por ahí y contemplando una hermosa noche con el mar de testigo de semejante parrillada. Volvimos para la casa pasada las doce, yo con la idea de arrancar al otro día a la mañana pero finalmente después de pensarlo bien durante el viaje y con la insistencia de la familia había decidido postergarlo un día más. Se hacía difícil desprenderse de un lugar tan encantador, más cuando ya se sentía como un verdadero hogar. Esta noche sí que me fui a dormir con la panza llena, exquisito había salido todo, que mejor manera para festejar estos seis meses de viaje.

Durante la mañana me quedé en la casa descansando y chequeando la ruta que finalmente tomaría el día siguiente para empezar a recorrer Kerala, el primero destino sería Trivandrum, su capital, y el transporte elegido para dirigirme hasta allá había sido el tren de primera hora. Estaba un poco nostálgico porque realmente no me quería ir, había pasado unos días increíbles en esta ciudad donde me trataron como un hijo, dándome todo sin pedir nada a cambio. Pero al mismo tiempo tenía esa adrenalina interna por empezar a recorrer el país para seguir absorbiendo las diferentes culturas, idiosincrasias y formas de vivir de cada ciudad de india, que de por cierto tienen bastante diferencias unas de otras. Debito al éxito rotundo del asado la noche anterior, amma me confirmó que íbamos a repetir la parrillada nocturna pero esta vez el menú sería diferente, pescado a las brasas. Mandó a comprar tres bichos de buen tamaño para tirar a la parrilla y yo empecé a pensar que acompañamiento y salsas podía hacer. DE nuevo arranque para el mercado pero esta vez pasé de largo los puestos tradicionales hasta que encontré en un recoveco dos puestitos que tenían la verdura mejor seleccionada y de mayor calidad, allí compré unas hermosas berenjenas, jengibre, cebolla de verde, cebolla morada y unos grandes zuccinis. Ya tenía en la cabeza todo lo que iba a hacer, solo faltó pasar por un súper a comprar algunas cosas más que me hacían falta para complementar las verduras. De camino de vuelta con la bici, paré en unos locales donde les compre unos regalos a cada uno de la familia para poder agradecerles, de alguna manera, algo de todo lo que me habían dado. Almorzamos con Rohini y Anjana en la casa un rico estofado de carne con dosas recién cocinadas, después nos quedamos en el patio jugando un rato con los perros esperando al chofer que tenía que pasar a buscarnos. Como estaba demorado nos terminamos yendo directamente en el auto de Anjana para Aqua, a eso de las cuatro llegamos cuando todos los huéspedes estaban disfrutando del mar y los corales después del almuerzo. Arjun y su amigo estaban en la punta de la bahía relajándola sobre un gacebo y con Anjana agarramos cada uno un kayak y nos fuimos a remar dentro del mar. La calma que había en ese momento era como un suspiro de alivio, el mar calmo con un horizonte claro y espejado te invitaba a solamente recostarte sobre el kayak mar adentro y disfrutar de esa asombrosa paz. Algunas islas aparecían en el horizonte como pequeños bultos de tierra, algunas aves revoltosas cruzaban el cielo y en la costa se iba dibujando esa panza a fin de la bahía que le daba una forma particular. Paz, quietud, desacelerar, no pensar, relajar, dejarse llevar, vivir el instante. De eso se trata a veces, de despejar la mente para solamente absorber el momento, nada más que ese preciso momento como sea, sin cuestionamientos, sin pensamientos, sin emociones ni conexiones. De la orilla me pegaron un grito porque había llegado la mercadería y como el sol estaba ocultándose de a poco había  que dar comienzo a los preparativos para la cena. Ya de nuevo en la cocina con Mani Sami y sus asistentes, comencé a preparar todo lo que tenía en la cabeza. Primero limpiamos los tres pescados, le sacamos el espinazo y lo abrimos en mariposa, ahí les hice el adobo de limón, manteca, jengibre, tomillo, sal y  pimienta para sellarlos con papel metalizado. Luego envolví unos morrones y cebollas con miel, azúcar, sal y pimienta en papel metalizado listos para tirar a las brasas. Prearé una salsa de cebolla de verdeo, cebolla morada, ajo, manteca, crema de lecha y mostaza que iba a usarla como salsa para el que quiera tirar sobre el pescado. Además de esto, Mani Sami había preparado unos langostinos fritos, samosas, croquetas de carne y papas fritas que servirían como snacks para los hambrientos comensales que ya estaban todos congregados en la galería sobre el mar. Con las brasas ardiendo tiramos los pescados sobre la parrilla y las verduras al fuego, otra vez con la compañía de la familia a los brindis con vino y cerveza. La cocción fue rápida y después de unos cuarenta minutos ya estábamos degustando el pescado que termino siendo una manteca, tierno y delicioso con un gustó especialmente aromático al jengibre con el limón. Las berenjenas asadas mezcladas con las cebollas, oliva y sal fueron la combinación perfecta para acompañar el pescado y la salsa le terminó dando el toque gourmet. Otra vez el éxito reinaba y la cara de los comensales era de eterna satisfacción, de mi parte feliz por poder prepararles la cena con una felicidad inmensa. Con el postre y el café nos quedamos todos juntos charlando bajo el cielo abierto, haciendo un resumen de todo lo que había pasado estos días pero sin saber cómo rechazar humildemente todos los pedidos de la gente para que me quede unos días más. Cerramos la velada cerca de la medianoche, me despedí de Arjun que se quedaba a dormir ahí y partimos con Anjana junto a amma para la casa. Cuando llegamos les di los regalos y traté de expresar como pude todo el agradecimiento por la tremenda hospitalidad, generosidad y amor que me supieron dar esos diez días que había convivido en su casa como si fuese parte de su familia. Casi que les exigí el que tengan que ir a Argentina para poder ser yo en ese caso su anfitrión y poder brindarles lo mismo que ellos me dieron a mí. Solo quedaba darles un fuerte abrazo, un cariño inmenso, hacer las valijas con las sensaciones encontradas y dormir para el otro día salir con el alba a recorrer el inmenso mundo de India.

 

Kerala Húmeda

Con los cuervos revoloteando en mi ventana me levante ese sábado listo para partir. Amma se levantó para despedirme y ver si había llegado el chofer con el coche que me llevaría a la estación de tren ya que quedaba a una hora de viaje desde Tuticorin. Un despedida emotiva por todo lo que pasé en esa casa compartiendo con la familia, con la gente del hogar y con todo lo que el pueblo me brindó que quedaron impregnados en mi cuerpo. Mientras iba camino a la estación quede con la cabeza apoyada en el vidrio casi todo el camino observando los paisajes pasar mientras mis pensamientos volvían a un tema recurrente en mi viaje que se hace  difícil se transitar, agarrar-soltar, apego-desapego, quedarse-irse, esa dicotomía difícil de resolver pero linda de vivir entre seguir ruta en este hermoso viaje y compartir fuertes experiencias con gente y lugares que dejan marcas en uno. Ahora si se venía la aventura de empezar a recorrer este increíble país con mochila al hombangalbro y todas las incertidumbres que atravesar por delante. Llegamos a la estación a tiempo para tomar el tren que partiría a las ocho de la mañana pero el viaje no quería empezar tranquilo, al momento de ir a comprar el ticket el tipo me dice que el tren estaba demorado más de dos horas, y eso en realidad es como que te digan “puede tardar 2 o 4 horas”. Rápidamente pensé en una solución alternativa y salí corriendo a ver si estaba el chofer todavía en el parking, por suerte pude encontrarlo a tiempo y le dije que me llevase para la estación de bus. Una vez allí y después de que preguntamos a algunos paisanos que estaban ahí como ir hasta Trivandrum, logré entender como pude a cual colectivo subirme y así saltando sobre el mismo en movimiento ya que estaba partiendo logre alcanzarlo. Finalmente tomé el bus local el cual tenía que hacer combinación en otra ciudad para tomar otro bus que fuese finalmente para la capital de Kerala. En el camino fui viendo como el paisaje iba cambiando de urbano a rural, el cielo tapado bañaba la tierra de un pálido gris que daba un fuerte contraste con los montes y campos verdes sobre el horizonte. En un momento un indio, Krishna, se me sentó al lado y me empezó a hacer algunas preguntas para conocer más de mi vida. Generalmente todos los indios son muy curiosos y les gusta entablar conversación, saber de uno, de donde viene, a que te dedicas y sobretodo dos temas particulares, si estas casado y si tenes hijos. Fuimos charlando muy amenamente de nuestras vidas y gustos, en su caso se sorprendió sobremanera el que yo tengo treinta años y no tenga esposa (ni siquiera novia) ni tampoco hijos. En su cultura ya a partir de los 24 años las familias generalmente le elijen las esposas a los hijos, acto seguido se casan para formar una familia y tener hijos. Realmente les parece asombroso (hasta raro) mi situación pero siempre con una sonrisa te devuelven un “deberías buscar una mujer y casarte para tener hijos” y siempre de mi lado respondo “es lo que más anhelo en la vida, pero hoy estoy disfrutando esta hermosa experiencia, no se preocupe que todo llega en la vida”. Este tipo de charlas se iría repitiendo centenares de veces a través de todas las ciudades y situaciones vividas con mis queridos simpáticos indios. Finalmente llegué cerca de las doce del mediodía a una capital que me recibía con un ritmo de intensidad fuerte, un caos de tránsito en puerta, y gente alborotada por todos lados llevando a cabo su día habitual. Como no tenía pensado quedarme más de una noche, me fui a buscar algún lugar cerca de la estación para dejar las cosas y al otro día poder estar cerca del tren o bus. Terminé en una barata habitación de un motel que parecía de la casa del terror, una habitación casi tétrica pero funcional para lo que necesitaba, solo pasar la noche. Luego pase a ver los horarios del tren que salían al otro día para Alleppy, mi próximo destino, pasé por una agencia de turismo para ver cuál era la mejor forma de recorrer la ciudad y me fui a almorzar algo a un puestito de la calle para aplacar el hambre. La mejor opción fue contratar un tour que me llevó por cuatro horas a recorrer las distintas atracciones principales de la ciudad, fue conveniente ya tenía el transporte a todos los lugares, con guía, en grupo y podía hacer todo en una tarde. Nada tan particular para mí que empezar recorriendo una ciudad por su zoológico, parece que éste era el más famoso del estado de Kerala y allí nos fuimos para empezar el recorrido. El predio se encontraba en pleno centro, un inmenso parque albergaba no solo el zoo sino también una galería de arte, áreas de juegos y varios patios de comida. La caminata por el zoo fue divertida, especies de todo tipo para ver y observar aunque no es de mi gusto predilecto ver animales encerrados, todas las miradas se le llevaban dos leopardos, un increíble tigre de bengala y una manada de búfalos y ciervos que estaban en un área inmensa como si fuese una sabana. Camine rodeado de familias que pasaban el día junto a sus hijos en una actividad diferente, asombrados por todos los animales que había en el lugar. A la salida me fui a ver la galería de arte que tenía una estructura muy linda por fuera, como un templo chino con sus particulares techos, tejas y madera tallada colorida. Adentro, unas estructuras de bronce y madera se exponían replicando algunos dioses indios y de mitología hindú. Volvimos camino por la avenida principal para cruzar el centro, todos los comercios estaban a tope mientras la gente transitaba de un lado a otro sin parar, el pulso de la ciudad estaba en aumento y claramente se podía percibir. Paramos en la entrada del Templo Padmanabhaswamy, el más importante de la región, con una gran torre de mármol blanca que se elevada a los cielos representando con las características mini esculturas la historia del Dios. Lamentablemente no dejaban entrar a los turistas asique nos tuvimos que conformar con sacar algunas fotos desde la puerta de entrada y apreciar el intenso ingreso de todos los fieles que acudían a cualquier hora del día con el particular atuendo, los hombres solamente con una pollera blanca que se conoce como kotti y nada más en el cuerpo. Igualmente teníamos pegado al templo estaba el próximo lugar a visitar, Kowdiar Palace, construido en 1934 por el Maharajah Chithira Thirunal sirvió de hogar para la nobleza que gobernaba en aquel entonces siguiendo con la principal dinastía de la provincia. También con una arquitectura muy asiática, esta enorme estructura estaba construida a base de madera con miles de detalles de decoración y una techo de tejas a dos aguas que resaltaba por sobre las construcciones de toda la manzana. Las paredes blancas y un extenso jardín daban un lindo aspecto al exterior del palacio. Un guíanos llevo por una hora a recorrer todas las salas donde se encontraban los retratos de la dinastía, regalos que recibía de otros Maharajha, tesoros, armas de guerras y todo tipo de decoración que realzaba el lugar de una manera impresionante. Me fui empapado un poco más de la historia sobre aquel lugar y las diferentes dinastías que gobernaron, el templo que se asomaban por las ventanas del palacio me dejaron espiar un poco más por adentro apreciando un lugar fascinante por descubrir. Era turno de darle paso a los paisajes naturales, anduvimos unos quince kilómetros hacia las afueras de la ciudad para llegar a una de las playas más conocidas del sur de india, Kovalam. Llegamos justo cuando el sol empezaba a despedirse del día y nos dejaba en la ultimo hora algunos destellos de luz para disfrutar del lugar, con una gran extensión de playa la misma abría paso unos trescientos metros entre dos montes que la secundaban a los costados. El mar estaba tranquilo pero los indios que habían llegado hasta ahí para disfrutar el día no, desaforados y felices estaban saltando en el agua disfrutando cada instante que las olas rompían y llegaban a ellos. Como sabía, casi ninguno estaba nadando, solo se acuestan sobre la orilla a la espera de su encuentro con el agua y disfrutar de chapotear en ella completamente vestidos. Un escena divertida y particular de ver a la vez, casi todos en grupos tomados de la mano entusiasmados a más no poder. Me quedé sacando unas fotos con un atardecer a mis espaldas sobre esas colinas que me daban un escenario perfecto, después me crucé de punta a punta la playa recorriendo todo mientras observaba todo lo que pasaba a mí alrededor. Me frené a charlar con los “bañeros” indios que tenían más pinta de policías de tránsito que de guardavidas, muy cómicos los muchachos. Después de llegar a la punta donde se erigía un clásico faro sobre una pequeña islita sobre el agua, pegue la vuelta y me quede lo que restaba del tiempo para volver sentado en la playa con las sensaciones de todo lo que veía y los últimos destellos de luz que se apagaban por detrás del mar.  Buena manera de terminar el día y dar una buen pantallazo a toda la ciudad, incluido una visita a la playa. De vuelta le pedí al guía que me deje de nuevo en el templo ya que quería ver si podía meterme aunque no tuve suerte ya que no me dejaron entrar. Me fui de vuelta para el hotel caminando por esa avenida tan caótica absorbiendo lo que quedaba del día, algunos templos más chicos recibiendo a miles de fieles que en su vuelta al hogar pasaban para hacer sus ofrendas, los últimos negocios abiertos terminando las transacciones del día y las luces de la ciudad que tomaban mayor intensidad. De camino paré en un restaurante vegetariano que parecía bueno y me senté a comer unos ricos panes rotti con diferentes salsas, por suerte nada picante y muy sabrosa. Ahora sí que el día daba por terminado, volví para el hotel cansado del trajín del día pero contento por todo lo visto y recorrido. Para escaparle algunas horas más a la habitación, después del baño, baje a la recepción para escribir un rato mientras escuchaba música y mi cuerpo se iba relajando. A medianoche ya fue momento de ir a dormir, al otro día arrancaba a la madrugada al próximo destino y a las nuevas aventuras.

Un nuevo día comenzaba y un nuevo lugar por conocer tenía por delante. Siempre con el optimismo al frente de batalla y las ganas de seguir experimentando lugares, sensaciones, experiencias, vivencias en el disco rígido más preciado de cualquier ser humano, la propia cabeza. Cruce para la estación un poco antes de la seis de la mañana para sacar el ticket en dirección a Alappuzha, o Alleppy, lugar famoso por su extensa vegetación, cruceros a través del río entre las diferentes islas y un playa que invita a visitarla por sus hermosos atardeceres. Esta vez por suerte el tren salió a tiempo, solo levaría unas tres horas arribar a destino con un paisaje por delante que sería de completo asombro para mí. El tren en india tiene diferentes clases, generalmente tiene primera, segunda, tercera o general y por las noches estas mismas se transforman en sleepery, sirven de camas para dormir. En este caso iban todos sentados ya que arrancaba el día y el vagón general que me tocó a mí venía bastante tranquilo. En cada estación se iba subiendo gente que comenzaba su rutina del día, algunos iban a trabajar, otros volvían de una larga jornada, estudiantes alistados para ir al cole, algunas madres con sus hijos y algún que otro borrachito que volvía de una juerga. Cuando ya nos alejamos de la ciudad, los campos y al extensa vegetación que se extendía sobre las llanuras ganaban por completo el paisaje, se me ocurrió abrir la puerta del vagón y sentarme sobre el escalón para ser un espectador de lujo de todo lo que venía por delante. Fue muy lindo ir viendo desde el tren todo lo que pasaba por frente a mis ojos a gran velocidad, todo con un detalle y color que implicaba una escena diferente en esa película que transcurría frente mi retina por las dos horas que quedaron de viaje. Campos de arroz, siembras de trigo, gente cultivando la tierra, algunos pueblos despertándose con el día, vacas, cabras, niños jugando al cricket, madres lavando la ropa sobre las vías del tren, todo transcurría simultáneamente a lo largo del viaje reflejando un clásico amanecer en la india. Así se me pasó el tiempo casi sin darme cuenta, hipnotizado por esa película que acababa de disfrutar, en prima fila, todo para mí, más que un privilegio de aprendizaje. En la estación de Alleppy el día me recibía con algunas leves lloviznas que no parecían cesar por lo pronto, en este caso si había reservado un hostel que tenía muy buenas críticas, quedaba sobre la playa y era bastante económico. Me tomé un tuk-tuk que por suerte era prepago en la estación asique no tuve que negociar y después de andar unos dos kilómetros bordeando la costa llegamos a destino. Me recibieron de la mejor manera en el hostel, por suerte ya tenía una cama lista en habitación compartida asique pude dejar las cosas, me pegue una ducha y me fui para la terraza que ya había checkeado para desayunar. Estaba en un tercer piso con todo el frente abierto mirando el mar, aunque el cielo empecinado seguía cubierto por las nubes, el brillo del sol se hacía notar como una sombra por detrás. Un rico, caliente y reconfortante te chai que me lleno el cuerpo de energía junto con unas tostadas y esa vista hicieron del desayuno algo perfecto. Después bajé a hablar con la gente de ahí a ver que me recomendaba para hacer la excursión con los barcos a través del delta que tan característico es de esa zona. Al final decidí ir por mi cuenta para el lugar desde partían todos los barcos y canoas a tratar de negociar la mejor opción. Había un grupo en el hostel con los que me quede charlando toda la mañana pero lamentablemente ya tenían el bote completo y no tenían lugar para mí. Al mediodía partí caminando para el este de la ciudad donde tendría que cruzarla en unos cuatro kilómetros hasta llegar al lugar desde donde nacían los canales. En el camino fui viendo cómo se iba desarrollando el pueblo, desde las casas más humildes hasta la avenida principal donde aparecían los principales comercios y negocios. Al igual que Tamil Nadu, en Kerala el catolicismo era muy fuerte, había casi la misma cantidad de templos cristianos que hindúes, de hecho en esta ciudad termine viendo más iglesias que templos. Hubo un solo factor en estos días que había pasado el cual mi cuerpo no podía soportar, la humedad, casi 100% todos los días no me daba respiro y me hacía transpirar de manera constante a cada paso que daba. Me reía con algunos indios cuando veían lo transpirado que estaba ya que a ellos no sé porque pero no les afecta como así tampoco los mosquitos que no los pican, diferencias genéticas de las civilizaciones del mundo. Estaba un poco pesado el día aunque la lluvia ya había parado, pero el aire seguía espeso junto con la humedad que hacían estragos en mí. Llegué después de una larga caminata al canal principal que partía la ciudad y desde el cual zarpaban las canoas, góndolas o pequeños barcos. La primera sensación que tuve fue un poco de asombro, las fotos y belleza que había visto en la web de este lugar no se asemejaba mucho a lo que veía en la realidad, el río estaba bastante contaminado y no muy cuidado ecológicamente. Me llevó un largo tiempo terminar de negociar y definir qué excursión hacer, como me había quedado solo era un poco complicado por los precios elevados tomar una góndola motorizada para mí (era para ocho personas) por lo que terminé decidiéndome en tomar una canoa a remo que un tipo me llevaría por tres horas a recorrer los diferentes canales, pueblos, remansos y lagunas. Arrancamos despacito saliendo del pueblo entre medio de las barcazas que nos pasaban por al lado, no muy lindo al comienzo por  todas las cañerías contaminadas que desembocaban por ahí pero entusiasmado por lo que se veía adelante. Llegado el encuentro de este canal con el río principal se abre un mundo de agua por delante, miles de canales, remansos, lagunas, atajos acuáticos, se abren paso por entre medio de varios pueblos que flotan literalmente en el agua, como si fuese el detal del tigre o como le llaman ellos, “la Venecia de india”. El cielo no se había aclarado pero al menos había dejado de llover lo que me permitió disfrutar de todos los paisajes desde la punta de la canoa con todas las vistas a mí alrededor. Íbamos despacito pero nada importaba, al contrario, era un placer poder disfrutar de todo eso a ritmo lento, sin ningún ruido de motor, solamente el silencio de la naturaleza y algunas aves que se cruzaban por los aires. Atravesamos un estrecho largo del río y desembocamos en un pequeño canal que nos condujo por el medio de un pueblo, las casas apostadas a ambos lados con las entradas que daban al agua, un auténtico pueblo sobre el agua, algunas canoas o lanchas aparcadas en los muelles de cada casa como si fuesen los autos o motos. Todo estaba rodeado por densa vegetación, a los costados se elevaban varios campos de arroz y cereales que brillaban en un amarillo furioso contra las nubes, algunos campesinos labraban la tierra a lo lejos dando un lindo espectáculo natural para retratar. A medida que avanzábamos la paz y la calma aumentaban en abundancia, todo sucedía en cámara lenta lo que me permitía absorber cada imagen de manera más dedicada y natural. Nos íbamos cruzando con los houseboats o las góndolas que nos sacudían al pasar cerca de nuestra pequeña canoa, siempre saludando a todos los que iban en otras embarcaciones. En uno de los pueblitos que me llevó el amigo remador, frenamos para que pueda bajar y recorrer un poco a pie algunas de las calles internas que tenía y ver como vivía cada familia. Una gran idea ya que pude entrar en algunas casas, charlar con la gente y mimetizarme en ese entorno por unos minutos, gran experiencia. De vuelta al agua emprendimos el regreso pero a otro punto de llegada asique podía conocer más el lugar, le di una mano al indio que venía remando para que descanse y me puse a remar yo desde la otra punta. No venía nada mal un poco de ejercicio, que el buen hombre descanse y yo pueda darle un poco más de color a la aventura sobre el delta. Todo trascurrió de manera genial, fue una buena elección haber tomado la canoa y no un barco a motor, la sensación fue muy agradable y el paseo espectacular sin dudas. Desde el pueblito donde me dejó me tuve que tomar un tuk-tuk de vuelta al centro, aproveche el resto de la tarde para pasear, caminar el centro, saborear de unas exquisitas bananas y tapiocas fritas que venden como snacks y disfrutar lo que quedaba de la tarde. De vuelta al hostel me quedé descansado un rato y se me ocurrió cruzar a la playa antes del atardecer para darme un baño y caminar un poco por la costa. Me topé con unos extraños indios que estaban jugando a las cartas sobre una lona en la playa cual casino ilegal y del otro lado unos diez chicos adolescentes en pleno partido de futbol playero. Después del chapuzón en el mar me quedé un rato sentado en la playa y se me vinieron unas ganas bárbaras de volver a patear una pelota que luego de seis meses no había tenido chances de hacer, asique me levanté y le pedí a los chicos si podía jugar con ellos. Se volvieron casi locos cuando les dije que era argentino, Kerala es una provincia muy futbolera en india y Messi es casi como un dios para estos chicos que eran fanáticos del futbol. Ahí me quede como una hora jugando metiendo algún que otro gol, disfrutando lo que quedaba del día y pasando buen momento futbolero. No tuvimos la suerte de ganar con mi equipo, algunos de estos chicos realmente jugaban muy bien, pero lo divertido fue volver aunque sea por un rato al deporte y pasar buen momento con estos chicos que nos despedimos entre risas y cargadas. Vuelta al cuarto para pegarme una buena ducha reparadora, descansar un rato y salir a la noche en busca de algún resto abierto para cenar. Caminando en las penumbras cerca de las diez de la noche, ya con la oscuridad absoluta, me tope con dos sudafricanos que estaban en busca de un resto también y los llevé hasta uno que me habían recomendado. Muy buena onda resultaron los pibes, era la primera vez en india y estaban pasando algunas semanas de vacaciones, cenamos algo con unas cervezas y charlamos largo tendido de todo. Gran gesto tuvieron en invitarme la cena y después de ahí nos fuimos para mi hostel a terminar la charla con otra cerveza más y ver el partido de Los Pumas-Australia que jugaban la semifinal del Mundial de Rugby. El resultado ya sabido no fue positivo, pero la experiencia completa del día si lo había sido, como en cualquier día de la vida, cosas buenas y no tan buenas, a disfrutar y aprender de todo. Esa misma noche había decidido partir a Kochi a la mañana siguiente para continuar con el recorrido hacia el norte, Alleppy no había sido tan lindo como creía pero la experiencia terminó siendo muy buena.

Otro día amanecía con un nuevo destino por conocer, llegue a la estación justo a tiempo para comprar el ticket de tren en dirección al norte destino Cochin o Kochi. Se me complico un poco más de lo previsto ya que para tomar ese tren no se podían comprar los boletos en ventanilla sino solo por reserva en internet pero tuve la suerte de cruzarme con otro buen querido indio, Sohan, que me ayudo para hacer una tramoya y hacernos de un ticket para subir al tren. Esperando que arribe a la estación, me quedé con Sohan sentado en un banco charlando también de las diferentes historias de vida que cada uno tenía. Nuevamente llegaba la sorpresa y asombro en su cara al escuchar de mi parte que estaba viajando a los treinta soltero, sin novia, ni esposa e hijos, pero por otro lado le encantó la experiencia que le conté acerca de recorrer el mundo y rápidamente tomamos confianza con varios temas de conversación. Sohan trabaja en una gran compañía en Kochi, como gerente de marketing y ventas, viaja todos los días de Alleppy a Kochi a trabajar y vuelve a su casa donde lo espera su esposa e hijos. Me llamó la atención ya que tenía un pensamiento muy filosófico e interesante de la vida y me termino confesando ya durante el viaje en tren, que nos la pasamos hablando todo el tiempo mientras esquivábamos al guardia que chequeaba los boletos, que tiene como hobbie escribir y relatar historias. En un momento, luego de sacarme el perfil, me dice: Vos sos una persona “YOLO”, no entendía bien a que refería pero acto siguiente me recita de memoria un poema que había escrito hace tiempo y que sorprendentemente reflejaba la moraleja sobre todo lo que venía pensando este último tiempo con el viaje. Así fue como nos pasamos las casi tres horas apoyados sobre la puerta del vagón, charlando de las experiencias de la vida, disfrutando el paisaje y el día que comenzaba. Nos despedimos en la estación y le prometí debido a su insistencia que en los próximos años le iba a pasar a visitar con mi futura mujer e hijos, veremos cuanto me lleva cumplir mi promesa. De la estación salí a recorrer las cuadras cercanas en busca de algún alojamiento, la zona era muy céntrica y bulliciosa asique debería haber varios lugares por encontrar. Los precios estaban ligeramente más elevados que en las anteriores ciudades pero los hostels u hoteles que recorrí estaban en mejores condiciones. Terminé quedándome en un hotel bastante decente que se encontraba cerca de la estación y tenía buenas comodidades, ducha caliente en primer lugar. La isla de Kochi se encuentra sobre la costa del océano índico, tiene una zona céntrica bastante poblada y varias islas alrededor con diferentes atracciones por visitar. La más destacada y turística de ellas es Fort Kochi, isla que queda situada a unos quince kilómetros del centro y a la cual se puede acceder en bus en solo unos cuarenta minutos. Antes de ir para allá, me quedé una hora recorriendo el centro combatiendo a la humedad que nuevamente salía a mi encuentro, con una densa temperatura sofocante que hacía más cansadora la caminata. Volvía a transitar las calles de una gran ciudad, a pleno luz del mediodía todo ocurría de forma intensa y a gran velocidad. En la calle todo se llevaba a cabo, los profesionales del oficio montaban sus puestitos de zapatería, lustrado, costura, cocinas callejeras y venta de cualquier producto que uno pueda necesitar copando las veredas de forma completa. El tránsito de la gente y los medios de transporte en la calles se cruzaban sin parar, como si fue una misma escena continua que transcurre una y otra vez. Me cuesta entender en este tipo de alborotos como todo sucede con absoluta tranquilidad, es como digo siempre sobre la india, el caos del desorden perfectamente ordenado. Y es así como uno también se contagia y anda por todos lados sin reparo, cruzaba la calle como podía parando los autos y motos, me frenaba a degustar algunos snacks salados callejeros y ya que estaba de paso dejaba un cinturón en lo de un viejito para que me lo repare. Desde la avenida principal me tomé el bus local por solo unos diez centavos de dólar que me llevase hasta la isla, subí a un bus repleto de gente local que me miraba como sapo de otro pozo sin entender que hacía ahí metido yo cual turista. Sentado sobre una baranda de la puerta trasera del bondi pasé casi todo el viaje, charlando con el pibe que cobraba los boletos de la locura que tenía el chofer en como manejaba, casi nos incrustamos contra varios autos en reiteradas veces. Y como rutinariamente le pasaba (confesión del amigo) la policía paro al conductor y le aplicó una multa por exceso de velocidad en la ciudad, cien rupias menos para la empresa de transporte y un afloje en el culo de la tensión que teníamos todos los que viajábamos dentro.  La segunda parte del recorrido fue más tranquila, atravesamos unas islas sobre unos puentes que me permitieron ver las panorámicas que regalaba la ciudad en todos los sentidos. Un predio militar naval de gran tamaño apareció a uno de los costados y en el otro varios astilleros en plena construcción de barcos de gran tamaño y demás embarcaciones. Ya una vez dentro de Fort Kochi el conductor se volvió a sentir Schumacher y empezó atravesar las pequeñas callecitas que se abrían paso en el pueblo zigzagueando como un campeón. Gracias a cualquier Dios nadie terminó vomitando o lastimado y todos llegamos sanos a la estación de buses de la isla donde comenzaría mi recorrido por los diferentes puntos turísticos a visitar. Con lo primero que te encontras ni bien cruzas la calle es con toda la rivera que se abre paso frente al mar donde aparecen las icónicas chinese nets, unas divertidas redes de gran tamaño que utilizan para pescar en la zona. Se les llama así ya que la forma que tienen los palos con la red enganchada se parece a los típicos sombreros chinos en forma de embudo, aparecen varias de estas estructuras sobre toda la costa dando una postal característica de la isla y de los pescadores. Funciona básicamente como una trampa de peces que circulan por la superficie, dos palos cruzados de más de quince metros hacen de palanca para sumergir una inmensa red a un metro del agua y esperar que los peces pasen por encima, llegado al momento con un contrapeso levantan los palos y así la red quedando los peces sobre ésta que son recogidos por los pescadores. Todo un sistema de ingeniería para hacer de este invento uno de los mejores a la hora de pescar y atraer turistas que disfrutan de este oficio. Solo cinco minutos me llevó caminar solo para que un tuk-tuk man se me acercara y después de una charla me ofreciera una propuesta de intercambio. Quería llevarme a todos los lugares turísticos de la isla sin cobrarme nada, solamente acompañarme para poder charlar y pasar por unos shops de artesanías que le pagaban a él unas rupias por llevar turistas. Me pareció buena la idea, el pibe tenía cara de buen indio asique accedí al trato y comenzamos así la visita por toda la isla. Caminamos por toda la rivera viendo el oficio pesquero que se llevaba a cabo mientras me deleitaba con todos los puestos vendiendo todo tipo de chucherías, comida, artesanías y demás. Después arrancamos con el tuk-tuk llamada “la Ferrari” a recorrer las calles del pueblo y sus atractivos recovecos. Llegamos al Dutch Palace en el barrio de Mattancherry, allí se encuentra el palacio que fue levantado en el siglo XVI por los portugueses luego de llegar a las costas sur de india como regalo para los Maharajás de Cochin que gobernaban en dinastía. El edificio, hoy en día restaurado, conserva la estructura de siglos atrás con sus altas paredes de concreto amarillas y techos te deja anaranjados, de aspecto occidental y conservador. En varios monumentos de la india no se pueden sacar fotos, como fue éste caso, pero tuve  la oportunidad de recorrer todos las salas aprendiendo un poco más acerca de la historia de las invasiones de los portugueses que tuvieron varias expediciones en el siglo XV –XVI. Sin dudas dejaron sus huellas no solo por los palacios construidos sino también por las iglesias cristianas que abundan en Kochi, las construcciones de monasterios y centros hospitalarios con todo el aspecto del auge portugués de aquellos años. Al salir de la visita, el sol marcó el punto más alto del día y más caluroso, perfecto pretexto para hacer un paráte e ir por algo de comer. Como estaba con un local no tenía otra mejor opción que me llevase al bodegón donde él comía todos los días, un sucucho en medio de una calle que tenía una puertita donde me tuve que agachar para entrar, tres mesas con algunos indios degustando el único menú posible para comer, thali. Nos lavamos las manos, nos sentamos y en dos segundos nos tiraron el plato de aluminio comunitarios con los típicos tres huequitos para salsas y una espacio central para el abundante arroz. Estaba un poco picante pero se podía aguantar, el tema es que solo había agua hervida que servían en jarra sobre la mesa y mucho no quise tentar al destino asique a aguantársela, morder algunos bocaditos de pescados que nos acercaron y contentarse con todo un almuerzo local. Los indios tienen la particularidad de sentarse, se les sirve la comida en menos de u minutos, comen en cinco minutos, se levantan, se lavan las manos y chau. Así de ansiosos y rápidos son para comer, como los son para manejar y otras cosas. No me dejó tiempo para la digestión que ya arrancamos de nuevo, pase por una tienda de especias que había al lado donde tuve la suerte de ver un patio en una casa con un cantidad inmensa de jengibre secándose al sol para luego ser procesado, unas canastas con polvos de todos los colores que emanaban los aromas más sabrosos de toda la india. Era turno de devolver otro favor al amigo asique me paseó por seis diferentes locales de ventas de artesanías para que hago el visto bueno, sin necesidad de comprar nada, y después a él le daban algo por llevarme. La ecuación me seguía pareciendo bueno y el acuerdo era positivo para ambos. Una vez que terminamos con las visitas, pasamos por la Iglesia San Francisco, también construida por los portugueses, una plaza dedicada a Vasco Da Gama y algunos mercados de tiendas de compra con todas las vestimentas típicas de la india. La siguiente parada fue la impactante Catedral Santa María, este caso construida por los españoles en el siglo XII, de imponente tamaño y belleza singular. Una gran catedral de color blanca, con dos columnas elevadas con campanarios sobre la entrada y un mural que cubre la fachada principal con la imagen de la virgen. En el interior la misma no dejaba de ser atractiva, toda recubierta de madera con vitreaux de colores que hacían unos destellantes reflejos coloridos sobre el pasillo y los bancos. Había poca gente dentro y se sentía una paz absoluta, me quede sentado un rato descansando la mente floreciendo el espíritu. Rodeada la catedral estaba por una escuela de chicas que salían justo al recreo, un patio donde las mismas practicaban algunos deportes y una capillita sobre la izquierda para quienes iban a orar fuera de horario. Todo marchaba perfecto hasta que salí nuevamente a la calle y no encontré al amigo, me había dicho que se iba cinco minutos a hacer algo y volvía. Me quedé sentado en un quiosco de enfrente que por suerte pude agarrar wifi un rato y descansar con un par de botellas de aguas para bajar la sed, luego de unos cuarenta minutos supuse que el amigo indio cara de bueno me había terminado por cagar dejándome colgado ahí con varias cosas por visitar aun. Confieso que me agarró una bronca importante, parte porque me cagó de lo lindo y parte porque realmente había confiado en todo lo que veníamos conversando y charlando de la vida y los valores entre otros temas. Pero como ya aprendí a convivir con lo que la vida te arroja a cada instante, cambie el enojo por sonrisa repentina y me fui a caminar solo el resto de la tarde sin rumbo algunos. Los lugares pendientes estaban lejos y ya se hacía tarde para ir a visitarlos, asique simplemente volví para la costa donde tuve la suerte de ver un tímido atardecer por detrás de las nubes dando un lindo reflejo sobre todas las chinese net que ya habían terminado su jornada de trabajo. Me crucé a la estación de bus y me subí al micro que “supuestamente” me habían dicho que iba para la estación de tren donde estaba el hotel. El chofer en este caso por suerte se creía un poco menos Schumaher por lo cual fue más relajado el viaje aunque levantamos a todos los laburantes que volvían a su hogar cuando caía la noche y el bus terminó siendo un aglomerado de gente. Tenía mi asiento de atrás bien firme a mi cola por lo que no sufrí tanto el amontonamiento, pero los olores y aromas reinaros durante la hora que nos llevó aproximadamente volver para el centro de la ciudad. Como si fuese poco para terminar el día, el boletero me había vendido gato por liebre y la estación donde me hicieron bajar era la que estaba a tres kilómetros de la mía (le había dicho bien claro que era la estación sur, confirmándome con su cabecita de arriba abajo) asique tuve que ponerle un poquito más de ganas al día para que no me le terminen de arruinar, me tomé un tuk-tuk al cual ya no quería negociar y luego de casi dos horas llegue al hotel. Ya no quedaba ningún plan por el día, me  pegue una exquisita ducha caliente que hacía semanas no tenía y baje al resto del hotel a degustar unos riquísimos noodles de vegetales con salsa. Durante la cena me llegó el tan preciado mail que estaba esperando, la confirmación desde el Ashram de Bangalore del Arte de Vivir, donde me confirmaba que ya estaba inscripto en el curso de meditación y mi llegada al lugar el próximo miércoles. Era la confirmación que necesitaba para terminar de definir mi llegada a Bangalore desde el sur, después de chequear los vuelos que lamentablemente se habían ido al demonio con los precios solo me quedaba la opción del tren o bus. Analizando las alternativas me pareció mejor tomar el bus nocturno con cama que duraría unas diez horas hasta la ciudad del norte, un poco más caro que el tren pero con toda la expectativa de vivir mi primera experiencia en los famosos sleeper bus de india. Reservado ya el asiento mediante una agencia de turismo ya tenía arreglado el asunto, al otro día quedaba recorrer el resto de Fort Kochi, a la noche partir en bus y llegar a Bangalore al otro día a la mañana para visitar unas horas la ciudad y arribar al ashram por la tarde.

Ducha caliente, buena comida y buen colchón, placeres que hace mucho no disfrutaba y que aproveche al máximo en este hotel pudiendo dormir casi diez horas de corrido con una sensación de descanso al despertar total. Preparé las valijas para dejarlas en el lobby listas para partir a la tarde, me tomé un té chai con unas galletitas y ya estaba listo para arrancar. Como la humedad seguía intensamente testaruda, me quedé un rato más en el hotel con el aire acondicionado aprovechando para escribir un rato, escuchar música y leer. Pasadas las dos arranqué para la calle a sentir su pulso en plena hora pico y dar unas vueltas alrededor. Se me ocurrió transformar un pantalón largo en bermudas y que mejor que hacerlo con los grandes sastres indios, me fui hasta un puestito que quedaba sobre la calle y en solo diez minutos con los más de cuarenta años que tenía el viejito haciendo esto, me dejó el short hecho un espectáculo. Ahora si estaba listo para arrancar nuevamente a Fort Kochi, esta vez en un bus privado porque el local no llegaba más asique la ida fue distinta, aire acondicionado y poca gente (sinceramente prefiero el local). Me baje antes de llegar ya que esta vez quise ir a recorrer el barrio judío, sus mercados y la famosa sinagoga antigua que seguía en pie. Al llegar me encontré con unas pequeñas callecitas que daban vuelta unas manzanas con todos unos rústicos, lindos y pintorescos puestos con todo tipo de artesanías, esculturas talladas en madera, alfombras, telas, vestidos y joyas artesanales. Me metí en casi todos a ver la infinidad de budas y dioses indios tallados de manera impresionante sobre piedra, madera o bronce, todo un arte a unos precios increíbles, me hubiese llevado todo si tenía vuelta a casa después de ahí. De caminata por el barrio me crucé con un viejito que hacía compostura de calzado y cuero en la calle y aproveche nuevamente para ajustar mi cinturón que se estaba despegando el cuero, todo un día productivo para ayudar a mis amigos de oficios indios. Cuando gire en una esquina para enfilar hacia la sinagoga no da que me topo cara a cara con el querido tuk-tuk man que me dejó de garpe el día anterior, eso son los placeres que te da la vida de poder sacar algo de adentro que no sé por qué pero sabía que me lo iba a volver a cruzar. Se frenó adelante mío y quedo con una cara como paralizado, ahí nomás le empecé a decir todo lo que me había jodido lo que había hecho no precisamente porque haberme dejado a pie, sino porque me había hablado una cantidad de mentiras acerca de cómo tratar a los turistas, del valor de la palabra y del ser humano, de la plata, etc., etc., etc., que ingenuamente había compartido con él todo lo que decía pero no fue más que una mentira para ayudarle con las visitas de los shops. Básicamente si una persona y un hombre no respeta y valora su palabra creo que pierde todo sentido de vida, y se nota que este tipo no tenía ningún escrúpulo en mentir, me terminó confesando que había tomado otro cliente en la calle y no había vuelto a buscarme (cosa que sabía) pero  con lo que le dije espero que se deba haber replanteado aunque sea algo, no creo pero bueno al menos pude sacarme de adentro todo lo que le quería decir. Como en todo lugar y país hay gente que te quiere ayudar y gente que te quiere cagar, la india a mí me dio mucho más generosidad y buena gente de los pocos que te quieren pasar, asique la balanza para mí siempre es positiva de mi querida india. Finalmente llegue a la sinagoga que se visita muy rápido ya que tiene una antesala con la historia de los judíos en la región suroeste del país y una sala principal donde se hacían los oficios religiosos, hoy devenida en museo. A la salida con el día que se empezaba a apagar se me dio por volver caminando unos tres kilómetros hasta la estación de bus, muy buena ida ya que crucé todos los barrios bohemios que estaban sobre la costa del río con todo tipo de atracciones no turísticas para ver, los mercados a granel de arroz y cereales, casas abandonadas llenas de grafitis, galerías de arte urbano, algunas sectores de viviendas humildes con la gente haciendo las tareas del hogar a plena actividad, empresas de transporte con los llamativos camiones en la entrada y todo el aroma que se respiraba en ese costado under de Fort Kochi. Terminada el día de manera genial, ya con toda la ciudad vista, las principales atracciones visitadas y los suburbios conocidos. Esta vez fui prudente al tomar el bus de vuelta logrando no equivocarme, crucé los puentes en dirección al centro con el sol que se apagaba en mi espalda y todo ese resplandecer anaranjado que cubría la ciudad mientras agonizaba el día. Junte las cosas en el hotel, me compré algunas provisiones para el viaje y partí hacia la agencia de turismo que supuestamente era en ese lugar donde me levantaba el micro. El tipo que me vendió el billete me dijo que se había equivocado y que era en la otra punta de la ciudad la salida, por suerte estaba con tiempo y con paciencia, al intercambio de negociaciones por su error lo convencí de que me llevado, medio de locomoción? Su moto. Me calcé la mochila al hombro y me subí a la moto del indio (una linda locura) para atravesar unos ocho kilómetros por toda la ciudad esquivando autos por doquier hasta la intersección en una rotonda donde sí realmente iba a partir el bus. Gran y divertida experiencia ir colgado de la moto. Resultó solo unos veinte minutos la espera hasta que el micro estacionó sobre la vereda, pensé que iba a ser más moderno pero no, una nueva aventura comenzaba. El bólido Volvo de los años 80 reconfigurado llegó sobre la rotonda aparcando en una de las calles laterales para que podamos subir los pasajeros. Una vez arriba me encontré con la configuración arquitectónica sobre la que fueron reemplazados los clásicos buses de línea, dos hileras de cama con un corredor en el medio, de un lado cama single del otro camas dobles. Para optimizar la capacidad ambos lados tenían hilera de abajo y de arriba, como si fuese poco el amontonamiento sacaron el baño para utilizar hasta el último centímetro del interior, la pregunta era que hacer en caso de necesitar el baño? No soy de levantarme a la noche por lo que no era un asunto que me preocupase. Lo que si me tuvo en vilo fue que el que acomodaba a la gente me instalo en una cama doble arriba por lo cual iba a tener compañero-a nocturno, claramente el de la agencia se había equivocado ya que le había pedido simple pero ya nada se podía hacer porque el micro viajaba completo. Me instale en el cubículo que debo decir estaba bastante decente, cortinas para tapar la entrada de luz, enchufe para conectar el celular, almohada y manta, casi que daba el mismo confort que los últimos hostels en los que había estado. A la expectativa de quien iba a ser mi compañero de ruta pensé que quizás como era la india y casi todos son chiquititos-as no iba a tener problema con el espacio pero el destino me hizo un guiño de ojo, me cayó a los diez minutos un tipo tan alto como yo y de gran tamaño. Nos quedamos mirando como diciendo: y ahora que hacemos? Como entramos acá? Risas continuas sin emitir una palabra para aflojar la situación, nos presentamos y acomodamos como pudimos en cubículo. El bus arrancó a tiempo comenzando la travesía de cruzar casi mil kilómetros por tierras nocturnas en plena oscuridad, con un compañero de cama de hueso grande y una larga noche por delante (Solo esperaba que el conductor no maneje como el del bus local de Kochi). Algunas horas pasaron entre revisar los mails del celu, música, algún que otro juego y lectura antes de caer rendido al cansancio del día. Desde el punto en que se me cerraron los ojos hasta que los volví a abrir en una de las estaciones en Bangalore no tuve ninguna novedad del viaje, por suerte, suelo tener sueño profundo asique ayuda a atravesar estas experiencias.

Bangalore en Silencio

Llegue con el alba despuntado en el horizonte, una ciudad vespertina que amanecía inquieta y unos cientos de tuk-tuk man que sin haber pisado la calle ya te estaba aturdiendo con anuncios de sus servicios. Lo que hacía pensado era ir hasta la estación principal de buses, Majestic, a ver si podía dejar la valija e irme unas horas a recorrer la ciudad mientras esperaba la tarde para ir hasta el ashram. Un buen indio samaritano aceptó llevarme cobrándome solo lo que el taxímetro indicaba y allí nos fuimos entre el transito intenso que poblaba las calles y avenidas a las siete de la mañana. Para una población de 4,3 millones de personas viviendo en la ciudad no podía tener menos que una estación inmensa, casi tres kilómetros a la redonda. Era como un retiro multiplicado por diez, buses entrando y saliendo todo el tiempo sin parar, la gente caminando por todos lados a un ritmo constante, todo en su descontrolado orden de una mañana típica en este tipo de ciudades indias. Me fui hasta el cuarto donde pude dejar las valijas por unas seis horas hasta que regresase a la tarde, luego me quede sentado en un banquito tomando un té con galletitas para matar los sapitos inquietos en la panza, no había cenado. Me quede sorprendido viendo a una madre con sus dos nenitas que dormían a la salida del cuarto de guardado en la estación, supuse que vivían ahí porque tenían todas sus cosas, la madre las lavo en el baño y las vistió con unos vestidos hermosos peinadas como princesas.  El trabajo que se tomaba para dejar a esas nenas de punta en blanco listas para ir al colegio como si fuesen princesas, me conmovió; me fui para el kiosquito que estaba por ahí y compre té con galletitas para las tres a ver si podía charlar algo. Llevé todo para el lugar donde dormían y me senté con ellas a desayunar que por suerte me recibieron con una sonrisa enrome a pesar de no hablar casi inglés. Me quedé como media hora tomando el té con ellas, jugando con las nenas que brillaban de belleza. Al salir para el colegio supongo que la madre se fue a trabajar y era mi turno de buscar alguna actividad por las próximas cinco o seis horas. Resultó que frente a la estación me encontré con una agencia de turismo que tenía un paquete de transporte con guía para recorrer medio día la ciudad y las principales atracciones, me pareció un idea justa para lo que necesitaba. A las nueve arrancamos a recorrer las calles que ya estaban completamente alborotadas de motos y autos, peleando por cada metro de espacio para poder andar hacia adelante. De comienzo pasamos por el templo de KJrishna, un majestuoso templo blanco en el medio de la ciudad que sobresale por todos los edificios, construido sobre una leve colina con una entrada descomunal para albergar miles de fieles diarios que se convocan allí. Dimos una vuelta veloz con el guía que nos fue mostrando las diferentes salas y sectores del lugar, como punto sobresaliente el principal altar de mármol blanco y estatuas bañadas en color oro de varios dioses hindúes, con Krishna en el centro. Nos fuimos con el mantra de krishna que sonaba en los altoparlantes de la voz de brahmán que te hipnotizaba la mente, la espiritualidad al palo se sentía en ese lugar. Luego nos dirigimos hacia otros dos templos menores, uno de Ganesha y Shiva, donde en éste si tuve la suerte de poder hacer los rituales pertinentes con ofrendas y bendiciones. Movernos de un lado a otro nos llevaba largo tiempo estancados en medio del tránsito o buscando atajos para avanzar hacia los diferentes lugares. Antes de almorzar paramos en el parque principal de la ciudad para que podamos dar una vuelta y apreciar un poco de verde paisaje en medio de una jungla de cemento y polución. Di un paseo alrededor de la laguna construida en medio de unos enormes canteros de rosedales y varios tipos diferentes de flores que daban un toque de color lindo al ambiente. Me quede sentado un rato en un banco aplacando las vibraciones del cuerpo relajando la mente. Sirvió el break para tomar un respiro y continuar con el día agitado que tenía por delante. Al reencuentro con el grupo nos fuimos para almorzar a una cantina cerca que ofrecía diferentes platos locales, comí un arroz con vegetales y dos butter rotti que estaban crujientemente ricos. El tour tenía un par de museos por visitar en las próximas horas pero sinceramente no tenía muchas ganas de ir a esos lugares, solamente seguí hasta el palacio que fuimos a visitar post almuerzo y después me volví para la estación. Allí junte las cosas del cuarto de guardado y me quede sentado esperando tomar el primer bus hacia el ashram. No tuve la suerte de cruzarme con las nenas nuevamente ya que debían estar en el colegio, tenía ganas de verlas y jugar un rato con ellas. Cerca de las cuatro me tomé el primer bus que me llevaría hasta una intersección desde tomaría el segundo directo al ashram. Justo al subir se largó un diluvio del cual pude escapar y resguardarme en el bus, afuera los miles de transeúntes caminaban empapados al tiempo que los autos bañaban las veredas y a algunas personas cuando pasaban rápidamente sobre charcos. Fuimos levantando a todos les nenes que salían del colegio con los uniformes en punta, zapatos desgastados de correr por la tierra con sus caras de picaros al máximo. Se me sentaron como seis alrededor y nos pasamos el resto del viaje entre risas y chistes que se hacían entre ellos para conmigo. Me ayudaron a encontrar la parada que tenía para bajar y justo en ese momento pasó el otro bus que tenía que tomar. Empecé a correrlo con las valijas colgadas como podía con una polvareda de tierra mezclada con el humo de los escapes que me dificultaban la llegada al bus, persevera y triunfaras me dije, y así después de una cuadra agotado llegue a colgarme del manillar y en consecuencia a parar el bus. La gente me miraba como medio loco al subir pero ya nada importaba, ultimo medio de transporte (cinco en un día) para dirigirme directamente al espacio que me albergaría por cinco días para nutrir mi espíritu, el alma y encontrar un poco de paz en esta caótica hermosa y penetrante India. Llegue pasadas las seis a un predio que parecía enorme desde afuera, una recepción en la entrada atendía a todos los nuevos ingresantes que tenían que registrarse para cualquier de los cursos dados dentro. Allí fui con un cansancio encima que me mataba, por suerte pude hacer la registración a tiempo así pude conseguir ya el cuarto asignado y la credencial identificadora con el programa asignado, El Arte del Silencio. Una van que estaba a disposición de la gente para traslados me llevó hasta el complejo habitacional donde estaban los departamentos que utilizan los visitantes del ashram durante los cursos. El complejo tenía varias hectáreas a la redonda que fuimos atravesando en el camino de ida hacia los departamentos, una laguna se abría paso a un costado con un anfiteatro sobre la orilla, varias carpas de gran magnitud que albergan millares de personas aparecieron luego donde seguramente se llevaban a cabo algunos cursos y sobre el final de ese mismo lado una serie de apartamentos de dos pisos con un mini templo en flor de loto colorido donde se posaban los últimos rayos de luz del día. Unos metros más adelante aparecieron unas tiendas de venta con todo tipo de accesorios, vestimentas, comidas y demás cosas que podrían necesitar las personas para no tener que salir del predio. A continuación apareció el más impactante y espectacular templo de culto que podía haber, una estructura de cinco pisos en forma de loto, decorada íntegramente con pétalos de madera sobre los bordes de cada piso, todos ventanales rodeando la estructura con las aberturas de madera caoba, una entrada triunfante de mármol que daba a la calle coronando semejante lugar con una cúpula de vidrio y metal que daban forma a la punta que conecta al cielo con la  tierra (semejante a la forma en la que termina la cabeza de Buda). Justo pasamos al momento que las luces de decoración alrededor se prendían dando una sinfonía visual a la vista de todos los que pasábamos ahí, floreciendo esta hermosa estructura cuando la noche cobraba forma y el día comenzaba a desaparecer. Con esa imagen en la cabeza que me quedó por varios minutos llegué a la habitación, la misma era muy simple con cuatro camas, un baño ensuite y no mucho más. Supuestamente iba a ser compartida con otras personas pero que de momento no habían llegado, un kit sobre la cama de amenitties tipo hotel con una toalla en decoración me dieron una cálida bienvenida. El curso comenzaría al otro día a las seis de la mañana pero había una actividad diaria que se llevaba a cabo para todos dentro del ashram, el satsang, que tendría lugar entre las 6-30 y las 8 cada día, asique rápidamente me pegue una ducha y me fui para conocer ese lugar por dentro e ir impregnándome de toda la mística que corría por los aires de este lugar. Llegue a tiempo antes de que comenzase el evento, luego de quitarme las ojotas en la entrada me quedé estupefacto por unos cinco minutos observando pedazo de lugar tan bien construido, decorado, iluminado, perfectamente elaborado para llevar a cabo todas las experiencias espirituales que se llevan a cabo dentro. Una vez que ingresé me encontré con una sala enorme que daba la vuelta de igual forma que la estructura, todo el piso de mármol blanco como las cuatro hileras de escalones que hacían de anfiteatro donde la gente se podía sentar para disfrutar la velada. En el medio una tarima, también construida en mármol, hacía de escenario donde los expositores como los gurús, el propio Guruji (así se le llama a Sri Ravi Shankar), cantantes o quien fuese, llevasen a cabo los satsang o programas día a día. Tome unos de los miles almohadones rojos que había para utilizar con asientos y encontré un huequito en el segundo escalón de una sala que ya estaba casi completa. Cuando levanté la cabeza me encontré con un cielorraso decorado íntegramente con pétalos de la flor de loto color rosa, en el centro una gran estructura con las estatuas de algunos dioses indios y sobre la punta de cada columna la imagen de los símbolos religiosos de cada religión (hindú, budista, cristiana, musulmana, hebrea, etc.). Todo ser humano sin importar su religión u origen es recibido en esta organización, es un lugar donde se nutre el alma y espíritu para poder buscar la paz interior y tener una mejor calidad de vida, tan simple como eso, sin ninguna restricción o condicionamiento. El satsang es un espacio donde simplemente se es, un espacio que se utiliza para aflorar las buenas energías mientras se recitan mantras, cantan canciones, se medita, se reflexiona o cualquier acción que cada uno quiera hacer para buscar una introspección mayor. En este caso unos cantantes junto a una banda interpretaron mantras continuos durante una hora y media con una energía sin igual, la gente colmada en el recinto cantaba a la par de los mantras, algunos meditaban y todo sucedía con una alegría increíblemente atrapante. Me dedique a observar todo lo que pasaba alrededor, ver los rostros de la gente al meditar, los simpáticos indios que cantaban a pura voz y algunos hasta bailando alegremente. Al terminar me sentí con una sensación de felicidad en mi interior inmensa, realmente ahí te contagias de la energía que transmiten todos y las buenas vibras, así me fui hasta el comedor a tener mi primera comida vegetariana, que duraría por los próximos cinco días sin comer ningún tipo de carne. El primer plato fue nada menos que arroz con vegetales y salsas, como era comida para internacionales no tenía casi picante y los chaptis que sirvieron de acompañamiento fueron justo lo que necesitaba para terminar de limpiar el plato de lo rico que estaba. Ates de irme pase por la cocina a ver qué onda y me agarró una de las asistentes para ser SEVA (así se le llama cuando alguien voluntariamente hace servicio comunitario), sin ningún problema accedí para terminar unas dos horas más tarde secando más de doscientos platos junto a una alemana que también estaba ayudando. Le pregunte acerca del curso que estaba a punto de comenzar y nos quedamos charlando un rato, aprovechando los últimos minutos de conversación que iba a tener por unos días. De vuelta a la habitación me encontré con mis dos roomates que estarían compartiendo habitación esos días, un señor de la India y otro chico de Malasia. Respectivos saludos ya dormir temprano que al otro día tendría que amanecer cinco y media para dar comienzo a esta experiencia.

El contacto con el Arte de Vivir comenzó unos cuatro años atrás cuando en ese tiempo de cambios estaba en buscar de cosas que me ayudasen a estar mejor conmigo mismo y aprender nuevas experiencias que sirvan para buscar un balance y equilibrio en la vida. Así fue como por recomendación me fui una semana de febrero a participar del primer programa que tiene en aquel entonces llamado Parte I, hoy Happiness, dado por la inigualable Beatriz Goyoaga (Coordinadora General para Latinoamérica). Básicamente el curso consiste en aprender una técnica de respiración creada por Guruji llamada Sudarshan Kriya que sirve para purificar el cuerpo y eliminar toxinas. Durante esos días Bea va pelando las capas como cebollas que participante lleva al curso por sus estructuras, parámetros, miedos, paradigmas, etc., y en esa libertad de expresión que se genera cuando podes romper las barreras de tu estructurada cabeza es cuando sale todo a la luz sin más remordimientos ni miedos. Y en este punto es cuando uno aprende de la vida escuchando al otro, exteriorizando los problemas entendiendo que son parte de la vida y nada sirve guardárselos adentro, valorando las cosas que la vida nos da, aprendiendo a ser cada feliz con lo que se tiene y por sobretodo vivir en el presente. Fue un curso muy positivo porque además de darme herramientas para mejorar la calidad de vida me abrió la cabeza en muchos sentidos para bien, además de generar contacto con Bea, hoy amiga ya, que siempre es un placer escucharla y aprender de su sabiduría. Los últimos años participe de algunas charlas y conferencias que Bea dio sobre diferentes tópicos en relación a la búsqueda continua del bienestar mental y físico, solo escuchar la forma en que expresa tan claramente lo que todo el mundo sufre y le pasa te hace aclarar las ideas fácilmente. Por ultimo antes de comenzar este viaje, decidí hacer el siguiente curso que venía en la escala de aprendizaje, El Arte de Meditar, tres días aprendiendo de ella las técnicas de meditación y relajación para tomarse unos minutos cada día para dedicárselos a descansar la mente. Fue intenso e interesante las cosas que te pasan por dentro cuando aprendes a meditar, recibí un mantra personal que seguirá en mi vida por siempre para invocarlo cada vez que comience una meditación. EL cambio no se espera en unos días, meses o un año, el cambio se logra dando ese espacio de relajación mental cada día de toda la vida para moldear una mente cada día más pura, noble, consciente y menos invadida por toda la porquería que consumimos día a día en este mundo. Ahora venía un proceso más profundo de aprendizaje, no solo iban a ser cuatro días de meditación avanzada sino en completo silencio, introspección 100% para bucear en las profundidades del propio ser que tan pocas veces nos miramos para adentro. Es menester hoy en día para mi vida ir sumando experiencias y conocimientos que me ayuden a mantenerme equilibrado, en balance, en armonía, sin dejar de ser lo que soy sino más bien ser un mejor yo. Para eso hay que meterse en uno mismo y afrontar esa dura pelea con el Yo Ego que todos llevamos dentro, cruzar algunas barreras necesarias para descubrir la magia que pasa por dentro. Con este lindo bagaje en el disco rígido llegue el primer día del curso a las seis de la mañana al último piso del ashram para comenzar la experiencia, unas casi cien personas se congregaron en el lugar, casi todos de la india, para comenzar un nuevo viaje espiritual. Llego la profesora que nos iba a guiar en las clases diarias de yoga matutina para ayudar al cuerpo a aflojarse y quedar más permeable para la respiración y meditación. Fuimos realizando todas las poses que nos iba mostrando mientras nos transformábamos en testigos de un amanecer soberbio que se elevaba por detrás del ashram dando un espectáculo de colores al alba en el horizonte, de película. Después de una hora de yoga aproximadamente, y algunos músculos que me dolían sin saber siquiera que existían, dimos paso al comienzo del Sudarshan Kriya repitiendo cada paso necesario para completar el ciclo de respiración profunda. Generalmente cuando terminas esta técnica quedas unos minutos relajado ya que es justamente cuando se llega al punto máximo de liberación mental. Cuando volvimos a “despertar” eran casi las ocho y media de la mañana, increíble cómo pasa el tiempo volando cuando se llevan a cabo estas actividades, perdés el eje del tiempo y lugar. Nos fuimos a desayunar al comedor a juntar energías para todo lo que quedaba por delante que iba a ser más intenso, aprovechando las últimas horas de charla que teníamos me quedé con saludando y conociendo a algunos de los participantes mientras tomábamos unos te chai. De vuelta al curso nos encontramos todos en la Sala de Mediación C donde se llevaría a cabo todo el curso, como éramos un gran número no entrabamos  bien en la sala del último piso del ashram, una lástima ya que era un lugar hermoso para meditar. Cada uno busca su lugar en la sala que usaría para el resto del curso, acomodamos los almohadones, botella de agua en mano y todo preparado para comenzar. En un instante entro Radhika, la asistente del nuestro gurú, quien iba a ser la que nos lleve a la primer meditación diaria cada mañana. Los clásicos tres OM a toda voz, recitamos unos Shiva mantras y dimos pasó a una hora y media de relajación pura. Cuando volvimos a abrir los ojos el gurú ya estaba sentado para dar comienzo formal al curso, se presentó al tiempo que nos iba observando a cada uno como sacándonos una radiografía mental. Dedicó las próximas cinco horas no tanto a la meditación sino más bien a generar juegos para relacionarnos entre todos los que estábamos en el curso, hablar frente a frente con otra persona desconocida acerca de nuestras virtudes, defectos, miedos, desafíos, temores y demás cosas que uno generalmente guarda. Técnicas muy eficientes que sirven para romper el molde, romper con la vergüenza, timidez y barreras, necesario al punto en que uno para generar meditaciones profundas no puede estar cerrado en sí mismo. Como en India en cada estado se habla lenguajes completamente diferentes unos de los otros, el idioma que se utilizaba en el curso era inglés, aunque el 95% de los participantes eran indios. Por surte pude comunicarme sin ningún problema e interactuar con varias de los alumnos que estaban ahí conociendo sus historias, sus complejos, sus temores y aspectos de la vida. Cuando uno viaja por el mundo descubre cosas fascinantes, salir de la caja de cristal de donde uno vive y generar estas experiencias te abren la cabeza en dos, saber cuáles son las cosas que afectan a una persona de tu misma edad, como vos pero que vive en el otro lado del mundo con una cultura y religión complemente diferente es gratificante. Poder simplemente escuchar de las historias de vida de la gente alrededor del mundo no tiene precio, aportar el granito de arena que uno puede para dar un consejo o una palabra de ayuda y a su vez entender cosas las cosas que pasan en el mundo que a veces son iguales a las de uno y otras veces muy diferentes. Así se pasó el día entre conversaciones, encuentros, algunas cortas meditaciones que llevamos a cabo y la energía puesta para lo más fuerte que comenzaba a la noche, el silencio. Terminamos a las cinco de la tarde donde nos pidieron que vayamos a dar una vuelta por el predio en contacto con la naturaleza, me fui con un chico que trabajaba ahí a recorrer el antiguo ashram que estaba en una leve colina al sur del predio, hoy en día se usaba como sala de meditación. Mientras caminábamos me iba contando como era la vida dentro del ashram, las más de 700 personas que trabajaban para la organización, los miles de SEVAS que llegaban de todos lados del mundo para ayudar ad honorem y todo lo referente a este místico lugar que albergaba más de un millón de personas anuales que acudían para hacer cursos, participar de los satsangs o ayudar. De vuelta pasé por un rato por la habitación a pegarme una ducha y cambiarme así ya estaba listo para lo que quedaba del día. Después  de descansar un rato me fui a las seis y media para el ashram principal al satsang pero el mismo esa noche se llevaría a cabo en el anfiteatro que se encontraba enfrente, a cielo abierto con unos escalones hechos sobre una leve bajada que había sobre el terreno que daba una aspecto naturalmente proporcionado. Me senté en el pasto por una hora y media para deleitarme nada más ni nada menos que del mismo Guruji en persona llevando el satsang a cabo, la primera parte a puros mantras recitados por los cantantes y luego una simple pero tan increíble actividad que se realizó en base a preguntas y respuestas. La gente dejaba sus preguntas en un papel que se las leían al Guruji y éste con una sabiduría solamente comparable a un ser especial respondía con total franqueza y simpleza, pero a la vez con un peso en cada palabra que quedaba retumbando en tu cabeza. Todos temas relacionados a la vida diaria que cada uno afronta y los problemas que acogen al mundo de hoy, fue una obra de arte escuchar de su palabra cada respuesta sin dar una solución exacta a cada tema sino más bien buscándole la simplicidad a las cosas, dándole carácter al sentido común del ser humano hoy en día tan congestionado y sobretodo basándose siempre en el equilibrio, la meditación y la calidad de vida. Poder experimentar este tipo de experiencias con la calidad de esta gente es como tener cien sesiones de terapias juntas al mismo tiempo, una iluminación para la mente y la sabiduría de la vida. Cuando terminó volvimos todos a la sala nuestra donde nos pasaron unos videos de conferencias de Guruji explicando qué es lo importante y fundamental del silencio para nuestras vidas y el porqué de esta experiencia. Era una buena introducción para lo que íbamos a vivir y sin dudas fue el reflejo de lo que me terminó pasando pero primero había que vivirlo, asique luego de los videos nos despedimos del gurú por el día para partir en silencio hacia los próximos tres días que quedaban por delante. La idea del silencio no es simplemente no hablar, va mucho más allá de eso, es evitar cualquier tipo de conversación, no usar el celular bajo ningún aspecto, no leer ni escuchar música, la interacción mínima e indispensable, así poder buscar una contemplación interna mayor y llegar a cosas profundas de uno mismo. Teníamos un cartel con nuestro nombre y el programa que estábamos haciendo por lo que la gente podía saber que estábamos en silencio y nos comunicábamos con señas, sobretodo en el caso del comedor para las comidas del día. Otra rica cena vegetariana ya solitario en una mesa empezando a experimentar esas nuevas sensaciones que pasaban, luego me quede un par de horas ayudando en la cocina que ya era como amigo de la casa y cerca de las once ya estaba en la cama listo para dormir.

Otro día comenzaba con los primeros claros sobre el horizonte que se iba tiñendo de negro a celeste claro, por las madrugadas el rocío con algunas leves lloviznas generaban un tímido frio escalofriante que pronto se escondía cuando salía el sol para darle paso a las cálidas mañanas de otoño. Una vez ya en la sala cada uno se acomodó en sus lugares y la profe llegó como siempre a las seis en punto, nos saludó y dimos comienzo a las enérgicas dos horas y media de yoga y respiración. Mi cuerpo se iba amoldando de a poco al ritmo que se necesitaba, algunos se notaba que hacían yoga desde años y otros como yo muy pocas veces por lo que nos costaba un poco más llegar a algunas poses o elongaciones. Generalmente terminaba bastante exhausto de la sesión pero era mejor ya que el cuerpo liberaba tensiones además de las toxinas por la transpiración. La respiración terminaba siendo en las mañanas el punto máximo en donde el cuerpo entraba en relajación absoluta sumado a una mente despejada terminábamos tumbados por unos veinte minutos que parecían horas. Eso son justo los momentos sin que nos damos cuenta conscientemente donde se producen los espacios necesarios en una mente sin tanto pensamiento ni condicionamiento por todo lo que absorbe, solamente paz interior. Nos habían designado grupos de SEVA en el curso asique después del desayuno me junte con mi grupo con la tarea de hacer la limpieza diaria de las tres salas de meditación y exteriores. Teníamos como un líder de grupo que nos daba las indicaciones por señas pero todos a la vez cooperábamos con el barrido de los pisos, la limpieza del patio de afuera, las canaletas y fregar el piso con desinfectante para que quede impoluto cada día. Antes de comenzar con las meditaciones nos tirábamos media hora a descansar o dormir según cada uno y prepararnos para las sesiones siguientes. Radhika nos degustó con otra exquisita meditación introductoria recitando unos mantras de su voz que resonaban de manera armoniosa en mi cabeza, la puerta de entrada perfecta hacia la calma. Quedaba como en un trance por unos minutos hasta que la voz del gurú cobraba sonido y todos volvíamos en sí. Nos saludaba siempre con esa sonrisa simpática y comenzaba sus exposiciones acerca de diferentes temas de la vida. Con este tipo de personas que son como libros abiertos lo único que hay que hacer es escucharlos con atención, tratar de asimilar o retener en la cabeza los conceptos que transmiten y luego hacer un camino de interiorización para aplicarlos. Sabiduría extrema desde donde se la vea, cada palabra, cada frase tenía un sentido y un propósito. Entre cada exposición hacíamos meditaciones de una hora u dos horas, algunas guiadas mediante el gurú a través de una conducción o mantras y otras guiadas por Guruji que las transmitían desde un reproductor grabadas. Básicamente consisten en cerrar los ojos, respirar, recitar los mantras y seguir los lineamientos del que guía, de esta manera se entra en un estado de relajación que da paso a las experiencias más reconfortantes de la mente. El principal enemigo de la meditación son los pensamientos, ese incesante bombardeo de pensamientos constantes todo ser humano atraviesa día a día en su cabeza, miles y miles de pensamientos diarios, y cuando uno medita lo que nunca debe hacer es tratar de controlar los pensamientos o angustiarse porque no cesan, justamente es todo lo contrario, hay que dejar que llegues y se vayan, sin poner ninguna emoción o atención en lo que aparezca, cualquier sea la imagen o el motivo. Si se es constante y regular con la meditación se puede llegar a experimentar lapsos de la mente en blanco prolongadamente, eso es lo que intento, como el dicho que dice sobre el significado de la meditación que me gusta “es aquello que sucede entre un pensamiento y otro” es decir, nada. Otra de las cosas que aprendí meditando es que nunca es conveniente contar las experiencias mentales y corporales que uno atraviesa ya que de esta manera se generan comparaciones y se ponen expectativas en el otro sobre algo que le sucedió a uno. Las meditaciones son personales y a cada uno les sucede cosas diferentes según el estado en el que este, lo que esté pasando y muchísimas variables más que juegan este partido. Lo que si transmito es la intensidad con la que algunas veces llega la meditación a profundizar dentro de mí con emociones y sensaciones muy fuertes que se sienten y vibran en la cabeza como por todo el cuerpo. Cuando se llega a estos estados se pierde la noción del tiempo y el viaje interior es muy fuerte, se atraviesas muchas cosas que pasan por dentro de diferente maneras y cuando uno vuelve en sí, te quedas con una sensación en el cuerpo que te hace dar los suspiros más intensos de la vida. El ocaso de la tarde penetro en la sala a través de las ventanas con los destellos anaranjados del sol que se despedía, adentro se respiraba un aire intenso pero relajante, propio de más de cien personas meditando a la misma vez durante todo el día. Cuando nos despedimos en silencio del gurú, me fui a dar una vuelta por el lago y algunos sectores del predio que no había visitado. La naturaleza que rodea al ashram es el ambiente perfecto para poder uno envolverse uno por completo en esta experiencia transformadora. Al terminar la caminata volví para la habitación a bañarme y concurrir al satsang que nuevamente iba a ser en el anfiteatro a cielo abierto por Guruji. Lamentablemente a la mitad de una meditación que estábamos haciendo del propio Guruji en vivo, se vino una tormenta pesada que trajo una lluvia que cayó fuerte sobre el predio, el maestro terminó la meditación de manera sutil y nos tuvimos que mandar todos para los comedores. El día parecía haber terminado, quedaba un rato más para cenar en la soledad y hacer un poco de tarea comunitaria secando platos.

El sábado amanecí con la extraña sensación de estar disfrutando del silencio, lo que pensé que iba a ser difícil de atravesar antes de arrancar se fue tornando en algo que estaba disfrutando. Una de las cosas que aprendimos en el curso era darnos cuenta que muchas veces no hace falta hablar y la energía que se pierde en eso. Cuando permaneces mucho tiempo en silencio empezas a absorber los sonidos de lo que te rodea de manera diferente, mas perceptivo, del mismo modo que logras tener una concentración mayor en lo que estás haciendo. Los ejercicios diarios matutinos a medida que pasábamos los días se me hacían más fáciles de hacer y con mejor desempeño, ya algunas poses de yoga me salían de buena forma y la respiración cada vez más profunda me dejaba más preparado para las meditaciones que llegarían. Particularmente este día tuve la mejores meditaciones, dos guiadas por el gurú y una mixta en conjunto con una grabación del Guruji. Por cada meditación teníamos intervalos de quince minutos para ir al baño o tomar agua que es muy necesaria en este tipo de actividades, es fuerte el momento en que te hacen volver de la meditación por todo lo que te recorre adentro sin tener palabras para describir exactamente que sentís. Es como algo que no sabes que es pero te hace bien, y a medida que se implemente cada vez más en tu vida los cambios se reflejan día a día. Por la tarde tuvimos una serie de videos nuevamente de conferencias de Guruji hablando de la importancia del servicio sin pedir nada a cambio, descubrir la felicidad cuando das sin recibir nada a cambio, cosa que creo fervientemente. Antes de terminar la jornada le escribí una pregunta al gurú ya que sentía que esas meditaciones tenían mucho más impacto de las que hacia regularmente yo con mi mantra, y su respuesta fue que justamente era esa la intención ya que era un curso avanzado y de fuerte intensidad, de hecho ese tipo de meditaciones no se puede hacer cotidianamente sino cada tantos meses. Entendí el punto y sobre todo por el proceso que necesitas que decante durante varios tiempo luego a realizar este tipo de cursos intensos, todo proceso interno requiere del espacio necesario para que vaya filtrándose hasta quedar lo más puro de la experiencia. Ese día antes de la caminata en la naturaleza tuvimos la suerte de pasar a una sala donde nos iba a recibir Guruji para darnos una bendición y compartir unas palabras en intimidad. La mejor manera para ir acercándose al final del curso de una vivencia sin dudas transformante. Esa misma noche antes de cenar tuvimos la suerte de presenciar un satsang en el galpón más grande del predio, había cerca de dos mil personas congregadas de todos los cursos más gente que había llegado de la ciudad para asistir al satsang principal de la semana, otra vez con la suerte de Guruji como expositor. La primer media hora fue a puro canto con unas mujeres recitando unos mantras geniales, la gente suele repetir ese mantra o canción como coro generando una energía total, muchos se paran para bailar de la manera que quieren, otros meditan y otros descansan, pero lo que es común en todos en la felicidad y sonrisa que tienen en la cara. El ciclo de preguntas y respuestas nuevamente iba a ser una lección de vida con las frases que salían de la boca del maestro acerca de todas las cosas que la gente teme o le inquietan. Una sabiduría que no solo traspasa lo espiritual sino también lo técnico, religiosos, científicos, políticos y todo lo que este maestro sabe acerca de la vida. Cuando habla quedan como todos hipnotizados, asentando con la cabeza como un sí a cada frase que dice, poniendo caras como “qué razón que tiene, que fácil parece todo” y a veces es así, lo difícil se soluciona con la simpleza. Se acercaba el último día de curso, últimas 24 horas de silencio y meditación profunda. Esa noche termine cansado, como agotado por todo lo que se mueve adentro y la energía consumida, pase por el comedor luego del satsang a cenar y dar una mano a la gente de la cocina para irme a descansar.

Y llego el ultimo día que atravesaríamos todo el grupo junto a los profesores y al gurú, una mezcla de emociones entre tristeza por terminar algo que me estaba haciendo muy bien y felicidad por hacer incorporado aprendizaje, conocimientos y técnicas que me ayudasen luego en mi día a día a sentirme mejor. Durante la mañana realizamos la misma serie de ejercicios y respiración que todos los días y la última meditación fue la más profunda de todas. Dos horas con un “viaje interno” muy fuerte que afloro muchas cosas en casi todos los que estábamos en la sala, varios que no pudieron contener las emociones exteriorizando de la manera que podían, riéndose o llorando. Cuando despertás las cosas ya no las ves de la misma manera. El gurú término con una charla de una hora acerca de todo el proceso que habíamos vivido y lo que venía por delante, recalcando los conceptos fundamentales que siempre hay que tener presentes. Una mini sesión de preguntas que se les escribió para que el también da catedra en aquellas inquietudes que tenían sus alumnos. Un gran saludo y agradecimiento de nosotros hacia él y las profes como también de ellos a nosotros. En estos ámbitos todos aprenden, cada experiencia es única e irrepetible. Y el momento que pensé que iba a anhelar antes del curso, sinceramente no quería que llegue. Pasados cuatro días de estar en silencio completo no te dan ganas de volver a hablar, pero había que volver a la cotidianeidad y de a poco las palabras fueron fluyendo de mi boca. Nunca me voy a olvidar del sonido que retumbo en mi cuerpo al escupir la primera palabra, nunca me había pasado algo así ni sentí mi voz de manera tan particular y singular. El punto interesante de rescatar entre tantas cosas es darle el valor significativo de la palabra y lo que hablamos, optimizar esa energía, cuidar lo que decimos y como lo decimos. Nos despedimos todos entre abrazos y charlas, nos pasamos los datos con varios de los chicos para seguir en contacto y enviarnos fotos que habíamos sacado. ME quede charlando con dos chicos de la india y un australiano que vivía en Singapore junto con el gurú y Radhika, como era la hora de almorzar nos fuimos juntos hacia el comedor donde terminamos pasando toda la tarde charlando compartiendo más pensamientos y experiencias. Así terminaba una de las vivencias más lindas que me tocó vivir en la vida en términos de espiritualidad, regocijo mental, relajación, introspección y conocimientos para mejorar la calidad de vida. El último satsang del domingo terminó por coronar la experiencia de manera suprema, uno de los cantantes famosos del Arte de Vivir llevó a cabo un show musical dentro del ashram espectacular, canciones a todo ritmo con la gente que se volvía loca cantando, bailando, saltando de alegría por todos lados. La cara de felicidad de esos indios era imborrable, la energía positiva que recorría por ese lugar pocas veces la sentí. Y ahí es cuando te das cuenta lo poco que se necesita para ser feliz, cosas que el dinero no puede pagar, la simplicidad de cantar y bailar sin ser criticado, ni juzgado, ni señalado, cada sintiendo felicidad plena, y se notaba. Así llegue a mi cama con todo esta bomba de cosas en la cabeza sin apurarme para procesar y obtener un resultado inmediato, solo dejar que el cauce de la vida sirva como camino para que todas estas experiencias nutran el alma y el espíritu para sin dudas cada día ser un poco mejor.

Mucha gente habla de este tipo de organizaciones como sectas o que te lavan el cerebro o bla bla bla, yo siempre digo lo mismo, ya sea el Arte de Vivir o Mindfullnes o Yoga o Meditación o Budismo, cualquiera sea la expresión en la que se aprende suma para la vida, siempre va a sumar y depende de uno tomar las cosas positivas que lo ayuden, como en mi caso, a buscar el equilibrio y el balance en mi vida. Ni voy a ser un yogui que viva en las montañas ni un baba que predique en la calle, simplemente seguiré llevando mi vida occidental en la que nací y soy feliz pero sin dudas con todo este tipo de herramientas y ayudas que me sirven para ir por la senda del medio, del equilibrio, del balance, y así lograr una mejor calidad de vida sin dudas. Y no fue algo que haya tenido toda la vida, sino que lo fui aprendiendo en los últimos años en conjunto con varias cosas que me cambiaron la manera de pensar. Y de eso se trata la vida creo, de aprender a cada paso que se da, de los errores y aciertos, escuchar a los que saben, ayudar como se pueda, disfrutar el momento y nunca abandonar la incansable tarea de buscar la felicidad día a día.

Me fui del ashram con muchas cosas en la mochila, mucho me había dado esta experiencia y era mi turno de aplicar todo esto. Tenía por delante un recorrido largo para seguir recorriendo la desafiante india que no dejaba de sorprenderme a cada paso que daba. Feliz por lo vivido y expectante por todo lo que tenía por delante.

Sexto libro terminado: “Rayuela” de Julio Cortázar,  clásico de la literatura latinoamericana con un estilo de redacción único que me hizo descubrir nuevas formas de lectura e interpretación lingüística.

 

 

 

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